lunes, 6 de abril de 2020

LA HERMANDAD DE ÁNIMAS

Los hermanos formados en el centro de la iglesia en una visita del obispo D. Alfonso Ródenas García.
Podemos apreciar perfectamente como era la iglesia y el altar antes de deicrse la misa cara al público.

La Hermandad de Ánimas es la asociación, con diferencia, más antigua de Topares, Se constituye en i893, siendo el acta de constitución y aprobación de los reglamentos del 1 de noviembre.
Podemos pensar que es una iniciativa de los hombres importantes de la época, así en varias reuniones se dice en el acta que se reúnen con el cura los “mayores contribuyentes de esta feligresía”.
Atendiendo a lo que en el documento se dice, su creación obedece a una idea concreta: “Se constituye una hermandad en la coadjutoría de Topares para el sufragio de las benditas ánimas (del purgatorio) bajo las bases siguientes”.
Si en la declaración, su formación está clara, yo quiero intuir alguna razón más. En 1787 se constituye la Ayuda de Parroquia de Topares, dependiente de la mayor de Vélez Blanco. A lo largo del siglo XIX Topares crece y se ve la probabilidad de que la ayuda de parroquia pase a ser parroquia propia. Qué duda cabe que una hermandad de ánimas que le de soporte a la parroquia es un hecho a su favor. Así, el año 1900 se consigue que Topares tenga su propia Parroquia. Para ello no sería extraño que influenciara que en una reunión de la hermandad celebrada el 8 de abril de 1895 se apruebe por unanimidad hacer obras de reparación y acondicionamiento en la iglesia:
“Sanear la nave de la iglesia de la humedad. Recomposición del tejado. Colocar el pasamanos de la escalera del coro. Construir dos bancos de madera para los hermanos de la hermandad. Adquirir un misal romano con el santoral español. Una ánfora para los santos oleos. Un palio de cuatro varas. Un manual romano. Una cartilla de difuntos y un sillón para el presbiterio y doce faroles”.
No encuentro mejor manera de decir al obispado que el pueblo de Topares tendría, siempre, cuidado con su parroquia.
En la primera sesión de 1893 se aprueba el reglamento de la misma, en la que entre otras cosas se establecen los derechos y deberes de los hermanos:
“El deber de los hermanos, coadyuvar con todos sus medios; al mayor esplendor posible de la hermandad, a que de su seno se saquen los mayordomos de ánimas según las costumbres de la localidad y en la forma que preceptúen los artículos sucesivos”.
“Todos los hermanos contraen la obligación de confesar y comulgar por el día de las ánimas de cada año para darle mayor solemnidad sin que ninguno pueda faltar a dicho acto sin previa justificación de la causa”.

Mi abuelo Vidal. En la chaqueta se puede ver la medalla que lo distingue como hermano de la Hermandad. En el mismo acto besando el anillo del Sr. Obispo. Toda la liturgia nos hace pensar en un acto propio para los hermanos.

“Igualmente deben asistir todos los hermanos que sus ocupaciones se lo permitan a las funciones de semana santa y a la confesión que sin carácter obligatorio tendrá lugar el jueves de dicha semana y hacer las horas de guardia al Santísimo Monumento según el turno que le corresponda sin que a este acto se admitan excusas”.
Se da la circunstancia, según indica el reglamento que, si por imperiosa necesidad alguien tuviera que falta a la guardia, tendría que sustituirlo otro hermano de la hermandad, no podía ser nadie ajeno a la misma.
Se establece también como obligatoriedad la asistencia a los entierros de un hermano fallecido, los hermanos acompañarán, portando velones, al cura desde la iglesia hasta la casa del difunto, también deberá, asistir en lo necesario y en lo posible a la enfermedad de algún hermano y la asistencia a las misas que por su alma se digan en un número máximo de nueve, siendo las dos últimas sin carácter obligatorio.
Si un hermano sin justificación alguna comete tres faltas graves al reglamento de la hermandad se considerará eliminado de la misma y sin derecho a reclamar privilegio alguno que como hermano pudiera corresponderle.
Pero a lo largo de todo el libro no recuerdo haber visto ninguna mención a que se hubiera dado este caso, solo en un momento dado se acuerda que los hermanos que se marchan del pueblo dejen de ser miembros de la hermandad.
A cada hermano por sorteo se le asigna un número que marcará el puesto para ser mayordomo, siguiendo el orden estricto es irrenunciable cuando le toca. Cada año se sacan dos por el día de los difuntos y solo la enfermedad o el luto exime de tal obligación. Así dice su artículo 17: “Siendo una de las causas que justifiquen (en parte) el no cumplimiento de este reglamento (los lutos) se entiende que de padres a hijos fallecidos dos años, de tíos y sobrinos mayores de doce años. Seis meses y esta excepción es única y exclusivamente para ser mayordomos, cuyo servicio ha de prestar cuando esté fuera de la expresada circunstancia”.

