martes, 24 de septiembre de 2013

EN MÍ, PRESENCIA



El gran poeta Antonio Machado nace en Sevilla el 29 de mayo de 1874. Transcurre su primera infancia en esta ciudad, trasladándose con su familia a Madrid en 1883.
                Asiste a la Institución Libre de Enseñanza donde se encuentra satisfecho con los principios de escuela adaptada al medio ambiente. No es, sin embargo, un estudiante brillante. Eso sí, sus biógrafos señalan que asistió diariamente,  durante veinte años,  a la Biblioteca Nacional.
Consigue,  por oposición, una plaza de profesor de francés, siendo destinado a Soria, donde llega por primera vez en la primavera de 1907, tras la breve  visita torna a Madrid en espera del comienzo del nuevo curso.
Vuelve  en septiembre para incorporarse definitivamente a su puesto de trabajo. Conoce a Leonor, sobrina del dueño de la pensión donde se aloja.

Con su plena luz amoratada
Sobre la plomiza sierra de Santana
En una tarde de septiembre de 1907,
Se abre en mi recuerdo la pequeña
Y alta Soria.
Cuando la conoce, Leonor tiene solo 13 años:
Menuda y trigueña, de alta frente
Y de ojos oscuros
¡Oh, celebrad este domingo claro,
madrecitas en flor, vuestras entrañas nuevas!




Se casan el 30 de julio de 1909, ella con 15 años, él con 34. Ha sido un prendimiento de su juventud, de su dulzura. Así viven felices y dichosos en la Soria que tanto significaría en la obra del autor.
Consigue una beca para perfeccionar su francés en París. Allí, el 13 de julio de 1911, Leonor cae enferma de hemóptisis,  por lo que tienen que regresar buscando los aires limpios de la serranía soriana.
El poeta cae en la desesperación, incluso trata de contagiarse de la enfermedad para no tener que sobrevivirla. Coincide con la publicación de su libro: “Campos de Castilla” que él le dedica: “A mi Leonorcita del alma”. Muere el 1 de agosto de 1912, con tan solo 18 años.
Una noche de verano
-estaba abierto el balcón
y la puerta de mi casa-
la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho
-ni siquiera me miró-
con unos dedos muy finos
algo muy tenue rompió.
Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
delante de mí. ¿Qué has hecho?
La muerte no respondió.
Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón.
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos!
Su recuerdo se apropia de su espíritu, a un amigo le escribe:
“Si la felicidad es algo posible y real –lo que a veces pienso- yo la identificaría mentalmente con los años de mi vida en Soria y con el amor de mi mujer, a quien, como V. sabe, no me he resignado a perder pues su recuerdo constituye el  fondo más sólido de mi espíritu”.
Soñé que tú  me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas! …
Vive, esperanza, ¡Quién sabe
lo que se traga la tierra!
Vive en su presencia pero también se rebela ante la muerte cruel de su amada, ¡Tan joven, tan dichosa!
Señor ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya están rotos mi corazón y el mar.
“¿Por qué los hombres, en vez de matarse los unos a los otros, y de odiarse, no hemos de estudiar la manera de conservar la vida a los jóvenes? ¿Somos demasiado torpes o demasiado pequeños?-
Termino esta introducción con una carta que escribe a Unamuno, la que he leído, estos últimos años, una y otra vez:
“La muerte de mi mujer dejó mi espíritu desgarrado. Mi mujer era una persona angelical segada por la muerte cruelmente. Yo tenía adoración por ella; pero sobre el amor está la piedad. Yo hubiera querido mil veces morirme a verla morir, hubiera dado mil vidas por la suya. No creo que haya nada extraordinario en este sentimiento mio. Algo inmortal  hay en nosotros que quisiera morir con lo que muere. (…) El  golpe fue terrible y no creo haberme repuesto. Mientras luché a su lado contra lo irremediable me sostenía mi conciencia de sufrir mucho más que ella, pues ella, al fin, no pensó nunca en morirse y su enfermedad no era dolorosa. En fin, hoy vive en mí más que nunca y algunas veces creo firmemente que la he de recobrar. Paciencia y humildad.”


