viernes, 14 de junio de 2013

EL REGRESO DE ADRIÁN Y MARÍA JOSÉ




Se acerca con prisa lenta el regreso de Adrián y Mª José, después de su estancia en Cracovia. Mi estado es de ansiedad controlada y de esperanza relativa.
            Es verdad que el tenerlos aquí,  cerca, es una alegría añadida para mí. Pero también quiero pensar en ellos y, puede ser duro después de un año de convivencia. Tener que volver a la rutina diaria de cada uno por su lado, sin ese aliciente que da la vida en pareja, sin esa plenitud de vida y amor, puede resultarles doloroso.
            No tendría ningún inconveniente que continuasen su proyecto común, incluso creo que les asiste el derecho a inventar su propia vida, su propio futuro, pero (*) todas las circunstancias no son controladas por mí. El tiempo decidirá.





            Desde mi egoísmo ha sido un año largo y duro. Adrián es mi soporte imprescindible. Ahora bien, el afecto de padre te lleva a considerar tu felicidad en función del bienestar de él. Así, el comprobar cómo, día a día, han evolucionado y consiguiendo más identidad común en su propósito de vida. Verlos reír cada vez que hablábamos, sentir  que entre ellos no había malos modos ni maneras. Ver como su amor crecía y notar que esa química especial que tiene que haber en las parejas, discurría por cauces de emociones y cariños, me llenaban de esperanza e ilusión.




            Cuando murió Rosario, mi gran desvelo era Adrián. Ella era su confidente, su soporte, su ayuda. Siempre su madre, pero a la vez,  sabía transmitirle esa confianza que hacía que se entregara a ella sin reservas, como si de dos amigos se tratara.
            Durante ese primer año de su partida, me propuse que tuviéramos un contacto frecuente, así, al menos una vez, comíamos juntos a la semana. Los dos hemos tenido que reinventar nuestra relación. De ser solo padre pasar a ser también madre y, un hecho muy importante,  hacerle sentir que su madre también era presente, que su gran sentido de su familia, padre, madre, hijo, no se desvanecía, seguía en pie, solo que con una circunstancia desgarradora, que los dos trataríamos de superar.
            La conversación, el diálogo fue el motor de nuestro camino, mostrándole que desde mi parte no habría ningún lado obscuro, estaba dispuesto a transmitirle mis sentimientos más íntimos, dispuesto a destruir las posibles barreras que tuviera hacia mí. Así se ha ido tejiendo una relación de intercambio, de ayuda y soporte mutuo. Siempre disponible a la llamada del otro, siempre dispuestos a escuchar, siempre dispuestos a expresarnos lo más cerca a la verdad posible.
            He ido notando como me hacía importante para él, para convertirse, a su vez, en muy importante para mí: ayudándome, alentándome  a crear nuevas ilusiones, marcándome un aire de libertad, incitándome  a vivir, incluso a respirar nuevos aires. Sus contribuciones se han hecho imprescindibles en  mí.



            Al ver la forma en que me ha tratado me ha hecho ver su grandeza, que se ha visto enriquecida por su vida junto a Mª José. Puede atesorar muchos defectos, (como el que más) pero su sensibilidad, atención y delicadeza le proporciona una dimensión que te hace admirarlo. Esta atención, sensibilidad y delicadeza que recoge directamente de su madre y, que tanto ella como yo siempre hemos procurado que estuviese presente en su educación, aunque faltaran otras cualidades más prácticas y provechosas para circular por este mundo.
            Ahora me emociono de comprobar que algo hemos conseguido. Máxime cuando habla de ella y de Mª José como lo hace en este escrito que os transcribo, y que, cuando me lo leyó, mi corazón se desbordó trayéndome a Rosario de nuevo y tocando mis células más  sensibles.

