miércoles, 16 de mayo de 2012

San Isidro 2012



Vuelve San Isidro, como cada año vuelve San Isidro. Pero este año un San Isidro mustio, marchito. En tierras de secano, el agricultor, el artesano de la tierra, mira todo el año, otoño, invierno y primavera, buscando en el firmamento las nubes que anuncien agua, que presagien que las sementeras se llenarán de espigas, de verde brillante, alfombras esmeraldas que la brisa mostrará en marcas de agua y que profeticen un verano de cosecha, de trabajo sí; pero, de ilusión, abundancia y prosperidad.
El campo en 2012

el campo en 2011

Tenemos que evocar el año pasado, un San Isidro eufórico, los mismos campos, ahora desmayados, estaban  cubiertos de cañas y espigas inhiestas hacia el cielo azul, preñadas de granos que pregonaban alegría, satisfacción. Predecían un estío de fecundidad, de entusiasmo por todo el trabajo realizado en las otras estaciones, felices de la productividad de su trabajo, de su laboriosidad, del esfuerzo aplicado para, eso sí, ayudados por la bonanza del tiempo y el agua, en el verano se llenaran los graneros de frutos, pequeñitos sí, pero testimonio de ese apego al terruño, del trato afectivo, delicado. A esa tierra madre que le devuelve el valor del sudor de su frente. Su atención, recompensada en granos multiplicadores,  es la verdad explicita de que su trabajo ha sido provechoso y gratificante.

La tristeza del campo es manifiesta en 2012
En 2011 el verde mandaba en el horizonte


Este San Isidro en mí ha sido muy especial, y parece que las anteriores palabras se convierten en parábola de mi existencia. En 2011, con Rosario a mi lado,  estaba lleno de vida, de ilusión, de esperanza; asomaba el beneficio de la curación, la vitalidad de su carácter inundaba todas mis actividades, rodeado de la alegría de su originalidad, del deseo, del amor. Todo parecía proyectarse en el verde de los campos, en la luminosidad de sus amapolas, en el lirismo de las margaritas. Nuestra vida se lleno de optimismo, de color, de primavera, de ganas de querernos, de expresarle a todo  lo que nos rodeaba nuestra felicidad, nuestro  apasionamiento. A cada instante nos llegaba un rayo de luz más resplandeciente, que se convertía en un brindis a la vida, al mañana. En nuestra mente florecían proyectos, de felices deseos, de ilusiones y fantasías. Nuestro júbilo desbordaba el espacio y se proyectaba al infinito en el mañana de Topares.

Ha pasado un año y volvemos a San Isidro, pero ahora árido, agreste, marchito, seco, donde no hay agua ni para las lágrimas; resecos los ojos de tanto añorar, de tanta soledad. Un mayo donde ya no brillan las amapolas, donde las margaritas han perdido sus pétalos y ya no podemos jugar a “me quiere, no me quiere”. Donde las espigas no florecen, cabizbajas, sin poder levantarse hacia el azul intenso, hacia el espacio abierto. Un mes de flores en que las ilusiones languidecen, perdiéndose en las simas de la obscuridad. Donde el calor, la brisa seca, va quemando, diluyendo, evaporando la frescura del agua, la juventud de los recuerdos, dispersando mustiamente la imagen tierna de la nostalgia.



(San Isidro es el patrón de Topares, en sus fiestas, los campesinos sacan al patrón en procesión para que bendiga los campos y que a través de su intercesión la cosecha del año sea magnánima con su esfuerzo y trabajo, garantía de un año fructífero. En los años, como éste, muy secos, los agricultores no están muy contentos con él y las ofrendas que les hacen no son muy esplándidas).



