“Llegar a un sitio con la historia
borrada, sin familia que pida explicaciones, sin chismes y chismosos. Sin gente
dolida por ningún desaire. Sin amigos ni enemigos. Como una recién nacida. La
vida por delante y la nada por detrás. Pero, al salir de la estación y
encontrarse en mitad de Barcelona, no había previsto aquel recio escalofrío de
anchura que la sacudió por dentro…
Con la asistencia de gran cantidad de
paisanos, expectantes desde días atrás con la aparición de la novela y las
buenas palabras de todos los que la habían leído. Al llegar la hora acordada,
Sole, después de estar todo el día en un puro nervio se dispuso a presentar
antes sus vecinos a “Enriqueta”, novela con la que el Instituto de estudios
velezanos, iniciaba una nueva serie, de título: “Narrativa” y que no podía
tener mejor comienzo.
En la mesa estuvo acompañada por su hermano
Diego y por mí mismo, Alfonso, ilusionados por compartir con la autora momentos
tan importantes.
Yo inicié la presentación, señalando
que desde el momento que empiezas a leer, la historia, el ritmo te embauca y no
te permite hacer ni un receso, cautivados por ese lenguaje vertiginoso que se
apodera de nuestra voluntad para no poder parar hasta llegar a sus últimas
palabras.
Enriqueta es atrevida, audaz, valiente,
rebelde, imaginativa, alocada, sin nada que la frene, que le hace a la autora
seguir un ritmo frenético, que nos transmite a nosotros y nos hace leer a una
velocidad de vértigo.
Es un mundo entre el Secano y
Barcelona, donde pasa de dominarlo todo, a no conocer a nadie. De tenerlo todo
a mano a perderse ante la inmensidad: “las
luces, las tiendas, los bares, la gente que salía de todas partes, el ruido, el
olor a brea, humo y carbonilla, y hasta la niebla fría que ocupaba las calles
al anochecer la fascinaron…”
Su hermano Diego Reche nos mostró como
dentro de la novela te encuentras con relatos cerrados, de hecho, el primer
capítulo puede leerse como un texto acabado, pero algo te está diciendo que
después te esperan páginas maravillosas y se convierte en un excelente prólogo
para lo que después nos espera.
Apunta dos cuestiones importantes en la
obra, aparte otras muchas. Primero el estilo, rápido, con un lenguaje
coloquial, ritmo, la capacidad de transmitir detalles. Después el título, puede
parecer pobre como reclamo publicitario, la convicción de Sole se impuso, para
ella ponerle un título más largo, adjetivarla, era como empujarle hacia un lado
y había que mantenerla rebelde, imprevisible, atrevida. Al final, resulta que
la autora estaba en la razón, parece que a medida que repites el nombre, el
título tan rotundo, tan convincente, la narración va adquiriendo más fuerza,
más peso: “Enriqueta”.
También nos aportó Diego que Enriqueta
es una novela de mujeres entre mujeres. Solo aparecen dos hombres, uno al
principio y otro al final, aunque determinantes, pero, son las mujeres las que
se encargan de fastidiar o ayudar a la protagonista, las que ocupan todo el
espacio.
En su prólogo a la edición nos cuenta
Diego de forma magistral el proceso de creación de la historia: “A la chana chana, en el silencio de la vieja
galería donde mi padre hacía fotos o retocaba los clichés, ayudado por la luz
que se filtraba en sus ventanales, fue también revelándose y rebelándose esta
zagalona con pelaje de lunera…”.
Entre preguntas y respuestas fue
llegando el acto a su final, la última parte ocupada por una cuestión que a
todos nos ocupaba la mente, la posibilidad de una continuación, ante un final
particular.
Reconoció Sole que el final puede
resultar abrupto, pero también como es la propia Enriqueta, pero, sin lugar a una
continuidad, con argumentos como que todos los personajes tienen en su vida una
época dorada, donde todo se plantea y todo se resuelve, y si no, quedan
indicados los caminos a seguir en esa vida. Todos tenemos nuestro tiempo más
interesante y en este caso continuar la historia puede suponer banalizarla,
cargarla de páginas con minucias cotidianas y que a lo único que puede conducir
es a que Enriqueta pierda esa velocidad de ardilla, pues esa marcha no se puede
mantener siempre y eso la llevaría a perder mucho.
Fue una tarde noche maravillosa donde
disfrutamos de la osada Enriqueta, contando además con una gran sorpresa, a la
cita acudió María, la muchacha que aparece en la portada y que un día lejano
vino a Vélez Rubio a hacerse una fotografía en los estudios Reche, precisamente
a la casa de Diego y Sole, pues su padre era el fotógrafo Reche.
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Sole Reche y María, que una foto que se hizo en su juventud, en los estudios del padre de Sole, ha servido de portada para la novela "Enriqueta". |
Lo dicho una deliciosa velada.