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sábado, 25 de marzo de 2023

FELICES NOVENTA AÑOS

 

Noventa años cumples. Desde la infancia tenías la cara de formalidad, desde pequeñas eras responsable de tus hermanos, y de todo lo que fuera necesario. Que suerte hemos tenido los que nos hemos criado bajo tu protección.

Joven te casaste y junto a papá creasteis una familia de amor y felicidad. A nosotros nunca nos llegó las posibles preocupaciones o tensiones. Disfrutábamos de un ambiente de encanto.

Tenía que buscarte una sonrisa. Pues también eras capaz de desarrollar alegría para ofrecérsela a los demás. Mirando que nadie tuviera motivo para considerarse desdichado. Queriendo que todo el dolor fuera para ti y que los que te rodeaban no sufrieran nada.

No podías parar, no puedes parar, siempre en la faena. Tienes 7 años cuando empiezas a hacerte cargo de tus hermanos. Después, en la casa, asumiendo todo el trabajo. Cuántas veces pienso en los años de Murcia, qué valentía, decisión, nada se te hacía grande. Por fuera todo era alegría y tu sola sufrías todos los problemas que surgían. Con tal de que nosotros no nos enterásemos, tú cargabas con todo. Con tu esfuerzo no nos faltaba de nada y así salimos adelante. Gracias.

Al final llegaron los nietos y te llenaste de felicidad. Siempre te han sobrado energías y ahora también estabas para todo lo que hiciera falta, dedicándote a ellos en cuerpo y alma. Ahora nos llena de ilusión ver como ellos te adoran.

Cada uno diferente pero los dos iguales para tí. Me encanta ver la complicidad con ellos, siempre ofreciéndoles aquello que desean, buscando su felicidad, queriendo a sus parejas, procurando que su estancia en Topares sea paradisiaca.

Hace poco has recibido uno de los regalos más ilusionantes, más deseados, un biznieto, Gonzalo. Tu cara lo expresa todo y parece que él queda maravillado de estar en tus brazos. Siento que con él has vuelto a nacer y conociéndote, dispuesta a empezar otros noventa años y nosotros dispuestos a disfrutarte.

Hoy, 25 de marzo has cumplido noventa años manteniendo el mismo espíritu de sacrificio de siempre, el mismo ánimo, las mismas ganas de ayudar, de ser útil, por eso todos los que te rodean queremos seguir disfrutando de tu presencia. Estoy muy orgulloso de que me hayas dado la vida, de que seas mi madre. Te quiero, te queremos.













lunes, 24 de febrero de 2020

Topares


Fotografía de hace muchos años, el fotógrafo puede que fuera el hijo de Ildefonso, que  han sido fotógrafos en Elche.. Los muchachos estarán ahora bien adentrados en los cincuenta, luego ya han pasado algunos años.

Con frecuencia tenemos la sensación de que siempre tenemos la misma edad, que por nosotros no pasa el tiempo. Inocente ilusión, dejemos a parte los achaques habituales de la edad, los dolores del cuerpo, las limitaciones del movimiento, nosotros mismos, en pequeñas cosas nos damos cuenta de que formamos parte del mundo de los mayores.
Coges una fotografía antigua, compruebas que los conoces a todos, para darte cuenta a continuación de que la mayoría de ellos ya no se encuentran entre nosotros. Al momento piensas que ahora eres tú el que forma parte de ese mundo de los mayores, aunque nos digamos que todavía somos jóvenes. Cuando ya no conoces a los más jóvenes y lo tienes que sacar por el abuelo o la abuela: “Es nieto de…” “Ah, ya…”
El mismo Ildefonso el fotógrafo, Gabriel, Miguel, Juan el Carrero, Agustín, mi padre, Gaspar, Patrón, Antonio de la Maravillas, Juan José, Pedro el Chófer, Julián, Dionisio, Antonio, Juan José  , José María.
Menos mal que la presencia de jóvenes y niños hacen que te reconfortes con el tiempo.
Mi agradecimiento y admiración a todos los que nos han precedido. Ellos han hecho posible el Topares que hemos recibido y mi deseo para que dejemos a los venideros un Topares aún mejor.
Con éste inicio, es mi deseo, una serie de escritos dedicados al pueblo, sus lugares, su historia, sus costumbres, sus gentes.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Feliz año

