domingo, 7 de diciembre de 2014

CARTA DE AMOR DE ADVIENTO

Se acerca navidad,  el final de año, pero aún más importante se avecina nuestro encuentro. Ese momento en que nos podamos mirar frente a frente, en que podamos decirnos las palabras que  nuestra mente ha ido ensayando día tras día en nuestra distancia. El momento en que nuestras manos puedan recorrer las carreteras de la sensibilidad de nuestra piel.

Sí, vislumbramos la llegada de la navidad, con ella momentos de compañía, de compartir, de recordar acontecimientos y soñar con un nuevo año cargado de deseos, de ilusiones. Después de años de soledad ahora esperamos su llegada con la certidumbre de que compartiremos nuestro amor, de que sabremos que uno está al costado del otro para hacerle sentir su importancia, para proyectar juntos una vida con futuro, un futuro con vida y así fantasear nuevos días, nuevas primaveras, nuevas navidades.

Aquí, hoy, en Topares, al amparo del calor de la estufa, rodeado del silencio de la naturaleza, sueño con tu sonrisa, en mi interior se fija la ternura de tu mirada, mi cuerpo palpita ante la proximidad de tus caricias. Mi piel se eriza  ante la quimera del calor de tus labios y mi vida se alarga hasta el momento de tenerte entre mis brazos.

Cuando paseo bajo el sol de la transparencia sacudido por el aire gélido de la mañana, trazo los días en que no tengamos que separarnos, acaricio las mañanas que al despertar a la vida te encuentre siempre a mi lado. En todos los momentos que me esperan para quererte, en todos los instantes que sentiré tu atención, tu delicadeza. Caminando bajo esta luz acogedora repaso tu disposición a sentir mi amor, en mi vocación a que me quieras, en mi codicia en quererte cada día más, en tu firmeza para quererme, pienso en ti, sueño que piensas en mí.

Por eso, ambiciono decirte gritándolo al mundo entero que te quiero, con todo mi ser. Te quiero como eres y como no seas. Te quiero sonriente o entristecida. Te quiero cuando me miras y cuando no te veo. Te quiero cuando oigo tu voz o tus silencios. Te quiero cuando me besas y cuando no lo haces para que lo hagas. Te quiero en cada instante del día y en cada soplo de la noche.


Ahora, en este adviento de espera, cuando escribo todas estas palabras,  me retiro a seguir idealizando nuestro amor, a dibujar en mi pensamiento tu imagen y a pensar en ti, amada mía.




jueves, 25 de septiembre de 2014

24 de septiembre

            
  Hoy hace tres años de que murió  Rosario. 
             No puedo evitar que llegado el día mis ojos se llenen 
             de tristeza y el recuerdo del sufrimiento me invada. 
            Mi corazón evoca momentos extraordinarios a la 
            vez que gime por su marcha.
Su luz siempre me acompaña y su aliento
 me impulsa a buscar nuevas expectativas 
e ilusiones en la vida.
Tras meses y meses de soledad ahora en mi
 horizonte se trazan rayos de esperanza,
 renacen quimeras olvidadas, hasta sentir 
la necesidad de compartir, de nuevo,  
mi vida con otra persona, 
a la que amo como solo se amar: con pasión, 
con entrega, con todo mi ser.
 Y tengo la sensación de que Rosario 
no es ajena a mi estado. 
Ella no quería que estuviese solo y, desde donde 
esté, he sentido su fuerza que me invitaba a 
conocer a otra maravillosa mujer. 
Como si ella desde su atalaya me 
estuviera dirigiendo hacia el lugar adecuado. 
Su empuje me ha permitido conocer a otra
 fantástica mujer, y 
a la que desde aquí, declaro mi enorme estima.
Así en este día se une mi tristeza por su pérdida 
y mi agradecimiento por su energía para que la
vida me volviera a sonreír.
Siempre en nuestro corazón Rosario.





alfonsorobles2014


miércoles, 20 de agosto de 2014

Las fiestas 1

En los tiempos más remotos las fiestas que se celebraban en el pueblo tenían un marcado carácter religioso. En Topares eran dos las fiestas principales. El 17 de enero, San Antón, como corresponde a una localidad agrícola ganadera, éstas iban unidas a los mismos motivos, en este caso a la ganadería. San Antón es el patrón de los animales y a la bendición de los mismos estaba destinado este motivo festivo. La parte lúdica o no religiosa de la misma se concentraba en la víspera con las carretillas y la hoguera. La parte religiosa el día del santo con la misa y la procesión, donde en la puja para entrar al santo los ganaderos mostraban su progreso siendo los encargados de introducir la imagen en el templo al acabar la procesión. Motivo intermedio era la rifa del “marrano de San Antón”, durante el otoño los vecinos habían ido engordando al gorrino y ahora era el momento de que se cumplieran los sueños o que la frustración se hiciera patente, pensando a ver si el año siguiente había más suerte. El cerdo deambulaba por las calles libremente, portando un cascabel al cuello, su sonido nos avisaba de su condición y los vecinos le sacaban sobras de las comidas, era respetado y cuidado por todos.
La otra fiesta del pueblo, en este caso asociada a la agricultura era San Isidro, en mayo. El tema central de la misma era la misa y la procesión, con la bendición de los campos, sin apenas actividades fuera de las eclesiásticas, algunos años por la tarde podía haber alguna representación de comedias, carreras de cintas o baile de parrandas, pero no muy frecuentes.
Según iba el año, así se afrontaría el motivo de la fiesta. Si se trataba de una temporada en que la nieve y las aguas del invierno nos hacían tener esperanzas en una buena cosecha se aprovechaba para dar las gracias al santo por su intercesión por la lluvia. En los años que la cosa andaba mal, eran momentos de plegarias a ver si podía echar una mano y  las aguas de la primavera arreglaban lo que se veía malamente. Esta circunstancia también influía en la puja para entrar la imagen, años de bonanza eran tiempos de alegría en la subasta, los agricultores trataban de poner de manifiesto delante de los demás su importancia, primaveras desoladas nos llevaban a pujas anodinas donde costaba que cualquiera se echara para adelante y cogiera las andas del patrón, se veía que los agricultores estaban ciertamente enfadados con su protector.