viernes, 4 de mayo de 2012

La lectura. Escribir


El escribir es un arte muy difícil y complejo, pues tiene tanta riqueza de matices que siempre nos encontramos con algo nuevo.
            Ocurre muchas veces que, cuando te encuentras alguna lectura que te encanta, te deja asombrado y maravillado, te hace sentir que ya no vas a encontrar nada igual, tal cual si ya hubieras alcanzado la cima, hubieses conocido la perfección del escribir.
Pero he aquí, que al tiempo te vuelves a encontrar otro libro que empieza a crearte las mismas sensaciones, vas llegando al mismo enamoramiento de las palabras, te vas notando poseído por la precisión de las frases, por la claridad de los pensamientos o por la evidencia de las situaciones o simplemente por el conocimiento de las personas.
Al final vuelves a sentir las mismas conmociones de finalización, de haber colmado tu calidad de asombro y sientes como las palabras se han combinado en la forma absoluta y definitiva, así una y otra vez, hasta la llegada de esa nueva lectura.
Pues de la escritura y de su ejecución te pueden sorprender tantas cosas que difícilmente podemos centrarnos en un libro, en un autor, para determinar el todo de la literatura.
Por eso cuando me hago la pregunta de si tengo un libro por encima de todos, o cuando leo algunas de las listas de los libros imprescindibles, al ver en ellas algunos títulos que no he leído, me produce malestar. Cuando reflexiono un poco; no obstante, me doy cuenta de que la importancia  radica en leer, que seguramente habré leído otros que también podrían figurar en esa lista. Que la lectura no es tarea de marcas, lo importante es disfrutar con cada lectura, ir creando tu saber para poder elegir, para poder determinar lo que te place o no. Conseguir discernir lo que merece ser leído y lo que no, saber leer lo profundo y dejar para otros aquello que no tiene valor sino en el suceso. Poder quedarte embelesado en la utilización de un sustantivo, en un adjetivo, en una definición, en una concreción que encierra todo un libro.
Por eso siento mi mente levitar ante la riqueza de los adjetivos de García Márquez, la conveniencia de sus palabras, de utilizar el lenguaje cotidiano de forma sublime.

La juventud, la lozanía de Lorca, la musicalidad de sus palabras, el ritmo, la sonoridad, la transparencia, la belleza que desarrollan las voces colocadas en el lugar exacto, acompañadas de las compañeras adecuadas. Siempre relaciono a Lorca con el color, con una paleta llena de matices, desde los delicados pasteles hasta los más grises de sus tragedias.
La precisión, sedimentación y decantación, la limpieza de Javier Marías, no encontrarás una palabra, una frase de más, siempre justas en cantidad y calidad, que puede alcanzar lo sublime en algunos de sus artículos, cómo revela de forma precisa y concisa sus opiniones, todo parece que ha pasado por una criba especial, para al final, dejarnos solo las palabras precisas para expresar aquello que quiere, sin dejar margen a la duda.

La exactitud y claridad para hacernos llegar las emociones de los grandes de la novela francesa, Sthendal, con su Rojo y Negro. Lo exquisito de su literatura te hace sentir, ver, concebir y hacer realidad a su Julián Sorel, en el conjunto de las personas, de sus formas de pensar, de sentir, de ser, de vestir, de amar y odiar. Según en qué momento lo leas, puedes llegar a sentir como una transfiguración entre tu persona y su Sorel.
La transmisión de percepciones difíciles de comprender, igual que en El Perfume, unas palabras hábilmente colocadas pueden traerte los aromas y olores, aromas de los perfumes, los olores de las calles, del barrio.


Pero también quiero referirme a una experiencia particular. Pero que, pienso, a  casi todos los que tenemos a los libros como devoción,  nos ha pasado. Tendría 15-16 años, me apuntaron al Circulo de Lectores y la primera obra que recibí fue “Casas muertas” de Otero Silva, con él estaba descubriendo la literatura, lo conservo con un cariño especial, muchas veces vuelvo a abrir sus páginas, al leer unas líneas descubro que ya no es lo mismo, la mano que se pierde en el pecho de la enamorada, debajo de un gran árbol caribeño, la calle larga, la escuela, el anarquista en la fiesta de la virgen, tocando en la banda, el exilio, siempre la conservo en mi mente.


Reservo líneas especiales para dos obras magistrales, “Crónica de una muerte anunciada” de G. Márquez y “Pedro Páramo” de Juan Rulfo, ninguna otra puede que me enamoren tanto, no se hablar de ellas con emociones, adjetivos, ni palabras, pero me hechizaron y me hechizan, será lo diáfano de su misterio, te va creando a tu alrededor una bruma que te envuelve y te adentra en su mundo. Por esos libros conocí la América Central hasta México y cuando estuve en Cuba reconocí esas tierras, su aire, su vegetación, obras misteriosas, mágicas de tan claras que son, parecen salir desde el interior de sus autores, desde sus vísceras. A mí, que me encanta describir las sensaciones, son escritos que me  hipnotizan y poco me importan las palabras, ni como están dichas, solo importa lo que siento, emociones y sentimientos, como si fueran en mis propias carnes.



