sábado, 9 de mayo de 2020

FIESTAS DE SAN ISIDRO 2

Retomamos el hilo, estábamos que ya se habían celebrado las fiestas:

Quedamos en que ya se había celebrado la fiesta, con la correspondiente procesión

Pasadas éstas (las fiestas), el 25 de mayo de 1969 se celebra otra reunión para ver los resultados, los cuales arrojan un déficit de 377 pesetas, a pesar de ello en el acta se respira un aire de satisfacción, las fiestas han sido todo un éxito, han acudido gente de toda la comarca y esos días en los pueblos solo se hablará de los bonitas que han sido las fiestas de Topares. Prueba de su alegría es que entre los acuerdos tomados en la reunión está el de comprar una máquina de tiro al plato y hacer una nueva fiesta en la Virgen de Agosto, que incluya baile en el salón, tiro al plato y procesión. En la misma reunión se propuso y aprobó que si el señor cura lo veía bien se alquilara el salón los días festivos para sacar dineros para la hermandad, se haría mediante una puja en sobre cerrado siendo la cantidad mínima a poner de ciento veinticinco pesetas.
 El texto dice así:
“Hecha la liquidación de los gastos de festejos e ingresos de los mismos ha tenido que pagar la hermandad de ánimas trecientas setenta y siete pesetas”
“También se acordó entre todos los hermanos comprar una máquina de tiro al plato para tenerla aquí y también de hacer una fiesta el día de la Virgen, o sea el día 15 de agosto, con tiro al plato y bailes en el salón y procesión aquel día”
“También se acordó que si el Sr. Cura lo ve bien visto que se alquile todos los días festivos el salón, para hacer baile, se pone una subasta a sobre cerrado siendo lo mínimo ciento cincuenta pesetas…”


Reina y damas de honor del año 1970
El año 1970 vuelve a organizar las fiestas la hermandad para lo que crea una junta compuesta por D, Daniel Serrano Robles, D. Antonio Navarro Aliaga y D. Francisco León León y después de ver el éxito del año anterior el tesorero les entrega de primeras 10.000 pesetas de la época para su organización. El salón se alquilaría a Francisco Robles y Eleuterio Vázquez, acordando que en el pliego de condiciones se establecería el precio.






La última referencia dentro de la hermandad a la organización de las fiestas en el año 1971, en su reunión de 14 de marzo de 1971 se nombra la comisión de fiestas formada por Eleuterio Vázquez Sánchez, Telesforo López García, Juan Sánchez Moreno y Sergio Gómez Gómez. Sin que haya referencias posteriores ni a las mismas, ni de los resultados.
Así siguieron llenas de esplendor hasta finales de los años setenta. Después la falta de personal y el auge de las fiestas del verano hicieron que cada año perdieran un poco más de fuerza, sobre todo a nivel comarcal, también es verdad que por la proliferación de celebraciones en cada pueblo.


Estas imágenes de procesiones de las fiestas por esos años, no las tengo catalogadas en el tiempo, pero deben ser de una misma época de los años setenta.
Aunque este año no podamos expresar nuestra alegría en un gran abrazo, nunca dejemos de escapar una sonrisa acordándonos de nuestras fiestas patronales en honor de San Isidro Labrador.

martes, 5 de mayo de 2020

SAN ISIDRO 1


Ya estamos en el mes de mayo y con él llegan las fiestas de San Isidro, este año serán un poco especiales pues solo podremos soñarlas, disfrutarlas en nuestra imaginación, en nuestra ilusión. Bueno los que se encuentran en Topares podrán recrearse en esos campos tan verdes que se observan en las fotos que publicáis y pasearos un poco por sus caminos. ¡Vaya decepción! Ahora que el santo se luciría con la hermosura del campo no puede salir a la calle.



Carteles o prospectos, como se decía,  anunciando las  fiestas de los años cincuenta.

Las fiestas de San Isidro se han celebrado desde siempre en Topares. En tiempos más remotos con más esplendor. Se preparaban comedias, carreras de cintas, misas y procesiones multitudinarias. Después se fueron apagando, con la marcha de la gente se fue perdiendo ese esplendor hasta quedar, prácticamente, solo la procesión.