Las señoritas llevan cintas que los jóvenes se disputarán
en las carreras de cintas. Podemos considerar que son un
 precedente de lo que años más tarde serían
las reinas de las fiestas
Esta introducción sirve para situarnos en las circunstancias de las fiestas. Así llegamos a  los años setenta, en los pueblos empiezan a haber más vehículos, nos trasladamos con mayor facilidad de un lugar a otro. Empiezan unos años de ilusiones, nos encontramos en los últimos años de la dictadura y un cierto cambio se vislumbra en el horizonte. Es el momento propicio para que en las localidades tomen un fuerte impulso las fiestas patronales. Hay un hecho curioso que contribuye al esplendor. Los cazadores descubren que en tiempos en los que no está abierta la veda pueden seguir practicando con el tiro al plato. Así no hay una verdadera fiesta si no tiene su propio campeonato. Los aficionados de la comarca se desplazan a estas tiradas, les acompañan amigos y familiares, no existen los controles con el alcohol, así después del torneo hay que mojar los trofeos y la velada se alarga en la verbena hasta altas horas de la madrugada. Topares además, el pueblo recóndito de la provincia, donde “cuatro huevos son dos pares” y “a Topares echa pan y no te pares”, ejerce un atractivo para la comarca, todos quieren descubrir cómo es y sus fiestas gozan, durante esos años, de popularidad entre los pueblos limítrofes. 

Los primeros años en los que se elige reina y damas de las fiestas.







En los tiempos de qué hablamos no se podía considerar una fiesta sin la presencia de su reina y sus damas.  Ser elegida era un privilegio para ella y para la familia, se compraban trajes especiales para la ocasión  y estaban presentes en cada acto que se celebraba. Entregaban premios, acompañaban a la presidencia de la procesión, inauguraban bailes, asistían a todos los actos, participaban de desfiles, lo que se dice las reinas del pueblo. 

Poco a poco, con el avance de los años, las reinas y
 damas también van adoptando un aire más moderno






Fueron unos años de gran esplendor, quizás 10 no más, después la fuerte emigración, la proliferación de fiestas por todos sitios, el caso es que cada vez se quedó más en un fiesta para los vecinos. Hasta que al final, con la aparición de las fiestas del verano, las de San Isidro perdieron el boato que habían mantenido años atrás.
Si observamos las fotos de las sucesivas reinas veremos, también como las elegidas han ido cambiando en las características, los primeros años eran, como decimos castizamente, mujeres hechas y derechas, con el tiempo la edad de las mismas ha ido bajando y llegamos a los últimos años en que las protagonistas eran más, adolescentes recién entradas en la juventud. También, curiosamente podemos comprobar cómo hijas han sucedido a sus madres, en el tiempo, en las funciones de reinas o damas. 

La serie la completamos con los últimos años en que la
 presencia de las reinas y las damas está presente en
nuestras fiestas, nos encontramos ya en las fiestas de
verano y vemos como la edad de las mismas ha ido disminuyendo








Parece ser que hoy su presencia no tiene sentido, quizás no tengamos claros los valores que queremos transmitir con sus figuras, pueden ser tantas cosas las que no han llevado a prescindir de su presencia que no merece la pena introducirnos en la controversia de si deben o no deben ser, la ausencia de otras actividades que no sea la verbena parece que no hacen necesaria su presencia. Pero no hay duda que durante aquellas primeras fiestas le dieron realce y esplendor a las mismas. Para disfrutar de nuestro pasado os dejo con unas cuantas fotos de reinas y damas de las mismas, se ha intentado ponerlas en orden cronológico, espero que lo hayamos conseguido.
alfonsorobles-agosto14

