lunes, 1 de octubre de 2012

Topares, punto de encuentro 1





A Rosario, que ha sido mi luz,
me ha enseñado a amar lo sencillo,
el aire, la tierra, la callada.
    
 Cuando escribo siempre encuentro una dificultad manifiesta para encontrar las primeras palabras con las que empezar el texto. Más, cuando lo que intento es contar actividades a partir de las sensaciones que me produce un lugar que llevo dentro: Topares. Pretendo evidenciar cómo el paso de los años me va acercando a lo profundo, a lo sustancial, lejos de los años juveniles, en que esa esencia no alcanzaba a vislumbrar.
En los años de plena juventud los sucesos que acaecen  marchan a tanta velocidad que no hay tiempo ni tranquilidad para analizar las sensaciones y emociones que transmiten. Por eso me formaba una visión de Topares permanente, quasi anclado en el tiempo, a lo más, lo veía curioso, sin ver más allá de la armonía familiar, de la relación con los amigos, de la riqueza que aporta tu propia vida, tan importante en esos años. Todo se supedita a aquello que te ocurre.
Desde que te levantas quieres un día plagado de actividades, de acciones y sensaciones. En esa celeridad no puedes captar el valor del silencio, de la limpieza de las miradas, de la transparencia del aire, de la sencillez y humildad que envuelve al pueblo. Solo eres sensible a lo que te ocurre y cómo te ocurre.
Al sentirte cautivado por la primera muchacha, a la que quieres hablar y no te atreves, cuando llega el primer amor, las primeras fiestas con los amigos, las primeras copas. Los estudios fuera, los problemas generacionales, la incomprensión de los mayores, los calentamientos de cabeza que tú mismo te provocas, el pensar que todos están en el error y solo tú tienes la solución, soñar con que algún día te comerás el mundo, que tuya será la revolución. Ideas tener muchos días por delante y cosas por hacer.
     Pero en esto, sin avisar, llega el momento en que los acontecimientos que te turban no van tan de prisa, ni tienes tantas actividades. Cuando llegas al pueblo y empiezas a mirar a los que te rodean y compruebas que muchos son menores que tu, que a algunos ya no conoces. Que ya puedes disfrutar del enamoramiento permanente de una persona, que gozas con las pequeñas cosas, de las simples miradas, de los callados susurros y, descubres, que el silencio también es música. Sin saberlo empiezas a deleitarte con una sencilla conversación, con todo lo que te rodea, tus vecinos, del pueblo con sus silencios y su aire, tanto de los días de sol, de lluvia o de nieve, de un transcurrir del tiempo parsimonioso, dulce y tierno. Ahora si, ahora se te aparece y se encierra todo en Topares.

LA CULTURA DEL PUEBLO

     Topares en su historia ha sido un lugar de a ninguna parte, en la encrucijada de tres provincias, Almería, Granada y Murcia, no ha sido tránsito hacia ningún sitio, lo que ha hecho que sus gentes se mantengan en un conjunto. Aquello que se hace se concibe abierto a todos, en las fiestas se procura que estén todos, en las tristezas nos asistimos inseparables. Juntos podemos hacer feliz a un niño en su momento de gloria, o participamos de una cena de Nochevieja, o esperamos a nuestros estudiantes para que puedan alegrar el carnaval. Unidos asistimos a cualquier requerimiento, a cualquier acto, aunque solo sea por el encuentro, por el goce de saborear esos momentos de hermandad, armonía y convivencia.
     De esta manera ha sido siempre, lo hemos vivido en la celebración de nuestras navidades, de las fiestas, en las reuniones y sobre todo en las conmemoraciones del  ciclo festivo.
     El estudio del ciclo festivo de un pueblo ha sido uno de los instrumentos más importantes con que han contado los antropólogos  para estudiar la sociedad de los mismos. A través del cual han avanzado en el conocimiento de las relaciones sociales, de los nexos que se daban de igualdad y subordinación, ayudando al estudio de sus utensilios, usos, costumbres y maneras. Así han llegado al conocimiento de su cultura, que no es otra cosa que todo aquello que nos hace aparecer como una unidad delante de los demás grupos.
     Por desgracia, actualmente, poco nos puede aportar el estudio de estos ciclos tal como acontecen hoy. Las fiestas que celebramos se parecen todas como una gota de agua a otra. Lo que llamamos diversión se ha apoderado del contexto, y diversión es comer, beber, bailar y bailar, beber, comer. Todo aderezado por una especie de oda al riesgo y al atrevimiento. Lo fantástico ha quedado como el aguantar más, el dormir menos, estar el mayor tiempo posible en la calle y si hay que dormir en ella, se duerme. Beber y beber en los jardines, bailar a ritmos frenéticos y monótonos hasta la extenuación. Incluso cuando aún perduran algunas tradiciones parece que solo importa el exceso, así cuantos más seamos mejor, cuanto más manifestemos nuestro fervor mejor, cuanto más bebamos mejor, cuanto más tiempo sin dormir mejor, cuanta mayor osadía mejor. Todo agravado porque el ciclo festivo ya no son unos días señalados, sino que se amplía a lo largo de todo el año, cualquier fin de semana es bueno para tener una fiesta en los alrededores y, cuando no las haya, nos la inventamos. Cuando no ocurre que con la llegada masiva de foráneos, los lugareños se quedan en minoría ante los visitantes y, éstos, en su desfachatez,  incluso llegan a apoderarse de la autenticidad del acontecimiento.
     Por suerte entre nosotros no siempre ha sido así, aunque nos tengamos que remontar a tiempos pretéritos para situarnos cuando las fiestas y celebraciones daban carácter y forma al  pueblo. En Topares adquirían gran significación las navidades. Al ser un pueblo agrícola y ganadero, tomaban gran consideración las de San Antón por la ganadería y San Isidro por los campos. Semana Santa también constituía un momento importante y como ocurre en otros lugares, adquieren gran importancia en el desarrollo cultural del poblado “LAS COMEDIAS”. 
las comedias
     En mis recuerdos de la infancia tengo muy presente una representación: “La casa de Quirós”. Además a lo largo del año era frecuente que viniera alguna compañía foránea que casi siempre traían un programa con una obra o sainete y una parte de revista.
     En esos tiernos recuerdos cuatro momentos se han quedado grabados en mi memoria de forma especial, pues me produjeron asombro y admiración. En “La casa de Quirós” se daba un noviazgo que no era aceptado por el padre de la novia, cuando se entera dispara con una escopeta al novio que huye. En el escenario, en la pared del salón, a la derecha había un ventanuco que daba al cementerio viejo, todavía no existía lo que después fue el teleclub y, por ahí, hicieron el disparo que no se veía. El estruendo producido en el salón y pensar que le habían disparado a alguien, me dejó fuertemente impresionado y así ha perdurado.

