miércoles, 1 de agosto de 2012

Viaje a Balsareny


                Al final he cumplido una de mis grandes ilusiones, volver a Balsareny, mi primer destino definitivo como maestro.
                Había pasado los últimos años de la dictadura en Murcia, ilusionado con los movimientos sociales y políticos de la época, ansioso de la llegada de ese mañana que florecía. En la mili establezco una amistad intensa con un compañero de Fuengirola, estudioso de los clásicos y los grandes pensadores del anarquismo y el comunismo. Desarrollamos una especie de tertulia y analizamos e ideamos el devenir de la esperanzadora democracia, convencidos de la gran tarea que nos espera.
Así llego a Barcelona, para mí, referente democrático de esa incipiente España. Lleno de ilusiones, ansioso de participar en la vida política y con los sentidos bien abiertos para empaparme de todo lo que ocurriera a mi alrededor.
                Proveniente de una familia rural tradicional, llego ávido de explorar y desarrollar mi libertad. Liberado de todas las ataduras que en el ámbito familiar me ligaban, y convencido, aunque ahora pueda pensar que inocentemente, de que el futuro era nuestro y lo íbamos a construir de una forma diferente, que nunca más habría una España obscura, arcaica y silenciosa.
                 Así fueron tres años de actividad, ilusiones, también ya, algunas decepciones; participación, lucha. Todo marcado por el atrevimiento, la osadía, el vigor de la juventud. Viviendo cada instante a tope, convencidos de nuestra razón, dejándonos el pellejo en cada acción, con el descaro propio de la edad y  con tanta intensidad que cada minuto parecía el más transcendental y definitivo.
                Participo en toda la vida del pueblo, la relación más estrecha y desde la que me proyecto hacia los demás gira en torno al grupo de teatro La Lluerna y la revista El Sarment. Desde la escuela, con los grupos políticos del Ayuntamiento y las asociaciones de maestros de la comarca de Manresa. Todo se concretó en la total integración en la vida social, cultural y política del pueblo y la comarca.

                Ahora, después de treinta años de mi partida, vuelvo para encontrarme con los que fueron amigos y compañeros de viaje, ilusionado con el reencuentro, pero también temeroso que no me hallara en el lugar, de que aquel mundo, idealizado por mí en el tiempo, ya no fuera el mismo. Que resultado de los vaivenes que da la vida, aquellos leales añorados hubieran cambiado, hubieran perdido las ilusiones, se hubieran desunido, dispersado y toda mi admiración cayera a tierra.
Instantes después del encuentro, aún nos envuelve la emoción
Ya, más tranquilos conversamos animadamente

                Realizo el viaje de noche y mi estado de excitación no me deja dormir, me domina el nerviosismo de la ocasión, trato de concebir, adelantar como será el encuentro, imaginar el paso de los años por ellos. Pero también lleno de alegría y esperanza por la cita.
                El recibimiento marca lo que ha sido estos cuatro días: alegría, cariño, atención, ilusión, risas… Desde que bajo del autobús, mis eternos amigos, han puesto toda su fuerza, todo su corazón para que mi estancia sea inolvidable.
                Subiendo hacia Manresa, con Anna y Trini, el comité de bienvenida, se atropellan las palabras, en un intento de contarnos todo aquello que teníamos guardado después de tanto tiempo. En Manresa me esperan más amigos, en una comida de acogida, todos pendientes de mí y mi bienestar.
                Revivimos  momentos pretéritos, reímos, conversamos y el afecto y la estima que nos domina florece, brota del manantial de la amistad y la comprensión.
                  Redescubro  las calles y lugares de Manresa que tantas veces recorrí, siempre para que yo me encontrara con mi historia, siempre buscando mi dicha. Así visitamos lugares y alargamos la noche en una cena agradable y llena de anécdotas de nuestra juventud.
Las muestras de cariño son continuas, aquí con Alfredo y Mª Angeles

                Al amigo Alfredo, que cumplía años, le habían escondido mi llegada, fui secuestrado para que no me descubriera, pero un aislamiento lleno de cariño y atenciones. La fiesta llegó el sábado a la tarde, mi encuentro ya, con todos los amigos, la emoción me desbordaba y las lágrimas luchaban por igual, por salir a la superficie y por mantenerse ocultas. El encuentro con Alfredo me desborda, su grito: ¡¡el Alfonso!!, me traspasa. Nos fundimos en un gran abrazo, y las lágrimas, las suyas y las mías se mezclan llenas de emoción y estima. En esos momentos me sentí muy importante para ellos, ya no era uno más, era el Alfonso, que había llegado de tierras lejanas para compartir con él y los demás toda la felicidad de la ocasión. En ese instante, también fui consciente de lo importantes que eran para mí.
Los amigos le dedican una pequeña representación, en la que cuentan anécdotas e su vida