miércoles, 23 de julio de 2014

Encuentro


Cuando hace ya años, noviembre de 2011, inicié esta aventura blocaire, no imaginaba que alcanzaría tanta importancia en mi futuro.
Siempre he disfrutado con la escritura, lo hacía dirigido a un solo lector, yo mismo. A lo sumo algún amigo cercano o Rosario, tenían acceso a aquello que creaba. También el compromiso de colaborar en revistas locales y programas de fiestas, así como alguna contribución en presentaciones de semanas culturales, atendiendo a las solicitudes de amigos que sabían de mis aficiones con la pluma.
Pero llega el momento que alentado por amigos y especialmente por Rosario, mi compañera; se va creando la necesidad de intensificar y dar a conocer aquello que hago, sobre todo a partir de mis colaboraciones con Revista Velezana, cuyos responsables me animan una y otra vez a ampliar mis producciones.
Casualmente descubro el mundo de los blogs e inmediatamente me doy cuenta que se ajusta a mis objetivos y a aquello que busco. En primer lugar dar a conocer la historia reciente de Topares, hablar de sus gentes, de sus costumbres, de los hechos que han marcado su camino en los últimos años, de su particular cultura.
Las primeras publicaciones me animan, comprobar que hay personas a los que les interesa me da  alas para continuar. Pero llegamos a un punto que marca mi vida. Tras dos años de macabra enfermedad y precisamente cuando la esperanza se asienta en nuestros corazones, el salvaje mal se lleva a mi mujer en un mes, dejándome sumido en la tristeza y la soledad.
Estos sentimientos  me consumen, me encierran en una prisión interior que me ahoga, cada día que pasa me hundo más en la desesperación. A la vez se va creando en mí una necesidad de liberarme, de sacar fuera lo que me oprime y la escritura acude en mi socorro. Como voy publicando aquello que siento, noto como se va abriendo un nuevo horizonte, paso del llanto permanente de su pérdida al recuerdo perenne de su vida, a vivir su sonrisa, sus ilusiones, su delicadeza, su sensibilidad, a sentirla aún viva en mí. A esperar que nuevos amaneceres devuelvan otro sentido a mi existencia.
El blog se amplía, aparecen las narraciones, me atrevo a publicar en un libro de relatos, la escritura adquiere más importancia y va llenando mi mundo interior de nuevas sensaciones. Conozco, aunque sea en la red, compañeros de fatigas, oficiantes de escritores que como yo, disfrutan juntando palabras, expresando sentimientos, acercándonos unos a otros y estrechando nuevas amistades.
Así lo expresaba en mi relato: “Vieja compañera”: “Un brote de primavera recorrió su cuerpo, se acomodó delante del ordenador y empezó a escribir: “Gracias por abrirme nuevos caminos, por descubrirme nuevas ilusiones, por despertar estrenados sentimientos…”
Y en uno de los recientes post: “Almería”: “Cada alborada abro los ojos ilusionado con lo que me deparará el día, en leer palabras dichosas y cómplices sonrisas. Escuchar la voz amiga, susurradora de vocablos agradables y portadora de ilusiones compartidas.”
Gracias a ti que has hecho que mi corazón vuelva a latir con ritmos enamorados, que mi despertar se llene de nuevas ilusiones, que piense en un futuro compartido y que me emocione con una palabra tuya, con una sonrisa, con el eco cercano de tu voz.
Ahora marcho a tu encuentro, a llenar nuestras palabras de amor de aromas y colores, a proyectar mañanas luminosos y soñar quimeras y fantasías.

Te quiero amor.




Fotografía sacada de internet, se retirará a petición

jueves, 3 de julio de 2014

La redacción

John French Sloan. "South Beach Bathers"
. Imagen cogida de Relatos Conjuntos
Me llamo Diego, soy estudiante de 4ª de la ESO en Vélez Rubio. Me encuentro en mi habitación, sentado ante la mesa de estudio y delante de mí una reproducción de un cuadro de un señor americano llamado John French Sloan, al que un día, no tendría otra cosa que hacer, se le tuvo que ocurrir pintar un cuadro al que tituló: “South Beach Bathers”, algo parecido a bañistas de las playas del sur. Pero no os he contado que tenga que ver conmigo el citado señor.
Resulta, que la señorita Alba, la profesora de lengua, se empeña que cada mes hagamos una redacción,  ella los llama relatos, pero a mí no me engaña, mi padre dice que siempre ha sido una redacción. Hasta ahora bien, pues a mí me agrada mucho escribir, encontrar las palabras, revisarlas, pasarlas a limpio, me divierte todo el proceso de hacer la composición.
Lo que ya no me gusta es como ella quiere que lo hagamos. Nos enseña la foto de alguna cosa, un cuadro, un cacharro, un retrato y nosotros tenemos que escribir sobre ello, tampoco me disgustaría si fueran de ahora, pero no, son de cuando los coches andaban a pedales. Es que es muy rara.
Ya me diréis que me importa a mí estos bañistas, bueno es un decir, por los trajes parece que van a la iglesia. La muchacha exhibiendo su cuerpo, eso sí, tapada hasta las cejas, pues si quieres que admiren tu figura, quítate la ropa y enséñanos lo que escondes. Y la niña repipi, con el traje blanco y el sombrerito y, qué hace en la playa la mujer que la acompaña, si parece que están en el mes de enero. Pero déjate a estos y mira el señor que parece un marinero o un indiano contando aventuras imaginadas.
Que queréis que os diga, que no sé por dónde empezar, y tengo que hacer el texto, pues si no lo hacemos se enfada, todo y que es muy dulce cuando te manda los trabajos, pero cuando se enoja parece una leona. Es que es muy extravagante la señorita. Bueno y este mes al menos hay personas, el mes pasado nos puso una máquina de escribir, más vieja que la polilla, unas manos sobre las teclas y la palabra Qwerty. ¡Anda ya! Y ahora inventa tú la historia. Tampoco es que sea tan mayor, pero niño, parece como si hubiera existido en otra época. ¡Es que es caprichosa!
Pero la verdad es que a mí me gusta, aunque tenga sus locuras, siempre me pone cariñosas notas a los trabajos y, lo mejor,  nos hace apreciar nuestra lengua. Claro que si fuera por mi padre no sería igual, cuando me ve protestar porque no salen las palabras siempre me dice lo mismo: “Tanto español, tanto español, todos tenían que estudiar en inglés, incluso en chino, todos iguales, así nos entenderíamos y podíamos hacer más negocios”. A mí me da risa escucharlo, pues después es muy bueno y se porta bien conmigo.

