viernes, 24 de septiembre de 2021

10 AÑOS

 



Diez años,

Los años te alejan,

tu memoria me acercan.

 

Recuerdos, añoranzas

confluyen en sentimientos y amor.

 

10 años, pero siempre conmigo

domingo, 11 de julio de 2021

¡TOPARES MÍO!

 

En la noche del 6 al 7 de julio volví a descubrir el cielo de Topares. Con la excusa del fútbol se creó algo de ambiente nocturno, entonces salí a pasear por la carretera buscando esa obscuridad silenciosa que me gusta.

Iba cabizbajo, pensando en la nada y he alzado ha vista hacia el cielo, al momento los ojos se han llenado de estrellas, de Vía Láctea, de silencio, de luz astral.




Me resulta muy difícil describir la emoción que me ha inundado de sensaciones, de recuerdos de infancia, de cercanía, de complicidad familiar, de confesiones, de amores, de un abrazo de la tierra acogedor y quizás de enamoramiento hacia ella.

El fútbol me quedaba lejos, cada vez me aparto más de nacionalismos patrioteros, los enfrentamientos me dejan frio. Solo me conmueve la pequeña tierra que me acompaña desde que nací, las pequeñas cosas, las pequeñas personas, los pequeños momentos que le dan vida a este remoto y lejano paraje, que solo responde al nombre de Topares y que, en esta noche, al reconocer ese cielo que me ha acompañado a lo largo de toda mi vida he dejado escapar un suspiro que decía, ¡Topares mío!

sábado, 24 de abril de 2021

SENSACIONES EN EL MUSEO

 

El año pasado, cuando el confinamiento, la conservadora del Museo Comarcal Miguel Guirao de Vélez Rubio, me pidió un texto donde intentara reflejar las sensaciones y emociones que se podían sentir ante el museo cerrado por la pandemia, como ocurría en aquellos momentos.

Para realizarlo utilicé una de las piezas más representativas del museo, una tumba completa, con su esqueleto también completo, encontrada en un pueblo llamado Cóbdar y perteneciente a la cultura del Argar.

Ahora, este invierno nos ofreció hacer un audio con el texto. Pensábamos que sería una lectura y ya está, pero al recibir el trabajo nos dimos cuenta que era una obra realizada magistralmente, quedando asombrados de su calidad y belleza.

Por eso quiero compartirlo en el blog, solicitando vuestra benevolencia por el atrevimiento.

El relato "Sensaciones en el museo" sigue completándose. Chencho Ruiz, gran amante de la fotografía y sobre todo amigo le ha puesto imágenes al relato, ahí os dejo el enlace

 

Aquí os dejo el enlace.



viernes, 15 de enero de 2021

EL CAFÉ DEL CASINO DE VIDAL

 

Las personas, a lo largo de la historia hemos creído que en los tiempos que nos han precedido, las cosas eran mucho peores, todo más antiguo y que nuestros antepasados no disfrutaban de nada de lo que nosotros gozábamos.

Ya he contado que el bar de Eleuterio lo abrieron cuando yo tenía siete u ocho años, entre las novedades estaba la cafetera de palancas como las que había en los pueblos más grandes. El caso es que nunca llegué a entender cómo se hacían antes el café y si era más bueno o no.

Pero mira por donde este verano hablando con mi madre va y me cuenta como hacían ellos el café. Mi abuelo Vidal tenía el casino, en la casa que ahora es de Diego, al lado de mi tío Daniel, lo tuvo prácticamente hasta mi nacimiento. Según me cuenta era muy concurrido, hasta venía gente de fuera a jugar a las cartas y algunos, podían pasarse hasta una semana hospedándose en la Posada o en casa de mi bisabuela Clotilde.

