lunes, 9 de junio de 2014

Almería


Como avanzan los días se acerca el momento de mi marcha a Almería y paralelamente crece mi ilusión con la nueva aventura.
            No obstante, han sido muchos los años de vida en La Alpujarra. Dejar mi casa se hace duro. Allí, donde he pasado días de felicidad, donde hemos visto como crecía nuestro hijo y que ahora, desde la muerte de Rosario, ha sido mi refugio, donde he ahogado mis sufrimientos; pero también donde he sentido la fuerza alentadora de ella para seguir adelante.

            Coincidiendo con esta nueva singladura, cuando creía que el duro invierno se hacía eterno en mi vida, brotes de primavera se abren al valle de mi futuro.
            Como le pasa al protagonista de mi último relato: “Vieja compañera”, “De pronto se da cuenta que el gris invierno va desapareciendo, se imagina una paleta en la que se mezclan los colores de la naturaleza para lucir, en todo su esplendor, al cabo de unos días. Un aire de juventud, de vida, le agitó su cara y del valle le llegó el suave rumor del agua…”








            




  Ilusiones olvidadas en el tiempo, me dan nuevos motivos de vida, proyectos por componer y quimeras para soñar nuevos amaneceres repletos de fragancias y colores. Sentimientos y emociones que me devuelven  la belleza de la vida, la esperanza del mañana.

Cada alborada abro los ojos ilusionado con lo que me deparará el día, en leer palabras dichosas y cómplices sonrisas. Escuchar la voz amiga, susurradora de vocablos agradables y portadora de ilusiones compartidas.


Como canta Lluís Llach: “Soñemos, sí, constantemente, soñemos sin poner límites a los sueños, soñemos, hasta lo inimaginable”.







sábado, 17 de mayo de 2014

Vieja compañera

Ya estábamos otra vez. Como en los anteriores días Gracián se levantaba temprano, preparaba el desayuno, sencillo, un café con leche y una tostada de aceite. Sencillo pero que degustaba con deleite.
http://ca.wikipedia.org/wiki/M%C3%A0quina_d%27escriure                Después colocado delante de su vieja máquina, posaba sus manos sobre las teclas, acariciando cada una de ellas y dispuestos a entrelazar palabras que compusieran una historia. Antes de empezar a teclear, instintivamente, alzaba su mirada hacia el gran ventanal de la habitación y dirigía su vista hasta la profundidad del valle que se abría delante de su casa.
                Mientras, intenta encontrar esas primeras palabras que a veces cuestan tanto,  parecía que a su vieja Olivetti, cada vez le costaba más ponerse en marcha y llenar la estancia de su monótono machaqueo.
                Desde hace unas fechas le pasa que esas primeras palabras no aparecen, permanecen ocultas en el silencio de la mañana e, inevitablemente, día tras día se desespera. Hoy parece que será igual. Vuelve a asomarse a la ventana, enciende un cigarro y observa como el humo se expande y ocupa todo el recinto. Desalentado, apaga el cigarrillo en un gesto brusco y vuelve a enfrentarse al frío teclado. Pero los dedos permanecen quietos, agarrotados, como si hubieran perdido su vida y su mente no les mandase ninguna información para que empiecen su particular baile sobre las teclas.
                Enojado se levanta y vuelve al mirador. Esta vez intenta adentrarse más en el valle, se sorprende con una nueva visión del mismo, de pronto se da cuenta que el gris invierno va desapareciendo, se imagina una paleta en la que se mezclan  los colores de la naturaleza para lucir, en todo su esplendor, al cabo de pocos días.  Un aire de juventud, de vida, le agitó la cara y del valle le llegó el suave rumor del agua camino de las latitudes más bajas, en su aproximación al mar.
                Al momento se dio cuenta que su mente tenía que salir del letargo invernal, se percata de  que hasta ahora había buscado viejas palabras, y éstas se encontraban dormidas, como sus viejos recuerdos, sus añejas historias. Les pedían que las dejase yacidas, para poder dormitar en el tiempo de los tiempos.
                Resignado a sufrir un nuevo día sin escribir una palabra, se disponía a salir del despacho, cuando el timbre de la puerta lo sacó de su embotamiento. Para su sorpresa se encontró ante un empleado de mensajería cuando no esperaba nada. Tuvo que firmar y le entregaron un paquete con su pequeño sobre.
                Al volver a la sala miró la tarjeta que acompañaba, se veía que era un simple trozo de cartulina y una frase escueta:  “Con el deseo de que surjan nuevas historias”, se encontró, él que había prometido no abandonar a su viejo cacharro, con un rutilante portátil.
                En su cara se dibujó la perplejidad, abatido se dejo caer en una silla delante del artefacto moderno. Maquinalmente lo abrió. Se quedó atónito descubriendo el suave teclado, la mortecina pantalla, carente de voluntad le dio al play, tras el arranque apareció el mismo mensaje. Pasaron segundos, minutos, quién sabe. Por fin lo comprendió todo, necesitaba nuevas palabras, manifestar nuevos sentimientos, exteriorizar nuevas emociones, seguir a sus nacientes ilusiones. Dejar reposar en su interior las viejas emociones, experiencias, para él solo, y abrirse a una  nueva vida, proclamar renovados afectos y crear un joven lenguaje. Desvió su vista hacia la vieja compañera y, concluyo que aquel siempre sería su sitio, guardiana silenciosa de sus pasados recuerdos.
                Un brote de primavera recorrió su cuerpo, se acomodó delante del ordenador y empezó a escribir: “Gracias por abrirme nuevos caminos, por descubrirme nuevas ilusiones, por despertar estrenados sentimientos...