Momento en que el padre(José Mª de la Eufemia),  simula
disparar sobre el novio, la pose del actor cómico(Germán)
quita dramatismo al momento

     Los otros momentos van asociados a las compañías que venían. En un baile de revista flamenco, la bailaora con sus insinuaciones fue subiendo de tono a los jóvenes y menos jóvenes. Cuando alguno, más atrevido, no se puedo contener y se expresó de forma más contundente, la  danzarina le dijo “No te parece mucha barca para tan poco marinero”. Todo el salón estalló en carcajadas y risas y por algún tiempo se hacía mofa y burla de la ocasión. En la misma función u otra, quede asombrado cuando un guitarrista, se paseaba por el escenario tocando la guitarra, con la misma encima de la cabeza, como en la espalda. Y por último, en la representación de una obra había una escena en un cementerio, cuando se desataba una gran tormenta. El miedo de la escena, agravado por los efectos especiales, truenos, rayos, relámpagos y vendaval me impresionaron. Ahora pueden parecer rudimentarios pero entonces era lo más auténtico que había visto. Quedé admirado.
     Estamos en los años 50, las noches de otoño e invierno son muy largas, sin televisión ni otros argumentos para salvar las largas veladas nocturnas. Así era fácil implicar a jóvenes y menos jóvenes en la preparación de una comedia, constituían un motivo para el esparcimiento y la mejor manera de alegrar las crudas noches del invierno. No sería de extrañar que de esas cálidas veladas surgieran romances y amoríos entre ellos, o al menos una excusa para poder mantener conversaciones los jóvenes de los dos géneros.
     Los escenarios en los que se llevaban a cabo las representaciones eran variopintos, el más celebrado de los que me han contado era donde se celebró la representación del “Orgullo de Albacete”, el corral de la casa que era de mi abuelo Vidal Motos, que en la actualidad es de Diego y Carmen.
     En una rinconada del mismo construían el escenario con tablones que se traían de la carpintería de José Mª de Eleuterio, recubrían las paredes y el escenario con colchas y mantas como las que se colocan en el Corpus y, sobre estas montaban el decorado. En una pared del rincón hay un balcón, no muy alto a la calle, que da a una sala, la “sala del balcón”, la aprovechaban para cambiarse y colocaban una pequeña escalera para bajar al escenario.
     Otros lugares en los que en alguna ocasión se celebraron representaciones fueron la porchá y el corral de José Manuel Serrano, en lo que hoy llamamos “Plaza de las Pulgas”. Me imagino que días antes se llevarían el ganado a otro lugar para adecentar y preparar el lugar para el acto. Entre el año 1958 y 59 se construye el salón parroquial y a partir del momento se dispone de un local para las funciones, donde también se  proyecta cine y que después acogerá a la primera televisión. Contaba con su escenario permanente, con foso para el apuntador, telón y, a lo largo de la pared estaban colgadas las tablillas con el número de las filas de sillas. En las semanas anteriores a la función, los actores y actrices, a la salida de misa, vendían las entradas numeradas, por lo que variaban los precios y prácticamente toda la vecindad acudía al estreno, del que se hacían varias representaciones para que del primero al último la pudieran ver.

.- Actores, actrices y colaboradores de la obra “El orgullo de Albacete”. Curiosamente observamos la expectación causada a la hora de la foto,  si miramos la cantidad de gente que hay encima de la tapia, eran otros tiempos y nos hace pensar en la admiración de todos por los que hacían las comedias.
De izquierda a derecha reconocemos  a D. Felipe el cura y director, Segundo de Amable, José Mª de la Eufemia, Manolo del taller, Ambrosio, Germán, Amable y Clemencio de la Posada, hermano de Eutimio. En la fila de abajo, María, la hermana del cura, Mª Josefa del Collerero, Aurora Robles, una pariente de ésta, Agustina de Portillo, Victorina de Ambrosio, Isabel de la Celedonia y mujer de José Mª, Pepilla de Angel, Isabel de Amable, Eladia  de Celedonio, Águeda, Ascensión de Filiberto y Ascensión de Andrea. Debajo´ Agustín de Amable, Quite de Fernando y Vicente de la Librada. Con Quite su prima Quite de Filiberto.

     Entre los más mayores se recuerda con gran cariño la representación de la obra “El orgullo de Albacete”. Se representa en los primeros años 50, tenemos un panfleto en el que no aparece el año, solo que se representa el diez de mayo. En el mismo aparecen el nombre de los actores y la función tiene lugar en el corral de mi abuelo Vidal Motos. Podemos observar la fotografía del elenco de actores y el director, el sacerdote D. Felipe. Obra adaptada al castellano por Antonio Paso y Joaquín Abatí, se trata de un pintor bohemio que está muy influenciado en su comportamiento y en sus decisiones por la novia y un amigo que es un libertino empedernido. En esto otro amigo, profesor de matemáticas,  le pide ayuda porque ha roto con la novia días antes de casarse, a partir de aquí se inician todas las peripecias. Ha quedado siempre en el recuerdo de las personas que disfrutaron de ella.


     Otra obra que tenemos noticias es en el año 1952, en este caso se trata de una representación infantil que se celebró con motivo de la festividad de la Ascensión, como podemos observar gracias a la aportación de este pasquín anunciando las fiestas de San Isidro y la Ascensión. Se trata de la “Florecilla de Lourdes” preparada en esta oportunidad por Dª Fuensanta López Serrano, hija de José Mª de Eleuterio y hermana de D. Daniel, mi maestro. Además se acompañaba de un diálogo en panocho: “Se me pegó el arroz”.