Topares visto desde el camino de Macián, allá por el año 1933.
El árbol parece ser el almendro de mi abuelo Vidal


Como va languideciendo el viejo año,
en el horizonte se dibuja un nuevo amanecer
lleno de propósitos e ilusiones.
Mis mayores deseos para que ese tiempo venidero
esté lleno de alegrías y satisfacciones
                                                                                                                               Topares 2019  

domingo, 5 de febrero de 2017

FÚTBOL

Dentro de los juegos, dos de los más importantes y qué, cuando nos juntábamos casi todos los niños y mozalbetes del pueblo era lo máximo, eran el fútbol y la guerra.


Estábamos un grupo de 8 o 10 muchachos en el que el fútbol era prácticamente diario, todas las tardes, aunque solo estuviéramos tres o cuatro nos acercábamos a las eras, sobre todo la de Rafael de la María Josefa y en la que había por encima de la gasolinera pasando allí una y otra tarde. En el momento en que estuviéramos tres o cuatro para cada equipo ya teníamos montado un partido. Jugábamos con toda nuestra intensidad, no nos gustaba perder, más de una tarde acababa en maraña, pero eso sí a los cinco minutos estaba todo olvidado.


 Los cuatro o cinco abonados a “combinar”, tratábamos de emocionarnos jugando a ser jugadores famosos. Empezaré por mí mismo. Nunca he sido atlético, la condición física no ha sido mi fuerte, pero todos los deportes se me han dado bien, yo creo que es algo frecuente en los que hemos estudiado internos en colegios, ante tantas horas de patio no había muchas más salidas que los deportes.  Se me daba muy bien el tenis de mesa, también simplemente el tenis, para el baloncesto era un base aceptable para la época y hablando del fútbol tenía un buen toque de balón y visión del juego. No me gustaba la defensa y jugaba de medio adelantado, también a veces de portero y paraba bastante. Pero eso de entrar fuerte o de que me entraran a mí con fuerza, nada de nada, no entraba al choque y siempre quitaba la pierna, De regatear poco y mi alías era, nada más y nada menos que Distéfano.
Pedro Pérez-Hita, aunque un poco menor que nosotros, también era de los permanentes en las tardes futbolísticas, adolecía de lo mismo que yo, fuerza y dureza. Tenía muy buen toque y te podía dejar sentado en un palmo de terreno, jugaba muy bien, para nosotros era Pelé.


El jefe de todo el plantel era el Pedrito de la casa Ortega, con todo el cariño del mundo para todos nosotros “Veneno”, muy por encima de los demás en toque, en fuerza, en colocación, en el juego, quizás si entonces se hubiera entendido eso de que para alcanzar los sueños hace falta, por parte de muchos, sacrificio, podría haber llegado a jugar en algún equipo, al menos de segunda. No le tenía miedo a ninguna entrada ni lance del juego y que no te hiciera ninguna a ti, pues te acordarías unas cuantas tardes. Él no necesitaba alías, pero siempre lo relacionábamos con algún jugador como Asensi, de mucha fuerza y pulmones.
También se acercaba a jugar con nosotros Ricardo, que ya empezaba a mostrar la escasez de pelo en la cabeza, desarrollaba un correr cansino y era como el padre de todos. En Inglaterra había un jugador mítico, Bobby Charlton, uno de los que salvaron la vida en el accidente de avión del Manchester United en 1956, jugó hasta bastante mayor y tenía una clase magnífica, para nosotros Bobby Charlton era Ricardo.


