jueves, 26 de diciembre de 2013

EN NAVIDAD



Ya estamos en Navidad, en mis recuerdos va asociada a encuentros, a días de compartir amistades, de entablar nuevos conocimientos, de proyectar inéditas ilusiones, de renovar promesas y estrechar los lazos que te unen a los demás.
            Aunque parece ser que hoy en día, estas fiestas se limitan a comprar regalos, a diversiones desenfrenadas y a que los que ya lo tienen todo reciban más regalos y atenciones. Una loca carrera de consumismo para los que se lo pueden permitir. Y para otros muchos seres invisibles, soledad y frialdad, de los que a nadie tienen ni nada tienen.





            En este, mi pequeño pueblo, todavía se mantiene, aunque menos, ese espíritu comunitario de antaño. La bandeja de mantecados y el licor café, preparados en la mesa, para todo el que nos visita, amigo o circunstancial, las puertas abiertas para recibirlos con alegría y la sensación de una gran familia, perdida en estos aires de la altiplanicie, pero unida en los sentimientos.
            La reunión de todos en el centro común para bailar parrandas, conversar de campos, siembras, lluvias y fríos. Los jóvenes planeando encuentros en casas, cocheras o cortijos, donde pasar la velada entre bromas, juegos de siempre y risas, muchas risas, que nos acercan la lozanía y vitalidad de su edad. Infantes proyectando sueños de Reyes Magos y visitando la tienda del pueblo a comprobar si el juguete que les ilusiona se encuentra entre sus estanterías.
            Todos participando de un domicilio global, en el cual integrados, celebramos y compartimos las historias de cada topareño, disfrutando de los presentes y recordando, añorando los ausentes.





            Mientras desde mi atalaya particular, observo el ir y venir de estas buenas gentes, el recuerdo de Rosario se me hace más vivo y necesario. En la Navidad de Topares nos conocimos, por estas fechas nacía nuestro hijo, siendo estos días, siempre, momentos de dicha y felicidad. En su vida, su razón más vital para la existencia, eran los amigos y en estas fechas se colmaba de emociones y sentimientos. Participar con ellos de inquietudes, ilusiones, fidelidad y recibir su cariño y afecto, le hacían feliz y dichosa, júbilo que les tornaba con su optimismo, su alegría y su amor.
            Este blog me mantiene más unido a ella, provoca que su presencia en mí sea diáfana, viva. Y VOSOTROS-VOSOTRAS, que pacientemente, amorosamente me leéis, me regaláis vuestros comentarios; me ayudáis a seguir, a que no se marchiten mis ilusiones y a que cada día pueda renovar mis esperanzas.
            Por eso desde estas líneas os deseo que disfrutéis de unas fiestas cargadas de amor, de pasiones, de sueños quiméricos, de afectos y sonrisas- Que el año que oteamos ya cercano, sea el de vuestros sueños, el de las realidades de esas utopías que nos hemos ido fabricando a lo largos de los días pasados, en el  transcurrir  de toda nuestra vida.
            Muchas gracias a todos, y quiero compartir con vosotros un gran abrazo de felicidad, de proyectos solidarios y realidades enriquecedoras.

            Besos y abrazos a doquier








Fotos: Antonio Pina

lunes, 9 de diciembre de 2013

fantasías

Bruno estaba sentado en la mesa de una taberna, hacía tres años que había perdido a su pareja y no lograba desprenderse de la añoranza.
                Mientras saboreaba su cerveza entra  un grupo, descubre entre ellos a una mujer que atrae su intención. Es de edad incierta pero definida, más cercana de los 50 que alejada, de todas maneras rondando esa plenitud misteriosa.
                Cubrían sus piernas unas medias de malla, negras con grises calados, dejando intuir una piel blanca sin aclararla. Viste una falda corta, verde hoja  cuadriculada con líneas negras.
                Bruno desliza su mirada de cuando en cuando hacia ella, está sentada en un taburete alto frente a él. Su imaginación vuela, el cruce de sus piernas le acerca su piel y siente la necesidad de volver a disfrutar, saborear del suave contacto de dos epidermis que se rozan, se buscan y se adhieren hasta sentirse una sola.
                Sus manos, en su mente, recorren cada uno de sus poros, para descubrir  todos sus rincones, mientras sus miradas se desean. En su quimera aspira sus aromas, escucha sus susurros, sus silencios  para abrir su interior. Localizar su espíritu para saber de su inteligencia, de su amor, de su pasión.

