El gran poeta Antonio Machado nace en Sevilla el 29 de mayo
de 1874. Transcurre su primera infancia en esta ciudad, trasladándose con su
familia a Madrid en 1883.
Asiste
a la Institución Libre de Enseñanza donde se encuentra satisfecho con los
principios de escuela adaptada al medio ambiente. No es, sin embargo, un
estudiante brillante. Eso sí, sus biógrafos señalan que asistió diariamente, durante veinte años, a la Biblioteca Nacional.
Consigue, por
oposición, una plaza de profesor de francés, siendo destinado a Soria, donde
llega por primera vez en la primavera de 1907, tras la breve visita torna a Madrid en espera del comienzo
del nuevo curso.
Vuelve en septiembre para incorporarse
definitivamente a su puesto de trabajo. Conoce a Leonor, sobrina del dueño de
la pensión donde se aloja.
Con su plena luz
amoratada
Sobre la plomiza
sierra de Santana
En una tarde de
septiembre de 1907,
Se abre en mi
recuerdo la pequeña
Y alta Soria.
Menuda y trigueña, de
alta frente
Y de ojos oscuros
¡Oh, celebrad este
domingo claro,
madrecitas en flor,
vuestras entrañas nuevas!
Se
casan el 30 de julio de 1909, ella con 15 años, él con 34. Ha sido un
prendimiento de su juventud, de su dulzura. Así viven felices y dichosos en la
Soria que tanto significaría en la obra del autor.
Consigue
una beca para perfeccionar su francés en París. Allí, el 13 de julio de 1911,
Leonor cae enferma de hemóptisis, por lo
que tienen que regresar buscando los aires limpios de la serranía soriana.
El
poeta cae en la desesperación, incluso trata de contagiarse de la enfermedad
para no tener que sobrevivirla. Coincide con la publicación de su libro: “Campos
de Castilla” que él le dedica: “A mi Leonorcita del alma”. Muere el 1 de agosto
de 1912, con tan solo 18 años.
Una noche de verano
-estaba abierto el
balcón
y la puerta de mi
casa-
la muerte en mi casa
entró.
Se fue acercando a su
lecho
-ni siquiera me miró-
con unos dedos muy
finos
algo muy tenue
rompió.
Silenciosa y sin
mirarme,
la muerte otra vez
pasó
delante de mí. ¿Qué
has hecho?
La muerte no
respondió.
Mi niña quedó
tranquila,
dolido mi corazón.
¡Ay, lo que la muerte
ha roto
era un hilo entre los
dos!
Su
recuerdo se apropia de su espíritu, a un amigo le escribe:
“Si
la felicidad es algo posible y real –lo que a veces pienso- yo la identificaría
mentalmente con los años de mi vida en Soria y con el amor de mi mujer, a
quien, como V. sabe, no me he resignado a perder pues su recuerdo constituye
el fondo más sólido de mi espíritu”.
Soñé que tú me llevabas
por una blanca
vereda,
en medio del campo
verde,
hacia el azul de las
sierras,
hacia los montes
azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la
mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi
oído
como una campana
nueva,
como una campana
virgen
de un alba de
primavera.
¡Eran tu voz y tu
mano,
en sueños, tan
verdaderas! …
Vive, esperanza,
¡Quién sabe
lo que se traga la
tierra!
Vive
en su presencia pero también se rebela ante la muerte cruel de su amada, ¡Tan
joven, tan dichosa!
Señor ya me
arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios
mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo,
Señor, contra la mía.
Señor, ya están rotos
mi corazón y el mar.
“¿Por
qué los hombres, en vez de matarse los unos a los otros, y de odiarse, no hemos
de estudiar la manera de conservar la vida a los jóvenes? ¿Somos demasiado
torpes o demasiado pequeños?-
Termino
esta introducción con una carta que escribe a Unamuno, la que he leído, estos
últimos años, una y otra vez:
“La
muerte de mi mujer dejó mi espíritu desgarrado. Mi mujer era una persona angelical segada por la
muerte cruelmente. Yo tenía adoración por ella; pero sobre el amor está la
piedad. Yo hubiera querido mil veces morirme a verla morir, hubiera dado mil
vidas por la suya. No creo que haya nada extraordinario en este sentimiento
mio. Algo inmortal hay en nosotros que
quisiera morir con lo que muere. (…) El
golpe fue terrible y no creo haberme repuesto. Mientras luché a su lado
contra lo irremediable me sostenía mi conciencia de sufrir mucho más que ella,
pues ella, al fin, no pensó nunca en morirse y su enfermedad no era dolorosa.
