Me propongo
dedicarle este post a Sa Lluna, que en uno anterior suyo escribía: “Quizás sea una idealista, pero me gustaría
ver un mundo donde todos tuviéramos las mismas oportunidades de ser felices,
donde el usted nada más fuese una
formalidad de respeto hacia el otro y no una condición de clases”.
Una noche de éstas me encontraba
mirando mi muro de Facebook cuando me llegó una invitación de amistad. Siempre
que ocurre, si no es persona conocida, trato de ver en su página alguna
relación conmigo.
En este caso veo que había
nacido en Balsareny, era suficiente para mí y le di a aceptar. Omito el nombre del solicitante, pues considero que
no es necesario y, también, por respeto hacia él. Al momento me llega un
mensaje, que si quiero dar a conocer: “¡Don
Alfonso! ¡Qué grata sorpresa verle de nuevo, aunque sea en fotografía! Soy un
ex-alumno suyo de octavo de EGB en el colegio Guillem de Balsareny, ha llovido
mucho desde entonces…!
Al mismo leerlo me sorprendieron
dos cosas, que me hablaba de usted y se dirigía con el tratamiento de Don, hace
tanto tiempo que en la escuela no se utilizan esas fórmulas que me chocó.
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| Colegio Guillem de Balsareny al que llegué en 1979 |
Siguió la conversación y
permanecía en el usted. En este punto quiero aclarar que, llegué a Balsareny como joven maestro de 24
años, la diferencia de edad con esos alumnos de octavos podía ser de 11, 12
años, que se deben seguir manteniendo. Así le llevo ese tiempo y me trataba de
usted, no por una diferencia de
condición. Había estudiado en Inglaterra y se había graduado en psicología en
una universidad de Estados Unidos. Si no por el respeto que le perduraba hacia
aquel que había sido su maestro.
Tras el intercambio de varios
mensajes, le comento al respecto que me resultaba embarazoso que mantuviera el
usted en el trato, me contesta así: “Sí,
es cierto, apear el tratamiento cuesta al principio, ya que el recuerdo
del respeto de entonces permanece en la
actualidad…”
El episodio se lo he comentado a compañeros, también de una
cierta edad, todos coincidían en que también mantenían el recuerdo del respeto
hacia sus maestros, incluso algunos que después habían sido compañeros en la
profesión con sus antiguos tutores, les había costado mucho el cambiar al tú.
El usted ha sido una formalidad, otrora, de consideración
hacia nuestros mayores y hacia aquellas personas que gozaban de la distinción
dentro de la sociedad del momento. Actualmente se usa como una fórmula que
persigue marcar distancias, establecer distintas posiciones, incluso guardad
formalismos para decir lo que queramos del adversario sin traspasar lo
políticamente correcto.
Todo ha cambiado, para alumnos de hace treinta años,
todavía soy su maestro y ellos son mis alumnos. Sin embargo, hoy, parece que
ese vínculo se rompe en el momento que dejan el colegio. Se ha perdido ese
sentido filial permanente que existía entre el alumno y el maestro.
¿Mejor, peor? No entro en la cuestión, pero si sé que es
bonito que al cabo de tantos años se mantenga esa corriente de afecto mutuo, es
gratificante que esa unión, cuasi familiar, perdure a lo largo de los años, al
menos, profesionalmente para mí.
A ti, ex-alumno, agradecerte la felicidad y satisfacción
que me has proporcionado, aplaudirte por mantener esos sentimientos de gratitud
hacia los que fuimos tus maestros y expresarte que los mismos recuerdos de
afecto y cariño, hacia vosotros, perduran en mí.