Miremos las fiestas de aquellos años en que consistían

     Ya a principio de los años 60 tiene lugar otra representación de gran éxito, “La casa de Quirós” de Carlos Arniches, recuerdo un gran cartel con el nombre colocado encima del telón. El decorado era el de una habitación de una casa y había en frente a la derecha una puerta con una cortina por donde se hacían las entradas y salidas. Entre los actores y actrices estaba José Mª de la Eufemia que hacía de padre de la novia, mi tía Paquita Motos, la novia, mi tío Manolo, el novio, Germán un aldeano, mi primo Daniel de la Evangelina, el cura. Esta obra fue dirigida por D. Rafael, el sacerdote que había en ese momento y que además fue el que construyó el salón parroquial. 
     En síntesis era una muchacha enamorada de un apuesto joven. El padre de ella, que todavía se cree en un estado feudal donde hay nobles y vasallos, no autoriza el compromiso y una noche dispara al novio haciéndole creer a la novia que ha muerto. Ella enloquece tras la noticia, finalmente con la intervención del cura y los vecinos y, ante la enfermedad de la hija, el padre accede al casamiento y todo termina en felicidad. Los personajes principales eran el padre, la novia, el novio y el cura. Además estaban los aldeanos que trabajan para el señor, que ponen la gracia y el humor en el drama y, donde destaca de forma especial Germán. La representación fue un éxito y en los días posteriores era tema de conversación entre los vecinos del  éxito de la función.

El elenco de “La casa de Quirós” saludando o posando para la foto. De izquierda a derecha tenemos  a Germán, Isabel del Collerero, Manuel Motos, Paquita Motos, Isabel de la Digna, Deogracias, D. Juan el sacerdote y director, Sergio, Maruja dela Julia, Daniel de la Evangelina, su hermana Isidra y José Mª de la Eufemia. Debajo, Antonio el Señorito y Fernando de Antonio Gil.

GERMAN
     Si había una estrella para los parroquianos que sobresaliera por encima de los demás, éste era Germán. En su vida diaria se dedicaba a la barbería y además era el sacristán del pueblo, que te hacía pensar que su participación en la liturgia era una muestra más de su afición al teatro. Era un gran actor cómico y su sola presencia en el escenario provocaba las risas de los espectadores.

Siempre buscando la complicidad del público, con sus gestos y poses

     Con una voz potente y expresiva, unidas a su facilidad para provocar la carcajada, hacían que, a veces, él solo se bastara para montar un sainete, hasta ya mayor pudimos ver en diferentes fiestas de verano como se las apañaba para montar ciertos pregones y romances en el escenario, con total soltura y desparpajo.
D. Rafael y Germán, sacerdote y sacristán, el responsable de 
que Topares tuviera su salón parroquial y el gran actor 
cómico del pueblo. Puedo aventurar que se encuentran en la 
puerta de la barbería de Germán.

     Los aficionados reían a carcajadas con sus ocurrencias, en los entreactos de las funciones de teatro o al final era frecuente que hiciera su pequeño sainete, a todos les gustaba mucho y era muy ovacionado. Su hijo Juan me contaba que el último sainete que montó se llamaba “Yo soy un sinvergüenza”, ya en los últimos años de vivir aquí, antes de marchar a Valencia
La última obra que recuerdo fue dirigida por D. Juan García,  el sacerdote de entonces y después, en navidad sobre todo, se han dado diferentes representaciones sobre temas navideños y pequeñas representaciones por jóvenes o niños de la escuela. La televisión fue entrando cada vez más en las casas, la población se ha ido envejeciendo, la mayoría de los jóvenes se encuentra fuera estudiando, todo ha hecho que esas tradiciones se vayan perdiendo. Actualmente renacen un poco con las representaciones que en las fiestas hacen las mujeres de la Asociación o el Centro de adultos, pequeñas obras de teatro de carácter costumbrista y de humor, pero se ha perdido la grandeza de antes, pues tienen lugar dentro del bullicio propio de las fiestas y al no contar ya con el  salón, no revisten el bombo e importancia que tuvieron en su momento.
.- El sacerdote es D. Rafael, persona muy importante en el desarrollo de las comedias y el cine en Topares. En su etapa topareña impulsó la construcción del salón parroquial. Involucró en la obra a todos los vecinos. Unos aportaban peonadas de trabajo, bestias para el acarreo de material, materiales, dinero. Según la disponibilidad y posibilidades de cada uno. En él se realizaban comedias, cine, después la televisión, bodas y cuantos acontecimientos se desarrollaban en el pueblo. Aquí lo vemos con Julián de Amable, José Mª de la Eufemia. Debajo, los hermanos de Julián, Amable y Segundo, Germán y Miguel del  Peritano. Julián, Amable y José Mª se encargaban del cine y después de la televisión.

Primera obra que se representa en el recien construido Salón Parroquial, en ella se reconoce a Germán, Juan de la Germana, Amparo de la Chipilina, Rafael de la Isabelica y Bernarda, la hermana de D. Rafael.








lunes, 24 de septiembre de 2012

Hace un año


Hoy, 24 de septiembre hace un año que murió Rosario, que la perdí: mi compañera, mi amiga, mi musa, mi ilusión y sobre todo mi amada, mi amante. Ha sido un año lleno de recuerdos, de tristezas, de sueños, de soledades, de pérdidas…


Nuestra alegría, nuestra ilusión, no se esperaba, no adivinaba, que las lágrimas se instalarían en nuestros corazones