Como se ve los participantes eran bien
grandecitos
Las carreras de cintas estaban presentes en todas
las fiestas





















En los tiempos de los que hablo, la entrada del santo era apoteósica y la gente que se congregaba para la fiesta cuantiosa. La placeta de la puerta de la iglesia se ponía a tope de topareños y vecinos venido de los alrededores. 

Era tradición colocar un arco con verde en la punta de la carretera

Una hora o dos antes de la misa la placeta ya estaba repleta y recuerdo una vez, en que tendría sobre los ocho años que un cuarto de hora o media hora antes de la misa, cuando no cabía ni un alfiler en la puerta de la iglesia, a alguien se le escapó un cohete ratero. Se formó un revuelo de órdago, el cohete fue a explotar en la fachada de la Pepa del estanco, la casa de hoy de Ricardo y una vez pasado sin ningún herido fue motivo de risa y bromas.


Se trataba de tiempos en que en Topares vivían muchas más personas

Ya vamos por materia este pequeño preámbulo es para hablar del momento que los, como a veces se dice en el libro de actas de la hermandad, mayores contribuyentes del pueblo se proponen revitalizar las fiesta para darles el esplendor que se merecen.
Estamos en el año 1969 y la hermandad se propone montar unas fiestas patronales donde haya baile, tirada al plato y actividades que realcen el sentido agrícola del pueblo. Para facilitar la llegada de gente de fuera se decide hacerla en fin de semana, sábado y domingo y preparando el momento se decide comprar 300 sillas, ocho mesas y un sillón para que se siente el cura en el desarrollo de la misa.

Tres de los hermanos, de la hermandad, que estuvieron presentes en casi todas las comisiones organizadoras de esos años: Isidro Serrano, Antonio Navarro y Francisco León.

Pero veamos que nos dice el libro de actas de la Hermandad sobre las fiestas:

“Seguidamente se planteó en las condiciones que se iba a hacer la función y se eligió el jurado para elegir reina de las fiestas y por votación salió Antonio Navarro, Paco León, Isidro Serrano, Paco Hita, D. Daniel Serrano, Juan Sánchez y Vidal Motos”.


Para el final varias fototografías de la reina y sus dama de aquel, ya lejano, año de 1969. Facilmente podemos observar como había muchos más vecinos en nuestro pueblo.

Salvando los años, vemos que la comisión la formaban los más jóvenes del pueblo. Dejaban claro que era la hermandad de ánimas la que se constituía en comisión nombrando a cuatro señores para que la organizaran:

“… se nombraron cuatro señores para que lo hicieran en nombre de la Hermandad que fueron Isidro Serrano, Antonio Navarro, Paco León y D. Daniel Serrano. Y como la función la hace dicha hermandad se acordó que en los prospectos se pusiese como comisión de fiestas la hermandad”.


Yo intuyo que temiesen organizar ellos y que por el ayuntamiento se intentara tomar protagonismo, el caso es que dejaban muy claro que organizaba la hermandad de ánimas.





(Por el texto y la cantidad de fotografías he pensado que quedaría muy largo para publicarlo en una sola vez. Así que he decidido hacerlo en dos veces, ésta y dentro de unos días la segunda parte.)

sábado, 25 de abril de 2020

Historia de Topares


A las personas nos interesa conocer nuestra historia, en la serie de artículos que voy poniendo sobre Topares le toca hoy a las primeras veces que lo encontramos en la prensa nacional, a lo largo de esta serie nos encontraremos con curiosidades que nos resultarán al menos chocantes.
Antes de entrar en la prensa quiero mostraros algo que me ha llegado y es la aparición de Topares, creemos que por primera vez en un mapa nacional. Antes nos ponemos en antecedentes, en varias ocasiones Dietmar Roth y otros estudiosos nos enseñaban que en 1741 había 5 casas y 33 habitantes, ya en 1772 eran 20 casas para 75 vecinos y en 1787, el obispado crea la Ayuda de Parroquia de Topares para darle sentido a la iglesia que con sus aportaciones han erigido los vecinos.