La cuadrilla en el recorrido por las calles y casas del pueblo flanqueados por los dos mayordomos.

Se fijan las obligaciones de los mayordomos, como formar la cuadrilla en el tiempo y forma que señalan nuestras costumbres. Recorrer los lugares que crean oportunos recaudando las limosnas que para las ánimas den los fieles. También lleva consigue ser presidente y tesorero de la hermandad durante ese año. Como tales tienen la obligación de convocar a los hermanos a junta general y establecer y anunciar los turnos para la vela del Santísimo y admitir o no un turno a una persona que lo solicite.
Uno de los artículos más curiosos es el que se refiere a la obligatoriedad de dar de comer a la cuadrilla el día de los Inocentes. Si entre ambos mayordomos no hubiera acuerdo de cómo hacerlo, se sorteará quedando obligado el que la suerte lo elimine a abonar 15 pesetas al que la tenga que dar.
Como su nombre indica la asociación surge con una idea de hermandad, así en su reglamento disponen dedicar 25 pesetas anuales a socorrer a los pobres enfermos necesitados con lo cuál se crea un fondo llamado de socorro que administrarán los mayordomos.
Cada año se eligen a los nuevos mayordomos, a su elección los salientes les entregaran el estado detallado de las cuentas, así como los fondos de la hermandad. Los nuevos mayordomos quedan obligados a conservar los fondos en el arca destinada al efecto, que tendrá tres llaves, una para cada uno de los que constituyen la junta directiva. También hacer los pagos mensuales y pedir los recibos respectivos. Así como, en todos los actos religiosos entenderse con el señor cura.
Se firma en Topares a 1 de noviembre de 1893, algunos de los nombres firmantes son
Bernardo Serrano Martínez. Juliano Martínez Román. Lucas López. Pedro Gómez. Emilio García. Marcos José Jiménez. Antonio Gómez. Tomás Serrano Motos. Francisco Santos Motos. Víctor Romero. Guillermo. José María Aliaga. Antonio J. Díaz Motos. Luís Navarro y otros…
·       Es importante que no perdamos nuestra historia, en otras ocasiones iré contando como ha ido sobreviviendo nuestra hermandad desde ese lejano 1893 hasta los tiempos recientes.



