miércoles, 15 de marzo de 2023

CUANDO DABAN LA LUZ

 

Nací en el año 1955, por lo tanto, mi infancia se desarrolla entre los años cincuenta e inicios de los sesenta. El pueblo ha cambiado, nosotros hemos cambiado, la realidad que nos circunda no es la misma, vamos es que ni se parece a aquellos tiempos.

Con mi padre, delante de la casa de Filiberto,
 siempre aparezco con una cara un tanto enfadado,
como estar harto de tantas fotos.

Además, la infancia permanece en nosotros como una etapa feliz, sin responsabilidades, sin agobios, donde el juego y la libertad presiden tus quehaceres, donde recibes continuas atenciones de tus familiares y de los vecinos. Después la realidad no fue así, pues en el momento de vivirla tuvimos muchas frustraciones, cabreos, no poder hacer aquello que nos apetecía, prohibiciones, castigos, desplantes, etc.

 La escuela no siempre era agradable, hoy te habías descuidado y no habías hecho la tarea o, no te sabías la lección que tocaba y te quedabas encerrado después de las cinco horas de escuela, con la consiguiente regañina de la madre o el castigo sin salir a jugar. Eran tiempos en que no había la laxitud de ahora con los niños, había que ser obediente, sumiso y seguir unas reglas muy marcadas. Como a lo largo de toda la vida, en la infancia también se daban situaciones empreñadoras, instantes en que pensabas lo mierda que era vivir y, ansiabas ser grande para hacer lo que te diera la gana, porque inocentemente te imaginabas que los mayores eran los que hacían lo que querían y tu codiciabas el momento en que no hubiera nadie que te castigara o que te prohibiera salir o hacer algo que te apetecía.

Mi infancia topareña acaba muy pronto,
con apenas diez años marcho a estudiar a
Vélez Rubio,yo que como decía mi padre,
 aún no sabía vestirme solo

   Reservado, miedoso, vivo una infancia más de casa que de calle, aunque cuando salía era acogido y respetado por los demás, siempre participabade los juegos como uno más del grupo.

    Uno de esos instantes decepcionantes  que nos tenían marcados era por la tarde, anocheciendo, cuando más enfrascado   estabas en el juego  venía la luz, ese era el momento en que teníamos que recogernos en casa. Quizás tenga que explicar que quiere decir cuando venía la luz. En Topares no había electricidad, como entonces se decía de Sevillana, pero resulta que en 1915 se construye un molino y para su funcionamiento traen desde Alemania un motor de aceite pesado y, además de para moler lo aprovechaban para darle luz al pueblo. Así se lo cuentan los niños de la escuela en 1932 a unos compañeros de Málaga:

Portada de la carta que los niños de Topares escriben a los de una escuela de Málaga

“… En frente de la iglesia, un poco más abajo, está el molino que muele el trigo y da la luz eléctrica. El molino tiene dos piedras que las mueve un motor de aceite pesado que también le hace andar a la dinamo para la luz.”

Dibujo del pueblo hecho por uno de los niños, Patrocinio Navarro (Patrón). En el dibujo se señala perfectamente el pueblo, la curva de la carretera, la iglesia, detrás la posada de Fernando, el molino. Es un dibuijo perfecto.

Así hacen una instalación general, a cada casa le cobraban una cantidad según las bombillas que tenían y cuando se hacía de noche le daban luz al pueblo, el servicio lo mantenían hasta las doce de la noche en que una señal que consistía en apagar y encenderla tres veces nos avisaba que pronto nos quedábamos a obscuras. En las casas se comentaba, ya han hecho las señales, vamos a acostarnos pues ya sabían que en unos diez minutos dejaba de haber luz en las casas y en el pueblo. Si todavía no pensaban acostarse se encendían quinqués y candiles y continuaban la velada. Así es que, por la tarde, cuando venía era la señal que tenían establecida las madres para que los niños nos recogiéramos.

Equipo de fútbol de la escuela, seguro que conoceréis a alguno,
podemos identificar a Luís Martínez (del chalet), su hermano Vicente,
mi padre José María Robles, José Mª de la Eufemia, Patrón, Ambrosio, ...
Os animo a que aportéis más nombres.

En nuestro diario había una serie de normas que teníamos que cumplir. Ya he dicho lo de la recogida. En verano no podía salir a la calle hasta que el sol no estuviera un poco bajo y hubiese pasado el calor sofocante. No podía quedarme encerrado en la escuela por no saberme la lección, ni podía hacer cualquier barrabasada en el pueblo, así como mostrarme maleducado en las visitas en las que tampoco tenía que mostrarme caprichoso y rechazar lo que se me ofrecía a menos que mi madre me indicara que lo cogiese. Tampoco podía llegar a mi casa muy sucio por haber jugado en la tierra de forma alocada. Estaba totalmente integrado, participaba de todos los juegos con éxito y cuando salía a la calle siempre encontraba algún grupo con el que jugar. Eso no quita para que haya sido reservado como lo he sido toda mi vida, un tanto retraído, nada atrevido, ni osado, aquello que se decía un chico bueno.