Cada uno tendrá sus preferencias; pero, por encima de todo leamos, tendremos momentos de goce y enriqueceremos nuestro vocabulario, nuestra expresión, nuestro saber, nuestra persona.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Balsareny


Cuando yo empecé a trabajar me mandaron a un pueblo de Barcelona, Balsareny. En aquellos lejanos años a los maestros nos enviaban fuera de nuestra comunidad y a los de Murcia nos facturaban mayoritariamente a Barcelona.
                Era la primera vez que vivía solo y además, unicamente respondía como Alfonso, después Alfons, el maestro murciano. Allí empezó a cristalizarse mi pensamiento maduro. En mi mochila cargaba mis experiencias de la Universidad, mi periodo de mili, que me habían aportado muchas inquietudes. Allí viví activamente la escuela,  la cultura y sociedad del pueblo. Así se forjaron mis inquietudes culturales, sociales, docentes, incluso ideológicas. Después llego mi vida con Rosario, que me llenó de ilusiones, de alegría, de atenciones y amor. Mi  estancia en La Alpujarra termina de completar mi personalid. Pero todo sin perder nunca mi norte, mi Itaca particular: Topares.
                Nunca me he arrepentido de volverme a Almería, pues lo hice para fantasear una vida junto a una persona maravillosa, Rosario, que me ha dado todo cuanto soy y me ha colmado de ilusiones, de amor y fantasía. Pero Balsareny ha permanecido siempre en un rincón de mi corazón, que muchas veces compartía con ella. Hablábamos de la escuela, de los amigos, de la riqueza cultural, de mi actividad, así Balsareny siempre estaba presente.
                Fue tanto lo que me aportó Balsareny, que cuando marché tuve la certeza de que tenía que dejarlo posar en mi corazón. No podía avivar la llama de la nostalgia y la añoranza. Si lo hacía sería difícil mi integración en mi nueva vida y haría penosa  la existencia a mi alrededor. Por eso corté, practicamente, todos los lazos de unión, todo lo que hiciera evocar aquello que había dejado. Pero siempre permanecieron, personas y pueblo, en mi interior, a la vez que sabía ciertamente que yo también continuaba en el afecto de aquellos con los que había convivido.
                Desde que empecé a leer el Sarment digital creció en mi el deseo de volver a encontrame con aquella tierra. Decía en otra entrada que cuando te atrapan sucesos tan fuertes y personales, tu sensibilidad y esigencia de ternura se exponencian. Asi  esa exigencia de volver a encontrar los vínculos con las personas que había conocido y disfrutado de su amistad, se volvió absoluta. Al fin una noche vencí el temor y la timidez y me lancé al encuentro de los que siempre estuvieron en mi.
                La respuesta que me habéis ofrecido ha superado mi capacidad de emocionarme, me habéis proporcionado momentos de felicidad y dicha que solo con mi gran estima hacia vosotros, podré, minimamente pagar.
                Hoy soy feliz de comprobar que las personas quieren y aman mucho más que las noticias de cada día nos hacen pensar.
Gracias a todos.

martes, 27 de marzo de 2012

Hace seis meses


Laserenidad de su cara siempre me acompaña
Cuando escribo esta entrada es 24 de marzo y hace seis meses que se marchó Rosario. Vivimos muchos años ajenos a la muerte, así,  cuando te atrapa,  te zarandea y modifica totalmente tu vida. Nunca hemos sido amigos de fechas, cualquier día tenía su importancia. Ahora me afectan y me estremecen, en consecuencia hoy no ha sido un día nada fácil, insistentemente se visualizaban momentos y situaciones anteriores. Algunos dulces, dichosos, pero también comparecían los más duros de su muerte.
                Percibimos  la vida como si las personas fuéramos indiferentes al principio básico de los seres vivos: nacen, se reproducen y mueren. Quizás porque nuestra existencia la elaboramos a base de pensamientos, sentimientos, percepciones y emociones, desdeñando que también se compone de tareas y actividades que van consummiendo etapas. Etapas que te acercan al momento en que tu función, tu misión se ha completado. A través de un amigo me llega como una niña compara la muerte de su madre, aún joven, a una florecilla, que brota para marchitarse a los pocos días, una vez que ha esparcido su aroma y belleza por el campo. Su cometido.
                Cuando te sacude la tiranía de la muerte, tu sensibilidad se dispara. Necesitas sentir el aprecio y la atención de los tuyos, tus amigos, tus conocidos, incluso de aquellos que no conoces. Cualquier bocanada de aire de afecto o desafecto altera tu alegría o tristeza. Así se hace imprescindible a tu alrededor la presencia de la ternura, la amistad, el cariño, la comprensión.
                Solo quiero decir que aún os necesito, que el dolor no aminora y que ese dolor solo se torna alegría con vuestra atención y ternura y, con la presencia y amor de Adrián y M” José.
La ilusión de la juventud nos acompañó siempre