Texto para relatos colectivos. Alfonso. Mayo 2014

domingo, 27 de abril de 2014

TITO VILANOVA

            Este fin de semana nos impacta la noticia de la muerte de Tito Vilanova, entrenador de fútbol y que con 45 años fallecía a causa de un cáncer de la glándula parótida.




            Cuando se produce el desenlace fatídico en una persona conocida, nos permite visualizar los miles de seres y familias anónimas que viven y padecen la misma impresentable situación.
            Los que hemos transitado por un escenario semejante, cada vez que nos llega, por proximidad o información, un nuevo suceso funesto, se revive nuestra propia desesperación, incluso como si se acercara un poco más nuestra particular muerte. Nuestra mente comparte la desolación y la angustia de las personas cercanas, de las que han participado directamente de sus ganas de vivir.
            Por eso maldecimos todos los recortes en investigación, maldecimos las supuestas emboscadas a los avances científicos, callados, silenciados en aras de una rentabilidad económica, maldecimos que de una vez no se priorice la mejora de la calidad de vida de las personas. Cuando nos movemos por el espacio como Perico por su casa, cuando oteamos nuevas tecnologías tan rutilantes, cuando descubrimos nuevas máquinas inimaginables, hace pocos años, en las mentes más  estrambóticas de la ciencia ficción.
            No soporto que los anhelos de vida de un  ser se vean guillotinados por la bestial enfermedad. Que pacientes y familias, a veces después de la esperanza, tengan que sufrir indefensas, desamparadas, arrinconadas, a merced de la cruenta enfermedad, decidiendo nuestra vida, nuestro futuro, nuestra suerte.

            Con cada nuevo final que me llega, amargas lágrimas, ensangrentados lamentos me oprimen el corazón y hacen preguntarme: ¿Hasta cuándo?