Y ahora qué hago, le entrego la redacción a la señorita, si le he dicho que es muy rara y todo, claro también que me gusta lo que hace, bueno como es domingo, hasta el martes no la veo. Me lo pensare…


(Alfonsorobles, junio2014)

lunes, 9 de junio de 2014

Almería


Como avanzan los días se acerca el momento de mi marcha a Almería y paralelamente crece mi ilusión con la nueva aventura.
            No obstante, han sido muchos los años de vida en La Alpujarra. Dejar mi casa se hace duro. Allí, donde he pasado días de felicidad, donde hemos visto como crecía nuestro hijo y que ahora, desde la muerte de Rosario, ha sido mi refugio, donde he ahogado mis sufrimientos; pero también donde he sentido la fuerza alentadora de ella para seguir adelante.

            Coincidiendo con esta nueva singladura, cuando creía que el duro invierno se hacía eterno en mi vida, brotes de primavera se abren al valle de mi futuro.
            Como le pasa al protagonista de mi último relato: “Vieja compañera”, “De pronto se da cuenta que el gris invierno va desapareciendo, se imagina una paleta en la que se mezclan los colores de la naturaleza para lucir, en todo su esplendor, al cabo de unos días. Un aire de juventud, de vida, le agitó su cara y del valle le llegó el suave rumor del agua…”








            




  Ilusiones olvidadas en el tiempo, me dan nuevos motivos de vida, proyectos por componer y quimeras para soñar nuevos amaneceres repletos de fragancias y colores. Sentimientos y emociones que me devuelven  la belleza de la vida, la esperanza del mañana.

Cada alborada abro los ojos ilusionado con lo que me deparará el día, en leer palabras dichosas y cómplices sonrisas. Escuchar la voz amiga, susurradora de vocablos agradables y portadora de ilusiones compartidas.


Como canta Lluís Llach: “Soñemos, sí, constantemente, soñemos sin poner límites a los sueños, soñemos, hasta lo inimaginable”.







sábado, 17 de mayo de 2014

Vieja compañera

Ya estábamos otra vez. Como en los anteriores días Gracián se levantaba temprano, preparaba el desayuno, sencillo, un café con leche y una tostada de aceite. Sencillo pero que degustaba con deleite.
http://ca.wikipedia.org/wiki/M%C3%A0quina_d%27escriure                Después colocado delante de su vieja máquina, posaba sus manos sobre las teclas, acariciando cada una de ellas y dispuestos a entrelazar palabras que compusieran una historia. Antes de empezar a teclear, instintivamente, alzaba su mirada hacia el gran ventanal de la habitación y dirigía su vista hasta la profundidad del valle que se abría delante de su casa.
                Mientras, intenta encontrar esas primeras palabras que a veces cuestan tanto,  parecía que a su vieja Olivetti, cada vez le costaba más ponerse en marcha y llenar la estancia de su monótono machaqueo.
                Desde hace unas fechas le pasa que esas primeras palabras no aparecen, permanecen ocultas en el silencio de la mañana e, inevitablemente, día tras día se desespera. Hoy parece que será igual. Vuelve a asomarse a la ventana, enciende un cigarro y observa como el humo se expande y ocupa todo el recinto. Desalentado, apaga el cigarrillo en un gesto brusco y vuelve a enfrentarse al frío teclado. Pero los dedos permanecen quietos, agarrotados, como si hubieran perdido su vida y su mente no les mandase ninguna información para que empiecen su particular baile sobre las teclas.
                Enojado se levanta y vuelve al mirador. Esta vez intenta adentrarse más en el valle, se sorprende con una nueva visión del mismo, de pronto se da cuenta que el gris invierno va desapareciendo, se imagina una paleta en la que se mezclan  los colores de la naturaleza para lucir, en todo su esplendor, al cabo de pocos días.  Un aire de juventud, de vida, le agitó la cara y del valle le llegó el suave rumor del agua camino de las latitudes más bajas, en su aproximación al mar.
                Al momento se dio cuenta que su mente tenía que salir del letargo invernal, se percata de  que hasta ahora había buscado viejas palabras, y éstas se encontraban dormidas, como sus viejos recuerdos, sus añejas historias. Les pedían que las dejase yacidas, para poder dormitar en el tiempo de los tiempos.
                Resignado a sufrir un nuevo día sin escribir una palabra, se disponía a salir del despacho, cuando el timbre de la puerta lo sacó de su embotamiento. Para su sorpresa se encontró ante un empleado de mensajería cuando no esperaba nada. Tuvo que firmar y le entregaron un paquete con su pequeño sobre.
                Al volver a la sala miró la tarjeta que acompañaba, se veía que era un simple trozo de cartulina y una frase escueta:  “Con el deseo de que surjan nuevas historias”, se encontró, él que había prometido no abandonar a su viejo cacharro, con un rutilante portátil.
                En su cara se dibujó la perplejidad, abatido se dejo caer en una silla delante del artefacto moderno. Maquinalmente lo abrió. Se quedó atónito descubriendo el suave teclado, la mortecina pantalla, carente de voluntad le dio al play, tras el arranque apareció el mismo mensaje. Pasaron segundos, minutos, quién sabe. Por fin lo comprendió todo, necesitaba nuevas palabras, manifestar nuevos sentimientos, exteriorizar nuevas emociones, seguir a sus nacientes ilusiones. Dejar reposar en su interior las viejas emociones, experiencias, para él solo, y abrirse a una  nueva vida, proclamar renovados afectos y crear un joven lenguaje. Desvió su vista hacia la vieja compañera y, concluyo que aquel siempre sería su sitio, guardiana silenciosa de sus pasados recuerdos.
                Un brote de primavera recorrió su cuerpo, se acomodó delante del ordenador y empezó a escribir: “Gracias por abrirme nuevos caminos, por descubrirme nuevas ilusiones, por despertar estrenados sentimientos...

