lunes, 10 de febrero de 2014

Agradecido

                Desde que se presentara el libro: “Relatos Velezanos II” en Topares, han sido muchas las muestras de cariño y afecto que me han llegado. Soy consciente de mis limitaciones como prosista, también sería tonto si creyera que mi relato, literariamente, es de una excelente calidad. Se trata, solamente, del trabajo de un aficionado novel que, a través de unos personajes magníficos, ha tratado de expresar sus sentimientos y emociones ante su pequeño país personal.

firmando libros en Topares


                Mi satisfacción nace de comprobar que otras personas los comparten, tanto amigos como de nuevos conocidos. La narración está compuesta desde el interior de mi ser, no me creo capaz de trazar otras vidas, ajenas a mis impresiones, que no emanen de mis propias percepciones, así en todo lo que firmo va mucho de mí. Al tratar crónicas impropias, o no progresan o se van transformando en mi persona.
                He sentido una satisfacción especial, el encontrarme con jóvenes que les ha conmovido la historia. Me han comunicado estar cercanos a esas sensaciones, cuando, muchas veces, les consideramos alejados de poder sentir  emociones que no sean las propias de las diversiones y agitación juvenil que les domina. El que me hayan transmitido su cercanía a la forma de sentir el pueblo, la tierra me ha conmovido de forma positiva.
                De joven no era un muchacho atrevido ni osado, ahora tampoco. Reservado, imbuido de mis propios mundos y fantasías, no he sido precisamente un conquistador. Amable, ameno, pero sin el atractivo natural que cautiva a los demás. En silencio soñaba con que los amigos pensaran en mí como imprescindible a la hora de cualquier reunión o aventura, cuando presentía, constataba, que no era así, mi autoestima caía por tierra. En el tiempo se fue creando la imagen de poco importante para los demás, la vergüenza y el pudor de expresar mis intenciones, de comunicar cualquier asunto que se refiriera a mi persona. No quería provocar ningún compromiso que pudiera suponer una obligación para alguien. Ésta es la única razón de mis silencios y os pido disculpas, amigos, amigas, por no haceros partícipes de los actos celebrados, es un asunto que trataré de corregir.

Presentación en Vélez-Rubio


                Agradecimientos a todos, que de una forma u otra, me habéis dispensado vuestro cariño y afecto. A todos los que me habéis ayudado a darle la forma definitiva al texto. A todos los que me animáis a seguir creando nuevas ficciones. A los amigos y amigas blogueros que habéis difundido el libro y me habéis dedicado comentarios preciados. En fin, a todos los que habéis hecho que me sienta querido, importante y lleno de nuevas ilusiones. ¡Ah! Y a Chenchu por sus fotos.
                Ha sido una experiencia magnífica. Ampliar relaciones de amistad con personas que participan del mismo proyecto. Saber de otras personas con las mismas inquietudes. Sentir el cariño espontáneo de gentes que tu no percibías, En definitiva ser feliz.

                Gracias a todos y estar seguros de contar con mi aprecio, cariño y gratitud.

lunes, 3 de febrero de 2014

la mecedora de la abuela

En la anterior entrada, mi amigo Josep dejó un comentario en el que hablaba de la mecedora de la abuela, desde la que le contaban historias y le leían poesía. Su alusión me ha traído al recuerdo toda una serie de reminiscencias infantiles.