Pero había días importantes en que nos juntábamos bastantes para jugar al fútbol y entonces nos íbamos al campo de verdad: al “prao”. Los jóvenes de ahora no habéis llegado a verlo como prado, era el campo de fútbol del pueblo, incluso cuando en Topares tenía su equipo de fútbol. Tenía sus porterías y en esa hierba fresca dejábamos correr nuestras piernas y nuestra imaginación, que nos llevaba a pensar que en ese momento corríamos la banda del Santiago Bernabeu o del Nou Camp, para nosotros era un campo de hierba como los de verdad. Allí corrimos, nos caímos, nos pusimos la zancadilla, nos lanzábamos de porteros buscando una gran parada, nos sentimos famosos, nos alegramos, lloramos la derrota, nos peleamos, nos perdonábamos. Era nuestro campo y como pequeños no entendíamos las cosas de los mayores, que aquello no era nuestro, que aquello tampoco era del pueblo, que el prado tenía sus dueños.
Cuando el desarrollo de la maquinaria lo hizo posible, sus legítimos dueños hicieron una zanja a lo largo de todo el prado para que recogiera las aguas que le llegaban y se pudiera sembrar. Así, tristemente, un día nos encontramos que nuestro amado campo de fútbol estaba labrado y, amargamente, descubrimos que nuestro particular estadio no era nuestro, ni del pueblo. Aquel día murió nuestro sueño de llegar a ser Gento, Kubala, Pirri, Pelé, Beckenbauer, Amancio, Asensi, Marcial, Gallego, Puskas…

Recuerdo con especial cariño un domingo de esos de jugar en el “prao”, éramos un montón y fue un partido de aquellos de campeonato, recién colocadas porterías nuevas, tres palos, uno de los sueños era tener unas redes, nunca se cumplió. Fue un gran partido, acabamos todavía con sol y nos subimos para el pueblo, igual para ir a la misa de la tarde. Al llegar al salón nos lo encontramos lleno, a tope, daban la final de la Copa de Europa de Naciones, aquella que ganaron por 2 a 1 a Rusia, con el gol mítico de Marcelino, además marcado a uno de nuestros ídolos de entonces, Yasin, el portero ruso. Ninguno se cabreó, ni mostró especial entusiasmo, para nosotros el partido importante y decisivo era el que habíamos terminado de jugar en el “PRAO”.

viernes, 6 de enero de 2017

Juegos y juguetes

Fotografía de J. Angel Castaño

Me sitúo en el inicio de la década de los sesenta, cuando se desarrollaba mi infancia. Me hallo en un pequeño pueblo alejado de las grandes ciudades, Topares, donde las cosas siempre llegaban después, mucho después.
Soy un infante que tiene todo un universo a su disposición para el juego, cuando el juguete no ha adquirido sentido propio, solo supeditado a ser herramienta del esparcimiento. Cuando los reyes magos llegaban a un pueblo tan lejano, ya sin juguetes, pues lo habían ido dejando en las otras localidades. Solo les quedaban: naranjas, mantecados, algún calcetín y a veces unas zapatillas o cualquier jersey.
Pero parece que también nos portaban ilusiones para seguir jugando, espacios infinitos para desarrollarlos, sin más límites que la llegada de la noche, ni más inconvenientes que alguna lluvia inoportuna o algunos copos de nieve resplandecientes.


Pero las lluvias nos traían charcos y era el momento de fabricarnos unos zancos con dos botes de leche: dos agujeros en la tapa, y dos cuerdas y ya tenías el juguete para poder chapotear en el agua. Aún recuerdo, como si fuera ahora mismo, el día que vino algún muchacho de fuera, cuando se formaron los charcos salió con sus botas de goma, “katiuskas”, les llamábamos. Se puso a juguetear pisando en el agua y todo un coro de niños asombrados de lo que veían no lograban apartar sus ojos de aquellas botas mágicas. Al menos yo, cuando llegué a casa, pataleaba llorando pidiendo que me compraran unas “katiuskas”.
Desde las casas había una orden clara; cuando dieran la luz del molino a recogerse. Tu suspirabas porque la luz fuese tenue y amagara algún destrozo de la ropa o la suciedad adquirida de jugar toda la tarde a las bolas, algunos con suerte podían tener bolillos de los cojinetes de los coches. De canicas nada, en aquellos años en Topares jugábamos en blanco y negro, el color todavía no había llegado.
Según te tocara tenías que ayudar a que la bola corriese o a que la bola frenase, el primero que dijera “sucio” o “limpio” se afanaba para conseguir su propósito. Así limpiabas el suelo de tierra hasta que pareciera una patena o aporcabas tierra al camino de la bola o el bolillo hasta que dificultabas su marcha. Manos y ropas entraban en un contacto continuo con la tierra, hasta llegar a tu casa como un eccehomo de suciedad y procurando que la madre no se diera cuenta del estropicio.