Texto para relatos colectivos. Alfonso. Mayo 2014

domingo, 27 de abril de 2014

TITO VILANOVA

            Este fin de semana nos impacta la noticia de la muerte de Tito Vilanova, entrenador de fútbol y que con 45 años fallecía a causa de un cáncer de la glándula parótida.




            Cuando se produce el desenlace fatídico en una persona conocida, nos permite visualizar los miles de seres y familias anónimas que viven y padecen la misma impresentable situación.
            Los que hemos transitado por un escenario semejante, cada vez que nos llega, por proximidad o información, un nuevo suceso funesto, se revive nuestra propia desesperación, incluso como si se acercara un poco más nuestra particular muerte. Nuestra mente comparte la desolación y la angustia de las personas cercanas, de las que han participado directamente de sus ganas de vivir.
            Por eso maldecimos todos los recortes en investigación, maldecimos las supuestas emboscadas a los avances científicos, callados, silenciados en aras de una rentabilidad económica, maldecimos que de una vez no se priorice la mejora de la calidad de vida de las personas. Cuando nos movemos por el espacio como Perico por su casa, cuando oteamos nuevas tecnologías tan rutilantes, cuando descubrimos nuevas máquinas inimaginables, hace pocos años, en las mentes más  estrambóticas de la ciencia ficción.
            No soporto que los anhelos de vida de un  ser se vean guillotinados por la bestial enfermedad. Que pacientes y familias, a veces después de la esperanza, tengan que sufrir indefensas, desamparadas, arrinconadas, a merced de la cruenta enfermedad, decidiendo nuestra vida, nuestro futuro, nuestra suerte.

            Con cada nuevo final que me llega, amargas lágrimas, ensangrentados lamentos me oprimen el corazón y hacen preguntarme: ¿Hasta cuándo?




Fotografía bajada de internet, se retirará a petición

martes, 1 de abril de 2014

Tú o Usted

 Me propongo dedicarle este post a Sa Lluna, que en uno anterior suyo escribía: “Quizás sea una idealista, pero me gustaría ver un mundo donde todos tuviéramos las mismas oportunidades de ser felices, donde el usted  nada más fuese una formalidad de respeto hacia el otro y no una condición de clases”.
                Una noche de éstas me encontraba mirando mi muro de Facebook cuando me llegó una invitación de amistad. Siempre que ocurre, si no es persona conocida, trato de ver en su página alguna relación conmigo.
                En este caso veo que había nacido en Balsareny, era suficiente para mí y le di a aceptar. Omito  el nombre del solicitante, pues considero que no es necesario y, también, por respeto hacia él. Al momento me llega un mensaje, que si quiero dar a conocer: “¡Don Alfonso! ¡Qué grata sorpresa verle de nuevo, aunque sea en fotografía! Soy un ex-alumno suyo de octavo de EGB en el colegio Guillem de Balsareny, ha llovido mucho desde entonces…!
                Al mismo leerlo me sorprendieron dos cosas, que me hablaba de usted y se dirigía con el tratamiento de Don, hace tanto tiempo que en la escuela no se utilizan esas fórmulas que me chocó.

Colegio Guillem de Balsareny al que llegué en 1979

                Siguió la conversación y permanecía en el usted. En este punto quiero aclarar que,  llegué a Balsareny como joven maestro de 24 años, la diferencia de edad con esos alumnos de octavos podía ser de 11, 12 años, que se deben seguir manteniendo. Así le llevo ese tiempo y me trataba de usted,  no por una diferencia de condición. Había estudiado en Inglaterra y se había graduado en psicología en una universidad de Estados Unidos. Si no por el respeto que le perduraba hacia aquel que había sido su maestro.
                Tras el intercambio de varios mensajes, le comento al respecto que me resultaba embarazoso que mantuviera el usted en el trato, me contesta así: “Sí, es cierto, apear el tratamiento cuesta al principio, ya que el recuerdo del  respeto de entonces permanece en la actualidad…”
El episodio se lo he comentado a compañeros, también de una cierta edad, todos coincidían en que también mantenían el recuerdo del respeto hacia sus maestros, incluso algunos que después habían sido compañeros en la profesión con sus antiguos tutores, les había costado mucho el cambiar al tú.
El usted ha sido una formalidad, otrora, de consideración hacia nuestros mayores y hacia aquellas personas que gozaban de la distinción dentro de la sociedad del momento. Actualmente se usa como una fórmula que persigue marcar distancias, establecer distintas posiciones, incluso guardad formalismos para decir lo que queramos del adversario sin traspasar lo políticamente correcto.
Todo ha cambiado, para alumnos de hace treinta años, todavía soy su maestro y ellos son mis alumnos. Sin embargo, hoy, parece que ese vínculo se rompe en el momento que dejan el colegio. Se ha perdido ese sentido filial permanente que existía entre el alumno y el maestro.
¿Mejor, peor? No entro en la cuestión, pero si sé que es bonito que al cabo de tantos años se mantenga esa corriente de afecto mutuo, es gratificante que esa unión, cuasi familiar, perdure a lo largo de los años, al menos, profesionalmente para mí.
A ti, ex-alumno, agradecerte la felicidad y satisfacción que me has proporcionado, aplaudirte por mantener esos sentimientos de gratitud hacia los que fuimos tus maestros y expresarte que los mismos recuerdos de afecto y cariño, hacia vosotros, perduran en mí.