Topares, sabéis que es un pueblo muy pequeño, mi primera infancia transcurre sin televisión, los juegos dependían de nuestra inventiva y la electricidad de la que disponíamos era producida por un motor de un molino, era solo para cuatro o cinco horas de la noche, a las doce la quitaban y no todas las noches había. En estas condiciones tocaba, sobre todo las noches de invierno, en reunirse alrededor de la chimenea o de la estufa. Los hombres marchaban al bar, al casino que decíamos entonces. Así en la casa quedábamos los muchachos con las madres y las abuelas, entendiendo estas de forma genérica, las mayores. Nosotros, infantes, estábamos ávidos de historias, de relatos, de recuerdos familiares, costumbres olvidadas del pueblo, anécdotas y chascarrillos de los vecinos. Todo contado con esa voz dulce de los mayores, pausados, sin grandes aspavientos y con mucha ternura, boquiabiertos, demandábamos al acabarse una leyenda, otra y otra, así hasta que la madre nos mandaba a dormir sin contemplaciones, a pesar de nuestra protesta no nos quedaba más remedio que obedecer, pues también, entonces, las cosas se decían una sola vez.
                Nuestras cándidas mentes se iban llenando de conocimientos, de la memoria familiar, del pueblo, todo transmitido de forma oral, que la hacía más viva y que iba pasando de generación en generación. Ahora, tristemente, pienso que hemos sido los últimos depositarios de esos saberes y cuando llega el momento de que nosotros transmitamos esas sapiencias nos encontramos que han desaparecido las mecedoras y las sillas de anea, ahora toca sillones y sofás, proyectadas, acomodadas hacia la voz altoparlante de la casa: la televisión y todo orquestado por el rey del hogar: el mando a distancia. Así la dulce voz de las abuelas ha sido desplazada por la vociferante de los presentadores y colaboradores de la caja tonta. Estaremos al tanto de todos los chismes de los famosillos pero desconoceremos la historia de nuestra familia y de nuestro pueblo.


                En casi todos los domicilio había una caja de fotos, en el mío era de pañuelos, plana y alargada, amarilla cadmio y cuadriculada con líneas azules. Invariablemente, cuando nos atacaba un resfriado o nos acudía la fiebre, había que guardar cama, bien tapado, no se podían sacar ni las manos. Cuando la calentura aflojaba era el momento en que te dejaban la caja de las fotos, una de las pocas cosas que podías hacer para matar el aburrimiento que el catre te producía. Cada foto llevaba una historia, te contaban quien era cada uno, con exquisita paciencia te dedicaban su tiempo para darte a conocer los hombres y mujeres de la familia, del pueblo. Muchas veces acarreando nuevas fábulas y episodios del pasado. Así se fue llenando nuestra infancia de imágenes y sonidos, de vidas y costumbres, de sentimientos y emociones.

                De esta suerte no extraña, que ya subidos de años, en ocasiones busquemos una vieja mecedora, ya desvencijada y, acurrucados en su suave balanceo miremos a la luna recordando las palabras de nuestras madres y abuelas, melodiosas, dulces, creándonos mundos de fantasías y reseñas del pasado.








Fotos de internet, se retirarán a petición

domingo, 26 de enero de 2014

RECUERDOS

                El recuerdo siempre nos acompaña. Muchas veces pienso en la existencia del mismo en el nacimiento, una especie de recuerdo adquirido, al que le doy vueltas desde que lo leí en un libro de la canadiense Jean M. Auel: ”El clan del oso cavernario”. Allí habla de la memoria adquirida, cuando el homo sapiens aún no lo era, esta memoria se transmitiría a través de la tribu de forma espontánea y en el nacimiento, el individuo, según sus facultades, la iría rememorando en el tiempo. Ahora yo hablo de una  evocación  parecida, el bebé reconoce a la madre desde el mismo momento de nacer, sabe de los movimientos necesarios para mamar, de la utilidad del llanto para manifestar fastidio o deseo, de la complacencia de la risa. Así me hace pensar en una información que ya contiene su cerebro.
                Poco a poco nuestra mente se va llenando de presencias, cada vez más de forma inteligente y que podremos evocar en un futuro.
                En el presente esas nostalgias, que ya poseemos, nos pueden marcar nuestras emociones y sentimientos. Nuestras sensaciones, a veces, vienen marcadas por esas otras que se han depositado en nuestro cerebro, hasta tal punto que en la mayoría de los casos somos productos de esos posos.