Lo cuidaban todo mucho, a mi abuelo le gustaba la perfección, compraba el café verde, me imagino que en Caravaca o Lorca. Tenían su propia tostadora como la que vemos en la fotografía que se encuentra en el museo comarcal Miguel Guirao. La base se llenaba de ascuas, en el cilindro se ponía el café a tostar y con la manivela le iban dando vueltas y vueltas hasta que el café estaba casi listo, entonces le echaban solo una cucharada de azúcar y le daban otras cuantas vueltas hasta que los granos tomaban el azúcar, para que adquiriera el color negro intenso.

Tostadora de café, imagen cedida por el Museo Comarcal Miguel Guirao

Después venía el momento de molerlo, para ello utilizaban el molino que aparece en la fotografía y que, en mi casa, todavía lo utilizamos para moler el café para el licor café. En la parte alta lleva un mecanismo para dejarlo más fino o menos.

Molino de café, aunque con un poco de ruido funciona perfectamente

Ahora ya se podía poner en la cafetera, la que aparece en la foto. Según cuenta mi madre tenía como una especie de sartén pequeña en la que se ponía algodón impregnado de alcohol, se le prendía fuego y se introducía por la abertura inferior. El café se colocaba en la cazuelilla agujereada, arriba posee un mecanismo que accionado con un tornillo apretaba el café. También posee un depósito de agua que al ser calentado por el algodón ardiendo hervía y hacía que el agua subiera, por el pitorrillo que se ve salía el café listo para degustar.

Imagen general de la cafetera, en esa especie de boca inferior
se le ponía en una especie de sartén pequeña el algodón y el alcohol


El pitorrillo por donde salía el café y el tornillo para apretarlo.






Su estado nos hace pensar que fueron muchos los cafés que se hicieron con ella.

No dejaba de asombrarme y para terminar de dejarme perplejo me dice que también lo servían a domicilio. Me cuenta que un grupo de mujeres más de ciudad, jóvenes casadas y que venían a pasar el verano en Topares, gustaban de tomarse el café después de comer al estilo capitalino. Tenían acordada una hora después de la comida, en la que mi madre les subía una cafetera, se escondían un poco pues en aquellos años no estaba muy bien visto el hecho. También lo llevaba a casas acomodadas, cuando tenían alguna celebración o recibían una visita importante a la que querían agasajar le pedían que les subiera café para la sobremesa.

Siempre que descubro, me cuentan o me entero de la vida en Topares en tiempos anteriores me llevo una gran alegría y emoción al ver como bullía la vida en el pueblo y también cierta tristeza al ver como languidece en la época actual.

 

martes, 22 de septiembre de 2020

IMÁGENES DE LA IGLESIA DE TOPARES

Las imágenes que lucen actualmente en la iglesia de Topares no vienen desde muy lejos, sino que son relativamente recientes. Las mismas han sido donadas por personas del pueblo o relacionadas con el mismo y por iniciativas populares de grupos de topareños. Con mi exposición no pretendo elaborar ni destacar creencia religiosa alguna, solo poner de manifiesto un patrimonio, de más valor o menor, pero el que tenemos y que, gracias a Quite Serrano, a la que conocemos todos por Quite la de Fernando, con sus informaciones he podido recopilar estos datos.



Empezamos por la entrada a la derecha, en la zona donde antes se encontraba la pila bautismal. Se trata de la imagen del Padre Jesús, obra donada por Pedro Basilio del Gamonal.



A su lado tenemos un mural de gran tamaño. A mí de pequeño me daba bastante miedo, el fuego y esas figuras de sufrimiento no me gustaban nada y, ahora mismo, cuando entro a la iglesia y lo veo no me hace mucha gracia. Se trata del llamado, "Las Ánimas del Purgatorio" que fue adquirido por Aurora García.



Como seguimos recorriendo el templo hacia el altar mayor nos encontramos con la imagen de "La Purísima" que fue entregada por Cristóbal Gómez Serrano y que tiene la particularidad de que fue la primera imagen adquirida para embellecer el templo.