...El tiempo pasa... Y, la verdad, siempre encuentro un momento a lo largo del día, en que me acuerdo de mi madre. En su humor, en su felicidad y alegría que nos transmitía a todos y nos contagiaba, que nos hacía ser más humanos, más cercanos a nosotros mismos... Siempre que la recuerdo, me paro a pensar y sonrío, me lleno de felicidad, porque aunque no está presente físicamente, la noto dentro de mí todos los días, y me anima a seguir adelante con ilusión y con ganas... Su mayor ilusión, al final de sus días, era verme con María José, le encantaba,  que al llegar todos los días al hospital, le contara cómo estaban yendo las cosas con ella,... Tengo la sensación de que descansó tranquila pensando en que iba a estar tan bien acogido por María José, de que me iba a cobijar y arropar todos los días, a darme  mimos, caricias, cariños... Todo un sin fin de acciones que hacen que yo, cada vez que me acuerde de mi madre, me llene de tanta felicidad y alegría, y de ver lo feliz que soy conviviendo con María José. Un abrazo muy fuerte a mi madre, que se encuentra dentro de mí, por todo cuanto me ha dado y enseñado.

            Seguid así, seguro que la felicidad de la mamá será la vuestra.
            Un abrazo muy fuerte de Fonfo y seguro que de Saio.       



sábado, 8 de junio de 2013

ABIDAL, La ilusión de vivir

              Los que sabéis de mi historia, no os extrañará que en la tarde del sábado, cuando Abidal salió al campo y en la despedida posterior, sintiera una especial emoción, como me ocurre con Tito siempre que lo veo dirigir un partido.




            Estos dos personajes ponen cara pública a la bestial enfermedad, la misma emoción y sentimiento me invade ante cualquier otro, por anónimo que sea, que mantenga la misma lucha.
            Los que hemos vivido al lado, rodeados por la fiera, sabemos de las ganas de vivir, de la necesidad de sentirse válidos, las emociones se magnifican. Así entiendo la actitud de Abidal. No solo es vivir, también es sentir que su vida es plena. Vencer la enfermedad no es solo curar, también es vivir como lo has hecho siempre. Nace una necesidad del sí puedo. En su momento te zarandea de tal forma que te hace pensar que nunca más podrás ser el mismo. Al aparecer los primeros brotes de curación, crece el deseo imperioso de comprobar, de constatar  que sí  puedes.
            Cuando Rosario ya estaba en manos médicas,  con las primeras sesiones de quimioterapia se veía su avance positivo. Tras la tercera sesión, cierto día, al regresar de la escuela, me la encuentro en el sofá con aires de cansada. Con la tensión que vives te derrumbas, flaquean tus fuerzas y una corriente negativa atraviesa tu cuerpo. Me dice que suba arriba, lo hago y me encuentro, que ella sola, ha cambiado de lugar los muebles del dormitorio. Armarios de ropa, cama, mesillas, tocador, todo tiene una nueva estructura, siguiendo su tradición de no dejar mucho tiempo las cosas en el mimo sitio.  En la puerta del dormitorio, mirando el cambio,  no puedo evitar que se me escape una sonrisa y por primera vez se dibuja en mi mente la posibilidad de la curación. Al bajar, me siento obligado a regañarle, aunque sea de mentirijilla, para acto seguido,  abrazarla y ser uno de los más bellos e intensos que nos hemos dado, mezclándose alguna lágrima de alegría en nuestras mejillas. Estaba cansada pero inmensamente feliz de pode hacer aquello que siempre hacía. Al lo lejos se nos abrió un amanecer de curación.
            Comprobar que todavía tenía sus fuerzas, que podía volver a ser la misma, produjo un cambio en la alegría de su cara, se abrió del todo a las ilusiones y, se vivían, por nimias que fueran,  con una intensidad arrolladora.
            Todo era un canto diario a la vida, disfrutar de todo lo que le envolvía, a estremecerse ante cualquier emoción que le transmitieran los que la rodeaban. De su vida fue desapareciendo la palabra fracaso, todo se convertía en ilusiones, la indiferencia no tenía lugar y hasta el acto más inane lo vivía como el acto más prominente que pudiera ocurrir.
            Aunque tarde, te enteras también que la maldita es traicionera, después del verano pleno de constantes ilusiones, sin avisar, de golpe, nos muestra su macabra cara y se la lleva para siempre.