                En nuestra mente se acumulan tal cantidad de impresiones, que en momentos tenemos la necesidad de dejar espacio libre, con lo que vamos seleccionando para quedarnos, más a flor de piel, con lo que ha sido causa de gran satisfacción o tristeza y, que muchas veces nos perseguirán a lo largo del tiempo. Ahora bien, basta una imagen, un aroma, un encuentro, cualquier circunstancia hace que evoquemos situaciones de las que no éramos conscientes de su existencia. Cuántas veces nos pasa que el encuentro con un antiguo coetáneo nos trae imágenes de la infancia que ni las podíamos imaginar.
                Los recuerdos son capaces,  por sí solos, de crearnos un estado de felicidad o tristeza, según aquello que nos acuda en un relámpago de tiempo, volveremos a sentir la sensación de rabia o alegría, a veces, con la misma intensidad del instante en que ocurrió la realidad. Llegando incluso a sentirlo con tal ardor que nos estremecemos y nos da miedo de su poder. Caricias, palabras, llantos, penas, felicidad, amargura, risas, pasión, han vuelto a mi evocación con tal viveza que en esa fracción de segundo no distinguía lo que era la realidad.




                Estas reminiscencias son necesarias, positivas o negativas. Nos aclaran quienes hemos sido y nos proyectan al futuro, a algunos nos marcan definitivamente y, pueden ser, en casos, el único motor que nos lanza hacia el mañana.

                Mi vida transcurre en la añoranza, las necesito y me sumerjo en ellas para encontrar nuevas ilusiones que me ayuden a superar mis estados de melancolía. Los momentos de felicidad que me han rodeado: sonrisas, caricias, besos, conversaciones, viajes, lugares, sensaciones, susurros, palabras, miradas, deseos, pasiones; cuando emergen con claridad mi cuerpo se llena de gozo, mi piel vuelve a sentir las mismas caricias, mis oídos escuchan su voz, sus aromas me saturan de matices… claro tampoco puedo evitar que me acudan derrotas y tristezas; entonces mi ser se plomiza y las lágrimas acuden a bañar mi rostro. Aunque todo sirve para traerme la realidad viva de ella: Rosario.








Fotos de internet. Se retirarán a petición



lunes, 30 de diciembre de 2013

ILUSIÓN

Acabo de regresar a mi casa lleno de felicidad e ilusión.
Esta tarde (domingo 29 de diciembre), acabo de presentar ante mis vecinos y amigos un libro de relatos velezanos, entre ellos uno propio: “Retorno al origen”.






Se han vendido los ejemplares que, provisionalmente, la editorial había puesto a mi disposición, casi todos los he tenido que firmar y tal como lo iba haciendo, por mi cuerpo ha transitado una corriente de emociones y sentimientos que han hecho que la alegría y el júbilo me desborden, embriagándome de felicidad.
Imagino que este momento es especial para todo aquel  o aquella que ve impresa una de sus historias, más largas o más cortas, en un libro.
La satisfacción de ver cumplidos unos de tus mayores anhelos, una de las grandes pasiones, te traspasan. Sentir las miradas emocionadas de los que te quieren, notar su admiración espontánea te emociona. Aquel  o aquella que sin tú esperarlo, al que no visualizas demasiado, te expresa su simpatía, te comenta que sigue tu blog, que te alaba lo que haces, provoca que tu ego más íntimo se crezca y olvides los momentos sufridos tratando de juntar las palabras, cuidando de transmitir las emociones que te dan vida.
Siempre recordaré este día de entusiasmo y, en mitad de la tarde, el recuerdo de Rosario que, día a día, me fue contagiando su sensibilidad, que ha sido la estrella, la musa que ha guiado mi pluma a través de las inmaculadas páginas para así poder crear historias de palabras y fantasías de ilusiones.





                Ha sido un fin de semana en el que mi corazón ha explosionado de cariño, amor y dicha. Todo empezó el sábado, mi hijo Adrián, intervino con el Coro de la Universidad de Almería  en el concierto de la Orquesta Ciudad de Almería en él interpretaban “El Mesías” de Haendel. Compartir su ilusión, la satisfacción de que todo saliera muy bien, recordar como su madre, desde muy pequeño, le fue inculcando el amor por la música, me hizo ser agraciado.