                La recia voz del camarero anunciándole la cuenta le borra la fantasía. Perturbado, alcanza la calle, donde la fría brisa de la mañana le deja  la pregunta de si habría merecido una sola mirada de ella.














Fotografía de internet, se retirará a petición




viernes, 6 de diciembre de 2013

MANDELA



Ha muerto Nelson Mandela y, como siempre en su vida, con el silencio de los humildes. Quizás, sea el último gobernante admirado y respetado en todo el mundo. Su vida ha sido un testimonio permanente de trabajo por los demás, de buscar el encuentro entre las personas, de escuchar al otro, de intentar entender los argumentos de los adversarios y, siempre, alejado del enriquecimiento particular, del engreimiento personal.
                A lo largo de su vida nos ha ido dejando detalles de su gran humanidad. Padeciendo 27 años de cárcel por defender la igualdad entre las personas, por su lucha en defensa de los derechos humanos, nos dice que para su propia libertad es fundamental no llenarse de resentimiento. Su libertad no es completa sin la libertad del otro. Confiesa que en la cárcel en vez de gastar su energía en odiar a los que le tenían encerrado, la gastó en intentar comprenderlos, en entender sus vidas, en asimilar, también, sus costumbres, como única manera de vencer todos juntos. El odio, el rencor, puede llevarnos a que haya un vencedor, pero no es eso de lo que se trata, la solución es que seamos todos juntos vencedores, única vía para conseguir una sociedad de convivencia, más justa.
                En la película "Invictus" hay una escena que resume su hacer. Le pide al capitán de los 'Springboks', que le haga una visita. En ella, él, presidente de la república, le sirve el té y le dice que lo admira por la dificultad e importancia de su trabajo. Su propia labor no es nada comparada con la del deportista y lo importante de su victoria en el campeonato para conseguir la vida en paz. Siempre resaltando la labor de los demás y subordinando la propia a la importancia de la ayuda de todos.
                Su lado humano, invariablemente, se tratase de quién se tratase, interesándose por conocer a los que le rodeaban, incluso a los que habían sido sus perseguidores,, acercarse a ellos, saber de las cuestiones que les preocupaban, preocuparse por sus familias y demostrarles que sus problemas también los compartía.
                Cuando observó que su labor estaba hecha, se retiró del poder, sin intentar aprovechar su fama, su carisma para seguir en la cima. Hecho que corrobra su grandeza, cuando vemos tantos jefes de estado y mandatarios que se aferran a su trono hasta que la muerte los cesa, ansiosos del vasallaje continuo de los que le rodean.
                Por todos se ha destacado su sonrisa permanente, pero no es una sonrisa cualquiera. Es la de una persona sin dudas, satisfecha de aquello que hace, pues continuamente lo intenta hacer desde la honestidad. Con el derecho, como todos, a equivocarse, pero persistentemente con la intención de sumar, de unir esfuerzos para construir la paz.
                Nos dejó también una gran lección, al demostrarnos que con la comprensión, el respeto, la sencillez de su humanidad se pueden derribar murallas, se pueden salvar dificultades, se puede unir a los pueblos. No es necesaria la fuerza, la violencia para conseguir la paz. Con solo la fuerza de nuestros corazones conseguimos la auténtica victoria, pues es la que nos une y nos hace hermanos.

Te recordaremos siempre.