 

miércoles, 1 de marzo de 2023

PRIMEROS RECUERDOS

 

Topares en lo remoto, quizás sea la primera foto del pueblo desde la distancia.
Foto: Miguel González

De pequeños necesitamos una referencia para mirar hacia el exterior. Un exterior para nosotros extraño, misterioso, agradable o desagradable según momentos. En esas primeras miradas, siempre a través de la madre que, aunque has nacido, has venido al mundo, parece que aún formas parte de ella.


En los primeros pasos, siempre expectante de lo que ocurre ante mí.

En el paso del tiempo siempre es difícil determinar esos primeros recuerdos si son reales o se han ido formando en tu imaginación a fuerza de oírlos contar por los mayores. Así mis primeras imágenes confusas corresponderían a dos momentos. Estamos en la construcción del salón y en mi mente se quiere dibujar la tapia más cercana a la carretera y unos hombres trabajando en un andamio. En otro instante es con mi hermana, se ha caído de el cuna y yo la subo cogiéndola de cualquier manera y me hecho encima para que no vuelva a caerse. Ella, claro, no para de llorar.

En ese inicio no me viene a la cabeza ninguna sensación amenazadora, nada que me provocara miedo, angustia, temor, todo bajo la protección de mi madre. Curiosamente me ha creado seguridad en el trabajo, pero indecisión en lo personal haciendo que ese agobio me cause miedo al fracaso. Esa inseguridad en mi vida íntima me puede hacer perder las formas y los modales.


Un Topares en blanco y negro, callado, sencillo pero lleno de vida, de movimiento.
Foto: Jesús Martínez


En mí se dibuja un Topares infantil en blanco y negro. Calles tristes pero muy transitadas, personas andando de aquí para allá pero como si tuvieran prohibido reírse. Pasos cansinos, ruidos de animales, niños jugando, madres llamándoles a gritos, regueros de agua que corren libremente por las calles, tierra, barro, nieve.Todo primitivo...


Como si de una pintura se tratara, la calle de San Vicente
 y un campo en el horizonte cubierto de nieve, bendita agua.
Foto: Miguel González

Es un mundo íntimo, interior, aislado donde apenas nos llegan los sones del exterior, del progreso, lo que nos hace creer, en la inocencia de nuestras alcances infantiles, que el mundo se concreta en Topares.

miércoles, 15 de febrero de 2023

A MI HERMANA

 


65 años ya. ¡Qué barbaridad! Qué lejana y qué próxima aquella muñeca angelical, sensible, cariñosa,

 aquella muchachita natural, a la que no podías herir porque se podía romper.





 Después constante estudiante, entregada maestra y compañera ejemplar. Pareja leal, dulzura de madre. Ahora una abuela feliz, ilusionada con su pequeño Gonzalo que es la salsa de su jubilación.

Como la define Encarni Navarro en Patrimonio Humano Velezano: “… Maestra comprometida, cuida

 mucho de las amistades, las de siempre y las actuales. Conversadora animada, alegre y disfrutona”.

Que sigamos muchos años cercanos, hermana querida.


Foto: Encarni Navarro


 




viernes, 3 de febrero de 2023

ILUSIÓN EN EL TIEMPO


A estas fotos les separan, día más día menos, 65 años. En una se reflejan proyectos de vida para el futuro, en la otra se muestran esos propósitos ya muy avanzados.

Para quién no nos conozca, el del centro soy yo rodeado de mis tíos, hermanos de mi madre, Daniel y Vidal. En mi infancia eran una especie de hermanos mayores.

Mi padre estaba con los camiones y ejercía de propietario de sus tierras, así en mi casa no se vivía la agricultura. Sin embargo, en casa de mi abuelo, era campo auténtico. En mi casa éramos mi hermana y yo, ellos eran cuatro hermanos y mi madre. Allí siempre había trajín. Mi abuelo era una persona más seria, pero mi abuela, era todo bondad, dulzura y cariño.


Somos los mismos, mis tíos han cambiado de posición, pero nos une
el mismo cariño


Era el primer nieto de la familia y todos estaban por mí. Además, la escasa diferencia de edad con ellos favorecía el trato.  En el verano, durante las faenas de la trilla pasaba todo el día con mis tíos. Prácticamente no asomaba a la era de mi padre, la mía era la de mi abuelo. Me montaban en el trillo, me dejaban meter mano en todo lo que se hacía en la era, me cuidaban y descuida que a la tarde, se pusieran a merendar antes de que yo llegara.