Claro que no todos los días la tarde era tan rastrera. Igual habías cogido tu aro, que muchas veces, casi siempre, llamábamos “rulo”, y con algún amigo transitabas por caminos y veredas de tierra y piedras y acostabas en las curvas el aro soñando que eras un piloto de carreras o sorteabas obstáculos como contaban que tenías que hacer para sacarte el carnet de la moto. Solo se trataba de hacer confluir la actividad con la imaginación para crearte un mundo mágico de ilusiones.

En los soleados recreos primaverales de la escuela podías jugar a bailar el trompo, en otros sitios peonza. Ver cual duraba más, intentar cogerlo con la cuerda, bailarlo en la mano, lanzarlo de un lugar a otro y que siguiera danzando, todos juegos de habilidad que cuando conseguías te inflabas de orgullo y pasabas la vista sobre tus adversarios reclamando tu superioridad. Cada vez que conseguías un éxito en el juego te hacía sentir un poco más mayor y el tiempo avanzaba hacia otros juegos que te configurarían otros tiempos.


En algún momento, tu padre, tu abuelo, el hermano mayor te harían un tirachinas, de madera o de alambre fortalecido y gomas de ruedas que fueran fuertes. Poco a poco irías aprendiendo a lanzar piedras con más fuerza y con más tino, probando a abatir algún pajarillo instalado en la copa de algún árbol no muy alto. Para llegar al árbol de la iglesia, eterno, su copa alzada hacia el firmamento y vigilando por si por el callejón que sube del caño aparecía el cura y te requisaba el tirachinas, con la argumentación de que las piedras caían sobre el tejado de la iglesia y se rompían las tejas.

Con la llegada de la semana santa, el domingo de ramos en la procesión se portaban palmeras y con sus hojas confeccionaban pirámides y lagartos. A los pequeños nos la iniciaban los mayores, a veces el resultado era más bien un churro, pero en nuestros pocos años quedábamos contentísimos. Sobre todo, el juego consistía en que nosotros, inocentes, engañábamos a algún mayor para que metiera un de do en la boca del lagarto. Con la elasticidad de la palma, cuando más tirábamos de la cola para sacarle el dedo, las hojas más se cerraban sobre el índice normalmente. Nosotros reíamos, y los mayores también de ver las monerías del pequeño.

Fotografía de J. Angel Castaño


Todo eran ilusiones infantiles que llenaban nuestras cabezas de imaginación y que si queréis podéis evocarlas visitando la exposición "Así Jugábamos" en el Museo Comarcal Miguel Guirao de Velez Rubio

sábado, 24 de diciembre de 2016



Con esta imagen de Topares de 1932, recordando todo lo que
ha sido y a todos los que han pisado sus calles y sus campos,
quiero desearos unas felices fiestas y que 2017 sea una año
lleno de ilusiones y satisfacciones

jueves, 10 de noviembre de 2016

A Almería

Al fin pasó el verano y el otoño camina hacia su parte final. En total han sido cinco meses de estancia en Topares, tiempo que no había pasado seguido en el pueblo desde que salí para estudiar con diez años.
Han sido muchos días, uno tras otro, días para todos los gustos y maneras. Todo comenzó con mucha ilusión, pero fue languideciendo hasta terminar por desear vehementemente en final del periodo.
He estado bien pero no he estado bien. He disfrutado pero no he disfrutado. Aquello que parece que va bien pero resulta que siempre te queda un poso de tristeza. Todo dentro de una dicotomía, querer huir y no querer.
Es una situación difícil de entender, allí en parte lo tengo todo, pero algo invisible me falta que me atormenta y no  me deja complacerme, quizás sea ese espacio concreto que cada uno nos fabricamos en nuestra morada. Quizás sea la falta de una libertad que allí me cuesta encontrarla.
Puede ser que todo lo causen esos rincones que tenía muy plenos y que no hay manera de poblar con nada, o también  que el vivir en soledad me ha llevado a ver la vida en singular y allí no era posible.
Es también una sensación como si mi cuerpo se entristeciera mucho, pero no es de pena sino de vejez, la impresión de que antes de irme de un lugar ya me había ido, la de no estar ni dentro ni fuera. Así las noches se sucedían sin dormir bien, agobiado con tantos recuerdos del pasado y de tantos proyectos de futuro.
Ya estoy en Almería y trato de recomponer mi triste figura. Mi mujer no aguantaba mucho tiempo con la misma distribución y decoración de la casa. Muchas veces sentía que había que renovar ilusiones y cambiaba todos los muebles de sitio, ella sola en muchas ocasiones. Parecía que un nuevo aire ocupaba la estancia.