Prácticamente al lado tenemos el “Sagrado Corazón” una de las imágenes que la forma de adquirirla, para mí, la hace importante. Me cuentan que en esos finales años cuarenta e inicio de los cincuenta hay una gran unión entre todos los jóvenes del pueblo sin importar la condición de cada uno, ni su nivel económico. Si en la casa de mayor importancia del pueblo se hacía un baile, acudían al mismo, todos los jóvenes del pueblo y si se hacía en la casa más humildes igualmente acudían todos. En este contexto algunos jóvenes apuntan la idea de entre todos podían reunir dinero para comprar una imagen, cada uno puso lo que podía y, todos fueron iguales, desde el que puso, supongamos, dos reales, como el que puso cien pesetas, nadie se sintió más importante ni menos y entre todos compraron la imagen de este Sagrado Corazón, y como se diría fue la juventud.



A esta imagen le sigue la de nuestro patrón, San Isidro Labrador. Parece ser que en las diferentes iglesias fue una imagen de mucho éxito. Hace unos años publiqué unos artículos sobre fiestas y tradiciones en la que incluía una foto de San Isidro. Me comentaron un par de colegas que en sus pueblos había otras imágenes idénticas. En este caso el benefactor fue Fidel del Peritano.



Seguimos con otra imagen y quizás la de mayor valor artístico, la suavidad de sus colores y sus líneas te transmiten serenidad y te llenan de paz, es “La Anunciación”, que fue entregada por Encarnación Robles.



Así llegamos al altar presidido por una imagen del “Crucificado”, lástima que no brille en todo su esplendor sobre un fondo blanco, pero también es una talla destacable, la imagen fue donada por Aurora García.



Iniciamos, ahora en sentido descendente, el camino en el otro lado de la iglesia y nos encontramos con “La Dolorosa”, que en semana santa adquiría gran importancia en el vía crucis del viernes santo por la noche y que fue donada por Dolores del Gamonal.


Así llegamos a la figura de nuestra patrona “La Virgen de las Nieves”, que es la otra figura que se adquiere con una iniciativa popular interesante. Como sabéis en Topares siempre ha existido una gran tradición de comedias, una de las obras que se han montado más renombrada ha sido “Orgullo de Albacete”. Tal fue el éxito que se tuvieron que hacer varias representaciones de la misma en la porchá de Elías y con lo recaudado de esas representaciones fue con lo que se compró la imagen, para mí son iniciativas que hablan de la unión y la calidad de las gentes de Topares.


No sé si ya os ha surgido la pregunta de por qué se compraba una figura y no otra, a veces estaba en el nombre del santo o la santa, relacionados con el nombre de la persona que lo entregaba, así nos encontramos a San José que donó Josefa Robles.


Bueno llegamos ya al final de la iglesia que se trata de la entrada de la misma y aquí nos encontramos con San Pancracio, donada por unos primos de José M.ª de Eleuterio que eran conocidos por los Mancos de Alcantarilla y que provenían de Topares.


Esta figura es la de San Francisco donada por Filiberto Serrano.


Adentrándonos en la nave central del templo para encontrarnos con la Virgen de Fátima que fue donada por la familia Arias, en concreto Pascual Arias, para su compra tuvo mucha influencia María Eradia esposa de Pepe Arias, al traerla la depositaron en la Casa Guino. En el día de la Virgen, bien de mañana se hizo una procesión para traerla desde el cortijo hasta el templo de Topares y desde entonces en la víspera de su día se hacía una vigilia, al amanecer se oficiaba una misa y se rezaba el rosario por las calles del pueblo.


En esa nave central tenemos también a San Antón de gran importancia en Topares, con la fiesta de las carretillas, la procesión y las bendiciones a los animales. Como siempre a sus pies le acompaña el marranico, que el de verdad andaba suelto por el pueblo haciéndose notar por el ruido del cascabel que llevaba al cuello, entre todos los vecinos lo alimentaban y era rifado en las fiestas. Así algún año de una buena rifa y una buena recaudación para las ánimas en navidad con la cuadrilla, permitió que fuera la Hermandad de Ánimas la que adquiriera esta imagen.