                

martes, 4 de marzo de 2014

El pasado viernes, día 28, se realizó la presentación de las publicaciones del Instituto de Estudios Velezanos, en Murcia, entre éstas el libro de “Relatos Velezanos II”. En un marco incomparable: el Museo de Bellas Artes, conjunto arquitectónico de gran belleza y que contribuyó a realzar el acto.

Museo Bellas Artes de Murcia

Fue motivo para desplazarme hasta allí el día anterior y estar con mi familia. Siempre que regreso a Murcia, después de una temporada sin hacerlo, me surgen emociones y recuerdos muy expresivos.
En este año, aprovechando que era día lectivo me acerqué a la escuela donde trabajé hace ocho años, el reencuentro con los compañeros que aún trabajan en la misma, hermanos pequeños de alumnos que había tenido, el día de sol en el patio, me transportaron a esos años de felicidad que pasé junto a Rosario en la ciudad del Segura.
El paseo por las calles del centro me llevó hasta la plaza del Teatro Romea, de sopetón me vino a la memoria mi llegada a la ciudad para estudiar la carrera. Fui un jovencito que con 10 años, marchó desde su pequeño Topares hasta Vélez Rubio para hacer el bachiller y, en ese momento, con 17 llegaba a Murcia para estudiar Magisterio.
Eran tiempos en los que no es que se hablara de crisis, es que la crisis era el estado permanente. Mi familia decide que nos desplazáramos todos y así, con la ayuda de algunos estudiantes realquilados, pudiéramos, nosotros, hacer la carrera. Nuestro sentido responsable nos decía que no había dinero para alegrías, pero con mucho sacrificio, mi madre nos procuraba,  los fines de semana algunas 50 0 100 pesetas.
De ella eran fijas las 45 o los 9 duros,  como les llamábamos mejor, que costaba asistir a las funciones de teatro que había en el Romea casi todas las semanas. Estaba en la puerta antes de que se abrieran, pues había que coger un buen lugar en la grada para ver el espectáculo sin nada que te estorbara. En la espera miraba la platea, envidioso de aquellos que podían asistir ocupando un lugar preferente, soñaba con las primeras filas que oirían hasta la respiración de los actores y disfrutaba con las palabras que se declamaban y el movimiento de los artistas en el escenario. Después vendrían los teatros universitarios en los salones de actos de las facultades, pero mi predilección del teatro ante el cine me permitió ver a los grandes de la escena española de aquellos años.
Hoy, cuando asisto a cualquier obra o concierto, ya a la platea, no puedo de dejar de mirar a la parte alta, lo que entonces llamábamos: “gallinero” y recordar aquellos años juveniles,  pletóricos de ilusiones,  y sentir como una corriente cálida de añoranza recorre mi cuerpo, dibujándose en mi rostro una sonrisa de complicidad con los inquilinos de esas localidades, alejadas del escenario, sí, pero vivas y ávidas de nuevas sensaciones y culturas.


Con todas mis evocaciones acudí al acto de presentación lleno de emociones, las palabras fluían desde mi interior sin poder dominarlas, surgían desde el corazón y la mente, sabia como es algunas veces, dejó que brotaran sin aplicarles ningún filtro que  ocultara los sentimientos del que escribe.  Rodeado de mi madre y mi familia, me sentí dichoso y favorecido.

Con mi madre, orgulloso con su presencia

Mi familia

Fotos familiares de Encarni Navarro
Foto del museo tomada de internet, se retirará a petición


miércoles, 12 de febrero de 2014

sueño

                En una mañana de sábado, de aire transparente y rayos de sol refrescantes entrando, tímidamente, por la ventana de la habitación, me despierto y, en ese momento, en que aún te encuentras más cercano a Morfeo que a la lucidez de la mañana, me acude este sueño en tres escenas.
          Escena 1. Me encuentro inquieto, me ronda una pregunta. ¿Por qué ahora no le doy besitos en el cuello a Rosario? ¿Qué ha pasado, qué explicación hay para no hacerlo? ¿Qué dificultad se cruza para impedirlo? ¿Por qué últimamente no la cojo con ternura y le ofrezco esos mimos que me agradan?
            Escena 2. Se me aparece, seguramente, en la cocina, llevando su rebequita celeste cielo. Me acercó por detrás, la acurruco entre mis brazos y la acaricio con mis besos en el cuello y la nuca.
            Escena 3. Todo se desvanece, la realidad me sorprende y me dice que Rosario hace que emprendió el viaje a la eterna obscuridad.
                Puede que todo se haya desarrollado en una fracción de segundo. Con distintas formas el sueño se repite en otras ocasiones. Se crea una dificultad entre nosotros y, como siempre ha sido, nuestro amor lo vuelve felicidad que se rompe cuando se me muestra su muerte.
                En ese pequeño lapso que dura mi fantasía la siento en su plenitud. Su piel, su voz, su imagen, su presencia se hace realidad para evaporarse en un suspiro. La tristeza más monstruosa me sorprende, pero a la vez, prodigiosamente, una corriente de placer y alegría recorre mi cuerpo, es lo que me hace vivir.