Ahora siguen siendo una referencia para mí, siguen siendo mis hermanos mayores, son ellos, mis tíos y para mí no tienen que ser nada más, seguro de tenerlos siempre a mi lado para lo que necesite. ¡Qué suerte de tenerlos ahí!













 

domingo, 26 de septiembre de 2021

HERMANDAD DE ÁNIMAS

 

Imagen de la iglesia de Topares

La Hermandad de Ánimas de Topares se constituyó en 1893 y de mis investigaciones he sacado la conclusión de que, con la intención de trabajar, en primer lugar, para que lo que era Ayuda de Parroquia, pasase a ser la parroquia de Topares con su correspondiente párroco al frente de ella, cuestión que se conseguiría en 1900.

Desde ese primer momento siempre ha trabajado, con la ayuda de prácticamente la totalidad del pueblo, para la conservación de los bienes de la iglesia, su mantenimiento y reparaciones, buscando siempre el esplendor y mejor funcionamiento de la parroquia, cuidando con esmero y dedicación nuestro cementerio y un largo etcétera.

Prueba de lo que digo, quiero sacar algunas referencias tomadas del libro de actas de la Hermandad. Ya en 1895, según acta de una reunión de la Hermandad se ven necesarios arreglos importantes en el templo y compras de libros e instrumentos ornamentales utilizados en las actividades correspondientes, entre otros se señala el saneamiento de la nave central y la compra de un misal con el santoral en español. El coste de los trabajos corre a cuenta de la Hermandad.

Prueba de su dedicación es que en 1908 siendo cura rector de la parroquia Don Isidro Torreblanca Pérez de acuerdo y a instancias de sus superiores, en reconocimiento al esfuerzo, dedicación, religiosidad y disposición a la ayuda a la parroquia anuncia la decisión de premiar a los hermanos en su muerte y comprometiéndose a que esos derechos perdurasen en el tiempo. Como ejemplo habla de que, a la muerte de un hermano, entre otras prerrogativas, se compromete a realizar tres actos de pompa gratuitos.

Vemos como la hermandad desde su creación ha estado trabajando, esforzándose para que a la parroquia de Topares nunca le faltase nada. En casos de necesidad ha buscado sacerdotes fuera para que, por ejemplo, en semana santa los actos religiosos tuvieran todo el esplendor que se merecían, ha participado de arreglos y reparaciones cada vez que han sido necesarios, se ha encargado de la limpieza de la misma y siempre al servicio de la misma.


Cementerio de Topares


No solo eso, sino que, a la iniciativa de grandes sacerdotes, preocupados por el bienestar de los vecinos y por el progreso de la parroquia y del pueblo, con el esfuerzo de todos aportando animales, jornales, obreros, dinero, etc.  han construido altruistamente locales como el salón parroquial o el cementerio. Siendo reconocida su labor en muchas ocasiones por los mismos párrocos a lo largo del tiempo.

Como documento que lo fundamenta tenemos el acta de la reunión mantenida por todo el pueblo y convocada a la vez por el cura párroco, Don Manuel Prados Muñoz y el alcalde de Topares correspondiente al 25 de febrero de 1983 con el propósito de tratar de la gestión y administración del salón parroquial por la hermandad de ánimas. Así Don Manuel Prados expone para conocimiento del pueblo, como creador y propietario en conciencia del mismo, de la necesidad de que la hermandad de ánimas se constituya en gestora y administradora del salón parroquial para su buen uso y rendimiento del mismo. Para eso convoca al pueblo para que le de su aprobación como propietario moral del mismo.

En Topares siempre hemos creído a las personas y más a las personas investidas de autoridad eclesiástica, por eso siempre hemos pensado que todo eso era nuestro por encima de documentos y papeles. Ahora parece que para la iglesia actual la hermandad no es nadie, que el pueblo no tiene nada que ver en todo ello, nos amenazan con mandarnos la guardia civil, y lo hacen. Nos intentan quitar lo que para nosotros siempre ha sido nuestro y, para mí, lo más triste es que pienso que solo es una cuestión de alquileres, de dinero, que quizás viene a explicar la imagen que está dando la diócesis de Almería en estos tiempos.

Estos días no he podido dejar de acordarme de un pasaje de la biblia, la expulsión de los mercaderes del templo y parece ser que los mercaderes al final se han quedado con el templo y con todo. ¡Qué forma de predicar y practicar la justicia social y el amor a los pueblos!



Imagen de la iglesia tomada de internet, se retirará a petición.

domingo, 11 de julio de 2021

¡TOPARES MÍO!