Os pido el favor de vuestra indulgencia ante esta entrada de autocomplacencia. Pero, entenderme, mis venerados lectores, mi excitación os tenía que hacer partícipes de esta mi felicidad.

jueves, 26 de diciembre de 2013

EN NAVIDAD



Ya estamos en Navidad, en mis recuerdos va asociada a encuentros, a días de compartir amistades, de entablar nuevos conocimientos, de proyectar inéditas ilusiones, de renovar promesas y estrechar los lazos que te unen a los demás.
            Aunque parece ser que hoy en día, estas fiestas se limitan a comprar regalos, a diversiones desenfrenadas y a que los que ya lo tienen todo reciban más regalos y atenciones. Una loca carrera de consumismo para los que se lo pueden permitir. Y para otros muchos seres invisibles, soledad y frialdad, de los que a nadie tienen ni nada tienen.





            En este, mi pequeño pueblo, todavía se mantiene, aunque menos, ese espíritu comunitario de antaño. La bandeja de mantecados y el licor café, preparados en la mesa, para todo el que nos visita, amigo o circunstancial, las puertas abiertas para recibirlos con alegría y la sensación de una gran familia, perdida en estos aires de la altiplanicie, pero unida en los sentimientos.
            La reunión de todos en el centro común para bailar parrandas, conversar de campos, siembras, lluvias y fríos. Los jóvenes planeando encuentros en casas, cocheras o cortijos, donde pasar la velada entre bromas, juegos de siempre y risas, muchas risas, que nos acercan la lozanía y vitalidad de su edad. Infantes proyectando sueños de Reyes Magos y visitando la tienda del pueblo a comprobar si el juguete que les ilusiona se encuentra entre sus estanterías.
            Todos participando de un domicilio global, en el cual integrados, celebramos y compartimos las historias de cada topareño, disfrutando de los presentes y recordando, añorando los ausentes.





            Mientras desde mi atalaya particular, observo el ir y venir de estas buenas gentes, el recuerdo de Rosario se me hace más vivo y necesario. En la Navidad de Topares nos conocimos, por estas fechas nacía nuestro hijo, siendo estos días, siempre, momentos de dicha y felicidad. En su vida, su razón más vital para la existencia, eran los amigos y en estas fechas se colmaba de emociones y sentimientos. Participar con ellos de inquietudes, ilusiones, fidelidad y recibir su cariño y afecto, le hacían feliz y dichosa, júbilo que les tornaba con su optimismo, su alegría y su amor.
            Este blog me mantiene más unido a ella, provoca que su presencia en mí sea diáfana, viva. Y VOSOTROS-VOSOTRAS, que pacientemente, amorosamente me leéis, me regaláis vuestros comentarios; me ayudáis a seguir, a que no se marchiten mis ilusiones y a que cada día pueda renovar mis esperanzas.
            Por eso desde estas líneas os deseo que disfrutéis de unas fiestas cargadas de amor, de pasiones, de sueños quiméricos, de afectos y sonrisas- Que el año que oteamos ya cercano, sea el de vuestros sueños, el de las realidades de esas utopías que nos hemos ido fabricando a lo largos de los días pasados, en el  transcurrir  de toda nuestra vida.
            Muchas gracias a todos, y quiero compartir con vosotros un gran abrazo de felicidad, de proyectos solidarios y realidades enriquecedoras.