              

  Hoy, 24 de septiembre, hace dos años de que Rosario se marchó, también calladamente, llena de vida e ilusión. La muerte no solo se la llevó, también destrozó nuestra felicidad, nuestro sueño. Como sin quererlo, silenciosa,  la muerte, pasó a nuestro lado y rompió ese lazo que nos unía, esa magia que nos envolvía, ese amor que nos desbordaba.
                Y como dice Machado, hoy vive en mí más que nunca y su recuerdo, su presencia crece día a día, hora a hora y, también creo, pienso, anhelo que en cualquier momento la sienta entrar por la puerta, o bajar las escaleras, o sentir su dulce voz llamándome, despertándome de este sueño atroz.

24 de septiembre de 2013.

jueves, 8 de agosto de 2013

7 DE AGOSTO

                Año tras año cuando llega el 7 de agosto se acumulan los recuerdos, se reviven en mí ser sensaciones, nostalgias de una vida espléndida compartida con mi amada.

Camino de la iglesia

La alegría, la felicidad inundaba Almería

                Era un 7 de agosto de 1982 cuando Rosario y yo manifestamos delante de amigos y familiares nuestro deseo y propósito de compartir una vida de ilusiones, de amor, de fantasías y esperanzas.
                Yo trabajaba en Balsareny (Barcelona) y volvía a Almería para establecer una vida juntos. La ceremonia tenía que ser un manifiesto de niños traviesos, desprendida de toda pomposidad y alejada de cualquier signo de seriedad. Todo se tenía que desarrollar bajo el prisma de un juego de jóvenes inocentes, limpios y puros en los sentimientos.
                Ella se valía de que el oficiante fuera su tío, infantil como el que más,  contribuía a crear esa atmósfera tierna en la que se desarrollaría el acontecimiento. Rodeados de sus menudos sobrinos que le conferían al suceso ese aire de chiquillada travesura y arropados por jóvenes aún más ilusos que alejaban todo vestigio de seriedad de los mayores.


                Era una proclama de intenciones, voluntades de los que sería nuestra vida juntos. Vida en la que iba a reinar la fantasía, la imaginación, la ilusión por compartir las alegrías, también las penas y penurias, donde siempre ardiera la llama viva del amor.  Entregados a nosotros mismos y a nuestros amigos.


                Donde nuestra intención ha sido siempre sumar, nunca quitar, coartar. Sumar mayor libertad, mayor ilusión, sumar para que cada día que comenzaba estuviese pleno de caricias, de delicadezas, de atenciones, de propósitos para hacernos más felices.
                Lo evoco como un día maravilloso, inicio de una aventura aún más exquisita y que la asquerosa enfermedad truncó hace dos años, pero que en el tiempo permanece en mi viva, las emociones a flor de piel y resucitándola a cada instante.
                Cierro los ojos y libremente acuden a mí sus aromas, sus sabores, y su voz cariñosa, sugerente llena mis oídos de tiernas palabras.  La  nostalgia de su piel me hace estremecer de cálidos escalofríos, como si nunca hubiera dejado de acariciarme.


                Pero también su recuerdo asfixia. Su delicadeza, se sensibilidad, su pasión no me dejan acercarme a otras personas, no me dejan buscar otras compañías.


                Su memoria es la que me permite vivir, me proporciona las ilusiones para seguir caminando, avanzando en mi viaje a lo eterno. Su presencia viva es la que me llena de fuerzas para intentar nuevos retos, para no dormirme cada día en el sopor de la apatía y la abulia.