                Sería inexacto si no hablara también de momentos de alegría, normalmente vinculados a mi hijo y Mª José, también a la atención de los amigos y amigas. Sentir el calor cálido de sus abrazos, de sus caricias, me ha envuelto el afecto de sus voces, el interés de sus preocupaciones por mí, la dulzura de sus lágrimas, el bienestar que me han producido sus atenciones, la satisfacción de sentir sus cercanías.
                Las células de mi piel y las fibras de mis sentidos han reconocido el amor que me dispensáis, han vibrado ante cada muestra de cariño que me habéis dispensado. Cuando se han quedado marchitas por la pérdida de Rosario, en la tenebrosidad de mi soledad, vosotros, con vuestros abrazos,  vuestros sentimientos, vuestras atenciones,  vuestras palabras enternecedoras, habéis hecho que se reanimen, que renazcan y me habéis ido  meciendo hasta sentir la serenidad, una entrada a la paz, una entrada al mundo de los sentimientos que a los humanos nos hacen más dichosos, más amigos,  más sensibles.
                Pero también está esa locura que me desgarra. ¿Por qué? Por qué tanta vida se esfuma como de tapada, por qué tanta juventud eterna se evapora en unos segundos. Por qué con tantas ganas de seguir compartiendo nuestro pasado, presente y futuro, se acaba en un pis pas.
                Cuando aún atesoras tantas ilusiones para llenar otra vida entera, llega la macabra realidad de tu pérdida. Cuántas ilusiones por fabricar, por inventar, cuántas alegrías por transmitir, cuántos proyectos por cumplir. Cuántos besos, caricias, noches de amor aún por compartir. Cuando nuestro amor, enamoramiento, aún estaba por ilusionar, cuando el árbol de nuestra pasión aún estaba por madurar, la cruel realidad nos lo tala, lo arranca de raíz para que nunca más fructifique.
                Me faltan tus besos, tus caricias, tus entregas, tus impulsos, tus imprevistos, tus palabras, tus silencios, tus risas, tus chistes, tus dudas, tu pasión, tus susurros, tu música, tu baile, tu voz, tu alegría, tu contacto, tu calor, tu ternura, tu comprensión. Me falta tanto que aún me pregunto cómo puedo vivir sin ti.
                Ha pasado un año y tu figura serena, tierna, amorosa no desaparece de mi mente. Ha pasado un año y me pregunto qué puedo hacer sin tí, pregunto y pregunto sin encontrar respuesta. Solo resisto, vivo en la soledad, en tu recuerdo. Rodeado de tu aura, de tus ropas, de tus lugares, de tus caprichos, de tu memoria.
                Me levanto, trabajo, como, duermo, salgo, entro y nada me llena. Nada me hace sentirme feliz, motivado, realizado. Todo es para ti, escribo para que te sientas orgullosa, trabajo para que me admires, duermo para tenerte en mis sueños, como para que alabes el manjar, salgo para compartir contigo el momento, me levanto para decirte buenos días princesa. Todo ahora, sin ti, pierde el sentido, vegeto, deambulo en tu búsqueda, sabiendo que nunca más serás.
                Ha pasado un año y te sigo viendo empeñada en no ser una molestia para nadie, en que los demás no supieran de tus dificultades, en que no se transmitiera tu dolor, que nadie sufriera por ti, en hacer feliz a la gente que te rodea, a la que querías. En querernos, en que Adrián saliera adelante, tomara decisiones, se lanzara. En fin en lograr la felicidad de los demás.
                Pasado este año Adrián se ha ido a Polonia y yo permanezco aquí, en la soledad, rodeado de tu presencia fantasma. Recordando a cada instante nuestra dicha, maldiciendo continuamente los desacuerdos que el orgullo y el ofuscamiento nos han  producido, recreándome en nuestro amor, en nuestra pasión, saboreando tus aromas,  registrando tu voz dulce, cautiva, alegre, tranquilizadora, voz de amante, de amada, de amiga, pero siempre voz de corazón, de interés, de bondad.
                Tuyo siempre y por siempre. Fonfo

Tu alegría, tu sonrisa, siempre te acompañaba

domingo, 23 de septiembre de 2012

Adrián en Polonia


Desde ayer, sábado 22 de septiembre, Adrián ha iniciado su estancia es Polonia, ha volado de este nido buscando construir su propio mundo, compartir experiencias junto a la persona que ha elegido. Marcha ilusionado para vivir un nuevo amanecer, compartir su vida, sus avatares, sus ilusiones, incluso también sus frustraciones, junto a su compañera Mª José.

            Yo quedo aquí, entre la Alpujarra y Topares, verdad que solo, rodeado únicamente de mi propia soledad, pero no puedo dejar que se apodere de mi la tristeza, no tengo derecho a contemplar su marcha desde la melancolía. Para curarme solo tengo que recordar la ilusión,  la quimera, con la que inicie mi vuelo personal, cuando marché a ejercer de maestro en Balsareny. Cuando viajaba, aquella lejana noche de 1979 hacia Barcelona, mi cabeza se llenaba de proyectos, de esperanzas, de futuros, de vida sin ataduras, de fabricar mis propias ilusiones, de crear mis propias expectativas, en fin de abrir mi propio camino. Invocando aquellas sensaciones espanto la congoja que me produce su alejamiento. Pienso en aquellos, mis 25 años, llenos de esperanza y vitalidad y, tengo que respetarle,  aprobarle su voluntad, a crearse a sí mismo, a vivir por sí mismo, a ilusionarse en sí mismo.
            Pero no puedo evitar que esta alegría sea entristecida, mi gran apoyo actual se aleja, la total soledad me atrapa y me encadena al silencio de mis lágrimas. Mis satisfacciones se fabrican en su bienestar, comprobando su dicha y felicidad, contemplando como su formación se va completando. Viendo como la relación con Mª José va deviniendo en un proyecto de futuro, de amor. Juntos, correspondiendo en delicadeza y sensibilidad, alzarán una vida de ventura, de júbilo y harán que mis lágrimas sean de primavera, de entusiasmo, de fiesta. Que el amor y la pasión se instale en sus corazones.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Las procesiones en Topares



Las celebraciones religiosas y la propia religiosidad de las personas, no son comparables actualmente con lo que fueron en años más pretéritos, en los años 50 y 60.
La iglesia católica, sus prelados y autoridades, apostaron muy fuerte por el bando de los vencedores en la guerra civil, por lo que tuvieron gran poder e influencia en aquellos tiempos. Uno de los grandes acontecimientos de su liturgia eran las procesiones, llenas de solemnidad e importancia. Topares no era menos, adaptadas a las condiciones de pueblo pequeño, adquirían gran ceremonial y se desarrollaban con orden y recato.

Las procesiones eran numerosas, aquí alguna a la llegada de un misionero

La procesión que hoy se celebra en agosto con la patrona no se realizaba, ésta empezó en los años 80 con  la aparición de las fiestas de verano.