                En el recuerdo de su cumpleaños.

En nuestra casa de Válor

Siempre hubiera querido ser una artesana

En Topares, donde nuestra pasión explosionaba


lunes, 10 de febrero de 2014

Agradecido

                Desde que se presentara el libro: “Relatos Velezanos II” en Topares, han sido muchas las muestras de cariño y afecto que me han llegado. Soy consciente de mis limitaciones como prosista, también sería tonto si creyera que mi relato, literariamente, es de una excelente calidad. Se trata, solamente, del trabajo de un aficionado novel que, a través de unos personajes magníficos, ha tratado de expresar sus sentimientos y emociones ante su pequeño país personal.

firmando libros en Topares


                Mi satisfacción nace de comprobar que otras personas los comparten, tanto amigos como de nuevos conocidos. La narración está compuesta desde el interior de mi ser, no me creo capaz de trazar otras vidas, ajenas a mis impresiones, que no emanen de mis propias percepciones, así en todo lo que firmo va mucho de mí. Al tratar crónicas impropias, o no progresan o se van transformando en mi persona.
                He sentido una satisfacción especial, el encontrarme con jóvenes que les ha conmovido la historia. Me han comunicado estar cercanos a esas sensaciones, cuando, muchas veces, les consideramos alejados de poder sentir  emociones que no sean las propias de las diversiones y agitación juvenil que les domina. El que me hayan transmitido su cercanía a la forma de sentir el pueblo, la tierra me ha conmovido de forma positiva.
                De joven no era un muchacho atrevido ni osado, ahora tampoco. Reservado, imbuido de mis propios mundos y fantasías, no he sido precisamente un conquistador. Amable, ameno, pero sin el atractivo natural que cautiva a los demás. En silencio soñaba con que los amigos pensaran en mí como imprescindible a la hora de cualquier reunión o aventura, cuando presentía, constataba, que no era así, mi autoestima caía por tierra. En el tiempo se fue creando la imagen de poco importante para los demás, la vergüenza y el pudor de expresar mis intenciones, de comunicar cualquier asunto que se refiriera a mi persona. No quería provocar ningún compromiso que pudiera suponer una obligación para alguien. Ésta es la única razón de mis silencios y os pido disculpas, amigos, amigas, por no haceros partícipes de los actos celebrados, es un asunto que trataré de corregir.

Presentación en Vélez-Rubio


                Agradecimientos a todos, que de una forma u otra, me habéis dispensado vuestro cariño y afecto. A todos los que me habéis ayudado a darle la forma definitiva al texto. A todos los que me animáis a seguir creando nuevas ficciones. A los amigos y amigas blogueros que habéis difundido el libro y me habéis dedicado comentarios preciados. En fin, a todos los que habéis hecho que me sienta querido, importante y lleno de nuevas ilusiones. ¡Ah! Y a Chenchu por sus fotos.
                Ha sido una experiencia magnífica. Ampliar relaciones de amistad con personas que participan del mismo proyecto. Saber de otras personas con las mismas inquietudes. Sentir el cariño espontáneo de gentes que tu no percibías, En definitiva ser feliz.

                Gracias a todos y estar seguros de contar con mi aprecio, cariño y gratitud.

lunes, 3 de febrero de 2014

la mecedora de la abuela

En la anterior entrada, mi amigo Josep dejó un comentario en el que hablaba de la mecedora de la abuela, desde la que le contaban historias y le leían poesía. Su alusión me ha traído al recuerdo toda una serie de reminiscencias infantiles.


Topares, sabéis que es un pueblo muy pequeño, mi primera infancia transcurre sin televisión, los juegos dependían de nuestra inventiva y la electricidad de la que disponíamos era producida por un motor de un molino, era solo para cuatro o cinco horas de la noche, a las doce la quitaban y no todas las noches había. En estas condiciones tocaba, sobre todo las noches de invierno, en reunirse alrededor de la chimenea o de la estufa. Los hombres marchaban al bar, al casino que decíamos entonces. Así en la casa quedábamos los muchachos con las madres y las abuelas, entendiendo estas de forma genérica, las mayores. Nosotros, infantes, estábamos ávidos de historias, de relatos, de recuerdos familiares, costumbres olvidadas del pueblo, anécdotas y chascarrillos de los vecinos. Todo contado con esa voz dulce de los mayores, pausados, sin grandes aspavientos y con mucha ternura, boquiabiertos, demandábamos al acabarse una leyenda, otra y otra, así hasta que la madre nos mandaba a dormir sin contemplaciones, a pesar de nuestra protesta no nos quedaba más remedio que obedecer, pues también, entonces, las cosas se decían una sola vez.
                Nuestras cándidas mentes se iban llenando de conocimientos, de la memoria familiar, del pueblo, todo transmitido de forma oral, que la hacía más viva y que iba pasando de generación en generación. Ahora, tristemente, pienso que hemos sido los últimos depositarios de esos saberes y cuando llega el momento de que nosotros transmitamos esas sapiencias nos encontramos que han desaparecido las mecedoras y las sillas de anea, ahora toca sillones y sofás, proyectadas, acomodadas hacia la voz altoparlante de la casa: la televisión y todo orquestado por el rey del hogar: el mando a distancia. Así la dulce voz de las abuelas ha sido desplazada por la vociferante de los presentadores y colaboradores de la caja tonta. Estaremos al tanto de todos los chismes de los famosillos pero desconoceremos la historia de nuestra familia y de nuestro pueblo.