Fotografias de internet, se retirarán a petición

martes, 26 de noviembre de 2013

Las leyes educativas

Llevo los suficientes años en la enseñanza, para haber conocido y a veces sufrido, demasiadas leyes de educación.
En el tiempo considero  que solo hay dos auténticas normativas: La de Villar Palasí de 1971 y la LOGSE. Las que se han hecho posteriormente han ido más encaminadas a deshacer la anterior, cuando no a la arrogancia del ministro de turno para imponer su legislación. Así hasta acabar en la actual, la más descarada de todas. Han proyectado una ordenanza ideológica, o para pagar las ayudas recibidas en la campaña electoral. Por ningún lado veo mayor preocupación por el trabajo diario en las aulas. Tengo la sensación que retornamos a tiempos anteriores a 1971.
Esta, de 1971, fue una norma que supuso un espaldarazo, sobre todo, a la enseñanza infantil y primaria. Las escuelas se convirtieron en eje fundamental de todo el sistema educativo. Elevó el prestigio de los maestros y en la escuela se vivieron años de entusiasmo y dedicación. Como ha venido ocurriendo con las sucesivas, quizás, no resolvía adecuadamente la enseñanza media y profesional, pero le daba una estructura a todo el sistema.
La LOGSE ha sido el intento más serio de una gran ley de educación. Adolece de no resolver acertadamente la enseñanza media, pero introduce algo fundamental, la individualidad, en muchos casos, de la enseñanza. Cada alumno es un individuo con unas características concretas y, a veces, diferenciadas de las de los demás. Pero surge con un gran problema, para cualquier disposición es fundamental que determine los recursos necesarios para aplicarla y con qué vamos a financiar esos recursos. Por esa falta de previsión en ningún momento se aplicó por encima del 50%. Todo quedaba en palabras bonitas pero alejadas de la realidad. De los puntos más criticados estaban las repeticiones de curso, pero nos tenemos que preguntar: ¿repetir  para qué? ¿Para hacer lo mismo que el año anterior? En primaria se fundamentaba en que en los primeros cursos se determinaba que ayuda individualizada necesitaba el alumno con deficiencias y al final de la etapa se evaluaba la conveniencia de que estuviera un año más para completar su formación básica, reitero que todo se basaba en un trabajo específico para él. Así la repetición no era un castigo o sanción, sino que obedecía al ritmo educativo de cada alumno.  Lo importante era  buscar la forma de salvar las dificultades que el alumno presentaba. Pero  para aplicar la solución hay que disponer de unos recursos humanos y materiales que en ningún momento la ley se encargó de proveer.
Las posteriores, ya digo, solo buscan deshacer la anterior. En cualquier ley educativa se tienen  que atender unas cuestiones y unas necesidades:
1.       Si queremos una gran norma no puede ser que se apruebe por la mayoría del partido que gobierna. Es necesaria una norma que  haga necesario la intervención de varios partidos para su sanción. Esto nos permitirá disponer de un organigrama educativo responsable y duradero, ajena a las ideas geniales del ministro de turno.
2.       Tiene que fijar un sistema educativo permanente desde la educación infantil hasta la universidad, con la aportación de los profesionales  y hecha con la máxima responsabilidad para que sea fuerte y bien cimentada.
3.       Tiene que determinar los recursos necesarios para su desarrollo, recursos y de dónde los sacamos.
4.       Tiene que devolver a los maestros y profesores la autoestima necesario para hacerles sentir la importancia de su trabajo con el alumnado. Liberándolos de papeles inútiles y actuaciones estériles.
5.       Tiene que establecer en qué forma y manera  participan y colaboran los distintos sectores que intervienen en la comunidad educativa. Hablo de participación, no de intervención. Los maestros y profesores no pueden estar más pendientes de contentar a administración y sectores que del trabajo con el alumnado.
6.       Debe crear un marco adecuado para una enseñanza de calidad. Disponer lo necesario para que los centros se conviertan en lugares de convivencia, de un clima cálido que permita trabajar, profesorado y alumnado, con ilusión y entusiasmo.
7.       Disponer las estructuras necesarias para que cada Comunidad y centro establezca su propio proyecto educativo.
Finalmente podemos crear todas las leyes que queramos, serán inútiles si la enseñanza, la cultura no tiene una proyección social. Nada tiene valor si resulta que se machaca la cultura, si el respeto, la solidaridad, la honestidad son valores ajenos a la vida diaria. He visto actuaciones de políticos, sesiones del Parlamento que me han hecho preguntarme: ¿Y estos señores son los encargados de hacer las leyes educativas? ¿Cuántos científicos, filósofos,  escritores, profesores son tenidos como modelos en la sociedad? ¿Encuentra el alumnado, en su entorno, algún motivo para esforzarse más, para profundizar en el saber, para amar el estudio, para coger un libro…? Si hacemos de la escuela una burbuja ajena al mundo en que vivimos, lleno de corrupción, de arribismo, de aprovechados. ¿Qué ejemplos le ofrecemos? ¿En qué espejo se pueden mirar para amar la escuela? ¿Valoramos en nuestra sociedad el conocimiento, si acaso miremos hacia los políticos?