Fotografía bajada de internet, se retirará a petición

martes, 1 de abril de 2014

Tú o Usted

 Me propongo dedicarle este post a Sa Lluna, que en uno anterior suyo escribía: “Quizás sea una idealista, pero me gustaría ver un mundo donde todos tuviéramos las mismas oportunidades de ser felices, donde el usted  nada más fuese una formalidad de respeto hacia el otro y no una condición de clases”.
                Una noche de éstas me encontraba mirando mi muro de Facebook cuando me llegó una invitación de amistad. Siempre que ocurre, si no es persona conocida, trato de ver en su página alguna relación conmigo.
                En este caso veo que había nacido en Balsareny, era suficiente para mí y le di a aceptar. Omito  el nombre del solicitante, pues considero que no es necesario y, también, por respeto hacia él. Al momento me llega un mensaje, que si quiero dar a conocer: “¡Don Alfonso! ¡Qué grata sorpresa verle de nuevo, aunque sea en fotografía! Soy un ex-alumno suyo de octavo de EGB en el colegio Guillem de Balsareny, ha llovido mucho desde entonces…!
                Al mismo leerlo me sorprendieron dos cosas, que me hablaba de usted y se dirigía con el tratamiento de Don, hace tanto tiempo que en la escuela no se utilizan esas fórmulas que me chocó.

Colegio Guillem de Balsareny al que llegué en 1979

                Siguió la conversación y permanecía en el usted. En este punto quiero aclarar que,  llegué a Balsareny como joven maestro de 24 años, la diferencia de edad con esos alumnos de octavos podía ser de 11, 12 años, que se deben seguir manteniendo. Así le llevo ese tiempo y me trataba de usted,  no por una diferencia de condición. Había estudiado en Inglaterra y se había graduado en psicología en una universidad de Estados Unidos. Si no por el respeto que le perduraba hacia aquel que había sido su maestro.
                Tras el intercambio de varios mensajes, le comento al respecto que me resultaba embarazoso que mantuviera el usted en el trato, me contesta así: “Sí, es cierto, apear el tratamiento cuesta al principio, ya que el recuerdo del  respeto de entonces permanece en la actualidad…”
El episodio se lo he comentado a compañeros, también de una cierta edad, todos coincidían en que también mantenían el recuerdo del respeto hacia sus maestros, incluso algunos que después habían sido compañeros en la profesión con sus antiguos tutores, les había costado mucho el cambiar al tú.
El usted ha sido una formalidad, otrora, de consideración hacia nuestros mayores y hacia aquellas personas que gozaban de la distinción dentro de la sociedad del momento. Actualmente se usa como una fórmula que persigue marcar distancias, establecer distintas posiciones, incluso guardad formalismos para decir lo que queramos del adversario sin traspasar lo políticamente correcto.
Todo ha cambiado, para alumnos de hace treinta años, todavía soy su maestro y ellos son mis alumnos. Sin embargo, hoy, parece que ese vínculo se rompe en el momento que dejan el colegio. Se ha perdido ese sentido filial permanente que existía entre el alumno y el maestro.
¿Mejor, peor? No entro en la cuestión, pero si sé que es bonito que al cabo de tantos años se mantenga esa corriente de afecto mutuo, es gratificante que esa unión, cuasi familiar, perdure a lo largo de los años, al menos, profesionalmente para mí.
A ti, ex-alumno, agradecerte la felicidad y satisfacción que me has proporcionado, aplaudirte por mantener esos sentimientos de gratitud hacia los que fuimos tus maestros y expresarte que los mismos recuerdos de afecto y cariño, hacia vosotros, perduran en mí.

                

martes, 4 de marzo de 2014

El pasado viernes, día 28, se realizó la presentación de las publicaciones del Instituto de Estudios Velezanos, en Murcia, entre éstas el libro de “Relatos Velezanos II”. En un marco incomparable: el Museo de Bellas Artes, conjunto arquitectónico de gran belleza y que contribuyó a realzar el acto.