Quiero  recordar, San Antón, San Isidro y, por encima de las demás, la del Corpus. Además se hacía el rosario de la Aurora y las rogativas, en los años de sequía. La procesión de las palmas, el domingo de Ramos; la del Silencio, el Viernes Santo; y años más anteriores la de la Virgen de Fátima.

FIESTAS

Procesión de San Antón. Las ropas de los procesionarios
nos da idea del frío.
También se puede observar la sobriedad  de la imagen



Mi padre es el de la derecha, no muy aficionado a
 llevar santos, en esta ocasión  ahí lo tenemos.
Quizás por el tiempo en que se desarrollaba, la de San Antón era, acaso la menos esplendorosa, el frio, la nieve a veces, o la misma lluvia, provocaba que no tuviera la lucidez que alcanzaba San Isidro o el Corpus. No obstante, la fiesta era muy importante, en la que se culminaba, con la rifa, una de nuestras tradiciones perdidas,  del marrano de San Antón. Después de criarse en nuestras calles, con su pequeño cascabel al cuello que avisaba de su condición y ser alimentado por todos los vecinos, el día de la fiesta era rifado con gran expectación. Daba lugar a muchas anécdotas y chanzas, llegando incluso, a provocar disgustos entre vecinos y parejas. En muchas familias se vivía con verdadera ilusión la posibilidad de que su papeleta fuera la agraciada en el sorteo.
Procesión de San Isidro. En los primeros setenta, se segaba un poco de cebada verde
y se le ponía al Santo, llamando a la buena cosecha

La procesión de San Isidro en el momento de bendecir los campos

La procesión en los años que se construía la gasolinera


San Isidro respiraba primavera, sol y buen tiempo, sobre todo  si el año se esperaba fructífero, adquiría la pompa de día grande de fiesta. Desde media mañana la plaza de la iglesia se llenaba de gente, topareños y venidos de todas las cortijadas de alrededor, se lanzaban algunos cohetes anunciando la inminente salida del santo. Todos con las mejores ropas y aprovechando el momento para hablar, unos y otros, de la cosecha, de la familia y de todo lo que se terciara en el momento.  El recorrido se hacía desde la iglesia hasta lo que era la era de Rafael  de la Mª Josefa, al lado de la gasolinera. Perfectamente ordenada, la iniciaban los niños tras los cuales formaban la fila las mujeres y al final los hombres, el santo caminaba al inicio de la procesión de los hombres y subconscientemente se consideraba un signo  de distinción cuanto más cerca fuera uno del santo y del sacerdote. La presidía éste  acompañado de Germán, el sacristán,  encargado de iniciar las canciones que se entonaban en la misma, les asistían también algunos hombres portando faroles de velas. La entrada del santo era un acontecimiento, los agricultores más potentados se disputaban el honor de portar las andas, pues entonces era un signo de progreso y generosidad el  entrar con el santo en la iglesia. La imagen de Santa Toribia no existía y eran solo las cuatro varas de San Isidro, con lo que estas estaban muy solicitadas, y además de acuerdo a la sociedad del momento,  estaban reservadas solo a los hombres.

Procesión del Corpus. Todos los hombres detrás del cura

Las mujeres en la fila, los hombres apiñados detrás del sacerdote. La procesión del Corpus a la salida de la iglesia,
no es difícil aventurar la gran diferencia de población de Topares, observando el gentío que participaba en la procesión

Pero la procesión de más suntuosidad era sin duda la del Corpus, se engalanaban mesas en las calles con mucho esmero, se ponían colchas en balcones y ventanas, en todo el recorrido, no solo en donde había mesas y se desarrollaba con mucho orden y silencio. Mi abuelo Vidal, Ambrosio y alguno más siempre iban por medio de la fila observando que éstas fueran ordenadas, en silencio, y si dado el caso, llamaban la atención a alguien, éste se veía señalado  delante de los demás. Si cualquiera estaba fuera de la procesión, al pasar la Custodia, se tenía que destocar y hacer una genuflexión hasta que pasara el sacerdote, que la presidía, nuevamente ayudado por Germán y con los candelabros llevados por hombres. Los palos del palio eran llevados por hermanos de la Adoración Nocturna, aquellos que más influencia tenían y de nuevo constituía un signo de prestigio dentro de la estructura social del pueblo.
Los hermanos de la Adoración Nocturna en una
 visita del Obispo a Topares


Germán era el encargado de los cantos, hacía las estrofas importantes siendo contestado o acompañado en los mismos, sobre todo, por las mujeres, pocos hombres participaban de los mismos, la procesión se cerraba con un grupo de hombres que al estar más alejados del sacerdote se permitían pequeñas conversaciones e iban mucho más relajados en el desfile.
               
Que recuerde ponían mesa en el recorrido, Pepa de Honorato, Quiteria de Fernando, Digna de Fidel, Isabel de Carmelo, Pepa y Victorina, que siempre eran las más observadas, pues sacaban ropas y utensilios muy antiguos; en la plaza del médico otra, que muchos años puso mi tía Anica;  mi tía Encarna de Dionisio y nuevamente Pepa del estanco que la volvía al lado de la calle Mayor.

Don Pascual Arias, terrateniente importante de la época,  compró una imagen con la advocación de la Virgen de Fátima, la llevó  antes de dejarla aquí,  por pueblos de los alrededores y cuando la trajeron la dejaron en “La Casa Guino”,  el día señalado, fue traída hasta el pueblo en procesión, portándola a hombros, durante el trayecto, le cantaban una canción mariana y,  arreglando una de las estrofas decían:
De casa de Guino
por estos lugares
la Virgen María
 llega a Topares


 La noche antes del día de Fátima se celebraba  una vigilia, pasaban toda la vela en la iglesia, a las 7 de la mañana, decían la misa y sacaban la procesión. Después de Don Felipe se dejó de hacer la vigilia y se sacaba en el Rosario de la Aurora. Después del mismo,  Eleuterio, como encargado  de los Barrancos, propiedad de Don Pascual, ofrecía un chocolate a los asistentes al rosario.