                Aquel 7 de agosto permanece incólume, impoluto en mi mente a través de los tiempos,  añorado y perpetuado en cada momento, que me hace pensar en la suerte, en la dicha de haber compartido una vida de felicidad con Rosario, con mi Saio.

viernes, 14 de junio de 2013

EL REGRESO DE ADRIÁN Y MARÍA JOSÉ




Se acerca con prisa lenta el regreso de Adrián y Mª José, después de su estancia en Cracovia. Mi estado es de ansiedad controlada y de esperanza relativa.
            Es verdad que el tenerlos aquí,  cerca, es una alegría añadida para mí. Pero también quiero pensar en ellos y, puede ser duro después de un año de convivencia. Tener que volver a la rutina diaria de cada uno por su lado, sin ese aliciente que da la vida en pareja, sin esa plenitud de vida y amor, puede resultarles doloroso.
            No tendría ningún inconveniente que continuasen su proyecto común, incluso creo que les asiste el derecho a inventar su propia vida, su propio futuro, pero (*) todas las circunstancias no son controladas por mí. El tiempo decidirá.





            Desde mi egoísmo ha sido un año largo y duro. Adrián es mi soporte imprescindible. Ahora bien, el afecto de padre te lleva a considerar tu felicidad en función del bienestar de él. Así, el comprobar cómo, día a día, han evolucionado y consiguiendo más identidad común en su propósito de vida. Verlos reír cada vez que hablábamos, sentir  que entre ellos no había malos modos ni maneras. Ver como su amor crecía y notar que esa química especial que tiene que haber en las parejas, discurría por cauces de emociones y cariños, me llenaban de esperanza e ilusión.




            Cuando murió Rosario, mi gran desvelo era Adrián. Ella era su confidente, su soporte, su ayuda. Siempre su madre, pero a la vez,  sabía transmitirle esa confianza que hacía que se entregara a ella sin reservas, como si de dos amigos se tratara.
            Durante ese primer año de su partida, me propuse que tuviéramos un contacto frecuente, así, al menos una vez, comíamos juntos a la semana. Los dos hemos tenido que reinventar nuestra relación. De ser solo padre pasar a ser también madre y, un hecho muy importante,  hacerle sentir que su madre también era presente, que su gran sentido de su familia, padre, madre, hijo, no se desvanecía, seguía en pie, solo que con una circunstancia desgarradora, que los dos trataríamos de superar.
            La conversación, el diálogo fue el motor de nuestro camino, mostrándole que desde mi parte no habría ningún lado obscuro, estaba dispuesto a transmitirle mis sentimientos más íntimos, dispuesto a destruir las posibles barreras que tuviera hacia mí. Así se ha ido tejiendo una relación de intercambio, de ayuda y soporte mutuo. Siempre disponible a la llamada del otro, siempre dispuestos a escuchar, siempre dispuestos a expresarnos lo más cerca a la verdad posible.
            He ido notando como me hacía importante para él, para convertirse, a su vez, en muy importante para mí: ayudándome, alentándome  a crear nuevas ilusiones, marcándome un aire de libertad, incitándome  a vivir, incluso a respirar nuevos aires. Sus contribuciones se han hecho imprescindibles en  mí.



            Al ver la forma en que me ha tratado me ha hecho ver su grandeza, que se ha visto enriquecida por su vida junto a Mª José. Puede atesorar muchos defectos, (como el que más) pero su sensibilidad, atención y delicadeza le proporciona una dimensión que te hace admirarlo. Esta atención, sensibilidad y delicadeza que recoge directamente de su madre y, que tanto ella como yo siempre hemos procurado que estuviese presente en su educación, aunque faltaran otras cualidades más prácticas y provechosas para circular por este mundo.
            Ahora me emociono de comprobar que algo hemos conseguido. Máxime cuando habla de ella y de Mª José como lo hace en este escrito que os transcribo, y que, cuando me lo leyó, mi corazón se desbordó trayéndome a Rosario de nuevo y tocando mis células más  sensibles.