            Abidal y Tito han salvado uno de sus traicioneros ataques, con lo que surgen aún con más fuerza,  sus exigencias de vida. Ahora no pueden atender otras posibilidades que no sea demostrar que no ha podido con ellos, volver a sentir la utilidad de su existencia. En Abidal pasa por volver a jugar a tope al fútbol, igual dentro de unos meses puede sentir otras prioridades, pero primero tiene que comprobar que su cuerpo y su ánimo laten al máximo, que su capacidad alcanza a la máxima competición, después otras sensaciones le dirán su camino.
            Pero digo que son una cara pública, con ciertas posibilidades y no quiero olvidar a todos aquellos anónimos inocentes que no tienen las mismas oportunidades y a los gobiernos les digo,  no recorten en esto. Recorten viajes, monumentos, actos multitudinarios, reyes, príncipes y princesas, alardes, ejércitos, autopistas, aviones y aeropuertos, trenes de alta velocidad… Pero no recorten en esfuerzos para tratar de darle a miles y miles de personas una esperanza de que pueden vivir, de que tras la triste noche les espera un amanecer radiante. La calidad de vida de las personas tiene que estar delante de ejércitos, países, políticos y grandes acontecimiento.



            También quiero y trato de entender la postura del Barcelona con Abidal. Cuando Rosario estaba en plena lucha, yo no podía sustraerme a espiarla. Cualquier cambio de ánimo, cualquier gesto extraño, cualquier tos inoportuna, cualquier variación en su comportamiento era suficiente para alterar mi pulso, para dejarme sin aliento y traer a mi cara la preocupación y la tristeza.
            Así para todos podía establecerse un estado de tensión continua, difícil de llevar en muchos momentos. Le corresponde a cada uno, personalmente, decidir libremente como enfocar su vida. Abidal ha decidido seguir ligado al deporte a su máximo nivel, con una ilusión juvenil, pero también en la seguridad de que ni el mismo sabe cómo puede responder, desde aquí le deseo toda la fortuna del mundo.
            Os dejo con  Kavafis, en las canciones de LLuís Llac,  para decirle:
…….
Has d’arribar-hi, es el teu destí,
Pero no forcis gens la travessia.
Es preferible que duri molts anys,
Que siguis vell quan fondegis l’illa,
Ric de tot el que hauràs guanyat fent el cami,
Sense esperar que et doni més riqueses.
Itaca t’ha donat el bell viatge,
Sense ella no hauries sorti
-------------
…….
Més lluny, sempre aneu més lluny,
Més lluny de l’avui que ara us encadena.
I quan sereu deslliurats
Torneu a començar els nous passos.
-------------
……….
Bon viatge per als guerrers
si al seu poble són fidels,
el velam del seu vaixell
afavoreixi el Déu dels vents,
i malgrat llur vell combat
l’amor ompli el seu cos generós,
trobin els camins dels vells anhels,
plens de ventures, plens de coneixences.
Traduciendo libremente:
Has de llegar a tu destino
Pero no fuerces nada la travesía
Es preferible que dure muchos años
Que seas mayor cuando fondees en la isla
Rico de todo lo que has ganado durante el camino.
Sin esperar más riquezas
Itaca te ha dado el bello viaje
Sin ella no habrías salido.
--------------
Más lejos, siempre id más lejos
Más lejos de lo que hoy os encadena
Y cuando seáis liberados
Volved a empezar nuevos caminos.
------------
Buen viaje para los guerreros
Si a su pueblo son fieles,
El velamen de su barco
Favorezca el Dios de los vientos
Y a pesar de su viejo combate
El amor llene su corazón(1) generoso
Encuentre los caminos de los viejos deseos
Llenos de venturas, llenos de conocimientos.
(1)       Cuerpo en el original.


Fotos de internet se retirarán a petición
          

domingo, 28 de abril de 2013

VUELTA A TOPARES

La alegría de una primavera verde, llena de ilusión y esperanza a los topareños. Cuando el año se presenta en estas condiciones los corazones se llenan de júbilo y todos soñamos con un gran verano