lunes, 23 de marzo de 2020

BAR DE ELEUTERIO 2




Seguimos en el bar de Eleuterio. Además del bar había un par de habitaciones que también fueron importantes.
En Topares, a través de los tiempos el juego ha sido frecuente, aunque ahora ha desaparecido, como se dice ya no hay cartas ni en los bares. La tristeza es que no ha desaparecido por la enmienda del comportamiento si no porque no queda gente para jugar.
Mi madre me cuenta que cuando mi abuelo tenía el casino venía gente de fuera y se pasaban las semanas aquí jugando, así cuando abrió el bar de Eleuterio también en el piso de arriba tenían una habitación preparada para aquellas partidas en que no querían muchos mirones. Disimuladamente entraban por la barra y por una escalera al lado del frigorífico subían al piso de arriba donde tenían todo preparado para la timba.
Pero quiero hablar de otra habitación a la que se entraba por la puerta de la casa, al pasar una de cristales, a mano izquierda había una habitación que fue el reino de los jóvenes.
Allí se hicieron los primeros bailes fuera de los del salón y aquellos que se hacían en las casas vigilados por las madres, en la susodicha habitación no estaban las madres y se escuchaban las nuevas canciones aparte de los pasodobles dichosos. Llegó el mundo de las lentas y el esfuerzo de los muchachos era tratar de bailar siempre un poco más juntos, claro que nuestras compañeras tenían unas fuerzas en los codos inmensas y baile tras baile chocábamos con su obstinada resistencia. Así que cuando venía alguna damisela de fuera que parecía más liberada, el corral se ponía alterado y todos íbamos a la busca y captura a ver quién era el agraciado que lo conseguía. Ni que decir tiene que después lo contado por el dichoso ligón era mucho más que la realidad de lo ocurrido.
Otro momento sublime es cuando llegaba alguno o alguna que dominaba los bailes modernos y sabía moverse. Le hacíamos hasta corro, hasta aplausos cuando terminaba y allí estábamos los pobres pueblerinos mirando con envidia los ojos que las topareñas lanzaban, si era hombre, a tan buen danzarín. Cuando era ella la danzante ya no eran miradas, si no embelesamientos, risas, ilusiones, quimeras y caídas de baba. Después tratábamos de imitar sus movimientos mirando también de impresionar a nuestras amigas.
Algunas parejas ya más formales buscaban sobre todo los rincones y alguna en concreto recuerdo que le gustaba “arrepretarse” para darnos envidia a los demás, pero ya podéis imaginar, en normal podía haber veinte centímetros entre los cuerpos y el “arreprieto” podía llegar a los dos o tres cm. Nada que nos podamos imaginar ahora.
En alguna mesa, en el quicio de la ventana, en cualquier lugar se colocaba el pequeño tocadiscos blanco y las canciones se sucedían: las lentas, las modernas, los pasodobles… y sobre todo “la yenka”. Así se nos iba llenando el momento de música: Juan y Junior, Nino Bravo, Los Bravos, Los Brincos, Los Pekeniques, Pop Tops, Los Módulos, Cecilia, Dúo Dinámico, Los Puntos, Nicola di Bari, Los Panchos, Adamo, Karina, Mari Trini, Jeanette, María Ostiz, Los Diablos, Mina, Rita Pavone, Doménico Modugno, Adriano Celentano y tantos más. Ahora bien, el no va más, el momento culminante en el baile agarrado es cuando alguno tría la canción; “Je t’aime…moi non plus”, los suspiros y gemidos que acompañaban a la música elevaba la temperatura del ambiente y hacía crearnos ilusiones imaginarias, que siempre acababan, también, en un suspiro de frustración.
Para toda una generación bastante amplia el bar de Eleuterio y la habitación de la entrada constituyo un espacio de libertad, de aprendizaje a ser jóvenes y a disfrutar de la vida que se nos ponía por delante, dando lugar a una edad maravillosa y única.
Ahora que estamos pasando unos días difíciles, rodeados de misterio, temor, incertidumbre y tristeza, recordar tiempos felices llenos de ilusión. Nos ayudará a ser más fuertes y superar esta mala racha.

lunes, 9 de marzo de 2020

BAR DE ELEUTERIO 1

En la punta de la carretera, a la izquierda, se ve la casa de Eleuterio aún en construcción, si observamos  no está hecha la tapia de delante, ni están las escuelas ni el consultorio. Me causa emoción contemplar Topares tal como lo veía en mi infancia.