Nada más llegar a Almería así he hecho. He subido mesas y sillas para Válor y me he bajado otras, ahora estoy como un niño con unos zapatos nuevos, un niño de antes, cuando se estrenaba unos zapatos en toda la infancia. Bajo la cálida luz de un flexo, trazo estas líneas con ilusión de un invierno productivo.








jueves, 6 de octubre de 2016

RECUERDOS 1

En mis años de infancia no recuerdo  tener frio, tampoco calor. No tenía hambre, ni me levantaba con sueño. No   me aburría, ni me importaba que lloviese o nevase. Parece que todo lo físico no hubiese existido, cuando seguro que fue.
Pero los recuerdos de crío  reverberan en mi memoria. Recuerdos de juegos en los recreos de la escuela, desarrollados en el patio que demarcaba todo el pueblo.
Recuerdos de batallas imaginadas donde no moría nadie y todos nos considerábamos héroes. Imágenes de noches de verano estrelladas jugando a las cuatro esquinas.
Mis tiernos años están llenos de secuencias en las que la distracción con los demás niños se llena de  estampas y sensaciones.

Se dibujan  retratos de partidos de fútbol, en diversos campos, como eran las eras o, en los días grandes, el prado. Cuando contar con un balón de cuero te hacía amo del tiempo y del juego. Correr detrás de la pelota soñando ser Distéfano, Kubala, Pelé, Pirri, Asensi… o lanzarte a parar el esférico en el suave colchón del bálago creyendo ser Iribar o Yasin. Pero sobre todo jugar, compartir, eso sí, solo hasta que viniera la luz que nos proporcionaba el molino. Esa era la señal convenida en las casas para marcar el tiempo de juego en la calle. El recreo permanente había terminado, los chiquillos a la casa.




Recuerdo y sueño las tardes de toros. Medio pueblo, que entonces era mucho más que el pueblo entero de ahora, en el salón parroquial, el que se hizo con el esfuerzo y la aportación de toda la parroquia. Provistos de la correspondiente merienda y rezando para que esa tarde no entraran las interferencias. Las insoportables rayas que nos impedían ver el espectáculo y que a veces nos obligaban a imaginar pases y lances, culpando de todo a las emisoras moras, que nadie sabía que eran y que nos llevaban, a veces, a soportar dos horas de contornos e incertidumbres.
Pero todo lleno de sueños y quimeras, unidos en la suerte o la desgracia de poder disfrutar de la tarde o no, partidarios de unos y otros: del Cordobés, de Diego Puerta, del Viti, de Paco Camino, mientras en la hora del triunfo, los pequeños fantaseábamos con los brazos hacia el cielo y llevados en hombros de las gentes hasta la puerta del Mercedes o el Doge, máximo símbolo de la época del éxito. Visionando riquezas y alabanzas, lo que en la mayoría de las ocasiones nos llevaba a terminar en nuestro propio festejo. Donde por turnos pasábamos por ser toros, toreros, banderilleros o picadores. Protestando, como toreros, cuando algún toro salía más con idea de fastidiar que de colaborar a nuestro éxito.



Así, entre sueños y quimeras llegaba nuevamente la venida de la luz del molino y parecía que, como si de la mili se tratase, un toque de retreta nos llevaba invariablemente a recogernos en la casa, saboreando los oles de la corridas y dispuestos, desde el mismo momento de levantarnos,  a ser felices un día más.






Imágenes sacadas de nternet. Se retirarán a petición

viernes, 23 de septiembre de 2016

PARÁBOLA




En la España rural profunda, esa en que las localidades, los pueblos se mantienen con muy pocos habitantes, cuando sus vecinos son en su mayoría pensionistas y los que no, se han apuntado a las subvenciones, cuando solo unos cuantos jóvenes y menos jóvenes luchan por encontrar nuevos caminos, expuestos como todos al error, a la equivocación, pero conscientes de que hay que probar, luchar.