Hasta los campos que no han sido sembrados participan de la alegría del verde

Por encima de los tejados me lleno de belleza al contemplar los campos

Hoy he sentido mi amanecer del letargo invernal. Durante esta gélida, inclemente y ventosa estación he permanecido adormilado como un  lirón, la apatía me ha envuelto y la desidia ha sido mi compañera inseparable. Así el venir a Topares se me hacía difícil. Solo el `pensar en el viaje, me dejaba, aún más, narcotizado. Pensaba en la llegada del viernes, para quedarme en mi casa, sin tener que moverme, sin ninguna pretensión, sumido en la misma monotonía de los demás días. Solo pensar en la idea de viajar y, sobre todo, en la inevitable vuelta, provocaba en mí un rechazo e ir negando, uno tras otro, los argumentos que me pudieran acudir a favor del viaje.
Tejados y tejados, al final las pocas montañas,
 en medio el manto de verde
                Hoy no era diferente,  el venir era obligatorio, pero la ilusión de otras veces estaba oculta, ni ganas, ni deseo de ponerme en camino. El viaje, en un principio, se ha hecho infinito. Pero al final ha acudido el milagro. Pasado Huéscar, he mirado hacia la derecha, en el horizonte, perdido y alejado he divisado al que llamamos Cerro Gordo y todo un manto de verdes, en todos sus matices y todos brillantes. Mi ánimo se ha ido llenando de ilusión. Ya en Topares, después de comer me he asomado al espacio abierto, he subido a la terraza de mi casa y me he llenado de ese aire fresco, limpio, transparente. La verde alfombra de los campos, los geométricos tejados, el distanciado horizonte, han hecho renacer en mi entrañas toda la esencia topareña que anida en mi ser a través de los tiempos.
               
En estos terrenos, áridos,
 pero que pueden transformarse en  alfombra verde.
mi espíritu recibe la plenitud de la naturales


Mi estado ha dado tal vuelco, que he buscado mi añorada bicicleta, la he despertado de su descanso estacional y me he lanzado a pedalear. Me he colmado de satisfacción y mi corazón ha latido lleno de energía. Para completar mi alegría, al regreso del paseo, inesperadamente me he encontrado con Isabelle, venida de Francia y que me ha transportado a veladas veraniegas en la puerta del Corralillo, rodeado de amigos y saboreando la profundidad de la noche.












Para el final, al llegar a mi casa, me encuentro con la entrada llena de rosas, que tanta alegría y recuerdos me provocan y, con tanto cariño cuida a lo largo del año Loli, Gracias


jueves, 21 de febrero de 2013

Música en el Aben-Humeya


Válor pasa por ser la cuna del último caudillo nazarí que encabezó la rebelión de los moriscos de Granada, Aben Humeya, nombre que tomó al capitanear la revuelta. Anteriormente,  en la Granada cristiana,  era conocido por Don Fernando de Córdoba y Válor, caballero veinticuatro de la ciudad, que correspondería a los actuales concejales. Por eso en el pueblo, grupos y asociaciones llevan su nombre. También lo es el de un bar-restaurante. En él, algunas noches de sábado organizan veladas musicales, como el pasado 9 de febrero, función de auténtico sonido inglés con Mateo y Marnie.
                Mateo, callado y silencioso, de su guitarra diáfana y transparente, sus manos sacan los acordes más dulces de la guitarra eléctrica más tradicional. El punteo, sus ritmos, nos llegan en el son más limpio, envolviéndonos en un aire cálido de armonías y cadencias.
                Marnie, a través de su voz sugerente, amiga, nos ofrece todo un abanico de matices, de amplitudes musicales. Su canto roquero nos acerca al mundo de los Rolling, aunque, es en las viejas canciones del  folk donde su expresión nos cautiva más. Nos susurra eternas baladas que nos hacen sentirnos transportados a un mundo de ilusiones mágicas.
                En mi mente Rosario, su entrega a la música,  y ese aire familiar, agradable, afectuoso que siempre nos proporcionaba el Aben Humeya, me transitan a otras  noches, ¡tantas!, de amor y felicidad pasadas en el mismo lugar.
                Al frente del negocio Sole, ayudada por sus hijos y, que siempre nos ha ofrecido cariño y afecto, haciéndonos considerar su casa como también la nuestra. Aben Humeya, bar al que siempre hemos considerado lugar de encuentro de culturas, en el que nadie puede sentirse extranjero, en el que todo el mundo tiene su sitio. Así, esta noche, también ha sido un concurrencia de idiomas, de sentimientos, todos juntos sin importar raza, sexo o religión, todos disfrutando del mundo mágico de la música.

martes, 19 de febrero de 2013

Enrique, amigo

                                            ...
Los hombres que "viven"
no se mueren nunca
se duermen de a ratos
de a ratos pequeños
y el sueño infinito
es solo una excusa
                     ....


