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domingo, 24 de septiembre de 2023

12 AÑOS DE UNA ILUSIÓN



12 años.
Dicen que el tiempo todo lo cura
pero su presencia permanece en la eternidad.

El tiempo todo lo supera, 
pero mientras, aguardo el instante
en que colma mi imaginación.

Pasan los años, los días,
pero su sonrisa resuena en mi mente
pasan alegrías, tristezas,
pero a cada segundo espèro su sorpresa
pasa, pasa la vida
pero no pierdo la esperanza
de su inmediato regreso,
en cualquier esquina, en cualquier instante.

Siempre me acompaña,
siempre la aguardo.





Los primeros momentos, las primeras escapadas juntos, las Negras, Rialp. 
Alumbrados por ese sol que nos guía y nos llena de ilusión




La felicidad, el inicio de una vida siempre juntos, compenetrados, dichosos


En Fondón


Con su tesoro, Angelita

Con su niño del alma, Adrián, la mirada de la madre refleja toda su ilusión por él



Siempre festiva, siempre creativa, siempre participativa, y compañero e hijo nos prestábamos
ilusionadamente a sus travesuras

Topares, las labores, la calma, disfrutar del tiempo, del espacio, del cariño de los demás



La Alpujarra, el verde, el campo, la naturaleza, los pueblos

Válor, donde establecimos su vida, su espacio natural, su pueblo

La música, los niños, la escuela,  su pasión

¡Cuánta felicidad hemos compartido!, 
ahora me cuesta no derramar lágrimas cuando veo estas fotografías

Se acercaba el final, pero la ilusión nunca la perdimos, nunca la perdió.
Siempre unidos, siempre ayudándonos, 
en su cara no sé si se refleja,
esperanza o temor.
Hasta el último instante vivimos
como si existiera un mañana,
llenos de amor

 

domingo, 24 de septiembre de 2017

24 de septiembre

... Y otra vez llega el 24 de septiembre, estalla traicioneramente, como si de un explosivo olvidado se tratase, aquel destinado a las desgracias,
          Todo el año amagado, invisible, en una pérdida indeterminada, para que a eso de finales de agosto empiece a ronronear, sin que tú te des cuenta, sin que aparezca en la superficie, pero que intranquiliza tu ser y se dispone a actuar.
  Septiembre trae, distraídamente, resonancias de sus sonrisas, murmullos de sus silencios, cucamonas de sus caricias, presencias de sus voces.
          Septiembre amanece esplendoroso, en el horizonte las fiestas, la ilusión de días inolvidables, la esperanza de volver a saborear de ellas, para que poco a poco, su voz, su risa, su música, el recuerdo de un te quiero, la nostalgia de un mimo, me abstraigan, me dejen a merced de cualquier palabra, de cualquier imagen, para romper al final en el llanto más silencioso, más desconsolador.

          
        Así explota el 24, se apodera de mí y presenta el final de todas las ilusiones, para ocupar, solo ella, todo el espectro de mi recuerdo.
      Ella llena de vida, llena de amor, de pasión, ella seductora, colmada de fantasías, maravillosa, ella dueña de mi memoria.


           Mañana será otro día para recordar, para mantenerla viva, para sentir la alegría y la dicha de haberla conocido, de haber disfrutado de su amor, de haberla querido tanto, todo será mañana, pero hoy, 24 de septiembre, todo es dolor.


martes, 27 de diciembre de 2016

CRUDA NAVIDAD

Cuando hablamos del sentido de la navidad, a muchos, les duelen las “sillas vacías” en las reuniones, imaginad cuando ya no se trata de una silla sino es un “trono vacío”.

De tanto cercarte la soledad, llega el momento que solo quieres vivir en singular. Te rodea, te atraviesa hasta acurrucarte en un rincón para hacerte invisible, hasta volverte una molesta niebla, de la que no quieres que haya sol capaz de levantarte.
Cuando pasan tantos días sin sentirte principal, sabiendo que para nadie eres el primero, dejando de ser imprescindible, si es que alguna vez lo fuiste. 
A pesar de la mucha gente que puedas llevar en tu interior, la soledad se adueña de tu destino, se te mete dentro y nunca se va. Te absorbe y te liquida para transmutarte en un ovillo perdido en cualquier rincón de tu existencia.