 Digo en esos pueblos nos encontramos siempre con los situados, los que vienen en busca de la tranquilidad, de lo que no se mueve, de lo inalterable, de encontrar lo  mismo que nos dejamos en un  tiempo ya pasado. Los que gozan de buenas pensiones, de edad o enfermedad, los que ya no les importa que el pueblo crezca o permanezca anquilosado, en la vejez, con el único propósito de continuar siendo los reyes, donde la buena vida les pille de lleno, sin la incertidumbre del futuro.






Sin importarles el devenir de las gentes del pueblo, a ellos, jubilados, pensionistas, subvencionados, qué les importa los demás. Solo buscan el pueblo inmerso en la inmortalidad, en la inmutabilidad. No les agrada la diversidad, le es importante la conservación de las familias. Con las limosnas de los domingos ya cubren su conciencia de solidaridad. Pero a la vez buscan la muerte lenta del pueblo para poder sentirse siempre como los privilegiados, con la gracia de vivir sin ruidos, sin sobresaltos, sin otras culturas, sin contaminación, sin oposición, PERO TRISTEMENTE TAMBIEN SIN VIDA



















Fotografías de internet, serán retiradas a petición

miércoles, 7 de septiembre de 2016

topares


Topares, amado, deseado, imaginado, individualizado, disfrutado.
Ondulaciones que te acarician en el calor de la mañana, como en la brisa de la noche.
Caminos abiertos al horizonte, líneas rectas evidentes en las olas de los campos madurados por el sol y bañados, de tanto en tanto, por el agua generosa de la lluvia.
Para así poder transitar de los dorados estivales a los ocres y pardos colores invernales que nos permitan renacer en los primaverales terciopelos llenos del verde esperanzador de la vida.
Caminos que se diversifican hacia todas partes y que en el regreso confluyen todos en una idea, nuestro anhelo: Topares.
Topares, dueño de los sueños. Dibujado en miles de evocaciones de multitud de corazones alejados. Y que permanece siempre quedo, en la espera, aguardando la tornada,  dispuesto a acogernos entre sus brazos y darnos todo su candor

jueves, 1 de septiembre de 2016

UN SUEÑO



Foto de Avelino Ramírez

Los trazos verdes marcan la diferencia entre políticas de impulsar o de ahogar

Hemos llegado al final del verano topareño, desde el 1 de junio me encuentro en el pueblo y aún no sé cuándo encaminaré mi cuerpo hacia las tierras almerienses o de Válor.
Pero aunque físicamente aún me sitúe aquí, mentalmente ya hace unos días que inicié un exilio mental que no sé cuánto me llevará en volver a sentirme totalmente de las cosas y las circunstancias de Topares, a pesar de que  mi corazón añore a cada momentos sus calles, sus aires y sus olores.
Añoro otros tiempos en que en Topares se formaban con enorme ilusión listas al ayuntamiento de independientes, marcando las diferencias con ser de Topares o de Vélez. Independientes porque no iban tutelados por ningún partido y, aún más importantes, independientes porque en sus seres estaba la semilla de sentirse algún día libres de la opresión de un pueblo que nos mantenía atados y olvidados.
Todo era fruto de aquello que siempre nos enseñaban nuestros mayores: “Nunca esperéis nada bueno de Vélez Blanco”, claro que tenían mente y memoria.
Recordaban como tenían que acudir, con sus bestias, a las ferias de ganado de Vélez Blanco, obligatoriamente, para darles esplendor e importancia. Sabían de las manifestaciones de sus próceres cuando en la visita del gobernador de 1965, decían no saber que pedían los de Topares siendo tan ricos, deducción que hacían al ver tanta maquinaria exhibida. Vieron como cuando llegó la hora de asfaltar la carretera, no tuvieron en cuenta los intereses de Topares y asfaltaron desde allí y, qué casualidad, allí era donde estaban sus fincas, cuando a nosotros nos venía mucho mejor que lo hicieran desde el pueblo que nos acercaba más a los otros pueblos.
Qué lástima que la memoria sea tan débil, qué lástima que aquellos que soñaron en independiente ahora trabajen o instiguen a favor de Vélez Blanco. Como puede ser tan fuerte la envidia o la inquina para entregarnos mansamente en las manos que siempre nos han maniatado, para dejar que nos cierren una posibilidad de futuro.
Qué pueblo somos cuando asistimos impávidos a que nos digan que por sus co… (atributo machista) no se pone una lechuga más en Topares. Ni leyes, ni normativas rigen para nosotros, solo los co….. de un señor.
¿Topares, dónde ha ido a parar tu orgullo de pueblo señor?, tu espíritu de libertad, dónde has dejado tu sentido de unidad, dónde vas, despierta y no dejes que nuevos caciques, aliados con los de siempre, nos conviertan en un pueblo subvencionado, en un pueblo sin futuro. Revive tu sentido de independencia, esa idea que nos ha sido transmitida y que nosotros debemos transmitir. Esa ilusión que sabemos imposible pero que nadie nos podrá matar, soñemos, todo cuanto podamos, con un Topares libre, con un ¡¡TOPARES INDEPENDIENTE!!