Se ha ido Enrique, mi amigo,  y lo ha hecho silencioso, sin molestar, pero nos ha dejado el corazón dolido y los ojos compungidos.
                ¿Quién era Enrique? Enrique era un hombre bueno, bondadoso, bonachón, tierno. A sus años era un niño grande o un grande niño. Sencillo,  afable, sincero, dócil, su inocencia nos invadía con su semblante risueño.
                Enrique ha iniciado el largo viaje acosado por la maldita enfermedad. Esa que tras el estupor inicial, te vislumbra un amanecer de esperanza, de un mañana posible, pero que en un instante, en un relámpago, desentierra el hacha de guerra y te maltrata salvajemente.
Enrique y Pepita, siempre ilusionados,
en los muchos caminos que han recorrido juntos
su amor ha florecido


                Enrique nos ha dejado desolados. Siempre pendiente y dependiente de su compañera Pepita, privada traicioneramente de su eterno Cari, pero envuelta en el amor de sus hijos Quique y Malena, también de su amado hermano Juanmi. A vosotros, los que os queremos, intentaremos enviaros toda nuestra energía, nuestro afecto, para que siempre notéis nuestra dedicación, nuestro cariño.

Su inseparable Pepita, su hijo Quique y Juanmi


Juntos en Archena

                Siempre atento con los demás, alegre, gozoso ante sus pequeñas travesuras, divertido. Aunque a veces, pudiera mostrase un poquito gruñón, como todo el mundo, pero lleno de candidez, de amabilidad y afecto hacia los que le rodeaban. Su vieja perrita Luna, ciega en los ojos pero no en los sentimientos, lo buscará para dar el paseíto, se aupará a su preferido sillón intentando acurrucarse en su regazo y dormir plácidamente.

Enrique y su inseparable Luna,
                Al mismo tiempo, ahora, en su eterno descanso, se encontrará con su añorado y venerado nieto  Pablo, que lo esperará para recibirlo con un gran abrazo, guiándolo  en su nuevo mundo y, marchar,  cogidos de la mano, para  renovar viejas ilusiones y enviarles fuerzas y esperanza a los suyos, que se han quedado afligidos y acongojados tras su marcha.

viernes, 21 de diciembre de 2012

OTRA NAVIDAD


Ante mi se abre una nueva navidad, la segunda sin la compañía de Rosario. Es normal que su ausencia no te ahogue continuamente, pero hay fechas que su recuerdo, su pérdida si te machaca bruscamente.
                No es que nosotros hiciéramos nada especial estas fechas, ni que el motivo nos afectara particularmente. Pero nos conocimos en una navidad y en Topares siempre han sido un momento de encuentro, de relaciones con la familia y especialmente con los amigos. Al final de la misma los reyes, que vivíamos con una ilusión de niños, siempre manteniendo el misterio, el enigma del regalo, cada uno intentando cazar el detalle, una pista para captar su quimera o para adivinar que te esperaba.
                Así la navidad siempre era momentos de complicidades, de fábulas a flor de piel, de insinuaciones y quiebros, de afectos y deseos. De noches cálidas y veladas alargadas en compañía de los amigos o manifestándonos nuestro amor.
                Ahora, días antes de que llegue, veo soledad y frio en mi horizonte. A mi alrededor se desarrolla complicidad, amor, alegría y felicidad. Se cierra un año y se abre otro que se proyecta en un futuro en común, con la esperanza de nuevas ilusiones, con la felicidad de iniciar un nuevo ciclo junto a tu pareja, siguiendo con las mismas ganas de compartir tu vida junto a él, a ella. Pero conmigo no va nada de esto, me mantengo ajeno, espectador, sin ya poder proyectar mi vida junto a ella, sin la ilusión de prolongar mi vida de amor, sin el sueño de sorprenderla en reyes, toda mi pasión y enamoramiento enmudecidos en el negror de la noche de los tiempos. Sin la esperanza de sentir en la madrugada el calor de su cuerpo junto al mío, sin esperar que el sueño se apodere de mí,  confortado por su respiración consoladora, mecido en la suavidad de sus palabras, en el roce con su piel afectuosa.