¿Se puede crear en nuestros centros de enseñanza el clima de
trabajo que nos ofrecen estas imágenes de una escuela de hace muchos años









PRIMER ENCUENTRO



Era una profunda noche de invierno. Habían llegado ese mismo día. Ella, desde cálidas tierras. Él,  desde el frío húmedo del norte. Ella, buscando la calidez humana de los pequeños pueblos. Él,  en su continuo retorno a los orígenes.
          Ella, enfundada en su chaquetón burdeos, cubriendo un  jersey rosa, siempre rosa, y su falda negra de lienzo. Él, acurrucado en su anorak crema, vaqueros y cualquier suéter cogido al azar. Los dos, botas de caña, ella negras, las de él, marrones.
           Unos amigos los presentan. Inmutables, un leve movimiento de cabeza sella el momento. Las miradas se cruzan y en ese instante surge la necesidad de conocer que encaran esos ojos.
           Nada dijo él, solo se dio media vuelta y se encaminó al bar. Su cabeza se lleno de conversaciones en la noche, de momentos, de amistad, de ilusiones,  de un mañana que comenzaba…



sábado, 9 de noviembre de 2013

MI BIBLIOTECA



No está siendo un otoño especialmente brillante, a la vez que las hojas iban cubriendo el suelo, mi cuerpo se llenaba de tristeza y melancolía. La sombra de la soledad se iba alargando hasta dejar sin brillo el sol de la ilusión. La añoranza de mi amada me contrae hasta hacerme pequeño, arrinconarme y acobardarme. Las imágenes que ocupan mi memoria me hacen quedar desolado, aniquilando el espíritu de mi esperanza.
Era necesario, me hacía falta, que me anegara el rio de la imaginación. Que renaciera en mí el deseo de avanzar. La escritura me estaba negada. Los amigos se tenían que sentir desilusionados, pues ni contestaba sus correos. Necesitaba encontrar aquello que me motivara y, como en otras muchas ocasiones, los libros acudieron a mi salvación.
            Siempre me han encantado las bibliotecas, observar todos los libros catalogados, colocados en su sitio correspondiente, buscar un libro, un autor, ir directo al lugar donde encontrarlo.
            Empecé hace muchos años, cuando todavía se hacía todo el proceso a mano. Crear un libro de registro, una ficha para el título, otra para el autor. Después llegó a mis manos el programa ABIES y me puse a pasarlo todo al ordenador. Pero hacía bastantes años que no había actualizado nada. Así tenía muchos sin catalogar, y cada libro se había colocado donde le dio la gana, o quizás, fue mi desorden reinante el que iba dejando libros en cualquier sitio.




            Así, lleno de ilusión me puse a catalogar, colocar tejuelos,  códigos de barras y ordenar. Han sido días plenos de felicidad y, ahora, sentado en la mesa redonda compongo esta entrada. Todo esperanzado, alzando la vista a ratos, para deleitarme con las estanterías repletas, todos luciendo su pegatina blanca en el lomo. Arrellanado en este sillón de mimbre, percibiendo el silencio de la noche y renacido en el optimismo de la ilusión.








            Es mi biblioteca más personal, aún queda otra parte más general en otra estancia, pero en ésta, rodeado de mis recuerdos, acunado entre sus paredes, con la presencia etérea de mi amada y la influencia positiva y permanente de mi hijo, mi corazón se abre al mañana. La cálida luz me trae un amanecer brillante, que me lanza al trabajo, a sentir y expresar mis emociones, a desear la llegada de un nuevo día lleno de sueños y expectativas.








            Seguro que entre todos estos libros hay algunos que no me han dicho casi nada.  Incluso, si esto se puede decir de un libro, los hay que son mediocres. Pero todos juntos me han moldeado literariamente, han contribuido, y mucho, a mi formación personal. Además, siempre hay que leer muchos libros corrientes para apreciar aquellos que te deslumbran, te traspasan y transportan al mundo del Parnaso. Nunca me he arrepentido de leer un libro, nunca he destruido ni me he desprendido voluntariamente de uno. Todos juntos me han llevado hasta aquí y a todos ellos, mejores y peores, les expreso mi agradecimiento y admiración.



         

   Ahora, aquí quieto, rodeado de mis ángeles guardianes el tiempo se detiene. Mis células se activan y me siento dichoso, cogeré cualquiera de ellos, buscaré una cita, una descripción, un pensamiento y me iré a dormir relamiéndome de la belleza de las palabras.