...El tiempo pasa... Y, la verdad, siempre encuentro un momento a lo largo del día, en que me acuerdo de mi madre. En su humor, en su felicidad y alegría que nos transmitía a todos y nos contagiaba, que nos hacía ser más humanos, más cercanos a nosotros mismos... Siempre que la recuerdo, me paro a pensar y sonrío, me lleno de felicidad, porque aunque no está presente físicamente, la noto dentro de mí todos los días, y me anima a seguir adelante con ilusión y con ganas... Su mayor ilusión, al final de sus días, era verme con María José, le encantaba,  que al llegar todos los días al hospital, le contara cómo estaban yendo las cosas con ella,... Tengo la sensación de que descansó tranquila pensando en que iba a estar tan bien acogido por María José, de que me iba a cobijar y arropar todos los días, a darme  mimos, caricias, cariños... Todo un sin fin de acciones que hacen que yo, cada vez que me acuerde de mi madre, me llene de tanta felicidad y alegría, y de ver lo feliz que soy conviviendo con María José. Un abrazo muy fuerte a mi madre, que se encuentra dentro de mí, por todo cuanto me ha dado y enseñado.

            Seguid así, seguro que la felicidad de la mamá será la vuestra.
            Un abrazo muy fuerte de Fonfo y seguro que de Saio.       



sábado, 8 de junio de 2013

ABIDAL, La ilusión de vivir

              Los que sabéis de mi historia, no os extrañará que en la tarde del sábado, cuando Abidal salió al campo y en la despedida posterior, sintiera una especial emoción, como me ocurre con Tito siempre que lo veo dirigir un partido.




            Estos dos personajes ponen cara pública a la bestial enfermedad, la misma emoción y sentimiento me invade ante cualquier otro, por anónimo que sea, que mantenga la misma lucha.
            Los que hemos vivido al lado, rodeados por la fiera, sabemos de las ganas de vivir, de la necesidad de sentirse válidos, las emociones se magnifican. Así entiendo la actitud de Abidal. No solo es vivir, también es sentir que su vida es plena. Vencer la enfermedad no es solo curar, también es vivir como lo has hecho siempre. Nace una necesidad del sí puedo. En su momento te zarandea de tal forma que te hace pensar que nunca más podrás ser el mismo. Al aparecer los primeros brotes de curación, crece el deseo imperioso de comprobar, de constatar  que sí  puedes.
            Cuando Rosario ya estaba en manos médicas,  con las primeras sesiones de quimioterapia se veía su avance positivo. Tras la tercera sesión, cierto día, al regresar de la escuela, me la encuentro en el sofá con aires de cansada. Con la tensión que vives te derrumbas, flaquean tus fuerzas y una corriente negativa atraviesa tu cuerpo. Me dice que suba arriba, lo hago y me encuentro, que ella sola, ha cambiado de lugar los muebles del dormitorio. Armarios de ropa, cama, mesillas, tocador, todo tiene una nueva estructura, siguiendo su tradición de no dejar mucho tiempo las cosas en el mimo sitio.  En la puerta del dormitorio, mirando el cambio,  no puedo evitar que se me escape una sonrisa y por primera vez se dibuja en mi mente la posibilidad de la curación. Al bajar, me siento obligado a regañarle, aunque sea de mentirijilla, para acto seguido,  abrazarla y ser uno de los más bellos e intensos que nos hemos dado, mezclándose alguna lágrima de alegría en nuestras mejillas. Estaba cansada pero inmensamente feliz de pode hacer aquello que siempre hacía. Al lo lejos se nos abrió un amanecer de curación.
            Comprobar que todavía tenía sus fuerzas, que podía volver a ser la misma, produjo un cambio en la alegría de su cara, se abrió del todo a las ilusiones y, se vivían, por nimias que fueran,  con una intensidad arrolladora.
            Todo era un canto diario a la vida, disfrutar de todo lo que le envolvía, a estremecerse ante cualquier emoción que le transmitieran los que la rodeaban. De su vida fue desapareciendo la palabra fracaso, todo se convertía en ilusiones, la indiferencia no tenía lugar y hasta el acto más inane lo vivía como el acto más prominente que pudiera ocurrir.
            Aunque tarde, te enteras también que la maldita es traicionera, después del verano pleno de constantes ilusiones, sin avisar, de golpe, nos muestra su macabra cara y se la lleva para siempre.