jueves, 8 de marzo de 2012

Sentimientos


                A lo largo de estos últimos meses, tras la muerte de Rosario, he plasmado y expuesto al conocimiento de todos, mis sentimientos, mis emociones. Y las he exteriorizado de forma  libre, desnudándome delante de vosotr@s sin tratar de esconder nada, más allá de aquello muy íntimo, que solo se guarda en el fondo del corazón.
El brillo y la alegría de su cara iluminaba la mía


                Mi estado emotivo es cuando menos atípico, no me gusta hablar de dolor, pues no sería la palabra correcta, como algo que junta lo físico con lo sensitivo, que no te deja vivir. Tampoco nada de ñoñerías, de llantos, aunque a veces se asomen unas lágrimas, de caras profundas, de siluetas negras, de ostracismo, nada lúgubre, marchito, …
                Ese estado especial a veces es de incredulidad, de no aceptar lo evidente, de pensar que una vida tan rica no se puede acabar de forma tan traicionera, de torturarse con que cómo nos vamos a privar de disfrutar con sus ilusiones, sus chistes, sus alegrías, cómo una vida con tanto futuro se acabe sin remedio, cómo es posible pasar de la alegría a la muerte tan súbitamente. Cuando horas antes puede estar hablando, sonriendo, alegrando a los demás, y pasa al instante al más maldito de los sueños. ¿Cómo una cara que minutos antes ha reido, ha mirado, ha expresado, ahora está inerme, apagada, aunque al final nos deje un inicio de sonrisa, pero tu te quedas esperando que ese amago se convierta en carcajada sonora, aunque nunca llega, de ningún modo se cristaliza y por todo eso te desespera de sufrimiento.
                Mis sentimientos me hacen necesitar estar continuamente pleno de ella, así donde mejor me encuentro es en nuestra casa, rodeado de toda su aureola, de todos sus recuerdos, su ropa, sus perfumes, de la casa tal como ella la ha ideado, formado, pensado. Busco cualquier foto, nota, escrito, cualquier huella que me traiga hasta mi memoria un segundo vivido junto a ella.

 Sufro de alegría por haber tenido la oportunidad de compartir una vida tan exquisita, tan plena. Y sufro porque esa vida se ha truncado, por tantas ilusiones que no nacerán, por tantas alegrías perdidas.



                Es un sufrimiento de satisfacción por todos aquellos momentos en los que la haya podido hacer feliz, por todas aquellas ilusiones que le haya podido formalizar, por todo el tiempo que le he dedicado, por cada regalo ofrecido, por cada sonrisa, mirada que le he consagrado. Por cada suspiro provocado, o producido en mi, por cada te quiero pronunciado, escuchado..
                Es un sufrimiento desgarrador por cada momento que ya no podré hacerla feliz, por todas las ilusiones que no serán, por el tiempo que ya no le podré dedicar, por todos los regalos que quedan por hacer, por todas las sonrisas y miradas perdidas. Por todos aquellos suspiros que ya no me arrancará ni oiré.
                Pero el amor seguiré ofreciéndoselo, los te quiero seguiré declarándoselos, lanzados al viento, al espacio infinito para que los pueda coger al vuelo, para que se mezan en la eternidad de su gloria-

sábado, 11 de febrero de 2012

Cumpleaños infeliz


Querida, añorada, recordada, amada Rosario: 
                               Hoy cumplirías 60 años, nada más que 60 años y ya me has dejado, nosotros que soñábamos con nuestra vida de mayores en alguno de nuestros paraísos. Recuerdo que cuando novios, cuando ya se asomaban signos de que nuestro proyecto en común era para su continuación en el tiempo de los tiempos, estando en Barcelona, en una de las cartas te escribía mis deseos y sueños de vernos ya mayores, sentados en una mecedora, en una butaca, sillón, lo que fuera, delante de una chimenea, en la terraza en una tarde de verano, en una noche estrellada, sin nada más que hacer que disfrutarnos, mirarnos, hablar de nuestras pequeñas cosas, o con un libro en la mano, o haciendo ganchillo. En definitiva disfrutando del tiempo, del aire, de nosotros. Sin prisas, sin agobios, sin nada que nos apremiara, solo sintiendo el placer del momento, del entorno, de querernos.
                Ya ves y resulta que ya te has ido, como si pensaras que el trabajo en este mundo ya lo habías concluido. Nos has dejada a Adrián y a mi sin referencia, sin tu ayuda, sin tu guía. Y a mí, sobretodo, sin el futuro, sin el futuro en tu compañía.
No importaba la edad, siempre en tu cara se reflejaba
 la juventud, la ilusión, la alegría.
                
