Arriba a la derecha, un poco más abajo que la Puebla de don Fadrique, lo podemos encontrar.


Así os muestro el mapa en que aparece Topares del año 1799 de la Biblioteca virtual de Andalucía. Si no aparece ningún otro dato se puede considerar como el primer mapa en el que lo sitúan, claro sin la precisión y localización que pueden aportar hoy día.
Si tenemos el primer mapa del pueblo la primera referencia de Topares en la prensa que he encontrado es de 1811, en plena Guerra de la Independencia contra los franceses. La noticia aparece en la Gaceta de la Regencia el 24 de octubre de 1811, y dice así: “Nuestras guerrillas se han aproximado al Puerto de Lumbreras, donde apenas quedaban enemigos. Por la derecha el teniente coronel D. Bernardo Márquez se ha adelantado hasta cerca de la Puebla Don Fadrique y en TOPARES ha cogido a los enemigos 24 carros que llevaban para cargarlos de trigo ahuyentando a la escolta que los llevaba…”


Sobre la mitad, a la derecha tenemos donde se menciona a Topares


Al menos yo, no tenía ni idea de que en Topares hubieran tenido lugar escaramuzas en la referida guerra.
En otras entradas iré poniendo sucesivas curiosidades de la prensa como robos, obras y otras apreciaciones de la historia de Topares en la prensa escrita.

domingo, 12 de abril de 2020

LA SEMANA SANTA






Tres fotos de los diferentes grupos de unos ejercicios espirituales. No tienen que corresponder con las anécdotas que cuento de los mismos. Tampoco está claro que los fotografiados fueran todos los asistentes, los datos que poseo de los ejercicios de las fotografías son escasos por no decir nulos., sirvan solo como una muestra de que se hacían en el pueblo y de la gente que había.

Al llegar la Semana Santa, el párroco con la ayuda de la Hermandad de Ánimas traía a sacerdotes y frailes para la realización de ejercicios espirituales y charlas cuaresmales, además de ayuda para los actos propios de la semana santa. Estos ejercicios y charlas iban dirigidos a tres grupos. Jóvenes, mujeres y hombres.
Con los jóvenes yo me quedaba encandilado mirando el salón a través de los cristales, viéndolos jugar en los descansos a diferentes juegos como el pañuelo y soñando con el momento en que yo también pudiera participar de esos ejercicios y de esos juegos. Recuerdo la emoción de un día, se iban a comer a sus casas y cuando terminaban regresaban al patio que llamaríamos después del teleclub, pero antes de hacer nada. Entonces estaba el camino que llevaba al motor para la luz, y el desagüe al lado del muro del salón. En medio era un cerrillo de tierra acumulada de cuando habían levantado las sepulturas, era el cementerio antiguo del pueblo, para llevárselas al campo santo nuevo y allí tomaban el sol en espera de empezar la sesión de la tarde. Yo fui con alguno de mis tíos y estuve tomando el sol en el patio, ese rato fue suficiente para sentirme todo el día como mayor, qué poco necesita un niño para ser feliz.
De los ejercicios se contaban muchas historias. En los años 60 la iglesia vio la necesidad de proporcionar a las mujeres cristianas el conocimiento y los instrumentos suficientes para el control natural de la natalidad. Así en unos ejercicios les explicaron la técnica debida a un médico japonés llamada Ogino, basado en el control de los días fértiles. Entre que la base científica del método no era muy sostenible y que los cálculos no siempre se harían bien, el caso es que al año siguiente hubo un aumento de población significativo en el pueblo.
También en otro momento en los ejercicios de los hombres, los sacerdotes y frailes que venían sabían despertar en las personas los ideales cristianos y llevarlos a un estado de exaltación en el que se podían comprometer a todo. Así un año el oficiante de turno embaucó a todos los asistentes, hasta tenerlos dispuestos a lo que fuera con tal de ser buenos cristianos. Los ejercicios terminaban con un acto solemne en que todos pasaban por el altar y en una bandeja preparada depositaban, a la vez que decían una especie de juramento, un papel con una promesa solemne. En aquellos años, en el pueblo fuera del casino había poca cosa para el esparcimiento de los hombres, así la mayoría de los votos iban en el sentido de no salir por la noche al casino, de recogerse a una hora prudente y acciones por el estilo que comportaban estar más en las casas. Nuevamente después se vieron los resultados de tanto tiempo libre en la casa.
Todo esto ahora nos resultará extraño, pero en aquellos años eran tan pocas las cosas que alteraban la rutina diaria del pueblo, cualquier actividad que rompiera esa monotonía era vivida con entusiasmo y empeño.