Al final piensas, para qué tanta gente, si la única que me despierta está ausente.

jueves, 25 de septiembre de 2014

24 de septiembre

            
  Hoy hace tres años de que murió  Rosario. 
             No puedo evitar que llegado el día mis ojos se llenen 
             de tristeza y el recuerdo del sufrimiento me invada. 
            Mi corazón evoca momentos extraordinarios a la 
            vez que gime por su marcha.
Su luz siempre me acompaña y su aliento
 me impulsa a buscar nuevas expectativas 
e ilusiones en la vida.
Tras meses y meses de soledad ahora en mi
 horizonte se trazan rayos de esperanza,
 renacen quimeras olvidadas, hasta sentir 
la necesidad de compartir, de nuevo,  
mi vida con otra persona, 
a la que amo como solo se amar: con pasión, 
con entrega, con todo mi ser.
 Y tengo la sensación de que Rosario 
no es ajena a mi estado. 
Ella no quería que estuviese solo y, desde donde 
esté, he sentido su fuerza que me invitaba a 
conocer a otra maravillosa mujer. 
Como si ella desde su atalaya me 
estuviera dirigiendo hacia el lugar adecuado. 
Su empuje me ha permitido conocer a otra
 fantástica mujer, y 
a la que desde aquí, declaro mi enorme estima.
Así en este día se une mi tristeza por su pérdida 
y mi agradecimiento por su energía para que la
vida me volviera a sonreír.
Siempre en nuestro corazón Rosario.





alfonsorobles2014


miércoles, 12 de febrero de 2014

sueño

                En una mañana de sábado, de aire transparente y rayos de sol refrescantes entrando, tímidamente, por la ventana de la habitación, me despierto y, en ese momento, en que aún te encuentras más cercano a Morfeo que a la lucidez de la mañana, me acude este sueño en tres escenas.
          Escena 1. Me encuentro inquieto, me ronda una pregunta. ¿Por qué ahora no le doy besitos en el cuello a Rosario? ¿Qué ha pasado, qué explicación hay para no hacerlo? ¿Qué dificultad se cruza para impedirlo? ¿Por qué últimamente no la cojo con ternura y le ofrezco esos mimos que me agradan?
            Escena 2. Se me aparece, seguramente, en la cocina, llevando su rebequita celeste cielo. Me acercó por detrás, la acurruco entre mis brazos y la acaricio con mis besos en el cuello y la nuca.
            Escena 3. Todo se desvanece, la realidad me sorprende y me dice que Rosario hace que emprendió el viaje a la eterna obscuridad.
                Puede que todo se haya desarrollado en una fracción de segundo. Con distintas formas el sueño se repite en otras ocasiones. Se crea una dificultad entre nosotros y, como siempre ha sido, nuestro amor lo vuelve felicidad que se rompe cuando se me muestra su muerte.
                En ese pequeño lapso que dura mi fantasía la siento en su plenitud. Su piel, su voz, su imagen, su presencia se hace realidad para evaporarse en un suspiro. La tristeza más monstruosa me sorprende, pero a la vez, prodigiosamente, una corriente de placer y alegría recorre mi cuerpo, es lo que me hace vivir.

                En el recuerdo de su cumpleaños.

En nuestra casa de Válor

Siempre hubiera querido ser una artesana

En Topares, donde nuestra pasión explosionaba


martes, 24 de septiembre de 2013

EN MÍ, PRESENCIA



El gran poeta Antonio Machado nace en Sevilla el 29 de mayo de 1874. Transcurre su primera infancia en esta ciudad, trasladándose con su familia a Madrid en 1883.
                Asiste a la Institución Libre de Enseñanza donde se encuentra satisfecho con los principios de escuela adaptada al medio ambiente. No es, sin embargo, un estudiante brillante. Eso sí, sus biógrafos señalan que asistió diariamente,  durante veinte años,  a la Biblioteca Nacional.
Consigue,  por oposición, una plaza de profesor de francés, siendo destinado a Soria, donde llega por primera vez en la primavera de 1907, tras la breve  visita torna a Madrid en espera del comienzo del nuevo curso.
Vuelve  en septiembre para incorporarse definitivamente a su puesto de trabajo. Conoce a Leonor, sobrina del dueño de la pensión donde se aloja.

