lunes, 28 de mayo de 2012

Antes y ahora


En tiempos pretéritos, cuando estábamos bajo las férreas botas de la dictadura, decíamos que el fútbol  era utilizado “como el opio del pueblo”. Todo tipo de grandes acontecimientos y gestas deportivas eran manipulados para ocultar la realidad del país y servían de propaganda para hacernos creer en la bonanza del sistema.
                Días pasados, observando los finales de liga de las distintas competiciones europeas me he acordado de aquellos tiempos.  Las celebraciones, en todas partes, han sido desbordantes y exageradas. Pero lo que me llama la atención es que no solo ha sido por la consecución de algún título importante, liga, champions…, sino que cualquier equipo que haya alcanzado, por mínimo y frustrante que haya sido, un objetivo, lo ha festejado como si de un campeonato mundial se tratase. El que ha salvado su categoría, el que no ha descendido directamente y ha alcanzado la promoción, el que ha conseguido un puesto europeo. No importa que la meta alcanzada estuviera muy por debajo de sus posibilidades, todos han vitoreado la gesta como si de una gran hazaña se tratara. Y así ha sido no solo en España, también en Alemania, Francia, Italia o Inglaterra, por nombrar los más importantes. Todos han honrado la victoria con extravagancia y desmesura.
                Ahora surgen las preguntas, ¿no estaremos en Europa en una nueva dictadura?  Que además,  tendría el agravante de producirse, supuestamente, bajo el paraguas de las democracias, en el continente del bienestar social, de la estabilidad social políticamente cuasi perfecta. ¿No será que necesitamos esta comunidad local, provincial, nacional, porque no hay otros proyectos sociales que nos unan?¿No será que las alegrías que nos proporcionan las gestas deportivas, son las únicas que tenemos para alegrarnos el corazón?.
                Cada vez más voces están dando ya la respuesta en el sentido que nos encontramos inmersos en una nueva guerra mundial, igual sin bombas pero no menos letal. De nuevo unos pocos intentan dominar y avasallar a otros muchos y en este caso, además, sin poder  ponerle  la cara a los tiranos. Hablamos de la dominación de los mercados, pero ¿quiénes son?, ¿dónde están?  Nos destruyen la comprensión, la solidaridad, el compañerismo, la democracia abierta. Solo podemos dar saltos de alegría cuando nuestro equipo gana o no desciende.
                Tengo la sensación que la falta de tanta sensibilidad, de afabilidad, nos hace que todo aquello que celebramos lo tengamos que hacer de forma desmedida. Cualquier manifestación de nuestros sentimientos tiene que ser grandilocuente: el fervor deportivo, religioso, la forma de divertirnos, las actividades de alto riesgo. Todo lo llevamos a cabo como si del último acto de nuestra vida fuera. Actualmente no se concibe ninguna expresión de ánimo y júbilo sino se hace de forma desvergonzada, descomedida, exorbitante. La discreción, la sencillez están fuera de lugar. Lo estruendoso, desmesurado, grandilocuente domina la sociedad.
                Así la cuestión, de una forma u otra, es demostrar que nosotros somos más, que lo nuestro es más importante, no ya, por la calidad del acto o lo conseguido, sino por ser nosotros mismos

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