                Pero parece que la vida siempre te deja un resquicio, así, en esta navidad espero el reencuentro con Adrián, después de tres meses en Polonia, viene, junto a Mª José, a pasar las fiestas con nosotros, tengo los nervios electrizados a la espera de poder verlos y darles un gran abrazo, ahora son mi vida y el sentido de la misma. Claro, que estos días tampoco soy capaz de sustraerme a la idea de cómo sería esta espera con Rosario, el regreso de su niño querido, nuestro nerviosismo compartido, los planes que surgirían, tantas palabras para comunicar, tanto cariño para dar.
                En todos estos sentimientos que expreso, sabed que también está el gozo de observaros unidos, de envidiar la felicidad que os envuelve, percibir a mis amigos y amigas llenos de alegría, compartiendo amor, acechar el deseo y la pasión en sus ojos, entonces sus venturas me confortan y me complacen.
                A todos les deseo dicha y felicidad, esperanza e ilusión para llenar un nuevo año.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Los barberos


La vida de nuestros pueblos ha variado mucho a lo largo de los últimos años. Si nos remontamos hasta hace unos treinta, cuarenta o cincuenta años veremos como han ido desapareciendo locales y actividades que se desarrollaban en el pueblo  de forma desmedida. En esotro tiempo, casi todas las labores de la vida diaria se daban en Topares, constituyendo en muchos de los casos una situación social.
En esta entrada me dispongo a hablar de unos de esos locales y profesión, las barberías y los barberos. Actualmente disponemos de dos peluquerías que atienden igual a hombres y  mujeres, siendo lo normal por todas partes. El afeitado ha desaparecido prácticamente, las nuevas maquinillas, manuales o eléctricas, han llevado este menester a la intimidad del baño, las barberías exclusivas de hombres son contadas y en las mismas prácticamente solo se realiza el corte de pelo, no sabemos tampoco por cuanto tiempo, pues ya son frecuentes los ingenios de cortarlo. En los tiempos pretéritos de los que hablamos, el uso era afeitarse y arreglarse la cabeza o el pelo, ambas expresiones se usaban, consistía en quitar el pelo del cuello, con las máquinas de cortar, arreglar las patillas y quitar la poco parte que se dejaba crecer de arriba.
                En Topares eran tres, exclusivas para los hombres. Aún antes, estaban las del tío Fermín,  la del tío Eliseo y la de Clodoaldo,. La de Fermín la continuó su hijo Julio, que llamábamos el barbero. La de Eliseo, Germán que además era sacristán y actor y que se casó con una hija de Fermín y la de Clodoaldo, su hijo Avelino, y sobrino también de Fermín, años después se convertiría en el cartero del pueblo y ya solo atendía a amigos incondicionales. Me contaba el hijo de Germán, que su padre había visto al tío Eliseo aún, sacar muelas, pues antiguamente los barberos eran los encargados de este menester. Así los tres nuevos barberos mantenían una relación de parentesco.
Julio, el de la derecha con unos amigos

                La barbería de Julio se situaba detrás de la iglesia, una pequeña puerta con cristales daba a una habitación, no muy grande, a la derecha estaba el sillón del barbero, delante una mesa adosada a la pared con un gran espejo encima. Sobre el mármol que cubría la consola sus utensilios. Un par de máquinas para cortar el pelo, las tijeras y el peine, la pequeña jofaina para el agua, la brocha, las navajas, el cuero para afilar, el jabón, alguna toalla, el cepillo para limpiar los pelos que se quedaban adheridos al cuello, algún bote de polvos de talco, una barra que parecía de hielo para después de afeitar, unas hojas de periódico o cualquier papel para limpiar la navaja y poco más. Así era en todos los casos.
Julio, ya retirado con una  de sus nietas

                Avelino la tenía en la calle Santa Lucía, enfrente de la casa de José Mª de la Eufemia y actualmente de Juan el municipal. La habitación era amplia y el sillón estaba a la izquierda de la entrada, cuando después lo nombraron cartero, la misma habitación pasó a ser la cartería.
Avelino, ya siendo cartero

                La de Germán estaba más arriba, en la calle que va desde las Cuevas hasta la calle San Vicente y que ahora ocupa cuando viene de vacacione su hija Emilia. La habitación no era muy grande y el sillón lo he visto a los dos lados de la entrada. Con el tiempo se quedó como único barbero del pueblo.
Germán, con Avelino en el salón parroquial, en un momento de descanso