                Así, que no se me enfade él, yo era aún más dichoso y feliz, verme con todos, comprobar que aún eran los mismos, siempre unidos, darme cuenta que pasado tanto tiempo me reconocían, me estimaban. Encontrarme con antiguas alumnas que me recordaban y manifestaban su alegría por volver a verme y refrescar pequeños momentos vividos. Mi corazón no podía albergar tanta felicidad, recoger todo el amor, y parecía que en cualquier instante reventaría de tantas atenciones, de tantas manifestaciones de afecto que estaba recibiendo.
Las maestras conmigo, pocas veces he estado tan bien acompañado

Siempre rodeado de amigos, evocando tiempos pasados y hablando de los presentes y futuros
                Mientras tanto, a cada minuto, me invade el recuerdo de mi amada ausente.  Ella, que tanto se estimaba la amistad imperecedera, se hubiera encontrado feliz y orgullosa, de que después de tantos años se mantuviera la amistad viva, eternamente joven, brotando de un manantial inagotable, siempre aflorando a nuestros corazones, siempre floreciente.
                La comida del domingo, en casa de Anna y Rafa, la cena del lunes en la terraza de Alfredo y Mª Angeles, las risas continuas, los viajes al pasado, las muestras de cariño, todo el cúmulo de emociones y sensaciones me han hecho muy feliz, me han llenado de ilusión.
Mesa compartida, sobre ella sabrosa comida, pero todavía más completa de amistad, cariño y cordialidad

                Mi deambular, el domingo y el lunes, por las calles que recorrí otrora, los lugares que disfruté, incluso los nuevos espacios, me llegaban en una percepción de tierras propias. El reconocimiento de personas, ahora mayores, las manifestaciones de  que mi paso por Balsareny perduraba en la memoria de los que estuvieron a mi alrededor, de que mi integración en la sociedad balsareñesa había dejado huella.
Me he traído dos nuevos amigos: Rafa y Josep Emili, parejas de Anna y Trini, que me han tratado con gran amabilidad y atención. Maravillosos, muchas gracias 

                Como el que no quiere la cosa, la hora de mi partida llegó. Nuevamente me llevan a Barcelona, ahora Trini y Ramona, recordamos aquellos otros tiempos que, en coches más vetustos, íbamos de un lado para otro. Ahora con la misma ilusión, las mismas ganas de reírnos y el mismo cariño y afecto de aquellos domingos, en que después de discotecas y otras diversiones nos encontrábamos en can Boter a cenar  y a soñar nuevas fiestas.
Pàrvat, hijo de Trini y Josep Emili, un encanto de muchacho, siempre atento y dispuesto a ayudar.  Graciès maco!

                Un gran abrazo de despedida que encierra toda mi dicha, todo el agradecimiento por tanto que me han dado estos días, un abrazo que abarca a todos y el deseo y convencimiento de que el nuevo encuentro será lo antes posible. Así mi agradecimientos  por las deferencias, atenciones, alegrías, por la felicidad que me habéis proporcionado, por el cariño que me habéis dispensado. Sabéis que paso, a ratos, por malos momentos, pero durante estos cuatro días habéis conseguido que me sienta la persona más dichosa.
Momentos anteriores a mi marcha, como siempre, viaje lleno de aventuras y odiseas, que feliz y que bien he estado estos cuatro días. Gracias a todos

                Me siento afortunado por tener un hijo como Adrián, porque Mª José haya entrado en su vida, por tener la familia que tengo, por mis amigos, de aquí y allá. Todos a la vez y, en la misma medida hacéis que me sienta una persona privilegiada.


1 comentario:

  1. Para nosotros también fue emocionante reencontrarte y compartir tantas anécdotas de nuestra juventud, y comprobar cómo el valor de la amistad perdura. Fue bonito también constatar cómo podías recordar, tres décadas después, el nombre de tus antiguos alumnos y alumnas al encontrate con ellos inesperadamente; que ellos se acuerden de su profe es natural, però que el profe los tuviera aún in mente dice mucho a tu favor, y a favor del modo como entendías y entiendes ese oficio tan importante, el de formar personas en conocimientos y valores. Gracias por regalarnos tu presencia y tu amistad; espero poder saludarte de nuevo, y espero que sea pronto. Un abrazo i moltes gràcies Alfons!

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