Durante estos días anteriores sentía mi cuerpo destrozado, descompuesto, desazonado. Durante muchos segundos me acudía la necesidad de comprar tu regalo, para al instante recibir la sacudida de la triste realidad, de que ya no cumplirías más años. También esta mañana al despertarme he sentido la amargura de no poder desearte feliz cumpleaños, de no ver la reacción ante el regalo, de no poder ofrecerte mis besos de amor y ternura, de admiración. De no poder hacer planes para el día, de no tenerte a mi lado.
Durante todo el día he sentido la exigencia de decirte cuanto te he querido, cuanto te quiero, de lo importante que has sido en mi, de recordarte en cada momento. Y he recitado una y otra vez, esta poesía que me ha llegado para encontrarme en ti, para vivir en ti, para sentirte en mí, tratando de encontrar un consuelo que no hallo.



Cuando yo me vaya 
           no quiero que llores, 
quédate en silencio, 
           sin decir palabras
y vive recuerdos, 
           reconforta el alma. 
Cuando yo me duerma, 
          respeta mi sueño 
por algo me duermo; 
          por algo me he ido...
Si sientes mi ausencia, 
          no pronuncies nada, 
y casi en el aire, 
          con paso muy fino, 
búscame en mi casa, 
          búscame en mis libros, 
búscame en mis cartas, 
          y entre los papeles 
que he escrito apurado. 

Ponte mis camisas, mi swueater, mi saco, 
y puedes usar todos mis zapatos. 
Te presto mi cuarto, mi almohada, mi cama, 
y cuando haga frío ponte mis bufandas. 
Te puedes comer todo el chocolate 
y beberte el vino que dejé guardado. 
Escucha ese tema que a mi me gustaba, 
usa mi perfume y riega mis plantas. 
Si tapan mi cuerpo, no me tengas lástima, 
corre hacia el espacio, libera tu alma, 
palpa la poesía, la música, el canto 
y deja que el viento juegue con tu cara. 
Besa bien la tierra, toma todo el agua 
y aprende el idioma vivo de los pájaros. 

Si me extrañas mucho, 
           disimula el acto, 
búscame en los niños, 
           el café, la radio 
y en el sitio ése 
           donde me ocultaba. 
No pronuncies nunca 
           la palabra muerte. 
A veces es más triste vivir olvidado 
          que morir mil veces y ser recordado. 
Cuando yo me duerma, 
          no me lleves flores 
a una tumba amarga, 
         grita con la fuerza 
de toda tu entraña 
        que el mundo está vivo 
y sigue su marcha. 
        La llama encendida 
no se va a apagar 
        por el simple hecho 
de que no esté más. 
         Los hombres que “ viven” 
no se mueren nunca, 
         se duermen de a ratos, 
de a ratos pequeños 
         y el sueño infinito 
es solo una excusa. 

Cuando yo me vaya, extiende tu mano 
y estarás conmigo sellada en contacto, 
y aunque no me veas, y aunque no me palpes, 
sabrás que por siempre 
estaré a tu lado. 

Entonces, un día, 
         sonriente y vibrante, 
sabrás que volví 
         para no marcharme.

Es una poesía de Carlos Alberto Boaglio, poeta argentino y que se encuentra en el libro "En 


voz baja" de la editorial Santa María


Donde estuvieras, con quién estuvieras, tu sonrisa invadía la estancia,
contagiaba a los demás, llenaba de felicidad a  todos.


viernes, 10 de febrero de 2012

Topares

Topares, nevado en 1932, vislumbramos el árbol de la iglesia, ésta no aparece igual, entre otras cosas no tiene adosado el salón, al fondo intuimos la carretera. Las construcciones han cambiado mucho, es parte de nuestra historia.