                La mayoría de los parroquianos hacían el pago con la “IGUALA”. Pagaban una vez al año una cantidad fija, por costumbre en agosto,   bien en dinero o en grano, principalmente trigo. Aseguraban así la atención durante todo el ciclo anual. Las de los propietarios y ganaderos más pudientes conllevaban la asistencia en su propia casa, el barbero se desplazaba a los domicilios de los igualados, que en muchos de los casos eran propietarios de sus propias navajas, la igualación también afectaba a toda la familia, sobre todo a los hijos pequeños. Mi padre, mientras Julio ejerció, la tenía con él. Cuando la barbería pasaba de uno a otro, pasaba también la clientela. En mi infancia iba a la de Julio, o me cortaba el pelo cuando venía a mi casa a afeitar a mi padre, para los pequeños disponían de una silla más pequeña o un cojín grande para que no nos perdiéramos en el sillón del barbero.
                En el pueblo funcionaban los sábados por la tarde y el domingo por la mañana, claro que ante cualquier urgencia, por un viaje inesperado o cualquier otra circunstancia, el necesitado se presentaba en casa del fígaro que no tenía ningún inconveniente en arreglar al cliente.
                Durante la semana iban por los cortijos para atender a sus moradores, entonces estaban todos habitados y, en algunos, con bastantes vecinos, con lo cual no todas las semanas recibían la visita de él, así como mínimo tardaban quince días en volver a recibir su asistencia. Barbas endurecidas por el sol y las inclemencias del tiempo hacían necesario que las herramientas estuviesen muy cuidadas, pues podías arañar y dañar al usuario.
                Por gentileza de Juan, hijo de Germán, que también estuvo de aprendiz con su padre y que al final de su estancia en Topares ya realizaba el trabajo junto al mismo, me llega la lista de los cortijos que visitaba su progenitor, ahí va: Cortijo del Tío, Los Serranos, El Pozo Juan López, Los Sánchez, Las Casas de Gea, Santonge, La Loma, El Cerro, La Casa Ortega, Los Almagreros, La Boquera, El Jardín, Bugéjar, Los Cerricos, El Duque, Los Cuartos Nuevos, Barrás, La Cañada Grande, San Antón, Las Porchás, El Chaparral, La Casa Guino, Macián, Las Cobatillas, Espín, La Junquera, El Carrascal, El Perigallo, La Casa Mula, El Mancheño, El Carrizalejo, El Retamalejo, El Gamonal, El Cortijo del Fraile y puede que alguno más.
                El trayecto lo hacían en bicicleta, si nevaba o llovía mucho tenían que hacerlo andando o en burra. Ahora nos puede resultar difícil calibrar la importancia de la labor que hacían, pues no solo era el hecho de afeitar y cortar el pelo, también se constituían en vehículos de enlace entre las personas de estas cortijadas. Al recorrer toda la zona, muchas veces eran transmisores de noticias entre las familias, también recados y mensajes. De alguna maneja eran emisarios de las buenas nuevas y desgracias que acaecían en los diferentes lugares. Si la ruta era cercana salían al amanecer y regresaban al atardecer, pero a veces la lejanía o las condiciones climáticas les obligaban a pernoctar en alguna de las alquerías.
                Su esfuerzo era considerable, las bicicletas no contaban con cambios de platos y piñones, los caminos eran los que habían, con barro, nieve o lo que se presentara, cualquier retraso por el camino o un pinchazo inoportuno, podía llevar que la noche, sobre todo en invierno,  se echara encima. Cuando no, el estado de las vías, hacía necesario que cargaras con la bicicleta para seguir a pie, no es difícil imaginar que no era ningún paseo triunfal.
                Julio era el mayor de los tres y, cuando yo ya tenía doce o trece años, aunque mi padre tenía la iguala con él, quería ir a casa de Germán. Entre los jóvenes empezaba a considerarse la forma de llevar el pelo como un gesto de rebeldía y afirmación de nuestra personalidad y, nos parecía, que Germán lo hacía más de acuerdo a nuestros gustos, así que convencí a mis padres para dejarme cambiar. Siempre me ha entusiasmado escuchar las historias de los mayores y, las barberías, recuerdo,  solo de hombres, eran lugares donde se oían chascarrillos, anécdotas, leyendas y todo tipo de historias de otros tiempos.
                Para los que no conocéis Topares os sitúo. El establecimiento se encontraba en la parte alta del pueblo, delante de la casa había, hay, una pequeña explanada y ningún otro edificio le tapa el sol o la vista al horizonte. Aquí la climatología es dura, así que desde octubre hasta mayo un día soleado se agradece. Asistir a la barbería era además, un acto social, íbamos sin prisas, realmente a echar la tarde o la mañana. Casi todos los días, el personal desbordaba la capacidad de la habitación, entonces, si el día era soleado, la puerta se constituía en lugar de tertulia y juegos.
Germán, en su peluquería, arreglando el pelo a un cliente