            Amigos y amigas, lectores, gracias y sabed que contáis con mi atención. Buenas noches

martes, 24 de septiembre de 2013

EN MÍ, PRESENCIA



El gran poeta Antonio Machado nace en Sevilla el 29 de mayo de 1874. Transcurre su primera infancia en esta ciudad, trasladándose con su familia a Madrid en 1883.
                Asiste a la Institución Libre de Enseñanza donde se encuentra satisfecho con los principios de escuela adaptada al medio ambiente. No es, sin embargo, un estudiante brillante. Eso sí, sus biógrafos señalan que asistió diariamente,  durante veinte años,  a la Biblioteca Nacional.
Consigue,  por oposición, una plaza de profesor de francés, siendo destinado a Soria, donde llega por primera vez en la primavera de 1907, tras la breve  visita torna a Madrid en espera del comienzo del nuevo curso.
Vuelve  en septiembre para incorporarse definitivamente a su puesto de trabajo. Conoce a Leonor, sobrina del dueño de la pensión donde se aloja.

Con su plena luz amoratada
Sobre la plomiza sierra de Santana
En una tarde de septiembre de 1907,
Se abre en mi recuerdo la pequeña
Y alta Soria.
Cuando la conoce, Leonor tiene solo 13 años:
Menuda y trigueña, de alta frente
Y de ojos oscuros
¡Oh, celebrad este domingo claro,
madrecitas en flor, vuestras entrañas nuevas!




Se casan el 30 de julio de 1909, ella con 15 años, él con 34. Ha sido un prendimiento de su juventud, de su dulzura. Así viven felices y dichosos en la Soria que tanto significaría en la obra del autor.
Consigue una beca para perfeccionar su francés en París. Allí, el 13 de julio de 1911, Leonor cae enferma de hemóptisis,  por lo que tienen que regresar buscando los aires limpios de la serranía soriana.
El poeta cae en la desesperación, incluso trata de contagiarse de la enfermedad para no tener que sobrevivirla. Coincide con la publicación de su libro: “Campos de Castilla” que él le dedica: “A mi Leonorcita del alma”. Muere el 1 de agosto de 1912, con tan solo 18 años.
Una noche de verano
-estaba abierto el balcón
y la puerta de mi casa-
la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho
-ni siquiera me miró-
con unos dedos muy finos
algo muy tenue rompió.
Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
delante de mí. ¿Qué has hecho?
La muerte no respondió.
Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón.
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos!
Su recuerdo se apropia de su espíritu, a un amigo le escribe:
“Si la felicidad es algo posible y real –lo que a veces pienso- yo la identificaría mentalmente con los años de mi vida en Soria y con el amor de mi mujer, a quien, como V. sabe, no me he resignado a perder pues su recuerdo constituye el  fondo más sólido de mi espíritu”.
Soñé que tú  me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas! …
Vive, esperanza, ¡Quién sabe
lo que se traga la tierra!
Vive en su presencia pero también se rebela ante la muerte cruel de su amada, ¡Tan joven, tan dichosa!
Señor ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya están rotos mi corazón y el mar.
“¿Por qué los hombres, en vez de matarse los unos a los otros, y de odiarse, no hemos de estudiar la manera de conservar la vida a los jóvenes? ¿Somos demasiado torpes o demasiado pequeños?-
Termino esta introducción con una carta que escribe a Unamuno, la que he leído, estos últimos años, una y otra vez:
“La muerte de mi mujer dejó mi espíritu desgarrado. Mi mujer era una persona angelical segada por la muerte cruelmente. Yo tenía adoración por ella; pero sobre el amor está la piedad. Yo hubiera querido mil veces morirme a verla morir, hubiera dado mil vidas por la suya. No creo que haya nada extraordinario en este sentimiento mio. Algo inmortal  hay en nosotros que quisiera morir con lo que muere. (…) El  golpe fue terrible y no creo haberme repuesto. Mientras luché a su lado contra lo irremediable me sostenía mi conciencia de sufrir mucho más que ella, pues ella, al fin, no pensó nunca en morirse y su enfermedad no era dolorosa. En fin, hoy vive en mí más que nunca y algunas veces creo firmemente que la he de recobrar. Paciencia y humildad.”


              

  Hoy, 24 de septiembre, hace dos años de que Rosario se marchó, también calladamente, llena de vida e ilusión. La muerte no solo se la llevó, también destrozó nuestra felicidad, nuestro sueño. Como sin quererlo, silenciosa,  la muerte, pasó a nuestro lado y rompió ese lazo que nos unía, esa magia que nos envolvía, ese amor que nos desbordaba.
                Y como dice Machado, hoy vive en mí más que nunca y su recuerdo, su presencia crece día a día, hora a hora y, también creo, pienso, anhelo que en cualquier momento la sienta entrar por la puerta, o bajar las escaleras, o sentir su dulce voz llamándome, despertándome de este sueño atroz.

24 de septiembre de 2013.
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