Museo Bellas Artes de Murcia

Fue motivo para desplazarme hasta allí el día anterior y estar con mi familia. Siempre que regreso a Murcia, después de una temporada sin hacerlo, me surgen emociones y recuerdos muy expresivos.
En este año, aprovechando que era día lectivo me acerqué a la escuela donde trabajé hace ocho años, el reencuentro con los compañeros que aún trabajan en la misma, hermanos pequeños de alumnos que había tenido, el día de sol en el patio, me transportaron a esos años de felicidad que pasé junto a Rosario en la ciudad del Segura.
El paseo por las calles del centro me llevó hasta la plaza del Teatro Romea, de sopetón me vino a la memoria mi llegada a la ciudad para estudiar la carrera. Fui un jovencito que con 10 años, marchó desde su pequeño Topares hasta Vélez Rubio para hacer el bachiller y, en ese momento, con 17 llegaba a Murcia para estudiar Magisterio.
Eran tiempos en los que no es que se hablara de crisis, es que la crisis era el estado permanente. Mi familia decide que nos desplazáramos todos y así, con la ayuda de algunos estudiantes realquilados, pudiéramos, nosotros, hacer la carrera. Nuestro sentido responsable nos decía que no había dinero para alegrías, pero con mucho sacrificio, mi madre nos procuraba,  los fines de semana algunas 50 0 100 pesetas.
De ella eran fijas las 45 o los 9 duros,  como les llamábamos mejor, que costaba asistir a las funciones de teatro que había en el Romea casi todas las semanas. Estaba en la puerta antes de que se abrieran, pues había que coger un buen lugar en la grada para ver el espectáculo sin nada que te estorbara. En la espera miraba la platea, envidioso de aquellos que podían asistir ocupando un lugar preferente, soñaba con las primeras filas que oirían hasta la respiración de los actores y disfrutaba con las palabras que se declamaban y el movimiento de los artistas en el escenario. Después vendrían los teatros universitarios en los salones de actos de las facultades, pero mi predilección del teatro ante el cine me permitió ver a los grandes de la escena española de aquellos años.
Hoy, cuando asisto a cualquier obra o concierto, ya a la platea, no puedo de dejar de mirar a la parte alta, lo que entonces llamábamos: “gallinero” y recordar aquellos años juveniles,  pletóricos de ilusiones,  y sentir como una corriente cálida de añoranza recorre mi cuerpo, dibujándose en mi rostro una sonrisa de complicidad con los inquilinos de esas localidades, alejadas del escenario, sí, pero vivas y ávidas de nuevas sensaciones y culturas.


Con todas mis evocaciones acudí al acto de presentación lleno de emociones, las palabras fluían desde mi interior sin poder dominarlas, surgían desde el corazón y la mente, sabia como es algunas veces, dejó que brotaran sin aplicarles ningún filtro que  ocultara los sentimientos del que escribe.  Rodeado de mi madre y mi familia, me sentí dichoso y favorecido.

Con mi madre, orgulloso con su presencia

Mi familia

Fotos familiares de Encarni Navarro
Foto del museo tomada de internet, se retirará a petición


miércoles, 12 de febrero de 2014

sueño

                En una mañana de sábado, de aire transparente y rayos de sol refrescantes entrando, tímidamente, por la ventana de la habitación, me despierto y, en ese momento, en que aún te encuentras más cercano a Morfeo que a la lucidez de la mañana, me acude este sueño en tres escenas.
          Escena 1. Me encuentro inquieto, me ronda una pregunta. ¿Por qué ahora no le doy besitos en el cuello a Rosario? ¿Qué ha pasado, qué explicación hay para no hacerlo? ¿Qué dificultad se cruza para impedirlo? ¿Por qué últimamente no la cojo con ternura y le ofrezco esos mimos que me agradan?
            Escena 2. Se me aparece, seguramente, en la cocina, llevando su rebequita celeste cielo. Me acercó por detrás, la acurruco entre mis brazos y la acaricio con mis besos en el cuello y la nuca.
            Escena 3. Todo se desvanece, la realidad me sorprende y me dice que Rosario hace que emprendió el viaje a la eterna obscuridad.
                Puede que todo se haya desarrollado en una fracción de segundo. Con distintas formas el sueño se repite en otras ocasiones. Se crea una dificultad entre nosotros y, como siempre ha sido, nuestro amor lo vuelve felicidad que se rompe cuando se me muestra su muerte.
                En ese pequeño lapso que dura mi fantasía la siento en su plenitud. Su piel, su voz, su imagen, su presencia se hace realidad para evaporarse en un suspiro. La tristeza más monstruosa me sorprende, pero a la vez, prodigiosamente, una corriente de placer y alegría recorre mi cuerpo, es lo que me hace vivir.