            Abidal y Tito han salvado uno de sus traicioneros ataques, con lo que surgen aún con más fuerza,  sus exigencias de vida. Ahora no pueden atender otras posibilidades que no sea demostrar que no ha podido con ellos, volver a sentir la utilidad de su existencia. En Abidal pasa por volver a jugar a tope al fútbol, igual dentro de unos meses puede sentir otras prioridades, pero primero tiene que comprobar que su cuerpo y su ánimo laten al máximo, que su capacidad alcanza a la máxima competición, después otras sensaciones le dirán su camino.
            Pero digo que son una cara pública, con ciertas posibilidades y no quiero olvidar a todos aquellos anónimos inocentes que no tienen las mismas oportunidades y a los gobiernos les digo,  no recorten en esto. Recorten viajes, monumentos, actos multitudinarios, reyes, príncipes y princesas, alardes, ejércitos, autopistas, aviones y aeropuertos, trenes de alta velocidad… Pero no recorten en esfuerzos para tratar de darle a miles y miles de personas una esperanza de que pueden vivir, de que tras la triste noche les espera un amanecer radiante. La calidad de vida de las personas tiene que estar delante de ejércitos, países, políticos y grandes acontecimiento.



            También quiero y trato de entender la postura del Barcelona con Abidal. Cuando Rosario estaba en plena lucha, yo no podía sustraerme a espiarla. Cualquier cambio de ánimo, cualquier gesto extraño, cualquier tos inoportuna, cualquier variación en su comportamiento era suficiente para alterar mi pulso, para dejarme sin aliento y traer a mi cara la preocupación y la tristeza.
            Así para todos podía establecerse un estado de tensión continua, difícil de llevar en muchos momentos. Le corresponde a cada uno, personalmente, decidir libremente como enfocar su vida. Abidal ha decidido seguir ligado al deporte a su máximo nivel, con una ilusión juvenil, pero también en la seguridad de que ni el mismo sabe cómo puede responder, desde aquí le deseo toda la fortuna del mundo.
            Os dejo con  Kavafis, en las canciones de LLuís Llac,  para decirle:
…….
Has d’arribar-hi, es el teu destí,
Pero no forcis gens la travessia.
Es preferible que duri molts anys,
Que siguis vell quan fondegis l’illa,
Ric de tot el que hauràs guanyat fent el cami,
Sense esperar que et doni més riqueses.
Itaca t’ha donat el bell viatge,
Sense ella no hauries sorti
-------------
…….
Més lluny, sempre aneu més lluny,
Més lluny de l’avui que ara us encadena.
I quan sereu deslliurats
Torneu a començar els nous passos.
-------------
……….
Bon viatge per als guerrers
si al seu poble són fidels,
el velam del seu vaixell
afavoreixi el Déu dels vents,
i malgrat llur vell combat
l’amor ompli el seu cos generós,
trobin els camins dels vells anhels,
plens de ventures, plens de coneixences.
Traduciendo libremente:
Has de llegar a tu destino
Pero no fuerces nada la travesía
Es preferible que dure muchos años
Que seas mayor cuando fondees en la isla
Rico de todo lo que has ganado durante el camino.
Sin esperar más riquezas
Itaca te ha dado el bello viaje
Sin ella no habrías salido.
--------------
Más lejos, siempre id más lejos
Más lejos de lo que hoy os encadena
Y cuando seáis liberados
Volved a empezar nuevos caminos.
------------
Buen viaje para los guerreros
Si a su pueblo son fieles,
El velamen de su barco
Favorezca el Dios de los vientos
Y a pesar de su viejo combate
El amor llene su corazón(1) generoso
Encuentre los caminos de los viejos deseos
Llenos de venturas, llenos de conocimientos.
(1)       Cuerpo en el original.


