Joan Margarit, que además de poeta es
arquitecto, congregó en los sótanos de la pastelería a gran número de personas,
en una de las sesiones más concurridas. Nacido en 1938 inicia su andadura poética
en castellano, para posteriormente pasar al catalán, desde el que traduce las
obras al castellano, pero con entidad propia. Así el título en catalán: “Des
d’on estimar” se convierte en “Amar es dónde” o “Els primers freds” en “El
primer frio”. Nos habla con claridad de la lengua que es desde el nacimiento y
la lengua que es de cultura y asevera categórico: “La lengua que nada más lo es de cultura no es
determinante”.
Con relación a su trayectoria poética
escribe: “No
renuncio a nada de lo que tengo y que he ido adquiriendo durante mi viaje
poético”.
En 1954 se traslada con su familia a
Las Islas Canarias y a partir de 1956, alterna con Barcelona donde continúa sus
estudios, de esta relación con otra tierra, hace esta interesante reflexión: “Cuando
llegas a una tierra, a una ciudad que no es la tuya y te acabas ganando la vida
y progresando, te produce una alegría inmensa el intentar integrarte, de ser
uno más entre sus gentes …. la importancia de penetrar lo más profundamente
posible en la lengua y la cultura del pueblo que te acoge”.
Afirma con contundencia que la poesía
es la más exacta de las letras, como las matemáticas son las más exactas de las
ciencias. Así continúa estableciendo que tenemos un poema cuando: “Si en
un poema se saca una sola palabra, o se cambia por otra y no pasa nada, es que
no era un poema”. Añadiendo: “Un poema ha de decir justo lo que necesita su
lector o lectora”.
Fue una dulce y bonita tarde poética,
en la admiración a un hombre que a sus 78 años transmite tanta vida y energía y
que se movía por el imaginado estrado como un emérito profesor.
Los dos, Joana, nos acostumbramos
a que esa lentitud para bajar
del coche con muletas, desafíe
los abstractos insultos de los
cláxones.
Tu compañía es mi serenidad:
la sonrisa de un cuerpo tan lejano
de lo que siempre se llamó belleza,
la penosa belleza, tan distante.
Elegí en su lugar la seducción
de la ternura iluminando el hueco
que la razón dejo en tu cara.
Cuando me miro en el retrovisor
veo unos ojos que no he visto nunca,
pues brillan en ellos el amor que dejan
tantas miradas, y la luz, la sombra
de lo que he visto y la paz que trae
tu lentitud, que está dentro de mí.
Tan grande es la riqueza
que no parecen míos los ojos del espejo