 

En la noche del 6 al 7 de julio volví a descubrir el cielo de Topares. Con la excusa del fútbol se creó algo de ambiente nocturno, entonces salí a pasear por la carretera buscando esa obscuridad silenciosa que me gusta.

Iba cabizbajo, pensando en la nada y he alzado ha vista hacia el cielo, al momento los ojos se han llenado de estrellas, de Vía Láctea, de silencio, de luz astral.




Me resulta muy difícil describir la emoción que me ha inundado de sensaciones, de recuerdos de infancia, de cercanía, de complicidad familiar, de confesiones, de amores, de un abrazo de la tierra acogedor y quizás de enamoramiento hacia ella.

El fútbol me quedaba lejos, cada vez me aparto más de nacionalismos patrioteros, los enfrentamientos me dejan frio. Solo me conmueve la pequeña tierra que me acompaña desde que nací, las pequeñas cosas, las pequeñas personas, los pequeños momentos que le dan vida a este remoto y lejano paraje, que solo responde al nombre de Topares y que, en esta noche, al reconocer ese cielo que me ha acompañado a lo largo de toda mi vida he dejado escapar un suspiro que decía, ¡Topares mío!

viernes, 15 de enero de 2021

EL CAFÉ DEL CASINO DE VIDAL

 

Las personas, a lo largo de la historia hemos creído que en los tiempos que nos han precedido, las cosas eran mucho peores, todo más antiguo y que nuestros antepasados no disfrutaban de nada de lo que nosotros gozábamos.

Ya he contado que el bar de Eleuterio lo abrieron cuando yo tenía siete u ocho años, entre las novedades estaba la cafetera de palancas como las que había en los pueblos más grandes. El caso es que nunca llegué a entender cómo se hacían antes el café y si era más bueno o no.

Pero mira por donde este verano hablando con mi madre va y me cuenta como hacían ellos el café. Mi abuelo Vidal tenía el casino, en la casa que ahora es de Diego, al lado de mi tío Daniel, lo tuvo prácticamente hasta mi nacimiento. Según me cuenta era muy concurrido, hasta venía gente de fuera a jugar a las cartas y algunos, podían pasarse hasta una semana hospedándose en la Posada o en casa de mi bisabuela Clotilde.

Lo cuidaban todo mucho, a mi abuelo le gustaba la perfección, compraba el café verde, me imagino que en Caravaca o Lorca. Tenían su propia tostadora como la que vemos en la fotografía que se encuentra en el museo comarcal Miguel Guirao. La base se llenaba de ascuas, en el cilindro se ponía el café a tostar y con la manivela le iban dando vueltas y vueltas hasta que el café estaba casi listo, entonces le echaban solo una cucharada de azúcar y le daban otras cuantas vueltas hasta que los granos tomaban el azúcar, para que adquiriera el color negro intenso.

Tostadora de café, imagen cedida por el Museo Comarcal Miguel Guirao

Después venía el momento de molerlo, para ello utilizaban el molino que aparece en la fotografía y que, en mi casa, todavía lo utilizamos para moler el café para el licor café. En la parte alta lleva un mecanismo para dejarlo más fino o menos.

Molino de café, aunque con un poco de ruido funciona perfectamente

Ahora ya se podía poner en la cafetera, la que aparece en la foto. Según cuenta mi madre tenía como una especie de sartén pequeña en la que se ponía algodón impregnado de alcohol, se le prendía fuego y se introducía por la abertura inferior. El café se colocaba en la cazuelilla agujereada, arriba posee un mecanismo que accionado con un tornillo apretaba el café. También posee un depósito de agua que al ser calentado por el algodón ardiendo hervía y hacía que el agua subiera, por el pitorrillo que se ve salía el café listo para degustar.

Imagen general de la cafetera, en esa especie de boca inferior
se le ponía en una especie de sartén pequeña el algodón y el alcohol


El pitorrillo por donde salía el café y el tornillo para apretarlo.






Su estado nos hace pensar que fueron muchos los cafés que se hicieron con ella.

No dejaba de asombrarme y para terminar de dejarme perplejo me dice que también lo servían a domicilio. Me cuenta que un grupo de mujeres más de ciudad, jóvenes casadas y que venían a pasar el verano en Topares, gustaban de tomarse el café después de comer al estilo capitalino. Tenían acordada una hora después de la comida, en la que mi madre les subía una cafetera, se escondían un poco pues en aquellos años no estaba muy bien visto el hecho. También lo llevaba a casas acomodadas, cuando tenían alguna celebración o recibían una visita importante a la que querían agasajar le pedían que les subiera café para la sobremesa.

Siempre que descubro, me cuentan o me entero de la vida en Topares en tiempos anteriores me llevo una gran alegría y emoción al ver como bullía la vida en el pueblo y también cierta tristeza al ver como languidece en la época actual.

 

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