Fotos de internet se retirarán a petición
          

domingo, 28 de abril de 2013

VUELTA A TOPARES

La alegría de una primavera verde, llena de ilusión y esperanza a los topareños. Cuando el año se presenta en estas condiciones los corazones se llenan de júbilo y todos soñamos con un gran verano



Hasta los campos que no han sido sembrados participan de la alegría del verde

Por encima de los tejados me lleno de belleza al contemplar los campos

Hoy he sentido mi amanecer del letargo invernal. Durante esta gélida, inclemente y ventosa estación he permanecido adormilado como un  lirón, la apatía me ha envuelto y la desidia ha sido mi compañera inseparable. Así el venir a Topares se me hacía difícil. Solo el `pensar en el viaje, me dejaba, aún más, narcotizado. Pensaba en la llegada del viernes, para quedarme en mi casa, sin tener que moverme, sin ninguna pretensión, sumido en la misma monotonía de los demás días. Solo pensar en la idea de viajar y, sobre todo, en la inevitable vuelta, provocaba en mí un rechazo e ir negando, uno tras otro, los argumentos que me pudieran acudir a favor del viaje.
Tejados y tejados, al final las pocas montañas,
 en medio el manto de verde
                Hoy no era diferente,  el venir era obligatorio, pero la ilusión de otras veces estaba oculta, ni ganas, ni deseo de ponerme en camino. El viaje, en un principio, se ha hecho infinito. Pero al final ha acudido el milagro. Pasado Huéscar, he mirado hacia la derecha, en el horizonte, perdido y alejado he divisado al que llamamos Cerro Gordo y todo un manto de verdes, en todos sus matices y todos brillantes. Mi ánimo se ha ido llenando de ilusión. Ya en Topares, después de comer me he asomado al espacio abierto, he subido a la terraza de mi casa y me he llenado de ese aire fresco, limpio, transparente. La verde alfombra de los campos, los geométricos tejados, el distanciado horizonte, han hecho renacer en mi entrañas toda la esencia topareña que anida en mi ser a través de los tiempos.
               
En estos terrenos, áridos,
 pero que pueden transformarse en  alfombra verde.
mi espíritu recibe la plenitud de la naturales


Mi estado ha dado tal vuelco, que he buscado mi añorada bicicleta, la he despertado de su descanso estacional y me he lanzado a pedalear. Me he colmado de satisfacción y mi corazón ha latido lleno de energía. Para completar mi alegría, al regreso del paseo, inesperadamente me he encontrado con Isabelle, venida de Francia y que me ha transportado a veladas veraniegas en la puerta del Corralillo, rodeado de amigos y saboreando la profundidad de la noche.












Para el final, al llegar a mi casa, me encuentro con la entrada llena de rosas, que tanta alegría y recuerdos me provocan y, con tanto cariño cuida a lo largo del año Loli, Gracias