Con su plena luz amoratada
Sobre la plomiza sierra de Santana
En una tarde de septiembre de 1907,
Se abre en mi recuerdo la pequeña
Y alta Soria.
Cuando la conoce, Leonor tiene solo 13 años:
Menuda y trigueña, de alta frente
Y de ojos oscuros
¡Oh, celebrad este domingo claro,
madrecitas en flor, vuestras entrañas nuevas!




Se casan el 30 de julio de 1909, ella con 15 años, él con 34. Ha sido un prendimiento de su juventud, de su dulzura. Así viven felices y dichosos en la Soria que tanto significaría en la obra del autor.
Consigue una beca para perfeccionar su francés en París. Allí, el 13 de julio de 1911, Leonor cae enferma de hemóptisis,  por lo que tienen que regresar buscando los aires limpios de la serranía soriana.
El poeta cae en la desesperación, incluso trata de contagiarse de la enfermedad para no tener que sobrevivirla. Coincide con la publicación de su libro: “Campos de Castilla” que él le dedica: “A mi Leonorcita del alma”. Muere el 1 de agosto de 1912, con tan solo 18 años.
Una noche de verano
-estaba abierto el balcón
y la puerta de mi casa-
la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho
-ni siquiera me miró-
con unos dedos muy finos
algo muy tenue rompió.
Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
delante de mí. ¿Qué has hecho?
La muerte no respondió.
Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón.
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos!
Su recuerdo se apropia de su espíritu, a un amigo le escribe:
“Si la felicidad es algo posible y real –lo que a veces pienso- yo la identificaría mentalmente con los años de mi vida en Soria y con el amor de mi mujer, a quien, como V. sabe, no me he resignado a perder pues su recuerdo constituye el  fondo más sólido de mi espíritu”.
Soñé que tú  me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas! …
Vive, esperanza, ¡Quién sabe
lo que se traga la tierra!
Vive en su presencia pero también se rebela ante la muerte cruel de su amada, ¡Tan joven, tan dichosa!
Señor ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya están rotos mi corazón y el mar.
“¿Por qué los hombres, en vez de matarse los unos a los otros, y de odiarse, no hemos de estudiar la manera de conservar la vida a los jóvenes? ¿Somos demasiado torpes o demasiado pequeños?-
Termino esta introducción con una carta que escribe a Unamuno, la que he leído, estos últimos años, una y otra vez:
“La muerte de mi mujer dejó mi espíritu desgarrado. Mi mujer era una persona angelical segada por la muerte cruelmente. Yo tenía adoración por ella; pero sobre el amor está la piedad. Yo hubiera querido mil veces morirme a verla morir, hubiera dado mil vidas por la suya. No creo que haya nada extraordinario en este sentimiento mio. Algo inmortal  hay en nosotros que quisiera morir con lo que muere. (…) El  golpe fue terrible y no creo haberme repuesto. Mientras luché a su lado contra lo irremediable me sostenía mi conciencia de sufrir mucho más que ella, pues ella, al fin, no pensó nunca en morirse y su enfermedad no era dolorosa. En fin, hoy vive en mí más que nunca y algunas veces creo firmemente que la he de recobrar. Paciencia y humildad.”


              

  Hoy, 24 de septiembre, hace dos años de que Rosario se marchó, también calladamente, llena de vida e ilusión. La muerte no solo se la llevó, también destrozó nuestra felicidad, nuestro sueño. Como sin quererlo, silenciosa,  la muerte, pasó a nuestro lado y rompió ese lazo que nos unía, esa magia que nos envolvía, ese amor que nos desbordaba.
                Y como dice Machado, hoy vive en mí más que nunca y su recuerdo, su presencia crece día a día, hora a hora y, también creo, pienso, anhelo que en cualquier momento la sienta entrar por la puerta, o bajar las escaleras, o sentir su dulce voz llamándome, despertándome de este sueño atroz.