Al hacer el recorrido por la iglesia se me olvidó una imagen, la de Santa María Toribia, esposa de San Isidro y que es uno de los pocos casos, en la iglesia, que se han beatificado a los dos miembros de un matrimonio. Esta imagen fue donada por Francisco Sánchez Gómez y Antonio Sánchez Moreno.

Hasta aquí esta pequeña aventura, solo decir que como con todo tenemos que cuidar aquello que poseemos, lo que nos identifica como topareños y lo que nos da sentido ante los demás. Gracias por vuestra atención





domingo, 23 de agosto de 2020

EL JUDAS

En tiempos pretéritos era frecuente que en casi todas las casas hubiese un arma de fuego y, no es difícil imaginar que no eran todo lo seguras que pueden ser hoy. 
La necesidad de la caza para la subsistencia. El miedo a los robos, sobre todo en los cortijos aislados y toda una serie de imprevistos etcéteras, propiciaba que fuera rara la casa en la que no había, al menos, una escopeta, en la mayoría de las veces de un solo cañón y gatillo fácil de disparar. 
También en las zonas en las que en un tiempo hubo dominación morisca, cuando llegaron los nuevos repobladores se les designaba como los primeros defensores de las tierras en la creencia que aquellos volverían a la conquista de las que habían sido expulsados. 
En unos y otros casos eran frecuentes en los pueblos que se hicieran ensayos de defensa con grandes alardes, que culminaban en las fiestas del patrón o patrona, desfilando al lado del mismo y con gran gasto de pólvora y disparos al aire. 
Todo va evolucionando y así en la primera mitad del siglo XX, en el sábado de gloria o domingo de resurrección se realizan estos alardes de pólvora disparando sus escopetas con diferentes motivos buscando la bendición de éstas que evitaran los accidentes a lo largo del año, que eran muchas veces mortales. 
Prueba de ello es la noticia aparecida en los medios de comunicación de la época. Hablamos de mayo de 1928 y Topares aparece en la prensa por un doloso accidente. Así aparecía la noticia el 22 de mayo de 1928 en el diario “La Independencia”: “El juzgado y la benemérita de este puesto se personaron en la aldea de Topares instruyendo las oportunas diligencias con motivo de la muerte de la niña de tres años, Resurrección García Pardo, ocurrida en el domicilio de sus padres, cuando la pequeña arrastraba una escopeta que todos creían descargada pero que se disparó causándole tan gran herida en la cabeza que falleció momentos después”. 




El suceso de la niña tal como aparece en la prensa del momento


En otro de los periódicos, en la misma fecha amplía un poco más la noticia con la siguiente aclaración: “… fueron detenidos su padre Celso García y su tío Avelino Pardo, que manifestaron que la hacían descargada”. Aclaro que la niña era hermana de Ambrosio y que los más mayores de pequeños habían oído del suceso. Sirva la información para comprobar que los accidentes fortuitos no eran raros en aquellos tiempos, quizás en sucesos como éste se fundamenta la frase que siempre hemos escuchado de que “las escopetas las carga el diablo”. Por eso en muchos de los pueblos, en Semana Santa, sobre todo en la misa del sábado de gloria, durante el canto o recitado del Gloria, se disparaba con las escopetas que así eran bendecidas para todo el año.

Imagen de una de las fiestas en que se le dispara al "Judas". Foto tomada de internet, se retirará a petición.