jueves, 21 de febrero de 2013

Música en el Aben-Humeya


Válor pasa por ser la cuna del último caudillo nazarí que encabezó la rebelión de los moriscos de Granada, Aben Humeya, nombre que tomó al capitanear la revuelta. Anteriormente,  en la Granada cristiana,  era conocido por Don Fernando de Córdoba y Válor, caballero veinticuatro de la ciudad, que correspondería a los actuales concejales. Por eso en el pueblo, grupos y asociaciones llevan su nombre. También lo es el de un bar-restaurante. En él, algunas noches de sábado organizan veladas musicales, como el pasado 9 de febrero, función de auténtico sonido inglés con Mateo y Marnie.
                Mateo, callado y silencioso, de su guitarra diáfana y transparente, sus manos sacan los acordes más dulces de la guitarra eléctrica más tradicional. El punteo, sus ritmos, nos llegan en el son más limpio, envolviéndonos en un aire cálido de armonías y cadencias.
                Marnie, a través de su voz sugerente, amiga, nos ofrece todo un abanico de matices, de amplitudes musicales. Su canto roquero nos acerca al mundo de los Rolling, aunque, es en las viejas canciones del  folk donde su expresión nos cautiva más. Nos susurra eternas baladas que nos hacen sentirnos transportados a un mundo de ilusiones mágicas.
                En mi mente Rosario, su entrega a la música,  y ese aire familiar, agradable, afectuoso que siempre nos proporcionaba el Aben Humeya, me transitan a otras  noches, ¡tantas!, de amor y felicidad pasadas en el mismo lugar.
                Al frente del negocio Sole, ayudada por sus hijos y, que siempre nos ha ofrecido cariño y afecto, haciéndonos considerar su casa como también la nuestra. Aben Humeya, bar al que siempre hemos considerado lugar de encuentro de culturas, en el que nadie puede sentirse extranjero, en el que todo el mundo tiene su sitio. Así, esta noche, también ha sido un concurrencia de idiomas, de sentimientos, todos juntos sin importar raza, sexo o religión, todos disfrutando del mundo mágico de la música.

martes, 19 de febrero de 2013

Enrique, amigo

                                            ...
Los hombres que "viven"
no se mueren nunca
se duermen de a ratos
de a ratos pequeños
y el sueño infinito
es solo una excusa
                     ....


Se ha ido Enrique, mi amigo,  y lo ha hecho silencioso, sin molestar, pero nos ha dejado el corazón dolido y los ojos compungidos.
                ¿Quién era Enrique? Enrique era un hombre bueno, bondadoso, bonachón, tierno. A sus años era un niño grande o un grande niño. Sencillo,  afable, sincero, dócil, su inocencia nos invadía con su semblante risueño.
                Enrique ha iniciado el largo viaje acosado por la maldita enfermedad. Esa que tras el estupor inicial, te vislumbra un amanecer de esperanza, de un mañana posible, pero que en un instante, en un relámpago, desentierra el hacha de guerra y te maltrata salvajemente.
Enrique y Pepita, siempre ilusionados,
en los muchos caminos que han recorrido juntos
su amor ha florecido


                Enrique nos ha dejado desolados. Siempre pendiente y dependiente de su compañera Pepita, privada traicioneramente de su eterno Cari, pero envuelta en el amor de sus hijos Quique y Malena, también de su amado hermano Juanmi. A vosotros, los que os queremos, intentaremos enviaros toda nuestra energía, nuestro afecto, para que siempre notéis nuestra dedicación, nuestro cariño.

Su inseparable Pepita, su hijo Quique y Juanmi


Juntos en Archena

                Siempre atento con los demás, alegre, gozoso ante sus pequeñas travesuras, divertido. Aunque a veces, pudiera mostrase un poquito gruñón, como todo el mundo, pero lleno de candidez, de amabilidad y afecto hacia los que le rodeaban. Su vieja perrita Luna, ciega en los ojos pero no en los sentimientos, lo buscará para dar el paseíto, se aupará a su preferido sillón intentando acurrucarse en su regazo y dormir plácidamente.

Enrique y su inseparable Luna,
                Al mismo tiempo, ahora, en su eterno descanso, se encontrará con su añorado y venerado nieto  Pablo, que lo esperará para recibirlo con un gran abrazo, guiándolo  en su nuevo mundo y, marchar,  cogidos de la mano, para  renovar viejas ilusiones y enviarles fuerzas y esperanza a los suyos, que se han quedado afligidos y acongojados tras su marcha.
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