24 de septiembre de 2013.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Mi prima Antonia


Otra vez la muerte me bloquea, me acosa. Se ha llevado el cuerpo de mi prima Antonia. Para la mayoría de los que leáis estas líneas, el nombre no os dirá nada. Para mi significa mucho, no solo por la afectividad que nos unía, también porque coincidió con Rosario en su lucha particular.  Ayer cuando me comunicaron el desenlace, mis ojos se llenaron de lágrimas, de esas lágrimas secas que el dolor me ha dejado. No podía  dejar de unirlas en su destino, cuando cada una batallaba contra su enfermedad, reconocía en ellas un sentimiento de hermanamiento. Las dos desarrollaban una especial sensibilidad hacia los avatares de la otra, sus procesos, sus cambios, sus sensaciones, sus estados. Cuando Rosario se marchó, Antonia lo sintió profundamente, puede que también pensando que su camino se acortaba un poco más. Rosario alegre, divertida, optimista, activa, ilusionante. Antonia, quizás, más pausada, tranquila, incluso débil, callada, portadora de su propio dolor. Pero las dos unidas en el afecto de  su destino común.
                ¿Cuántas personas tendrán que perecer en el combate para vencer a la bestia? El monstruo que te coge, te acecha y, en el momento más inoportuno te destroza, te aniquila. Los demás asistimos impávidos ante la frustración, la impotencia y, solo nos queda,  la pregunta,  ¿cuándo vendrá a por nosotros?.
                En su última alegría, Antonia vio cumplido su gran deseo, conocer, tener en sus brazos, pasear a su nieto  Lucas. Parece que el ogro siempre concede esa postrera voluntad, que cuando la satisface, acude a cobrarse con perversidad. Todo te resulta una gran mentira. Cuando viven en la gran ilusión, entonces el innombrable  las  vapulea y te deja en la estacada. Antonia, Rosario, Antonio (otro primo hermano traicionado por la alimaña), cuando en vuestras vidas se asomaba una nueva ilusión de vivir, fuisteis fulminados, se cortaron vuestras corrientes nerviosas para sumiros en la negrura de la noche más eterna.
                Pero en nosotros ha quedado vuestra ánima, vuestros afectos, vuestras atenciones, vuestras sonrisas, vuestro recuerdo, todo instalado en nuestro corazón, ahora y siempre. Nunca os olvidaremos, junto a los que os han querido.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Hace un año


Hoy, 24 de septiembre hace un año que murió Rosario, que la perdí: mi compañera, mi amiga, mi musa, mi ilusión y sobre todo mi amada, mi amante. Ha sido un año lleno de recuerdos, de tristezas, de sueños, de soledades, de pérdidas…


Nuestra alegría, nuestra ilusión, no se esperaba, no adivinaba, que las lágrimas se instalarían en nuestros corazones