lunes, 6 de abril de 2020

LA HERMANDAD DE ÁNIMAS

Los hermanos formados en el centro de la iglesia en una visita del obispo D. Alfonso Ródenas García.
Podemos apreciar perfectamente como era la iglesia y el altar antes de deicrse la misa cara al público.

La Hermandad de Ánimas es la asociación, con diferencia, más antigua de Topares, Se constituye en i893, siendo el acta de constitución y aprobación de los reglamentos del 1 de noviembre.
Podemos pensar que es una iniciativa de los hombres importantes de la época, así en varias reuniones se dice en el acta que se reúnen con el cura los “mayores contribuyentes de esta feligresía”.
Atendiendo a lo que en el documento se dice, su creación obedece a una idea concreta: “Se constituye una hermandad en la coadjutoría de Topares para el sufragio de las benditas ánimas (del purgatorio) bajo las bases siguientes”.
Si en la declaración, su formación está clara, yo quiero intuir alguna razón más. En 1787 se constituye la Ayuda de Parroquia de Topares, dependiente de la mayor de Vélez Blanco. A lo largo del siglo XIX Topares crece y se ve la probabilidad de que la ayuda de parroquia pase a ser parroquia propia. Qué duda cabe que una hermandad de ánimas que le de soporte a la parroquia es un hecho a su favor. Así, el año 1900 se consigue que Topares tenga su propia Parroquia. Para ello no sería extraño que influenciara que en una reunión de la hermandad celebrada el 8 de abril de 1895 se apruebe por unanimidad hacer obras de reparación y acondicionamiento en la iglesia:
“Sanear la nave de la iglesia de la humedad. Recomposición del tejado. Colocar el pasamanos de la escalera del coro. Construir dos bancos de madera para los hermanos de la hermandad. Adquirir un misal romano con el santoral español. Una ánfora para los santos oleos. Un palio de cuatro varas. Un manual romano. Una cartilla de difuntos y un sillón para el presbiterio y doce faroles”.
No encuentro mejor manera de decir al obispado que el pueblo de Topares tendría, siempre, cuidado con su parroquia.
En la primera sesión de 1893 se aprueba el reglamento de la misma, en la que entre otras cosas se establecen los derechos y deberes de los hermanos:
“El deber de los hermanos, coadyuvar con todos sus medios; al mayor esplendor posible de la hermandad, a que de su seno se saquen los mayordomos de ánimas según las costumbres de la localidad y en la forma que preceptúen los artículos sucesivos”.
“Todos los hermanos contraen la obligación de confesar y comulgar por el día de las ánimas de cada año para darle mayor solemnidad sin que ninguno pueda faltar a dicho acto sin previa justificación de la causa”.

Mi abuelo Vidal. En la chaqueta se puede ver la medalla que lo distingue como hermano de la Hermandad. En el mismo acto besando el anillo del Sr. Obispo. Toda la liturgia nos hace pensar en un acto propio para los hermanos.