En fin, hoy vive en mí más que nunca y algunas veces creo firmemente que la he
de recobrar. Paciencia y humildad.”
Hoy, 24 de septiembre, hace dos
años de que Rosario se marchó, también calladamente, llena de vida e ilusión.
La muerte no solo se la llevó, también destrozó nuestra felicidad, nuestro
sueño. Como sin quererlo, silenciosa, la
muerte, pasó a nuestro lado y rompió ese lazo que nos unía, esa magia que nos
envolvía, ese amor que nos desbordaba.
Y como dice Machado, hoy vive en
mí más que nunca y su recuerdo, su presencia crece día a día, hora a hora y,
también creo, pienso, anhelo que en cualquier momento la sienta entrar por la
puerta, o bajar las escaleras, o sentir su dulce voz llamándome, despertándome
de este sueño atroz.
24
de septiembre de 2013.
Sé que las palabras de poco sirven ante un sentimiento tan profundo de ausencia, y el tiempo no acaba de mitigar el dolor, ante el recuerdo omnipresente y necesario de la persona amada. Te dejo sin embargo unas palabras —también— de Machado, que no han de ser un consuelo pero tal vez sirvan de reflexión, porque la vida sigue en nosotros y en nuestros hijos:
ResponderEliminarDice la esperanza: un día
la verás, si bien esperas.
Dice la desesperanza:
sólo tu amargura es ella.
Late, corazón... No todo
se lo ha tragado la tierra.
¡Un fuerte abrazo!
KRT
Gracias Ramon, saber que tienes a tu alrededor amigos que te estiman te ayuda a seguir en el camino.
EliminarLa muerte es individual, no es siempre la misma y no participa de sentimientos colectivos. Es cruel y puñetera para el finado; pero el dolor y la angustia, la desesperación es para los que quedan. Y como le dice a Unamuno, mientras no llega te queda la satisfacción de que el dolor y el sufrimiento son tuyos. Rosario en sus últimos días, hablaba de cuando nos fuéramos a casa, de que al salir había que hacer esto y aquello. Yo, sabiendo ya el desenlace, tenía que tragarme el dolor de saber que asistía a sus últimas palabras, sus últimos chistes, que los dijo, sus últimas sonrisas, que me las ofreció. Tú, mientras tanto impávido, como si te quedaran ilusiones, como si realmente existiera el mañana. Por eso el dolor, la angustia se quedan aquí. La alegría, la sonrisa se van con ella.
Nuevamente gracias. Un abrazo
Alfonso, como me duele no saber responderte como mereces. Si te tuviera delante solo sabría darte un abrazo, nada más.
ResponderEliminarEn cuanto a Antonio Machado es, junto a Miquel Hernández y Lorca los preferidos en lengua castellana para mi, quizás se deba a que mi madre me hablaba de ellos y recitaba en voz bajita sus poesías. Ya sabes, en aquellos tiempos no se podían hablar en voz normal, ni de ellos ni de otros que fuesen catalanes. Como perdimos el tiempo querido amigo, y aun gracias que en los pueblos había un poco más de “manga ancha” pero en Barcelona era radical todo. El falangista, el cura, el alcalde de barrio, y el profesor era como un pack donde lo que se aprendía más es a estar callado, y si entre alguno de nosotros, los alumnos, conocíamos a las familias respectivas pues a no ser chivato. Esto último se que en los pueblos también pasaba.
Un gran abrazo.
Gracias Josep por hacerme sentirte cerca. Para mí es una alegría, también, cuando te activas después de tus particulares pausas en el Clinic.
EliminarHablas de otros tiempos, pero sabes, a pesar de todas las circunstancias y dificultades, estaban vivos en el pueblo, nunca pudieron hacer callar su vos voces. García Lorca, en la inauguración de la biblioteca de su pueblo, en su discurso dice:
"No solo de pan vive el hombre. Yo si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social."
Tenían muy claro que la cultura y el saber liberan a los pueblos. Por eso no es raro que nuestros políticos no entiendan a los pueblos que piden su libertad, pues no creo que lean mucho a estos maravillosos poetas.
Un abrazo