                Sería inexacto si no hablara también de momentos de alegría, normalmente vinculados a mi hijo y Mª José, también a la atención de los amigos y amigas. Sentir el calor cálido de sus abrazos, de sus caricias, me ha envuelto el afecto de sus voces, el interés de sus preocupaciones por mí, la dulzura de sus lágrimas, el bienestar que me han producido sus atenciones, la satisfacción de sentir sus cercanías.
                Las células de mi piel y las fibras de mis sentidos han reconocido el amor que me dispensáis, han vibrado ante cada muestra de cariño que me habéis dispensado. Cuando se han quedado marchitas por la pérdida de Rosario, en la tenebrosidad de mi soledad, vosotros, con vuestros abrazos,  vuestros sentimientos, vuestras atenciones,  vuestras palabras enternecedoras, habéis hecho que se reanimen, que renazcan y me habéis ido  meciendo hasta sentir la serenidad, una entrada a la paz, una entrada al mundo de los sentimientos que a los humanos nos hacen más dichosos, más amigos,  más sensibles.
                Pero también está esa locura que me desgarra. ¿Por qué? Por qué tanta vida se esfuma como de tapada, por qué tanta juventud eterna se evapora en unos segundos. Por qué con tantas ganas de seguir compartiendo nuestro pasado, presente y futuro, se acaba en un pis pas.
                Cuando aún atesoras tantas ilusiones para llenar otra vida entera, llega la macabra realidad de tu pérdida. Cuántas ilusiones por fabricar, por inventar, cuántas alegrías por transmitir, cuántos proyectos por cumplir. Cuántos besos, caricias, noches de amor aún por compartir. Cuando nuestro amor, enamoramiento, aún estaba por ilusionar, cuando el árbol de nuestra pasión aún estaba por madurar, la cruel realidad nos lo tala, lo arranca de raíz para que nunca más fructifique.
                Me faltan tus besos, tus caricias, tus entregas, tus impulsos, tus imprevistos, tus palabras, tus silencios, tus risas, tus chistes, tus dudas, tu pasión, tus susurros, tu música, tu baile, tu voz, tu alegría, tu contacto, tu calor, tu ternura, tu comprensión. Me falta tanto que aún me pregunto cómo puedo vivir sin ti.
                Ha pasado un año y tu figura serena, tierna, amorosa no desaparece de mi mente. Ha pasado un año y me pregunto qué puedo hacer sin tí, pregunto y pregunto sin encontrar respuesta. Solo resisto, vivo en la soledad, en tu recuerdo. Rodeado de tu aura, de tus ropas, de tus lugares, de tus caprichos, de tu memoria.
                Me levanto, trabajo, como, duermo, salgo, entro y nada me llena. Nada me hace sentirme feliz, motivado, realizado. Todo es para ti, escribo para que te sientas orgullosa, trabajo para que me admires, duermo para tenerte en mis sueños, como para que alabes el manjar, salgo para compartir contigo el momento, me levanto para decirte buenos días princesa. Todo ahora, sin ti, pierde el sentido, vegeto, deambulo en tu búsqueda, sabiendo que nunca más serás.
                Ha pasado un año y te sigo viendo empeñada en no ser una molestia para nadie, en que los demás no supieran de tus dificultades, en que no se transmitiera tu dolor, que nadie sufriera por ti, en hacer feliz a la gente que te rodea, a la que querías. En querernos, en que Adrián saliera adelante, tomara decisiones, se lanzara. En fin en lograr la felicidad de los demás.
                Pasado este año Adrián se ha ido a Polonia y yo permanezco aquí, en la soledad, rodeado de tu presencia fantasma. Recordando a cada instante nuestra dicha, maldiciendo continuamente los desacuerdos que el orgullo y el ofuscamiento nos han  producido, recreándome en nuestro amor, en nuestra pasión, saboreando tus aromas,  registrando tu voz dulce, cautiva, alegre, tranquilizadora, voz de amante, de amada, de amiga, pero siempre voz de corazón, de interés, de bondad.
                Tuyo siempre y por siempre. Fonfo

Tu alegría, tu sonrisa, siempre te acompañaba

martes, 14 de agosto de 2012

Carta a Rosario


Querida  Rosario:
                               Han acabado las fiestas de verano. En estos días pasados, el pueblo se ha llenado de alegría, por sus calles han paseado individuos, unos de aquí, otros que han regresado al pueblo después de varios años de ausencia, visitantes, invitados o curiosos. El caso es que en estos días el pueblo se ha poblado de voluntades. Pero todos estos seres, en momentos se convertían en nada, pues entre ellos no estabas tú.
                Todo empezó el jueves con la fiesta ibicenca. Sí, me puse de blanco, era mi homenaje a ti, seguro que te agradaría verme así, en algo organizado por el pueblo tenía que participar, como tú lo habrías hecho, como tú lo hubieras querido. Concurrió mucha gente, muchas ganas de reír, mucha alegría, en mí, mucha nostalgia, añoranza, recordando como el año pasado participábamos del mismo júbilo, cuando la ilusión de estar juntos conquistaba toda  nuestra naturaleza.
                Qué orgullosa te hubieras sentido la noche de la presentación de la Revista Velezana, el acogimiento que tuve por todos, el reconocimiento y la gratitud expresada por la mayoría. El baile, la música, el pueblo en su esencia, disfrutando, participando, compartiendo, todos unidos en una misma idea, Topares.
Durante mi intervención en la presentación de la Revista Velezana

                La noche de las migas, esa reunión alrededor del fuego purificador. Amigos, familiares, conocidos, en comunicaciones paralelas, cruzadas, pero todas unidas por unos lazos que traspasan la sangre, que va más allá de las relaciones directas, para convertirse en afinidades promovidas  por la luz, el aire, el espíritu de este lugar sencillo, amable, acogedor, esa aureola resplandeciente que nos envuelve y se llama Topares.
                Esa magia de las migas desaparece cuando deambulo, yerro entre las sartenes al fuego, buscando a mi amada. Trato de descubrir, de adivinar tu presencia y me encuentro con el más horrible de los silencios, con el más espantoso de los vacios. Busco tus huellas, tus pisadas, tu aroma, tu voz, tu sonrisa y la frialdad de la noche calurosa me responde con tu ausencia, tu mutismo, La insolencia de tu partida, el desvanecido de tu imagen, el más imponente de tus silencios, la pérdida de tu fragancia, todo me sume en la tristeza más pavorosa. Siento envidia por la alegría de los demás, y me sorprende  que puedan tener motivos para tanto júbilo y me encoleriza mi amargura que me sucumbe en la obscuridad de la muerte.