Aquí en Topares el ritual se hace con la llamada: “muerte del Judas”. Se hacía el domingo de resurrección, confeccionaban un muñeco con ropas viejas y lo rellenaban de papeles y bálago. Lo colgaban en la esquina de Pepa del Estanco, lo que hoy es la casa de Ricardo y María, atándolo a la casa que había enfrente o al árbol. Entonces desde las cuatro esquinas empezaban a dispararle a troche y moche, hasta que saciaban las ganas de disparar. El Judas quedaba más que medio destrozado y entraban en acción los muchachos que los descolgaban y lo arrastraban por las calles del pueblo formando gran algarabía. No es necesario decir que al final del muñeco quedaba solo el recuerdo. 
Con el tiempo se fue debilitando la costumbre y se dejó de hacer como en muchos de los lugares en que alguna vez se hizo. En muchas localidades se desplazaron estas costumbres con las escopetas a los fuegos artificiales cuando se cantaba el Gloria. 

Desde las cuatro esquinas se hacían los disparos y al final estaba colocado el Judas

Las tradiciones que hoy día nos aparecen como arcaicas y hasta primitivas se tienen que mirar y tratar con la discreción y comprensión que marca el paso del tiempo

jueves, 30 de julio de 2020

LA TIENDA DE DIONISIO

(No he podido encontrar fotos de la tienda, las que acompañan al escrito son de mi tienda y materiales de la misma)

El mostrador y estanterías, corresponderían a las telas, a la derecha, los cristales corresponderían
a un escaparate

Llegamos a unos momentos en que Topares, día a día, aparece como más vacío, hay menos personas en sus casas y vamos perdiendo todo aquello necesario para la vida diaria de un pueblo.

Estos días vivimos la desaparición de la tienda que nos ha acompañado a lo largo de muchos años, la escuela pende de un hilo y la desaparición de ambas cosas en una localidad nos conduce a la lenta desaparición de la misma.

Estos días, trabajando desde mi atalaya personal he recordado que no siempre ha sido así, más al sentir un ruido casi continuo que me llegaba desde la calle Mayor, personas de un lado para otro, vecinos que se encontraban en la misma y hasta alguna conversación madrugadora que te sacaban del sueño matinal.

Otrora la calle Mayor era la principal del pueblo, os cuento brevemente el sentido de mi casa. Mis abuelos, por parte de mi padre, tenían la tienda en la carrera de Baza, pero entonces aquellos negocios con aires de importancia debían estar en la calle Mayor, así se construyeron mi actual casa poniendo en la misma la tienda, que aún conservamos tal cual.

Diferentes cajones donde se colocaban aquello que se vendía a granel

Pero quiero hablaros de otra tienda, la tienda que fue mi referencia en mis primeros años y la adolescencia, la “tienda de Dionisio”. Era de aquellas que en los pueblos se llamaban “colmados” y también “de ultramarinos” y que en Topares era simplemente “LA TIENDA”. La intención era señalar que era un comercio donde había de todo, para todo lo que se necesitara, desde ropa y calzado hasta ferretería o alimentación, eran los grandes supermercados de entonces.

Entrabas por una puerta de madera y cristal a la sala. La parte del público y la propia tienda estaba separado por un mostrador de madera que rodeaba toda la habitación. Enfrente de lo que era la puerta el mostrador estaba interrumpido para poder acceder de una parte a otra, esa parte tenía como una puerta horizontal y otra vertical para poder hacerlo todo mostrador.

Tomando de partida esa parte del mostrador que se podía abrir, a la derecha, encima del mismo estaban las cajas de galletas, pues entonces casi todo era a granel, yo miraba especialmente las de coco. A la izquierda estaba la parte principal de atención al público, con el papel de estraza, la balanza, la caja registradora, el émbolo del aceite, las garrafas de arroba del vino…


Aparatos de las tiendas de otros tiempos. El café se vendía a granel, en
las casas no había molinillo para moler, había que molerlo en la tienda.
Doy fe de que aún funciona y de tanto en tanto lo utilizamos.
El dispensador de aceite, es un émbolo que accionando la palanca que lleva al lado,
hacia un lado succiona el aceite contenido en un recipiente, al darle al émbolo en sentido
contrario, expulsa el aceite al exterior