 En el año 1963 o 64 se abre en Topares un nuevo bar y una nueva tienda, el bar y la tienda de Eleuterio. Hasta entonces estaba el casino de Eugenio y había cerrado no hacía mucho el bar de la Digna, del que apenas tengo un remoto recuerdo .
Hablamos de un casino con café de puchero, de los refrescos de jarabe de limón y fresa, de las gaseosas El Tigre, de cervezas a temperatura ambiente, tanto en invierno como en verano, de copas de coñac y anís. En ese momento era lo que había.
Recuerdo de nuestra expectación mientras se hacía la obra, infantes de seis o siete años nos íbamos a jugar a la obra, a perdernos en las, para nosotros, incontables habitaciones. Así hasta que llegó el momento de la verdad.
Para nuestro asombro en la apertura descubrimos que había una cafetera de verdad, de las que había en los pueblos grandes. Ponían el café en una cazoleta, le daban a una palanca dos o tres veces y empezaba a caer solito el café, con espuma y un fuerte aroma. Y no era todo, había refrescos, pero no de esos de agua y jarabe, si no mirinda, fanta y hasta coca-cola. Nuestra gran ilusión del momento es que nos invitaran a una coca-cola, en ese caso nos sentíamos los amos del mundo. Y, por supuesto, cerveza, que además en el verano se enfriaba en un frigorífico a gas butano. Claro que como viniera un grupo sediento de la siega o la trilla, allí se acababa la cerveza fresca.
Ah! Y, sobre todo, los jóvenes empezaban a tomar cuba-libres. Una para dos, se decía, una coca cola repartida para dos con ginebra, no importaba la marca y, con suerte, con un hielo, de una cubitera que al poco se acababa y se terminó el hielo. Pero estábamos contentos.
Al entrar nos encontrábamos una sala grande, en frente la barra con forma de L. En la esquina de la izquierda la cafetera, al lado la puerta al corral y en frente de la cafetera otra puerta a una habitación más pequeña. En la sala grande había varias mesas y sillas para que los amigos se tomaran algo o se jugaran unas partidas de brisca o tute y también algún dominó. En el invierno una estufa hacía el lugar acogedor.
Llegada la ocasión, toda la familia hacía de camareros, los padres, Eleuterio y Presentación. Los hermanos mayores Emilia y Segundo, pero sobre todo, la barra era cuestión de Antonio y Eleuterio y, poco a poco, Eleuterio era el más perenne, hasta que el bar se quedó con el nombre de bar de Eleuterico. Nunca habían tenido negocios parecidos pero la agilidad mental de los dos hermanos menores hizo que pareciese que toda su vida había transcurrido detrás de la barra de un bar.
El bar, sobre todo por la noche, se hizo más de jóvenes que de mayores. En la puerta, en el verano, y dentro, en el invierno, había un futbolín que hacía nuestras delicias y en el que los dos hermanos eran unos figuras. Así el bar se convirtió en nuestra segunda casa.
En el bar, la habitación más apetitosa para nosotros era la de dentro, al lado de la cafetera. Resguardados de las visitas inoportunas de nuestros padres, disfrutábamos de nuestros primeros cigarrillos y aquellos días que, con suerte, llevábamos algunas monedas nos jugábamos el café a la brisca o al tute. Los más atrevidos y con alguna moneda más osaban jugar algún julepe o montones.
En el verano en la puerta, o al lado de la estufa, en el invierno, era lugar de encuentro de mozos y mozas, se formaban pequeños noviajes y en contados momentos la habitación aneja servía para aislarse de las miradas y alguna mano enloquecida tanteaba todos los terrenos, claro que a veces se escuchaba el sonido de una bofetada inocente.
En las noches veraniegas la puerta era lugar de encuentro de veraneantes y mayores que relataban sus vivencias anteriores en el pueblo y fuera de él y, los que nos hemos entusiasmado siempre con las historias de nuestros mayores, quedábamos embobados a merced de aquello que nos querían contar. Así nos mostraban quienes éramos y de donde veníamos.

(No he encontrado fotos del bar, si alguien tiene y la quiere ceder para ilustrar el artículo, me la puede enviar a la dirección; alfonsorobles@hotmail.es)



lunes, 24 de febrero de 2020

Topares


Fotografía de hace muchos años, el fotógrafo puede que fuera el hijo de Ildefonso, que  han sido fotógrafos en Elche.. Los muchachos estarán ahora bien adentrados en los cincuenta, luego ya han pasado algunos años.