Un año antes la música bullía en tu cuerpo, tu alegría
inundaba el recinto, tu sonrisa nos contagiaba a todos


                Han acabado las fiestas y solo me queda el recuerdo de otros años en que tu alegría me electrizaba, me hacía disfrutar de cada minuto de las mismas. Mi existencia se convertía en una montaña rusa de emociones y sentimientos, de deseo y enamoramiento- ¿Cómo podías darme tana  felicidad?, ¿Cómo podías contagiar tanta euforia?, ¿Cómo podías gozar de tanta vida?, ¿Cómo podías llenar tu universo de tanta ilusión?.
                Rosario amada, las fiestas han terminado, pero para mí la fiesta es tu recuerdo, la memoria de tu amor, de tu deseo, de tu pasión, la estampa de tu figura, el canto de tu voz, la evocación de tus palabras, la añoranza de  tu aroma, la polifonía de tu sonrisa. Rosario deseada, mi fiesta, mi vida, mi sonrisa, eres solamente tú.

Fonfo








miércoles, 8 de agosto de 2012

7 de agosto

Camino de la iglesia. Sin protagonismos,
todos participaban de una misma ilusión

Un siete de agosto de hace treinta años me casé, nos casamos Rosario y yo. Puede parecer mucho tiempo, pero os aseguro que aún nos quedaban muchos más, llenos de ilusiones, pasión, amor y ternura.

Cuatro miradas limpias, inocentes, libres...
Un mundo de jóvenes, de ilusiones ajenos a todos los formalismos,
huidos de hipocresías y llenos de esperanza y amor

                Poco nos importaba la ceremonia que tuviéramos que hacer, lo fundamental era nuestro deseo de vivir juntos, de compartir nuestras vidas. Nos propusimos que fuera un clamor a la libertad, una llamada al amor. Prohibido todo signo de seriedad, rodeados principalmente por nuestros amigos, sin dejar paso a convencionalismos, libres, en una especie de juego infantil, donde la pureza de nuestros sentimientos tenía que brillar más que las liturgias y los ropajes. Todo fue posible gracias a la complicidad de nuestros amigos y el respeto de la familia a nuestra alegría, a nuestro deseo.

Eramos niños, rodeados de niños,
 hasta el oficiante, tío de Rosario y niño grande
 participaba del cuento que se estaba desarrollando

                Durante la celebración solo cabía la ilusión, la alegría, el juego, el amor, la pasión. Fue una ceremonia para nosotros, íntima, de nuestros corazones. Honrados, escoltados por el cariño de nuestros amigos  y la ternura de nuestras familias. Todos unidos para que resplandeciera nuestra alegría, nuestro amor.

La alegría nos desborda ante unas flores recogidas del campo aquella mañana,
 por los amigos, que en todo momento nos acompañaron.
Los amigos, de Almería o Barcelona nos acompañaron con su cariño

                Después de treinta años, esa alegría pasión, amor, ilusión… nos ha acompañado siempre y, cuando proyectábamos nuestra vejez llenos de ese enamoramiento, cuando ideábamos nuestro futuro de serenidad, contemplación, de miradas silenciosas, de guiños amorosos,  la desfachatez de la muerte nos abofeteó privándonos de años de felicidad y amor.
                El anterior 7 de agosto lo celebramos pletóricos de alegría, todo apuntaba a una posible curación. coincidía con las fiestas de Topares y disfrutamos de la noche y los amigos. Cuando todavía teníamos la ilusión de tocarnos, de acariciarnos, de entregarnos. Cuando aún no nos era indiferente una mirada hacia otro lado,  una falta de delicadeza, de atención. Cuando todavía procurábamos agradarnos, enamorarnos, seducirnos, su  partida nos privó del futuro.
                Ha sido un año de melancolía, me he colmado, saturado de soledad. He tratado llenarla de suspiros, de recuerdos, de añoranzas, vaciándome de emociones y sentimientos.
                Quan larga puede ser la noche sin nadie que te cobije bajo unos brazos enamorados. Sin caricias, sin el calor del amante que a tu lado te conforta. Sin compañera que con sus mimos te introduzca en el reino de Morfeo, sin que te susurren al oído palabras tiernas, bonitas, tranquilizadoras,  que te ayuden a salvar las tensiones del día.
               Qué larga es una noche de orfandad, cuando la única esperanza es que llegue rápido la luz del alba, que suene pronto el despertador para que acabe la agonía triste y negra de la noche.
                Cuántas risas llenas de tristeza, cuántas tristezas plenas de lágrimas contenidas, cuántas lágrimas perdidas en la profundidad de la noche, sin nadie que te meza, te cante nanas de amor, te traslade a mares de plata y peces de colores. Sin que te arrastre al sueño más placentero después de declararte su amor, después de declararle tu amor, tu deseo, tu pasión. 

