Las personas, a lo largo de la historia
hemos creído que en los tiempos que nos han precedido, las cosas eran mucho
peores, todo más antiguo y que nuestros antepasados no disfrutaban de nada de
lo que nosotros gozábamos.
Ya he contado que el bar de Eleuterio lo
abrieron cuando yo tenía siete u ocho años, entre las novedades estaba la
cafetera de palancas como las que había en los pueblos más grandes. El caso es
que nunca llegué a entender cómo se hacían antes el café y si era más bueno o
no.
Pero mira por donde este verano hablando
con mi madre va y me cuenta como hacían ellos el café. Mi abuelo Vidal tenía el
casino, en la casa que ahora es de Diego, al lado de mi tío Daniel, lo tuvo
prácticamente hasta mi nacimiento. Según me cuenta era muy concurrido, hasta
venía gente de fuera a jugar a las cartas y algunos, podían pasarse hasta una
semana hospedándose en la Posada o en casa de mi bisabuela Clotilde.
Lo cuidaban todo mucho, a mi abuelo le
gustaba la perfección, compraba el café verde, me imagino que en Caravaca o
Lorca. Tenían su propia tostadora como la que vemos en la fotografía que se
encuentra en el museo comarcal Miguel Guirao. La base se llenaba de ascuas, en
el cilindro se ponía el café a tostar y con la manivela le iban dando vueltas y
vueltas hasta que el café estaba casi listo, entonces le echaban solo una
cucharada de azúcar y le daban otras cuantas vueltas hasta que los granos
tomaban el azúcar, para que adquiriera el color negro intenso.
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Tostadora de café, imagen cedida por el Museo Comarcal Miguel Guirao |
Después venía el momento de molerlo, para
ello utilizaban el molino que aparece en la fotografía y que, en mi casa,
todavía lo utilizamos para moler el café para el licor café. En la parte alta
lleva un mecanismo para dejarlo más fino o menos.
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Molino de café, aunque con un poco de ruido funciona perfectamente |
Ahora ya se podía poner en la cafetera, la
que aparece en la foto. Según cuenta mi madre tenía como una especie de sartén
pequeña en la que se ponía algodón impregnado de alcohol, se le prendía fuego y
se introducía por la abertura inferior. El café se colocaba en la cazuelilla
agujereada, arriba posee un mecanismo que accionado con un tornillo apretaba el
café. También posee un depósito de agua que al ser calentado por el algodón
ardiendo hervía y hacía que el agua subiera, por el pitorrillo que se ve salía
el café listo para degustar.
Imagen general de la cafetera, en esa especie de boca inferior se le ponía en una especie de sartén pequeña el algodón y el alcohol |
El pitorrillo por donde salía el café y el tornillo para apretarlo. |
Su estado nos hace pensar que fueron muchos los cafés que se hicieron con ella. |
No dejaba de asombrarme y para terminar de
dejarme perplejo me dice que también lo servían a domicilio. Me cuenta que un
grupo de mujeres más de ciudad, jóvenes casadas y que venían a pasar el verano
en Topares, gustaban de tomarse el café después de comer al estilo capitalino.
Tenían acordada una hora después de la comida, en la que mi madre les subía una
cafetera, se escondían un poco pues en aquellos años no estaba muy bien visto
el hecho. También lo llevaba a casas acomodadas, cuando tenían alguna
celebración o recibían una visita importante a la que querían agasajar le
pedían que les subiera café para la sobremesa.
Siempre que descubro, me cuentan o me
entero de la vida en Topares en tiempos anteriores me llevo una gran alegría y
emoción al ver como bullía la vida en el pueblo y también cierta tristeza al
ver como languidece en la época actual.