SEMANA SANTA.-

El domingo de Ramos se celebraba la procesión de las palmas. Entonces no se traían ramas de olivo. Los pudientes compraban las palmas que traían los mayordomos y, los demás, no llevaban nada o a veces, se repartían hojas, sobre todo los chiquillos gustábamos de portar nuestra hoja de la palma. La tradición decía que ese día tenías que estrenar alguna prenda de tu vestimenta, pues si no, se te caía la mano. Después de la procesión con las hojas se hacían “lagartos y piñas”. Los más pequeños con cuatro hojas de la palma, confeccionábamos, tejiéndolas,  las piñas y los mayores nos hacían “lagartos”. Un trenzado redondo que quedaba hueco, el inicio era la boca del bicho y, al ser la hoja flexible, cuando introducías un dedo en la boca, al tirar desde el rabo, el trenzado apretaba cada vez más al dedo. Nosotros, infantes aquellos años, cuando se acercaba la Semana Santa, soñábamos con estas figuras y durante toda la semana era un motivo más de juego y entretenimiento.

 El Viernes Santo por la noche se hacía el Via Crucis, que llamaban la Procesión del Silencio. Se apagaban las luces del pueblo, que tampoco eran muchas, se sacaba al Nazareno y a la Virgen, por separado, realizándose el encuentro encima del Caño. La gente portaba velas encendidas, se rezaban las estaciones del Vía Crucis y se guardaba un absoluto silencio. Los balcones y ventanas también se cubrían con colchas como en el Corpus.
                
En los años de sequía se hacían rogativas. La procesión se realizaba al Cerro de la Cruz,  durante el trayecto se rezaban oraciones invocando la llegada de la lluvia. Si ésta aparecía se atribuía a la acción de la oración, si no caía era como un castigo por el mal comportamiento religioso de los feligreses.

En esos tiempos casi nadie se hacía preguntas, grandes y pequeños, terratenientes y jornaleros, hombres y mujeres, todos aceptaban las normas, nadie quería señalarse y se ajustaban a las condiciones que desde las autoridades eclesiásticas y la práctica de las buenas costumbres se establecían.










Consideremos también que actualmente cualquier momento es bueno para una fiesta, religiosa o no, incluso en las de carácter religioso puede tener mayor peso la parte lúdica que el acto religioso. En los tiempos de los que hablamos no había fiesta que no fuera religiosa y, en los pueblos pequeños, solo eran los actos religiosos, como vemos en este programa de 1952. Eran de los pocos momentos que se rompían las rutinas del campo, por ello, se vivían con alegría y entusiasmo, aunque la fiesta solo fuera la procesión y el juntarse mucha gente para hablar un rato, sin nada de verbenas, ni ferias de mediodía, ni ruidos y diversiones como las actuales.

Programa de fiestas de 1952, en él podemos ver la importancia de los
actos religiosos dentro de los ciclos festivos de aquellos entonces.


martes, 14 de agosto de 2012

Carta a Rosario


Querida  Rosario:
                               Han acabado las fiestas de verano. En estos días pasados, el pueblo se ha llenado de alegría, por sus calles han paseado individuos, unos de aquí, otros que han regresado al pueblo después de varios años de ausencia, visitantes, invitados o curiosos. El caso es que en estos días el pueblo se ha poblado de voluntades. Pero todos estos seres, en momentos se convertían en nada, pues entre ellos no estabas tú.
                Todo empezó el jueves con la fiesta ibicenca. Sí, me puse de blanco, era mi homenaje a ti, seguro que te agradaría verme así, en algo organizado por el pueblo tenía que participar, como tú lo habrías hecho, como tú lo hubieras querido. Concurrió mucha gente, muchas ganas de reír, mucha alegría, en mí, mucha nostalgia, añoranza, recordando como el año pasado participábamos del mismo júbilo, cuando la ilusión de estar juntos conquistaba toda  nuestra naturaleza.
                Qué orgullosa te hubieras sentido la noche de la presentación de la Revista Velezana, el acogimiento que tuve por todos, el reconocimiento y la gratitud expresada por la mayoría. El baile, la música, el pueblo en su esencia, disfrutando, participando, compartiendo, todos unidos en una misma idea, Topares.
Durante mi intervención en la presentación de la Revista Velezana

                La noche de las migas, esa reunión alrededor del fuego purificador. Amigos, familiares, conocidos, en comunicaciones paralelas, cruzadas, pero todas unidas por unos lazos que traspasan la sangre, que va más allá de las relaciones directas, para convertirse en afinidades promovidas  por la luz, el aire, el espíritu de este lugar sencillo, amable, acogedor, esa aureola resplandeciente que nos envuelve y se llama Topares.
                Esa magia de las migas desaparece cuando deambulo, yerro entre las sartenes al fuego, buscando a mi amada. Trato de descubrir, de adivinar tu presencia y me encuentro con el más horrible de los silencios, con el más espantoso de los vacios. Busco tus huellas, tus pisadas, tu aroma, tu voz, tu sonrisa y la frialdad de la noche calurosa me responde con tu ausencia, tu mutismo, La insolencia de tu partida, el desvanecido de tu imagen, el más imponente de tus silencios, la pérdida de tu fragancia, todo me sume en la tristeza más pavorosa. Siento envidia por la alegría de los demás, y me sorprende  que puedan tener motivos para tanto júbilo y me encoleriza mi amargura que me sucumbe en la obscuridad de la muerte.

Un año antes la música bullía en tu cuerpo, tu alegría
inundaba el recinto, tu sonrisa nos contagiaba a todos


                Han acabado las fiestas y solo me queda el recuerdo de otros años en que tu alegría me electrizaba, me hacía disfrutar de cada minuto de las mismas. Mi existencia se convertía en una montaña rusa de emociones y sentimientos, de deseo y enamoramiento- ¿Cómo podías darme tana  felicidad?, ¿Cómo podías contagiar tanta euforia?, ¿Cómo podías gozar de tanta vida?, ¿Cómo podías llenar tu universo de tanta ilusión?.
                Rosario amada, las fiestas han terminado, pero para mí la fiesta es tu recuerdo, la memoria de tu amor, de tu deseo, de tu pasión, la estampa de tu figura, el canto de tu voz, la evocación de tus palabras, la añoranza de  tu aroma, la polifonía de tu sonrisa. Rosario deseada, mi fiesta, mi vida, mi sonrisa, eres solamente tú.

