Se acerca navidad, el final de año, pero aún más importante se
avecina nuestro encuentro. Ese momento en que nos podamos mirar frente a
frente, en que podamos decirnos las palabras que nuestra mente ha ido ensayando día tras día en
nuestra distancia. El momento en que nuestras manos puedan recorrer las
carreteras de la sensibilidad de nuestra piel.
Sí, vislumbramos la llegada de la
navidad, con ella momentos de compañía, de compartir, de recordar
acontecimientos y soñar con un nuevo año cargado de deseos, de ilusiones. Después
de años de soledad ahora esperamos su llegada con la certidumbre de que
compartiremos nuestro amor, de que sabremos que uno está al costado del otro
para hacerle sentir su importancia, para proyectar juntos una vida con futuro,
un futuro con vida y así fantasear nuevos días, nuevas primaveras, nuevas
navidades.
Aquí, hoy, en Topares, al amparo
del calor de la estufa, rodeado del silencio de la naturaleza, sueño con tu
sonrisa, en mi interior se fija la ternura de tu mirada, mi cuerpo palpita ante
la proximidad de tus caricias. Mi piel se eriza
ante la quimera del calor de tus labios y mi vida se alarga hasta el
momento de tenerte entre mis brazos.
Cuando paseo bajo el sol de la
transparencia sacudido por el aire gélido de la mañana, trazo los días en que no
tengamos que separarnos, acaricio las mañanas que al despertar a la vida te
encuentre siempre a mi lado. En todos los momentos que me esperan para
quererte, en todos los instantes que sentiré tu atención, tu delicadeza. Caminando
bajo esta luz acogedora repaso tu disposición a sentir mi amor, en mi vocación
a que me quieras, en mi codicia en quererte cada día más, en tu firmeza para
quererme, pienso en ti, sueño que piensas en mí.