viernes, 15 de enero de 2016

NOCHE DE ILUSIÓN

A pesar de mi edad, en la que muchos creen que ya no caben las ilusiones de los reyes, cuando llega la noche del 5 de enero, mi espíritu se llena de magia, de quimeras con la llegada de los magos. Los Reyes Magos son los únicos que tienen nombre propio y no necesitan que los numeren para identificarlos.


Presagiando que ya no me toca que me traigan regalos, nunca perderé la ilusión de que en algún momento alguien se acuerde de mí y me sorprenda con el cariño de la generosidad. Los amigos, la familia, el amor, siempre espero de su magnificencia.
Topares es diferente, todo se desarrolla como si de una gran familia se tratase, y esta noche no es diferente, Sus majestades llegan a pie, a través de las diferentes sendas del amor, se reúnen ante todos y se entremezclan con los vecinos como uno más de esa gran familia. Los infantes se acercan confiadamente, reciben muestras de afecto y juntos, cogidos de la mano se dirigen a darles la bienvenida.






Y sí, en Topares también tenemos Reyes Magos, no importa que sean solo 15 o 20 nenes y nenas, ellos también se merecen vivir la ilusión inocente de esa noche, no reparando en mostrar delante de todos la alegría de recibir aquello que esperan, incluso la decepción cuando los magos no han sabido leer acertadamente su carta.




También los grandes miramos con ojos ávidos, mostrando nuestra propia ilusión, participando de la ilusión de los niños o añorando otras noches, a través de los tiempos, que hemos vivido las mismas emociones.

Cuando las majestades marchan a seguir su faena, nosotros continuamos reunidos gozando de la tertulia y disfrutando los juegos y alegrías de nuestros pequeños vecinos.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Felicidades

Después de muchos días sin asomarme a estas páginas, quiero aprovechar la llegada del fin de año y la amanecida en el horizonte del nuevo periodo para retomar mi actividad en el bloc.
Nunca encuentras el motivo por el que llega un momento en el que parece que las palabras huyen de tu pensamiento, de tu vida y expresar con la pluma la emoción más primaria se asemeja a enfrentarse a una montaña insalvable.
Quiero, llegados hasta aquí, compartir con vosotros mis deseos de felicidad para todos. Puede que el año no haya sido lo mejor posible para cada uno, a pesar de ello que la alegría os invada y que esa satisfacción la sepamos compartir y transmitir a los demás.
Así como que nuestras ilusiones se renueven y florezcan en colores primaverales con todo su esplendor. Que el nuevo año se llene de quimeras y alegrías.
Por todo ello, hoy, quiero empezar a cumplir mi sueño de estar más presente entre vosotros y que las palabras vuelvan a brillar y fluyan como las aguas de los ríos que buscan su mar.

Reitero mis deseos de felicidad para todos y que el año que inauguramos sea de ventura para vosotros.


Siempre tendremos un estrella en el firmamento...


que nos guíe, nos ilumine y refleje nuestros sueños


Nuestra vida se debe llenar de colores que nos iluminen la noche



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