            Besos y abrazos a doquier








Fotos: Antonio Pina

lunes, 9 de diciembre de 2013

fantasías

Bruno estaba sentado en la mesa de una taberna, hacía tres años que había perdido a su pareja y no lograba desprenderse de la añoranza.
                Mientras saboreaba su cerveza entra  un grupo, descubre entre ellos a una mujer que atrae su intención. Es de edad incierta pero definida, más cercana de los 50 que alejada, de todas maneras rondando esa plenitud misteriosa.
                Cubrían sus piernas unas medias de malla, negras con grises calados, dejando intuir una piel blanca sin aclararla. Viste una falda corta, verde hoja  cuadriculada con líneas negras.
                Bruno desliza su mirada de cuando en cuando hacia ella, está sentada en un taburete alto frente a él. Su imaginación vuela, el cruce de sus piernas le acerca su piel y siente la necesidad de volver a disfrutar, saborear del suave contacto de dos epidermis que se rozan, se buscan y se adhieren hasta sentirse una sola.
                Sus manos, en su mente, recorren cada uno de sus poros, para descubrir  todos sus rincones, mientras sus miradas se desean. En su quimera aspira sus aromas, escucha sus susurros, sus silencios  para abrir su interior. Localizar su espíritu para saber de su inteligencia, de su amor, de su pasión.

                La recia voz del camarero anunciándole la cuenta le borra la fantasía. Perturbado, alcanza la calle, donde la fría brisa de la mañana le deja  la pregunta de si habría merecido una sola mirada de ella.














Fotografía de internet, se retirará a petición




viernes, 6 de diciembre de 2013

MANDELA



Ha muerto Nelson Mandela y, como siempre en su vida, con el silencio de los humildes. Quizás, sea el último gobernante admirado y respetado en todo el mundo. Su vida ha sido un testimonio permanente de trabajo por los demás, de buscar el encuentro entre las personas, de escuchar al otro, de intentar entender los argumentos de los adversarios y, siempre, alejado del enriquecimiento particular, del engreimiento personal.
                A lo largo de su vida nos ha ido dejando detalles de su gran humanidad. Padeciendo 27 años de cárcel por defender la igualdad entre las personas, por su lucha en defensa de los derechos humanos, nos dice que para su propia libertad es fundamental no llenarse de resentimiento. Su libertad no es completa sin la libertad del otro. Confiesa que en la cárcel en vez de gastar su energía en odiar a los que le tenían encerrado, la gastó en intentar comprenderlos, en entender sus vidas, en asimilar, también, sus costumbres, como única manera de vencer todos juntos. El odio, el rencor, puede llevarnos a que haya un vencedor, pero no es eso de lo que se trata, la solución es que seamos todos juntos vencedores, única vía para conseguir una sociedad de convivencia, más justa.
                En la película "Invictus" hay una escena que resume su hacer. Le pide al capitán de los 'Springboks', que le haga una visita. En ella, él, presidente de la república, le sirve el té y le dice que lo admira por la dificultad e importancia de su trabajo. Su propia labor no es nada comparada con la del deportista y lo importante de su victoria en el campeonato para conseguir la vida en paz. Siempre resaltando la labor de los demás y subordinando la propia a la importancia de la ayuda de todos.
                Su lado humano, invariablemente, se tratase de quién se tratase, interesándose por conocer a los que le rodeaban, incluso a los que habían sido sus perseguidores,, acercarse a ellos, saber de las cuestiones que les preocupaban, preocuparse por sus familias y demostrarles que sus problemas también los compartía.
                Cuando observó que su labor estaba hecha, se retiró del poder, sin intentar aprovechar su fama, su carisma para seguir en la cima. Hecho que corrobra su grandeza, cuando vemos tantos jefes de estado y mandatarios que se aferran a su trono hasta que la muerte los cesa, ansiosos del vasallaje continuo de los que le rodean.
                Por todos se ha destacado su sonrisa permanente, pero no es una sonrisa cualquiera. Es la de una persona sin dudas, satisfecha de aquello que hace, pues continuamente lo intenta hacer desde la honestidad. Con el derecho, como todos, a equivocarse, pero persistentemente con la intención de sumar, de unir esfuerzos para construir la paz.
                Nos dejó también una gran lección, al demostrarnos que con la comprensión, el respeto, la sencillez de su humanidad se pueden derribar murallas, se pueden salvar dificultades, se puede unir a los pueblos. No es necesaria la fuerza, la violencia para conseguir la paz. Con solo la fuerza de nuestros corazones conseguimos la auténtica victoria, pues es la que nos une y nos hace hermanos.

Te recordaremos siempre.







Fotografias de internet, se retirarán a petición

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