                En el recuerdo de su cumpleaños.

En nuestra casa de Válor

Siempre hubiera querido ser una artesana

En Topares, donde nuestra pasión explosionaba


lunes, 10 de febrero de 2014

Agradecido

                Desde que se presentara el libro: “Relatos Velezanos II” en Topares, han sido muchas las muestras de cariño y afecto que me han llegado. Soy consciente de mis limitaciones como prosista, también sería tonto si creyera que mi relato, literariamente, es de una excelente calidad. Se trata, solamente, del trabajo de un aficionado novel que, a través de unos personajes magníficos, ha tratado de expresar sus sentimientos y emociones ante su pequeño país personal.

firmando libros en Topares


                Mi satisfacción nace de comprobar que otras personas los comparten, tanto amigos como de nuevos conocidos. La narración está compuesta desde el interior de mi ser, no me creo capaz de trazar otras vidas, ajenas a mis impresiones, que no emanen de mis propias percepciones, así en todo lo que firmo va mucho de mí. Al tratar crónicas impropias, o no progresan o se van transformando en mi persona.
                He sentido una satisfacción especial, el encontrarme con jóvenes que les ha conmovido la historia. Me han comunicado estar cercanos a esas sensaciones, cuando, muchas veces, les consideramos alejados de poder sentir  emociones que no sean las propias de las diversiones y agitación juvenil que les domina. El que me hayan transmitido su cercanía a la forma de sentir el pueblo, la tierra me ha conmovido de forma positiva.
                De joven no era un muchacho atrevido ni osado, ahora tampoco. Reservado, imbuido de mis propios mundos y fantasías, no he sido precisamente un conquistador. Amable, ameno, pero sin el atractivo natural que cautiva a los demás. En silencio soñaba con que los amigos pensaran en mí como imprescindible a la hora de cualquier reunión o aventura, cuando presentía, constataba, que no era así, mi autoestima caía por tierra. En el tiempo se fue creando la imagen de poco importante para los demás, la vergüenza y el pudor de expresar mis intenciones, de comunicar cualquier asunto que se refiriera a mi persona. No quería provocar ningún compromiso que pudiera suponer una obligación para alguien. Ésta es la única razón de mis silencios y os pido disculpas, amigos, amigas, por no haceros partícipes de los actos celebrados, es un asunto que trataré de corregir.

Presentación en Vélez-Rubio


                Agradecimientos a todos, que de una forma u otra, me habéis dispensado vuestro cariño y afecto. A todos los que me habéis ayudado a darle la forma definitiva al texto. A todos los que me animáis a seguir creando nuevas ficciones. A los amigos y amigas blogueros que habéis difundido el libro y me habéis dedicado comentarios preciados. En fin, a todos los que habéis hecho que me sienta querido, importante y lleno de nuevas ilusiones. ¡Ah! Y a Chenchu por sus fotos.
                Ha sido una experiencia magnífica. Ampliar relaciones de amistad con personas que participan del mismo proyecto. Saber de otras personas con las mismas inquietudes. Sentir el cariño espontáneo de gentes que tu no percibías, En definitiva ser feliz.

                Gracias a todos y estar seguros de contar con mi aprecio, cariño y gratitud.
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