Fonfo








miércoles, 8 de agosto de 2012

7 de agosto

Camino de la iglesia. Sin protagonismos,
todos participaban de una misma ilusión

Un siete de agosto de hace treinta años me casé, nos casamos Rosario y yo. Puede parecer mucho tiempo, pero os aseguro que aún nos quedaban muchos más, llenos de ilusiones, pasión, amor y ternura.

Cuatro miradas limpias, inocentes, libres...
Un mundo de jóvenes, de ilusiones ajenos a todos los formalismos,
huidos de hipocresías y llenos de esperanza y amor

                Poco nos importaba la ceremonia que tuviéramos que hacer, lo fundamental era nuestro deseo de vivir juntos, de compartir nuestras vidas. Nos propusimos que fuera un clamor a la libertad, una llamada al amor. Prohibido todo signo de seriedad, rodeados principalmente por nuestros amigos, sin dejar paso a convencionalismos, libres, en una especie de juego infantil, donde la pureza de nuestros sentimientos tenía que brillar más que las liturgias y los ropajes. Todo fue posible gracias a la complicidad de nuestros amigos y el respeto de la familia a nuestra alegría, a nuestro deseo.

Eramos niños, rodeados de niños,
 hasta el oficiante, tío de Rosario y niño grande
 participaba del cuento que se estaba desarrollando

                Durante la celebración solo cabía la ilusión, la alegría, el juego, el amor, la pasión. Fue una ceremonia para nosotros, íntima, de nuestros corazones. Honrados, escoltados por el cariño de nuestros amigos  y la ternura de nuestras familias. Todos unidos para que resplandeciera nuestra alegría, nuestro amor.

La alegría nos desborda ante unas flores recogidas del campo aquella mañana,
 por los amigos, que en todo momento nos acompañaron.
Los amigos, de Almería o Barcelona nos acompañaron con su cariño

                Después de treinta años, esa alegría pasión, amor, ilusión… nos ha acompañado siempre y, cuando proyectábamos nuestra vejez llenos de ese enamoramiento, cuando ideábamos nuestro futuro de serenidad, contemplación, de miradas silenciosas, de guiños amorosos,  la desfachatez de la muerte nos abofeteó privándonos de años de felicidad y amor.
                El anterior 7 de agosto lo celebramos pletóricos de alegría, todo apuntaba a una posible curación. coincidía con las fiestas de Topares y disfrutamos de la noche y los amigos. Cuando todavía teníamos la ilusión de tocarnos, de acariciarnos, de entregarnos. Cuando aún no nos era indiferente una mirada hacia otro lado,  una falta de delicadeza, de atención. Cuando todavía procurábamos agradarnos, enamorarnos, seducirnos, su  partida nos privó del futuro.
                Ha sido un año de melancolía, me he colmado, saturado de soledad. He tratado llenarla de suspiros, de recuerdos, de añoranzas, vaciándome de emociones y sentimientos.
                Quan larga puede ser la noche sin nadie que te cobije bajo unos brazos enamorados. Sin caricias, sin el calor del amante que a tu lado te conforta. Sin compañera que con sus mimos te introduzca en el reino de Morfeo, sin que te susurren al oído palabras tiernas, bonitas, tranquilizadoras,  que te ayuden a salvar las tensiones del día.
               Qué larga es una noche de orfandad, cuando la única esperanza es que llegue rápido la luz del alba, que suene pronto el despertador para que acabe la agonía triste y negra de la noche.
                Cuántas risas llenas de tristeza, cuántas tristezas plenas de lágrimas contenidas, cuántas lágrimas perdidas en la profundidad de la noche, sin nadie que te meza, te cante nanas de amor, te traslade a mares de plata y peces de colores. Sin que te arrastre al sueño más placentero después de declararte su amor, después de declararle tu amor, tu deseo, tu pasión. 

miércoles, 1 de agosto de 2012

Viaje a Balsareny


                Al final he cumplido una de mis grandes ilusiones, volver a Balsareny, mi primer destino definitivo como maestro.
                Había pasado los últimos años de la dictadura en Murcia, ilusionado con los movimientos sociales y políticos de la época, ansioso de la llegada de ese mañana que florecía. En la mili establezco una amistad intensa con un compañero de Fuengirola, estudioso de los clásicos y los grandes pensadores del anarquismo y el comunismo. Desarrollamos una especie de tertulia y analizamos e ideamos el devenir de la esperanzadora democracia, convencidos de la gran tarea que nos espera.
Así llego a Barcelona, para mí, referente democrático de esa incipiente España. Lleno de ilusiones, ansioso de participar en la vida política y con los sentidos bien abiertos para empaparme de todo lo que ocurriera a mi alrededor.
                Proveniente de una familia rural tradicional, llego ávido de explorar y desarrollar mi libertad. Liberado de todas las ataduras que en el ámbito familiar me ligaban, y convencido, aunque ahora pueda pensar que inocentemente, de que el futuro era nuestro y lo íbamos a construir de una forma diferente, que nunca más habría una España obscura, arcaica y silenciosa.
                 Así fueron tres años de actividad, ilusiones, también ya, algunas decepciones; participación, lucha. Todo marcado por el atrevimiento, la osadía, el vigor de la juventud. Viviendo cada instante a tope, convencidos de nuestra razón, dejándonos el pellejo en cada acción, con el descaro propio de la edad y  con tanta intensidad que cada minuto parecía el más transcendental y definitivo.
                Participo en toda la vida del pueblo, la relación más estrecha y desde la que me proyecto hacia los demás gira en torno al grupo de teatro La Lluerna y la revista El Sarment. Desde la escuela, con los grupos políticos del Ayuntamiento y las asociaciones de maestros de la comarca de Manresa. Todo se concretó en la total integración en la vida social, cultural y política del pueblo y la comarca.