                En casi todos los domicilio había una caja de fotos, en el mío era de pañuelos, plana y alargada, amarilla cadmio y cuadriculada con líneas azules. Invariablemente, cuando nos atacaba un resfriado o nos acudía la fiebre, había que guardar cama, bien tapado, no se podían sacar ni las manos. Cuando la calentura aflojaba era el momento en que te dejaban la caja de las fotos, una de las pocas cosas que podías hacer para matar el aburrimiento que el catre te producía. Cada foto llevaba una historia, te contaban quien era cada uno, con exquisita paciencia te dedicaban su tiempo para darte a conocer los hombres y mujeres de la familia, del pueblo. Muchas veces acarreando nuevas fábulas y episodios del pasado. Así se fue llenando nuestra infancia de imágenes y sonidos, de vidas y costumbres, de sentimientos y emociones.

                De esta suerte no extraña, que ya subidos de años, en ocasiones busquemos una vieja mecedora, ya desvencijada y, acurrucados en su suave balanceo miremos a la luna recordando las palabras de nuestras madres y abuelas, melodiosas, dulces, creándonos mundos de fantasías y reseñas del pasado.








Fotos de internet, se retirarán a petición

domingo, 26 de enero de 2014

RECUERDOS

                El recuerdo siempre nos acompaña. Muchas veces pienso en la existencia del mismo en el nacimiento, una especie de recuerdo adquirido, al que le doy vueltas desde que lo leí en un libro de la canadiense Jean M. Auel: ”El clan del oso cavernario”. Allí habla de la memoria adquirida, cuando el homo sapiens aún no lo era, esta memoria se transmitiría a través de la tribu de forma espontánea y en el nacimiento, el individuo, según sus facultades, la iría rememorando en el tiempo. Ahora yo hablo de una  evocación  parecida, el bebé reconoce a la madre desde el mismo momento de nacer, sabe de los movimientos necesarios para mamar, de la utilidad del llanto para manifestar fastidio o deseo, de la complacencia de la risa. Así me hace pensar en una información que ya contiene su cerebro.
                Poco a poco nuestra mente se va llenando de presencias, cada vez más de forma inteligente y que podremos evocar en un futuro.
                En el presente esas nostalgias, que ya poseemos, nos pueden marcar nuestras emociones y sentimientos. Nuestras sensaciones, a veces, vienen marcadas por esas otras que se han depositado en nuestro cerebro, hasta tal punto que en la mayoría de los casos somos productos de esos posos.




                En nuestra mente se acumulan tal cantidad de impresiones, que en momentos tenemos la necesidad de dejar espacio libre, con lo que vamos seleccionando para quedarnos, más a flor de piel, con lo que ha sido causa de gran satisfacción o tristeza y, que muchas veces nos perseguirán a lo largo del tiempo. Ahora bien, basta una imagen, un aroma, un encuentro, cualquier circunstancia hace que evoquemos situaciones de las que no éramos conscientes de su existencia. Cuántas veces nos pasa que el encuentro con un antiguo coetáneo nos trae imágenes de la infancia que ni las podíamos imaginar.
                Los recuerdos son capaces,  por sí solos, de crearnos un estado de felicidad o tristeza, según aquello que nos acuda en un relámpago de tiempo, volveremos a sentir la sensación de rabia o alegría, a veces, con la misma intensidad del instante en que ocurrió la realidad. Llegando incluso a sentirlo con tal ardor que nos estremecemos y nos da miedo de su poder. Caricias, palabras, llantos, penas, felicidad, amargura, risas, pasión, han vuelto a mi evocación con tal viveza que en esa fracción de segundo no distinguía lo que era la realidad.




                Estas reminiscencias son necesarias, positivas o negativas. Nos aclaran quienes hemos sido y nos proyectan al futuro, a algunos nos marcan definitivamente y, pueden ser, en casos, el único motor que nos lanza hacia el mañana.

                Mi vida transcurre en la añoranza, las necesito y me sumerjo en ellas para encontrar nuevas ilusiones que me ayuden a superar mis estados de melancolía. Los momentos de felicidad que me han rodeado: sonrisas, caricias, besos, conversaciones, viajes, lugares, sensaciones, susurros, palabras, miradas, deseos, pasiones; cuando emergen con claridad mi cuerpo se llena de gozo, mi piel vuelve a sentir las mismas caricias, mis oídos escuchan su voz, sus aromas me saturan de matices… claro tampoco puedo evitar que me acudan derrotas y tristezas; entonces mi ser se plomiza y las lágrimas acuden a bañar mi rostro. Aunque todo sirve para traerme la realidad viva de ella: Rosario.








Fotos de internet. Se retirarán a petición



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