“Igualmente deben asistir todos los hermanos que sus ocupaciones se lo permitan a las funciones de semana santa y a la confesión que sin carácter obligatorio tendrá lugar el jueves de dicha semana y hacer las horas de guardia al Santísimo Monumento según el turno que le corresponda sin que a este acto se admitan excusas”.
Se da la circunstancia, según indica el reglamento que, si por imperiosa necesidad alguien tuviera que falta a la guardia, tendría que sustituirlo otro hermano de la hermandad, no podía ser nadie ajeno a la misma.
Se establece también como obligatoriedad la asistencia a los entierros de un hermano fallecido, los hermanos acompañarán, portando velones, al cura desde la iglesia hasta la casa del difunto, también deberá, asistir en lo necesario y en lo posible a la enfermedad de algún hermano y la asistencia a las misas que por su alma se digan en un número máximo de nueve, siendo las dos últimas sin carácter obligatorio.
Si un hermano sin justificación alguna comete tres faltas graves al reglamento de la hermandad se considerará eliminado de la misma y sin derecho a reclamar privilegio alguno que como hermano pudiera corresponderle.
Pero a lo largo de todo el libro no recuerdo haber visto ninguna mención a que se hubiera dado este caso, solo en un momento dado se acuerda que los hermanos que se marchan del pueblo dejen de ser miembros de la hermandad.
A cada hermano por sorteo se le asigna un número que marcará el puesto para ser mayordomo, siguiendo el orden estricto es irrenunciable cuando le toca. Cada año se sacan dos por el día de los difuntos y solo la enfermedad o el luto exime de tal obligación. Así dice su artículo 17: “Siendo una de las causas que justifiquen (en parte) el no cumplimiento de este reglamento (los lutos) se entiende que de padres a hijos fallecidos dos años, de tíos y sobrinos mayores de doce años. Seis meses y esta excepción es única y exclusivamente para ser mayordomos, cuyo servicio ha de prestar cuando esté fuera de la expresada circunstancia”.

La cuadrilla en el recorrido por las calles y casas del pueblo flanqueados por los dos mayordomos.

Se fijan las obligaciones de los mayordomos, como formar la cuadrilla en el tiempo y forma que señalan nuestras costumbres. Recorrer los lugares que crean oportunos recaudando las limosnas que para las ánimas den los fieles. También lleva consigue ser presidente y tesorero de la hermandad durante ese año. Como tales tienen la obligación de convocar a los hermanos a junta general y establecer y anunciar los turnos para la vela del Santísimo y admitir o no un turno a una persona que lo solicite.
Uno de los artículos más curiosos es el que se refiere a la obligatoriedad de dar de comer a la cuadrilla el día de los Inocentes. Si entre ambos mayordomos no hubiera acuerdo de cómo hacerlo, se sorteará quedando obligado el que la suerte lo elimine a abonar 15 pesetas al que la tenga que dar.
Como su nombre indica la asociación surge con una idea de hermandad, así en su reglamento disponen dedicar 25 pesetas anuales a socorrer a los pobres enfermos necesitados con lo cuál se crea un fondo llamado de socorro que administrarán los mayordomos.
Cada año se eligen a los nuevos mayordomos, a su elección los salientes les entregaran el estado detallado de las cuentas, así como los fondos de la hermandad. Los nuevos mayordomos quedan obligados a conservar los fondos en el arca destinada al efecto, que tendrá tres llaves, una para cada uno de los que constituyen la junta directiva. También hacer los pagos mensuales y pedir los recibos respectivos. Así como, en todos los actos religiosos entenderse con el señor cura.
Se firma en Topares a 1 de noviembre de 1893, algunos de los nombres firmantes son
Bernardo Serrano Martínez. Juliano Martínez Román. Lucas López. Pedro Gómez. Emilio García. Marcos José Jiménez. Antonio Gómez. Tomás Serrano Motos. Francisco Santos Motos. Víctor Romero. Guillermo. José María Aliaga. Antonio J. Díaz Motos. Luís Navarro y otros…
·       Es importante que no perdamos nuestra historia, en otras ocasiones iré contando como ha ido sobreviviendo nuestra hermandad desde ese lejano 1893 hasta los tiempos recientes.