                A veces, esos tiempos de espera se dedicaban a juegos como “El Palmo”, se hacía con monedas, pesetas o perras gordas. Éstas se lanzaban contra una pared, salían rebotadas, cuando pretendías que se alejara mucho de la pared se daba al brazo un movimiento de abajo a arriba, lo que provocaba que la moneda alcanzara más altura y quedaba más lejos de la misma. La forma de ganar consistía en que tu moneda quedara lo más cercano a otra moneda, si la distancia era más pequeña de un palmo la moneda del adversario era tuya, si no tenías que dejar la tuya en la tierra para que otro intentará ganártela. Otras veces jugaban al “caliche”, o cuando no aparecía una baraja y jugaban a la brisca o a los montones.
                En la habitación había cinco o seis sillas, frecuentemente había gente de pie, sentada en el suelo o se salían fuera. En los días duros de invierno, también pasaban a la cocina de la casa y se calentaban en la chimenea. En estas reuniones, al cabo de la jornada, se habían tocado todos los temas posibles. Los asuntos del campo, la siembra, las heladas, los barbechos, de los animales,  entonces existentes todavía en el pueblo,  de los mercados, todo lo que se relacionara con su quehacer diario. Se contaban recuerdos e historias de personas singulares que ya habían muerto, de formas de vida y penurias de tiempos más antiguos, chanzas y anécdotas que le habían ocurrido a diferentes vecinos del pueblo, recuerdo que contaban muchas veces de la llegada de los primeros automóviles al pueblo y, que en algún caso,  hasta los habían apedreado. Por eso cuando iba, y era concurrida la clientela, nunca tenía prisa ni encontraba el momento de marcharme, disfrutaba de esos momentos y era la compensación al fastidio que me producía el que me cortaran el pelo, que aún hoy me lo produce. Los tirones de las máquinas de cortar el pelo, pues eran accionadas por el hombre y cuando la retiraban de tu cabeza, si aún no estaba liberado del todo el peine de la misma, te daba un buen tirón. El picor de los pelos que quedaban en el cuello y la espalda, claro al llegar a casa no había ducha ni nada parecido, solo la mano agradable de la madre que con una toalla intentaba quitarte los que podía. Por supuesto eso de que te lavaran la cabeza en el lugar era algo, que en Topares, no estaba  aún  ni en la imaginación.
                Después resulta que van apareciendo las maquinillas de afeitar, cada vez más conseguidas, con apenas riesgos de cortarte, desechables o no. Las comunicaciones mejoran ostensiblemente, cada vez son más los particulares con coche y aprovechan los viajes fuera para acudir a una moderna peluquería. Los cortijos se quedan vacios, el pueblo, con la emigración, va tomando aires de soledad, se cierran casas y casas. El panorama se ennegrece día a día y, estos oficios artesanales, van sucumbiendo en el remolino del progreso, ante la evidencia de que con su ganancia no pueden mantener a una familia.
                Así, Germán, el último barbero y sacristán, tiene que tomar rumbo a Valencia, donde se pone a trabajar de vigilante, pero nuevamente su hijo Juan me cuenta que nunca dejó el oficio. En los ratos que le quedaban acudía a una peluquería a echar una mano y después consiguió su propia clientela. Tras jubilarse estuvo ejerciendo en un Hogar del Pensionista hasta pocos años antes de su muerte, después de cumplir  los 90. En los veranos, cuando venía a Topares de vacaciones, también se `ponía a la faena si alguien se lo pedía.
                Sería estúpido y vergonzoso por nuestra parte intentar comparar la calidad de vida actual del pueblo con la de aquellos otrora años, en cualquier aspecto de nuestra vida diaria. Pero eso no es óbice para que recordemos aquellas actividades artesanales, así como a sus artífices con mucho cariño y afecto. Es nuestra historia, nuestra vida y lo que ha dado sentido y forma a nuestro pueblo: Topares.
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