Con frecuencia tenemos la sensación de que siempre tenemos la misma edad, que por nosotros no pasa el tiempo. Inocente ilusión, dejemos a parte los achaques habituales de la edad, los dolores del cuerpo, las limitaciones del movimiento, nosotros mismos, en pequeñas cosas nos damos cuenta de que formamos parte del mundo de los mayores.
Coges una fotografía antigua, compruebas que los conoces a todos, para darte cuenta a continuación de que la mayoría de ellos ya no se encuentran entre nosotros. Al momento piensas que ahora eres tú el que forma parte de ese mundo de los mayores, aunque nos digamos que todavía somos jóvenes. Cuando ya no conoces a los más jóvenes y lo tienes que sacar por el abuelo o la abuela: “Es nieto de…” “Ah, ya…”
El mismo Ildefonso el fotógrafo, Gabriel, Miguel, Juan el Carrero, Agustín, mi padre, Gaspar, Patrón, Antonio de la Maravillas, Juan José, Pedro el Chófer, Julián, Dionisio, Antonio, Juan José  , José María.
Menos mal que la presencia de jóvenes y niños hacen que te reconfortes con el tiempo.
Mi agradecimiento y admiración a todos los que nos han precedido. Ellos han hecho posible el Topares que hemos recibido y mi deseo para que dejemos a los venideros un Topares aún mejor.
Con éste inicio, es mi deseo, una serie de escritos dedicados al pueblo, sus lugares, su historia, sus costumbres, sus gentes.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Feliz año

Topares visto desde el camino de Macián, allá por el año 1933.
El árbol parece ser el almendro de mi abuelo Vidal


Como va languideciendo el viejo año,
en el horizonte se dibuja un nuevo amanecer
lleno de propósitos e ilusiones.
Mis mayores deseos para que ese tiempo venidero
esté lleno de alegrías y satisfacciones
                                                                                                                               Topares 2019  

lunes, 5 de agosto de 2019




Esta noche he llorado. Hemos asistido a la representación del teatro, hemos vivido el entusiasmo con que lo hacen, la profesionalidad de alguna interpretación. Después me he subido hasta la explanada de la iglesia y he disfrudo de los fuegos artificiales. Al final mis ojos se han llenado de pequeñas lágrimas a la vez que me he sentido orgulloso de mi procedencia, de mi gente, de su entusiasmo por Topares, de haber nacido aquí.
Para colmo, me he venido a mi casa y a través de los balcones, mientras trabajaba en estas reflexiones, escucho un diálogo de mayores, intrigado me acerco al balcón a observar los interlocutores y me encuentro que son dos pequeños mozalbetes, al momento comprendo que Topares es algo especial.
La imagen puede contener: fuegos artificiales, noche, cielo y exterior
                                                             Con el permiso de Javier Cano











miércoles, 5 de junio de 2019

Mayo 2








Las dos fotos separadas en el tiempo guardan una extraordinaria relación. En la más antigua aparecen mi abuelo Vidal y Juan el Carrero.
Mi abuelo era de profundas convicciones religiosas, en aquellos lejanos años era de los pocos hombres que comulgaba con asiduidad, lo frecuente era que los hombres lo hicieran solo por semana santa o en alguna ocasión muy importante. Siempre estuvo muy relacionado con la Hermandad de Animas y durante muchos años fue su secretario, y le encantaba poner orden en las procesiones, que las filas fueran perfectas y que nadie alterara el desarrollo de la misma. Más de una vez me comentan, como un dicho, que desde que falta Vidal no ha salido una procesión, en el pueblo, ordenada.





Situándonos en el momento actual, el año pasado su hijo, mi tío Daniel prometió unas andas nuevas al santo y así este año se han estrenado en la procesión. Durante toda la tarde se mostró emocionado, acompañado de parte de sus hermanos y no he podido evitar unir las emociones como si pudieran volar en el tiempo. Imaginar la emoción que hubiera sentido mi abuelo de poder estar presente en ese momento, satisfecho de su obra, orgulloso de la aportación de su hijo y, aunque era hombre poco dado a expresar públicamente sus entusiasmos, seguro que hubiera sido una gran ocasión para verlo emocionado a lo largo de tarde.




Finalmente, que acciones como esta y la de la inauguración del monumento a las migas, nos muestran que Topares no se rinde y que sigue vivo a pesar de los difíciles momentos que viven las poblaciones rurales. ¡A seguir luchando!

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