Era una tienda completa que, sin ser exacto, se venía a dividir en tres partes. A la derecha de la entrada, telas de todas clases e incluso alguna prenda de vestir. En casi todas las casas se cosía, además había al menos dos mujeres que ejercían de modistas. El ambiente de la tienda ocupaba mi tiempo en gran parte del día y disfrutaba viendo como cortaban la tela, todo recto y con solo empujar la tijera,

Toda la parte frontal del mostrador estaba dedicado a la alimentación, a la entrada al interior del mostrador las cajas de fruta, las patatas, las grandes mantas de tocino, en los cajones los garbanzos, las habichuelas, los cacahuetes…

A la izquierda de la entrada lo que se podía considerar la ferretería, tornillos, púas, útiles para el campo, las linternas, las pilas de la radio, alpargatas, resumiendo todo lo necesario para el desarrollo de la vida diaria del pueblo.

Dos lugares más específicos y reservados, en el frente un armario con sus puertas con cristales donde se guardaban perfumes y algunos alimentos más delicados como chocolates o bombones. A la entrada a la izquierda una vitrina de cristal donde se exponían los productos propios para regalar y cuando se quería exponer algo especial, de la tienda o del pueblo.

A la izquierda del armario de cristal estaba la entrada para la casa en la que había una habitación en que se guardaba también cosas de alimentación, normalmente productos más delicados y que no se vendían continuamente.

Ya entrando a la casa, a la derecha estaba la escalera, bien empinada, que nos conducía a la bodega donde se guardaba grano, patatas, fruta, vinos, todo aquellos factible de almacenar. También estaba donde se amasaba el pan, pues en la tienda aparte de todo también tenía panadería.

En la calle Mayor, enfrente de la tienda, en la casa de la Salud había otro almacén que olía a salazones y embutidos, especies y productos de limpieza…


Curiosidades de antaño. Cartilla de racionamiento que tenía cada familia y en ella
 estaba lo que podía comprar, según hubiera o no de alguna cosa.
Dos tubos de colorantes para tintar telas y vestidos. Cuando se producía un luto
 era frecuente tintar los vestidos de negro para el luto

A lo largo del día el movimiento en la misma era continuo y en las tardes del otoño e invierno, al oscurecer a veces, a la entrada a la derecha, en el mostrador de la ropa se formaban tertulias en las que se hablaba del tiempo, de toros, de fútbol y a veces se insinuaban conversaciones de política en las que se resaltaba lo bien que lo hacía el régimen, todo era perfecto. Dentro de ese ambiente se creó una especie de club de amigos del ajedrez y se hacían frecuentes partidas.

La tienda la llevaban mi tía Encarna y mi tío Dionisio, pero la realidad es que el peso de la misma recaía en mi tío Cecilio y en Paco del dependiente. También acudía, cuando no estaba en otras faenas Emilio García Serrano.

Entre mi padre y su hermana Encarna había algo especial, así la tienda y su casa era también como la mía. Me encantaba estar por allí y a veces me dejaban “despachar” como se decía entonces. Una de mis mayores ilusiones era trenzar el papel de estraza con garbanzos, cacahuetes con la perfección con la que ellos lo hacían, cuando salía medio bien era el niño más feliz del contorno. También hacer una cuenta en la caja registradora, aunque admiraba la facilidad con la que sumaban ellos grandes cuentas en los mismos papeles de estraza. Con todo eso, de tanto en tanto, sin abusar, me sentía en el derecho de abrir la caja de las galletas de coco y comerme una.

Piensos en aquellos tiempos y a pesar de que ahora disfrutemos de muchas cosas, los recuerdo como maravillosos, cualquier insignificante detalle, cualquier pequeña cosa nos llenaba de ilusión y nos hacía felices.


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