                Ahora, después de treinta años de mi partida, vuelvo para encontrarme con los que fueron amigos y compañeros de viaje, ilusionado con el reencuentro, pero también temeroso que no me hallara en el lugar, de que aquel mundo, idealizado por mí en el tiempo, ya no fuera el mismo. Que resultado de los vaivenes que da la vida, aquellos leales añorados hubieran cambiado, hubieran perdido las ilusiones, se hubieran desunido, dispersado y toda mi admiración cayera a tierra.
Instantes después del encuentro, aún nos envuelve la emoción
Ya, más tranquilos conversamos animadamente

                Realizo el viaje de noche y mi estado de excitación no me deja dormir, me domina el nerviosismo de la ocasión, trato de concebir, adelantar como será el encuentro, imaginar el paso de los años por ellos. Pero también lleno de alegría y esperanza por la cita.
                El recibimiento marca lo que ha sido estos cuatro días: alegría, cariño, atención, ilusión, risas… Desde que bajo del autobús, mis eternos amigos, han puesto toda su fuerza, todo su corazón para que mi estancia sea inolvidable.
                Subiendo hacia Manresa, con Anna y Trini, el comité de bienvenida, se atropellan las palabras, en un intento de contarnos todo aquello que teníamos guardado después de tanto tiempo. En Manresa me esperan más amigos, en una comida de acogida, todos pendientes de mí y mi bienestar.
                Revivimos  momentos pretéritos, reímos, conversamos y el afecto y la estima que nos domina florece, brota del manantial de la amistad y la comprensión.
                  Redescubro  las calles y lugares de Manresa que tantas veces recorrí, siempre para que yo me encontrara con mi historia, siempre buscando mi dicha. Así visitamos lugares y alargamos la noche en una cena agradable y llena de anécdotas de nuestra juventud.
Las muestras de cariño son continuas, aquí con Alfredo y Mª Angeles

                Al amigo Alfredo, que cumplía años, le habían escondido mi llegada, fui secuestrado para que no me descubriera, pero un aislamiento lleno de cariño y atenciones. La fiesta llegó el sábado a la tarde, mi encuentro ya, con todos los amigos, la emoción me desbordaba y las lágrimas luchaban por igual, por salir a la superficie y por mantenerse ocultas. El encuentro con Alfredo me desborda, su grito: ¡¡el Alfonso!!, me traspasa. Nos fundimos en un gran abrazo, y las lágrimas, las suyas y las mías se mezclan llenas de emoción y estima. En esos momentos me sentí muy importante para ellos, ya no era uno más, era el Alfonso, que había llegado de tierras lejanas para compartir con él y los demás toda la felicidad de la ocasión. En ese instante, también fui consciente de lo importantes que eran para mí.
Los amigos le dedican una pequeña representación, en la que cuentan anécdotas e su vida

                Así, que no se me enfade él, yo era aún más dichoso y feliz, verme con todos, comprobar que aún eran los mismos, siempre unidos, darme cuenta que pasado tanto tiempo me reconocían, me estimaban. Encontrarme con antiguas alumnas que me recordaban y manifestaban su alegría por volver a verme y refrescar pequeños momentos vividos. Mi corazón no podía albergar tanta felicidad, recoger todo el amor, y parecía que en cualquier instante reventaría de tantas atenciones, de tantas manifestaciones de afecto que estaba recibiendo.
Las maestras conmigo, pocas veces he estado tan bien acompañado

Siempre rodeado de amigos, evocando tiempos pasados y hablando de los presentes y futuros
                Mientras tanto, a cada minuto, me invade el recuerdo de mi amada ausente.  Ella, que tanto se estimaba la amistad imperecedera, se hubiera encontrado feliz y orgullosa, de que después de tantos años se mantuviera la amistad viva, eternamente joven, brotando de un manantial inagotable, siempre aflorando a nuestros corazones, siempre floreciente.
                La comida del domingo, en casa de Anna y Rafa, la cena del lunes en la terraza de Alfredo y Mª Angeles, las risas continuas, los viajes al pasado, las muestras de cariño, todo el cúmulo de emociones y sensaciones me han hecho muy feliz, me han llenado de ilusión.
Mesa compartida, sobre ella sabrosa comida, pero todavía más completa de amistad, cariño y cordialidad

                Mi deambular, el domingo y el lunes, por las calles que recorrí otrora, los lugares que disfruté, incluso los nuevos espacios, me llegaban en una percepción de tierras propias. El reconocimiento de personas, ahora mayores, las manifestaciones de  que mi paso por Balsareny perduraba en la memoria de los que estuvieron a mi alrededor, de que mi integración en la sociedad balsareñesa había dejado huella.
Me he traído dos nuevos amigos: Rafa y Josep Emili, parejas de Anna y Trini, que me han tratado con gran amabilidad y atención. Maravillosos, muchas gracias 

                Como el que no quiere la cosa, la hora de mi partida llegó. Nuevamente me llevan a Barcelona, ahora Trini y Ramona, recordamos aquellos otros tiempos que, en coches más vetustos, íbamos de un lado para otro. Ahora con la misma ilusión, las mismas ganas de reírnos y el mismo cariño y afecto de aquellos domingos, en que después de discotecas y otras diversiones nos encontrábamos en can Boter a cenar  y a soñar nuevas fiestas.
Pàrvat, hijo de Trini y Josep Emili, un encanto de muchacho, siempre atento y dispuesto a ayudar.  Graciès maco!

                Un gran abrazo de despedida que encierra toda mi dicha, todo el agradecimiento por tanto que me han dado estos días, un abrazo que abarca a todos y el deseo y convencimiento de que el nuevo encuentro será lo antes posible. Así mi agradecimientos  por las deferencias, atenciones, alegrías, por la felicidad que me habéis proporcionado, por el cariño que me habéis dispensado. Sabéis que paso, a ratos, por malos momentos, pero durante estos cuatro días habéis conseguido que me sienta la persona más dichosa.
Momentos anteriores a mi marcha, como siempre, viaje lleno de aventuras y odiseas, que feliz y que bien he estado estos cuatro días. Gracias a todos

                Me siento afortunado por tener un hijo como Adrián, porque Mª José haya entrado en su vida, por tener la familia que tengo, por mis amigos, de aquí y allá. Todos a la vez y, en la misma medida hacéis que me sienta una persona privilegiada.


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