lunes, 23 de marzo de 2020

BAR DE ELEUTERIO 2




Seguimos en el bar de Eleuterio. Además del bar había un par de habitaciones que también fueron importantes.
En Topares, a través de los tiempos el juego ha sido frecuente, aunque ahora ha desaparecido, como se dice ya no hay cartas ni en los bares. La tristeza es que no ha desaparecido por la enmienda del comportamiento si no porque no queda gente para jugar.
Mi madre me cuenta que cuando mi abuelo tenía el casino venía gente de fuera y se pasaban las semanas aquí jugando, así cuando abrió el bar de Eleuterio también en el piso de arriba tenían una habitación preparada para aquellas partidas en que no querían muchos mirones. Disimuladamente entraban por la barra y por una escalera al lado del frigorífico subían al piso de arriba donde tenían todo preparado para la timba.
Pero quiero hablar de otra habitación a la que se entraba por la puerta de la casa, al pasar una de cristales, a mano izquierda había una habitación que fue el reino de los jóvenes.
Allí se hicieron los primeros bailes fuera de los del salón y aquellos que se hacían en las casas vigilados por las madres, en la susodicha habitación no estaban las madres y se escuchaban las nuevas canciones aparte de los pasodobles dichosos. Llegó el mundo de las lentas y el esfuerzo de los muchachos era tratar de bailar siempre un poco más juntos, claro que nuestras compañeras tenían unas fuerzas en los codos inmensas y baile tras baile chocábamos con su obstinada resistencia. Así que cuando venía alguna damisela de fuera que parecía más liberada, el corral se ponía alterado y todos íbamos a la busca y captura a ver quién era el agraciado que lo conseguía. Ni que decir tiene que después lo contado por el dichoso ligón era mucho más que la realidad de lo ocurrido.
Otro momento sublime es cuando llegaba alguno o alguna que dominaba los bailes modernos y sabía moverse. Le hacíamos hasta corro, hasta aplausos cuando terminaba y allí estábamos los pobres pueblerinos mirando con envidia los ojos que las topareñas lanzaban, si era hombre, a tan buen danzarín. Cuando era ella la danzante ya no eran miradas, si no embelesamientos, risas, ilusiones, quimeras y caídas de baba. Después tratábamos de imitar sus movimientos mirando también de impresionar a nuestras amigas.
Algunas parejas ya más formales buscaban sobre todo los rincones y alguna en concreto recuerdo que le gustaba “arrepretarse” para darnos envidia a los demás, pero ya podéis imaginar, en normal podía haber veinte centímetros entre los cuerpos y el “arreprieto” podía llegar a los dos o tres cm. Nada que nos podamos imaginar ahora.
En alguna mesa, en el quicio de la ventana, en cualquier lugar se colocaba el pequeño tocadiscos blanco y las canciones se sucedían: las lentas, las modernas, los pasodobles… y sobre todo “la yenka”. Así se nos iba llenando el momento de música: Juan y Junior, Nino Bravo, Los Bravos, Los Brincos, Los Pekeniques, Pop Tops, Los Módulos, Cecilia, Dúo Dinámico, Los Puntos, Nicola di Bari, Los Panchos, Adamo, Karina, Mari Trini, Jeanette, María Ostiz, Los Diablos, Mina, Rita Pavone, Doménico Modugno, Adriano Celentano y tantos más. Ahora bien, el no va más, el momento culminante en el baile agarrado es cuando alguno tría la canción; “Je t’aime…moi non plus”, los suspiros y gemidos que acompañaban a la música elevaba la temperatura del ambiente y hacía crearnos ilusiones imaginarias, que siempre acababan, también, en un suspiro de frustración.
Para toda una generación bastante amplia el bar de Eleuterio y la habitación de la entrada constituyo un espacio de libertad, de aprendizaje a ser jóvenes y a disfrutar de la vida que se nos ponía por delante, dando lugar a una edad maravillosa y única.
Ahora que estamos pasando unos días difíciles, rodeados de misterio, temor, incertidumbre y tristeza, recordar tiempos felices llenos de ilusión. Nos ayudará a ser más fuertes y superar esta mala racha.

lunes, 9 de marzo de 2020

BAR DE ELEUTERIO 1

En la punta de la carretera, a la izquierda, se ve la casa de Eleuterio aún en construcción, si observamos  no está hecha la tapia de delante, ni están las escuelas ni el consultorio. Me causa emoción contemplar Topares tal como lo veía en mi infancia.