martes, 3 de julio de 2012

Mi cumpleaños


Mi mirada siempre centrada en ella

El miércoles día 20 cumplí años y como no sabía cómo caminarlo, me puse a escribir estas líneas.
                Mi primer cumpleaños sin ti no sabe a nada, ¿para quién cumplir años? Al despertarme quién me iba a hacer un guiño de amor, de complicidad. Dónde quedó mi ilusión ante la sorpresa que me guardabas. Hace un año contaba cuántos de dicha llevaba contigo, disfrutando de tu compañía, de tu sensibilidad, de tu pasión. Hoy me queda solo pensar en el tiempo que vivo sin tu presencia, sin tu voz, tus susurros. Se fueron contigo los nervios pensando en qué haríamos, qué me regalarías, sin darme cuenta que el gran regalo era tenerte cada día a mi lado; cómo disfrutaríamos de nuestro deseo, nuestro enamoramiento. Hoy solo me espera un día plano, triste, gris…
Alegría, color, dulzura, ilusión

                Sin tu existencia hasta parece tonto cumplir años. Yo, que siempre he tenido ilusión en acercarme a esa edad en que aprendes a disfrutar de lo sencillo, a saborear aquello que haces en cada instante. Ahora todo da igual, me falta con quién compartir ese proyecto de futuro, con quién deleitarse del silencio de las miradas, con quién hablar y hablar de apasionamiento, de amor, de propósitos, de ilusiones, de futuro.
Juntos, siempre juntos, viviendo nuestras ilusiones

                Entonces, en mi vacio, a la hora que se esparce el mediodía, aparece Adrián (nuestro hijo) y Mª José, motivándome que la luz y el sentido tomen forma. Me expresan su afecto y cariño,  haciéndome sentirme importante. La luz y el sentido toman cuerpo, me llenan de su propia ilusión, me reconfortan en el espíritu y me hacen inmensamente feliz, de pronto el día adquiere todo su valor, llenándome de vida y bienestar.
Ellos constituyen mi esperanza, son mi apoyo, rebosan de alegría y amor

                Tras una mañana melancólica, anodina  y lúgubre,  se abre una tarde luminosa, alegre y plena de razón, que le da sabor y lucidez a mi vida, proyectándose un futuro centrado en ellos dos.

miércoles, 16 de mayo de 2012

San Isidro 2012



Vuelve San Isidro, como cada año vuelve San Isidro. Pero este año un San Isidro mustio, marchito. En tierras de secano, el agricultor, el artesano de la tierra, mira todo el año, otoño, invierno y primavera, buscando en el firmamento las nubes que anuncien agua, que presagien que las sementeras se llenarán de espigas, de verde brillante, alfombras esmeraldas que la brisa mostrará en marcas de agua y que profeticen un verano de cosecha, de trabajo sí; pero, de ilusión, abundancia y prosperidad.
El campo en 2012

el campo en 2011

Tenemos que evocar el año pasado, un San Isidro eufórico, los mismos campos, ahora desmayados, estaban  cubiertos de cañas y espigas inhiestas hacia el cielo azul, preñadas de granos que pregonaban alegría, satisfacción. Predecían un estío de fecundidad, de entusiasmo por todo el trabajo realizado en las otras estaciones, felices de la productividad de su trabajo, de su laboriosidad, del esfuerzo aplicado para, eso sí, ayudados por la bonanza del tiempo y el agua, en el verano se llenaran los graneros de frutos, pequeñitos sí, pero testimonio de ese apego al terruño, del trato afectivo, delicado. A esa tierra madre que le devuelve el valor del sudor de su frente. Su atención, recompensada en granos multiplicadores,  es la verdad explicita de que su trabajo ha sido provechoso y gratificante.