Hoy me apetece escribir sobre Topares, solamente Topares, las emociones que me produce, lo que significa en mí, la necesidad del pueblo.
Nuevamente nevado, han pasado unos años, pero todavía se observa un cierto aire de antes

                Topares, palabra que me provoca toda una serie de circunstancias, misterios y pasiones. Acoge en si el sentido de lo íntimo, de aquello que no se ve desde fuera, que nadie llega a él si no se muestra, asoma. Y cuando alguien, sorprendido, por casualidad, arriba. Se muestra atónito, sorprendido, vislumbrado por algo tan coqueto, tan recogido.
Las rejas de las casas, sus tejados, formas geométricas que le dan un aire de sencillez, de humildad, sin apenas arabescos, lineas rectas desprendiendo lo superfluo, marcando la pureza de sus habitantes


                Topares se muestra como el objetivo, la meta, nunca es paso de nadie, es el destino hacia el que nos dirigimos y, así, inmóvil, nos espera tranquilo, seguro de su importancia, apacible, sereno, quedo, escondido tras la revuelta para que gocemos de ese momento en el que se nos revela. Su figura  nos invoca a dos brazos abiertos, acogedores, dispuesto a encerrarnos en un fuerte y tierno abrazo. Satisfecho, orgulloso de saber que tras nuestra partida, siempre volveremos.
                Topares es la madre, la matriz, el lugar del que salimos y siempre querremos volver. Cuando jóvenes y permanecemos dentro, se adueña de nosotros una necesidad de salir, ansiosos de la hora en la que iniciemos nuestro propio vuelo, la exigencia de iniciar nuestra andadura por un mundo sin lazos que nos aten, sin vínculos que nos retengan junto a lo tradicional. Después, como va pasando el tiempo, cuando la madurez va apropiándose de tu vida, se va formando en tu ser la obligación imperiosa de volver a encontrarnos, a sentirnos inmersos en sus calles, con sus gentes, disfrutando de su aire, de sus tierras, de sus misterios, de su serenidad, de su afabilidad, de su transparencia, de su alegría, de su vida.
Hoy las carreteras nos acercan al exterior, por eso también volvemos más frecuentemente. pero en nuestra mente perduran recuerdos de carreteras de piedras y caminos llenos de baches

                Topares, en la lejanía, encierra el valor de lo que no tenemos pero nos pertenece, aquello de lo que hemos tenido que desprendernos en el camino, pero que persiste en nosotros, sabedores de que siempre lo tendremos ahí. Para que, aunque solo sea por unas horas, unos días, meses podamos rescatarlo. Si bien, a veces, cuando regresamos esas horas, podamos tener la percepción que nuevos moradores, o jóvenes que ya no conocemos, nos lo han secuestrado, usurpado, siempre sabremos que Topares también es nuestro, que somos raíz y esencia de aquello que ellos ahora disfrutan diariamente. Que somos comienzo y fundamento de ese paraíso recóndito, perdido en la llanura lejana y, solo marchamos, porque en algún momento de nuestras vidas, forzada o voluntariamente, hemos creído que el futuro de nuestras vidas estaba más allá del Collado o Macián.


                Cuando estamos allí nos apoderamos de todo. De sus gentes, sus sentimientos, emociones. Disfrutamos de cada soplo de aire que respiramos, de cada estrella que reluce en su cielo, de cada calle que recorremos, de cada conversación que mantenemos, de cada instante que pasamos en sus bares, de cada brisa que nos refresca en el verano, de cada copo de nieve que nos visita en el invierno. Saboreamos el afecto de los que nos rodean, de no sentirnos violentados por nadie, ni por nada. De mirar alrededor y reconocer en todo lo que nos envuelve, personas, casas, entorno, afecto, simpatía, amistad y no advertir a nada, a nadie que te pueda hacer daño, que quiera un mal para ti.
                Nos sentimos en él dichosos, felices, encantados de gozar de sus momentos, sus vecinos, su vida.
El cerro Gordo es un faro que nos acompaña en nuestra ausencia, tanto da su altura real, para nosotros es un coloso, símbolo de lo inmenso y que nos llena de alegría cada vez que en nuestro acercamiento lo atisbamos en la distancia.

Nuestros campos dorados nos evocan tiempos de verano, vuelta al pueblo, y a otros tiempos en que esos campos se llenaban de segadores, de carros acarreando, de vida, de movimiento.



Hoy en Topares vemos árboles, otrora los podíamos contar con los dedos de la mano, además azotados por la dureza del invierno parecía que nunca serían mayores.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...