 En el año 1963 o 64 se abre en Topares un nuevo bar y una nueva tienda, el bar y la tienda de Eleuterio. Hasta entonces estaba el casino de Eugenio y había cerrado no hacía mucho el bar de la Digna, del que apenas tengo un remoto recuerdo .
Hablamos de un casino con café de puchero, de los refrescos de jarabe de limón y fresa, de las gaseosas El Tigre, de cervezas a temperatura ambiente, tanto en invierno como en verano, de copas de coñac y anís. En ese momento era lo que había.
Recuerdo de nuestra expectación mientras se hacía la obra, infantes de seis o siete años nos íbamos a jugar a la obra, a perdernos en las, para nosotros, incontables habitaciones. Así hasta que llegó el momento de la verdad.
Para nuestro asombro en la apertura descubrimos que había una cafetera de verdad, de las que había en los pueblos grandes. Ponían el café en una cazoleta, le daban a una palanca dos o tres veces y empezaba a caer solito el café, con espuma y un fuerte aroma. Y no era todo, había refrescos, pero no de esos de agua y jarabe, si no mirinda, fanta y hasta coca-cola. Nuestra gran ilusión del momento es que nos invitaran a una coca-cola, en ese caso nos sentíamos los amos del mundo. Y, por supuesto, cerveza, que además en el verano se enfriaba en un frigorífico a gas butano. Claro que como viniera un grupo sediento de la siega o la trilla, allí se acababa la cerveza fresca.
Ah! Y, sobre todo, los jóvenes empezaban a tomar cuba-libres. Una para dos, se decía, una coca cola repartida para dos con ginebra, no importaba la marca y, con suerte, con un hielo, de una cubitera que al poco se acababa y se terminó el hielo. Pero estábamos contentos.
Al entrar nos encontrábamos una sala grande, en frente la barra con forma de L. En la esquina de la izquierda la cafetera, al lado la puerta al corral y en frente de la cafetera otra puerta a una habitación más pequeña. En la sala grande había varias mesas y sillas para que los amigos se tomaran algo o se jugaran unas partidas de brisca o tute y también algún dominó. En el invierno una estufa hacía el lugar acogedor.
Llegada la ocasión, toda la familia hacía de camareros, los padres, Eleuterio y Presentación. Los hermanos mayores Emilia y Segundo, pero sobre todo, la barra era cuestión de Antonio y Eleuterio y, poco a poco, Eleuterio era el más perenne, hasta que el bar se quedó con el nombre de bar de Eleuterico. Nunca habían tenido negocios parecidos pero la agilidad mental de los dos hermanos menores hizo que pareciese que toda su vida había transcurrido detrás de la barra de un bar.
El bar, sobre todo por la noche, se hizo más de jóvenes que de mayores. En la puerta, en el verano, y dentro, en el invierno, había un futbolín que hacía nuestras delicias y en el que los dos hermanos eran unos figuras. Así el bar se convirtió en nuestra segunda casa.
En el bar, la habitación más apetitosa para nosotros era la de dentro, al lado de la cafetera. Resguardados de las visitas inoportunas de nuestros padres, disfrutábamos de nuestros primeros cigarrillos y aquellos días que, con suerte, llevábamos algunas monedas nos jugábamos el café a la brisca o al tute. Los más atrevidos y con alguna moneda más osaban jugar algún julepe o montones.
En el verano en la puerta, o al lado de la estufa, en el invierno, era lugar de encuentro de mozos y mozas, se formaban pequeños noviajes y en contados momentos la habitación aneja servía para aislarse de las miradas y alguna mano enloquecida tanteaba todos los terrenos, claro que a veces se escuchaba el sonido de una bofetada inocente.
En las noches veraniegas la puerta era lugar de encuentro de veraneantes y mayores que relataban sus vivencias anteriores en el pueblo y fuera de él y, los que nos hemos entusiasmado siempre con las historias de nuestros mayores, quedábamos embobados a merced de aquello que nos querían contar. Así nos mostraban quienes éramos y de donde veníamos.

(No he encontrado fotos del bar, si alguien tiene y la quiere ceder para ilustrar el artículo, me la puede enviar a la dirección; alfonsorobles@hotmail.es)



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