La tristeza del campo es manifiesta en 2012
En 2011 el verde mandaba en el horizonte


Este San Isidro en mí ha sido muy especial, y parece que las anteriores palabras se convierten en parábola de mi existencia. En 2011, con Rosario a mi lado,  estaba lleno de vida, de ilusión, de esperanza; asomaba el beneficio de la curación, la vitalidad de su carácter inundaba todas mis actividades, rodeado de la alegría de su originalidad, del deseo, del amor. Todo parecía proyectarse en el verde de los campos, en la luminosidad de sus amapolas, en el lirismo de las margaritas. Nuestra vida se lleno de optimismo, de color, de primavera, de ganas de querernos, de expresarle a todo  lo que nos rodeaba nuestra felicidad, nuestro  apasionamiento. A cada instante nos llegaba un rayo de luz más resplandeciente, que se convertía en un brindis a la vida, al mañana. En nuestra mente florecían proyectos, de felices deseos, de ilusiones y fantasías. Nuestro júbilo desbordaba el espacio y se proyectaba al infinito en el mañana de Topares.

Ha pasado un año y volvemos a San Isidro, pero ahora árido, agreste, marchito, seco, donde no hay agua ni para las lágrimas; resecos los ojos de tanto añorar, de tanta soledad. Un mayo donde ya no brillan las amapolas, donde las margaritas han perdido sus pétalos y ya no podemos jugar a “me quiere, no me quiere”. Donde las espigas no florecen, cabizbajas, sin poder levantarse hacia el azul intenso, hacia el espacio abierto. Un mes de flores en que las ilusiones languidecen, perdiéndose en las simas de la obscuridad. Donde el calor, la brisa seca, va quemando, diluyendo, evaporando la frescura del agua, la juventud de los recuerdos, dispersando mustiamente la imagen tierna de la nostalgia.



(San Isidro es el patrón de Topares, en sus fiestas, los campesinos sacan al patrón en procesión para que bendiga los campos y que a través de su intercesión la cosecha del año sea magnánima con su esfuerzo y trabajo, garantía de un año fructífero. En los años, como éste, muy secos, los agricultores no están muy contentos con él y las ofrendas que les hacen no son muy esplándidas).



martes, 27 de marzo de 2012

Hace seis meses


Laserenidad de su cara siempre me acompaña
Cuando escribo esta entrada es 24 de marzo y hace seis meses que se marchó Rosario. Vivimos muchos años ajenos a la muerte, así,  cuando te atrapa,  te zarandea y modifica totalmente tu vida. Nunca hemos sido amigos de fechas, cualquier día tenía su importancia. Ahora me afectan y me estremecen, en consecuencia hoy no ha sido un día nada fácil, insistentemente se visualizaban momentos y situaciones anteriores. Algunos dulces, dichosos, pero también comparecían los más duros de su muerte.
                Percibimos  la vida como si las personas fuéramos indiferentes al principio básico de los seres vivos: nacen, se reproducen y mueren. Quizás porque nuestra existencia la elaboramos a base de pensamientos, sentimientos, percepciones y emociones, desdeñando que también se compone de tareas y actividades que van consummiendo etapas. Etapas que te acercan al momento en que tu función, tu misión se ha completado. A través de un amigo me llega como una niña compara la muerte de su madre, aún joven, a una florecilla, que brota para marchitarse a los pocos días, una vez que ha esparcido su aroma y belleza por el campo. Su cometido.
                Cuando te sacude la tiranía de la muerte, tu sensibilidad se dispara. Necesitas sentir el aprecio y la atención de los tuyos, tus amigos, tus conocidos, incluso de aquellos que no conoces. Cualquier bocanada de aire de afecto o desafecto altera tu alegría o tristeza. Así se hace imprescindible a tu alrededor la presencia de la ternura, la amistad, el cariño, la comprensión.
                Solo quiero decir que aún os necesito, que el dolor no aminora y que ese dolor solo se torna alegría con vuestra atención y ternura y, con la presencia y amor de Adrián y M” José.
La ilusión de la juventud nos acompañó siempre


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